La construcción industrializada reduce costes, residuos y consumo de agua en vivienda residencial
La construcción industrializada puede generar un ahorro global del 2,68% en el coste de ejecución, reducir en un 50% la generación de residuos y disminuir en un 30% el consumo de agua durante el proceso constructivo. Así concluye el estudio ‘Impactos de la construcción industrializada desde una triple perspectiva: económica, medioambiental y social’ elaborado por la Cátedra de Vivienda Digna y Sostenible de la UPF Barcelona School of Management en abril de 2025, a partir del análisis comparativo de un edificio residencial tipo de 70 viviendas y 12.000 m².
El estudio ‘Impactos de la construcción industrializada desde una triple perspectiva: económica, medioambiental y social’ aporta análisis comparativo entre la edificación tradicional y la industrializada.
El trabajo, quinto estudio de investigación aplicada de la citada cátedra, aborda de manera integral los efectos de introducir distintos grados de industrialización en un proyecto residencial frente a su ejecución mediante sistemas convencionales. La investigación combina revisión bibliográfica, entrevistas con agentes del sector y el análisis detallado de un caso real, con el objetivo de cuantificar los impactos en la estructura de costes y en las dimensiones ambiental y social.
El contexto en el que se enmarca el estudio subraya el peso estructural del sector. La construcción representa el 4,5% del PIB de Cataluña y el 5,4% en el conjunto de España, pero su relevancia trasciende la dimensión económica: es responsable del 35% de la generación de residuos en la Unión Europea y de entre el 5% y el 12% de las emisiones de gases de efecto invernadero, porcentaje que se aproxima al 40% si se consideran conjuntamente las emisiones derivadas de la construcción y del uso de los edificios. En este escenario, la industrialización aparece vinculada a la necesidad de mejorar la productividad, responder a la escasez de mano de obra y reducir el impacto ambiental del sector.
Impacto económico: ahorro y reducción de plazos
Desde el punto de vista económico, el análisis se centra en la comparación entre el presupuesto de ejecución por contrata (PEC) de un edificio construido mediante sistemas tradicionales y el de una versión con soluciones industrializadas. El resultado es un ahorro del 2,68% sobre el PEC previsto con métodos convencionales, lo que equivale a 313.877 euros sobre un presupuesto total de 11.702.018 euros.
El estudio identifica que cerca del 70% del ahorro obtenido se concentra en las partidas de gastos generales, como consecuencia directa de la reducción del plazo de obra. La menor duración del proceso constructivo implica descensos en los costes asociados al personal de dirección y de obra, así como en los alquileres de grúas, casetas y otros medios auxiliares.
Los ahorros en costes directos e indirectos de ejecución se limitan principalmente a los capítulos de estructura y arquitectura y se vinculan tanto a la reducción del tiempo como a la menor generación de residuos.
El trabajo también apunta a un posible impacto financiero derivado del acortamiento del plazo de ejecución. La reducción del tiempo de entrega puede suponer una disminución de hasta el 30% en el coste del préstamo promotor, dependiendo de variables como el importe financiado y el tipo de interés aplicado.
En el análisis comparativo se subraya que, más allá de los costes directos incluidos en el presupuesto de ejecución material (PEM), la industrialización incide en partidas indirectas que habitualmente no se valoran de forma exhaustiva en las comparativas tradicionales. El estudio plantea así una aproximación más amplia que integra tanto costes de estructura como gastos de promoción y financiación.
Reducción de residuos y consumo de agua
En el ámbito medioambiental, el estudio constata reducciones significativas en la generación de residuos y en el consumo de recursos hídricos durante la fase de obra. En el caso analizado, la construcción industrializada permitiría reducir la generación total de residuos en 15.422,94 m³, lo que representa un 50% menos respecto al sistema tradicional. Esta disminución se traduce además en una reducción del 65% en el coste de gestión de residuos, junto con una menor necesidad de transporte de escombros a vertedero.
En cuanto al consumo de agua, la industrialización permitiría ahorrar 347,28 m³ durante el proceso constructivo, equivalente a una reducción del 30%. El consumo por metro cuadrado construido pasaría de 0,095 m³ a 0,066 m³. El estudio vincula este descenso a la producción en entornos fabriles controlados, donde se optimiza el uso de recursos y se minimizan pérdidas.
Respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero, el documento recoge la percepción de los expertos consultados sobre el potencial de reducción asociado al uso de materiales innovadores con menor huella incorporada y a la mejora de la eficiencia energética de los edificios. No obstante, la investigación señala que no ha sido posible cuantificar con precisión esta disminución, debido a la falta de datos específicos del proyecto analizado.
El estudio encuadra estos resultados en un marco más amplio de factores ambientales clave como el consumo energético, la gestión de residuos, el uso de materiales, la protección del suelo y la biodiversidad, y la adaptación al cambio climático.
Dimensión social: seguridad y condiciones laborales
En la dimensión social, el análisis subraya la mejora potencial en salud y seguridad laboral, derivada del traslado de una parte sustancial del proceso constructivo a fábricas. Este cambio reduce la exposición a riesgos habituales en obra, como trabajos en altura o uso intensivo de maquinaria pesada en entornos abiertos.
El documento también señala la relevancia de factores como la creación de empleo cualificado, la formación continua, la diversidad e igualdad de oportunidades y la reducción de impactos sobre el entorno urbano, como la contaminación acústica o la alteración de la movilidad. En este sentido, propone la incorporación de indicadores específicos para medir aspectos como el número de incidentes laborales, las horas de formación por empleado, la brecha salarial o el nivel de ruido en el entorno de la obra.
Barreras y recomendaciones
El estudio identifica asimismo diversas barreras para la expansión de la construcción industrializada. Entre ellas, se encuentran la adaptación de los sistemas de financiación, que actualmente no contemplan adecuadamente los procesos realizados en fábrica antes del montaje en obra; la necesidad de simplificar procedimientos administrativos y sistemas de certificación; y la importancia de mejorar la estandarización de componentes para aumentar la repetibilidad y el volumen de producción.
Entre las recomendaciones formuladas se incluye la introducción de incentivos fiscales y cláusulas específicas en licitaciones públicas de vivienda asequible, para fomentar el uso de soluciones industrializadas, así como la creación de hubs especializados próximos a grandes áreas urbanas que permitan optimizar costes logísticos y productivos.
























