¿Es suficiente con ser rentable para garantizar la continuidad?
Yolanda Mena Guerrero, Eduardo Morales Jerrett y Juan Manuel Mancilla Leytón
ETSIA de la Universidad de Sevilla
13/07/2026Rentabilidad y gestión
Si bien la pregunta “¿es suficiente con ser rentable para asegurar la permanencia de las explotaciones?” puede generar cierta controversia, en lo que sin duda hay acuerdo es en que “sin rentabilidad, no hay continuidad”. Pero ¿cómo podemos medir la rentabilidad de una explotación? Una opción es a partir del Margen Neto (MN), siendo el MN el resultado de restar a los ingresos obtenidos en un año, todos los gastos de producción (fijos y variables) y el coste de amortización de las instalaciones, equipos y maquinaria correspondientes a ese mismo año. Si la cantidad resultante se divide entre las UTAs familiares (Unidad de trabajo-año, que equivale al trabajo que realiza una persona a tiempo completo a lo largo de un año), se obtiene el MN por UTA familiar (MN/UTAfam), siendo este un interesante indicador de rentabilidad de las explotaciones caprinas españolas, que en su mayoría son de carácter familiar, independientemente de que empleen mano de obra.
Se podría decir que el MN/UTAfam es lo que queda al año para remunerar la mano de obra familiar, después de cubrir costes. En términos prácticos, si una explotación con 300 o 400 cabras obtiene unos ingresos anuales determinados y, tras pagar todos los gastos (la alimentación comprada, los gastos en sanidad, energía, alquiler de tierras, impuestos, personal contratado, etc.) y descontar el coste de amortización, todavía dispone de un margen suficiente para remunerar adecuadamente el trabajo familiar, podemos considerar que esa explotación es rentable. El siguiente paso sería determinar qué MN/UTAfam se considera adecuado para una explotación caprina, es decir, a partir de qué cantidad se podría decir que la rentabilidad de la explotación es buena. Un punto de partida para este análisis podría ser la Renta Agraria de Referencia, que para 2026 el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación la fijó en 35.924,10 euros anuales por UTA (MAPA, 2025). Si bien esta cifra puede generar cierto debate dentro del propio sector, sirve para ilustrar la necesidad de analizar la rentabilidad desde una perspectiva empresarial y no únicamente productiva. Otro aspecto de gran relevancia relacionado con este tema es la necesidad de asignar un valor, en euros, a esa mano de obra familiar, ya que, a la hora de calcular el coste de producción del litro de leche, además de contemplar todos los gastos fijos y variables, así como el coste de amortización, hay que incluir el valor que se determine adecuado para remunerar a las UTAs familiares, es decir, el coste de oportunidad de la mano de obra familiar.
En las explotaciones caprinas de orientación láctea, la venta de leche sigue siendo, con diferencia, la principal fuente de ingresos. Como se observa en la Diapositiva 1, en una muestra media de 21 ganaderías analizadas, el 82% de los ingresos procede de la leche, mientras que los cabritos apenas representan un 6%, las ayudas un 7% y otros ingresos complementarios —como venta de genética o estiércol— continúan teniendo un peso reducido.
Por el lado de los costes, la alimentación sigue absorbiendo la mayor parte del gasto. Aproximadamente el 67% de los costes de producción corresponde a alimentación, fundamentalmente comprada fuera de la explotación. A continuación, aparecen la mano de obra contratada, con un 9%, y la energía, con un 5%, además de otros conceptos relacionados con sanidad, alquileres, mantenimiento o amortización. Esta estructura económica demuestra que una buena rentabilidad no depende únicamente del precio de la leche o del incremento de los ingresos, sino también de la optimización de los costes de producción.
No cabe duda de que realizar una adecuada gestión es fundamental para que la explotación sea rentable, teniendo en cuenta que, como señalan Morales-Jerrett et al. (2022), dicha rentabilidad no depende tanto del modelo productivo, como de la eficiencia en el uso de los recursos de que se dispone en cada uno de ellos. Estos autores diferencian cuatro modelos productivos dentro del sector caprino lechero: explotaciones totalmente estabuladas sin base territorial; estabuladas con capacidad para producir parte de los forrajes; sistemas donde existe pastoreo, aunque la alimentación principal sigue realizándose en establo; y explotaciones claramente pastorales, donde al menos el 50% de la alimentación procede del aprovechamiento directo del territorio. Cada uno de estos modelos requiere estrategias de gestión diferentes para alcanzar la rentabilidad.
Pero gestionar correctamente una explotación caprina lechera no es tarea fácil, ya que requiere disponer de información fiable, interpretar indicadores y evaluar cómo determinadas decisiones afectan a los resultados técnicos y económicos. sin olvidar el componente ambiental y social de la actividad ganadera.
Desde hace más de dos décadas investigadores de la Universidad de Sevilla, en colaboración con el sector, vienen trabajando en el desarrollo de herramientas y metodologías que permiten medir y analizar técnica, económica, social y medioambientalmente las explotaciones caprinas, y que sirven de apoyo a la toma de decisiones. Reflejo de ello es la participación de la Universidad de Sevilla en dos grupos operativos regionales junto con Cabrandalucía, Cooperativas Agroalimentarias, Dcoop y Cívica, en los que se han desarrollado aplicaciones digitales que permiten introducir datos directamente desde dispositivos móviles y obtener informes técnicos, económicos y ambientales (huella de carbono) detallados. Estos sistemas han evolucionado hacia cuadros de mando visuales y dinámicos que facilitan comparar resultados entre campañas o entre grupos de explotaciones similares.
Volviendo a la pregunta inicial: “¿es suficiente con ser rentable para asegurar la permanencia de las explotaciones?
Quizás el matiz que falta para que esta pregunta pudiera responderse afirmativamente es que, incluso una explotación rentable puede desaparecer, si no es capaz de mantener esa rentabilidad en el tiempo. Ahí reside precisamente uno de los grandes retos actuales del sector.
La crisis de 2007 y 2008 fue un claro ejemplo. Durante años anteriores se había producido una etapa de expansión, con explotaciones cada vez más intensificadas y de mayor tamaño. Pero la coincidencia de dos factores —la caída del precio de la leche y el fuerte incremento del coste de la alimentación— provocó la desaparición de entre un 25% y un 30% de las ganaderías.
Más recientemente, la evolución de la producción en otros países europeos, como Países Bajos, ha demostrado hasta qué punto el mercado internacional puede afectar a la estabilidad del sector. Hemos visto como el incremento de leche en dicho mercado internacional generó una mayor entrada de leche en España a precios más bajos, ejerciendo presión sobre el mercado nacional y reduciendo los precios percibidos por los productores españoles.
Por todo ello, si bien hoy resulta imprescindible asumir que los ganaderos y ganaderas deben gestionar adecuadamente sus recursos y su modelo de explotación para para poder obtener una rentabilidad adecuada, también es necesario aprender a gestionar la incertidumbre, porque ésta ha llegado para quedarse. El sector convive actualmente con problemas estructurales (tendencias) como la falta de relevo generacional, la escasez de mano de obra, el incremento de la burocracia o los cambios en los hábitos de consumo, y con situaciones imprevistas (crisis) como conflictos bélicos, subida de materias primas, crisis energéticas, fenómenos climáticos extremos o enfermedades emergentes como la lengua azul. Es necesario estar lo mejor preparado posible para afrontar estas tendencias y crisis; en este contexto cobra especial importancia el concepto de resiliencia.
Concepto de resiliencia y principios de una ganadería resiliente
La resiliencia es la habilidad de los sistemas agrarios para asegurar su buen funcionamiento y la provisión de bienes privados y públicos en frente a los acumulativos y cada vez más complejas (in)esperadas perturbaciones en el corto plazo (crisis) y tensiones/estreses en el largo plazo (tendencias) en aspectos económicos, sociales, medioambientales e institucionales (Darnhofer 1016).
Una ganadería resiliente es aquella capaz de mantener su funcionamiento pese a crisis, perturbaciones o cambios estructurales. Pero la resiliencia no implica únicamente resistir, sino también adaptarse e incluso transformarse cuando las circunstancias lo requieren.
Los trabajos desarrollados en un proyecto nacional (RUMIRES) coordinado por el CITA de Aragón en el que participaron 6 centros de investigación, entre los que se encontraba la Universidad de Sevilla, y cuatro asociaciones de ganaderos, entre las que estaba Cabrandalucía, permitieron identificar y contrastar cinco grandes principios que favorecen la resiliencia de las explotaciones ganaderas de pequeños rumiantes, como se puede ver en la Diapositiva 2.
Un buen nivel de reservas es el capital económico, humano, natural, de infraestructuras y social que permite compensar las pérdidas, pero también invertir en los cambios necesarios para adaptarse a nuevas situaciones.
Tener diversidad de productos, recursos y alternativas de gestión te permite reaccionar ante un momento de dificultad. Los sistemas ganaderos diversos son más flexibles, ya que disponen de más alternativas en situaciones complicadas.
Un sistema modular es un sistema ganadero compuesto por diferentes partes que pueden separarse o integrarse. Es útil porque puede limitar la propagación de impactos negativos y evitar daños en cascada dentro y fuera de la explotación.
La capacidad de interacción es la habilidad de un sistema para relacionarse con el medio ambiente y los agentes sociales que lo rodean. Un mayor nivel de interacción permite responder rápido en los momentos complicados.
La apertura y conectividad es la comunicación dentro del sistema ganadero y con otros sistemas externos. Permite crear relaciones sociales o comerciales que pueden facilitar la introducción de innovaciones y conocimientos
El vídeo ¿Qué es una ganadería resiliente? (https://www.youtube.com/watch?v=-4y294IMiuc) realizado dentro del proyecto, ayuda a entender de forma sencilla y práctica todos estos conceptos.
Estos cinco principios se pueden particularizar en acciones concretas para el sector caprino, como se observa en la Diapositiva 3. Mejorar la resiliencia implica avanzar hacia explotaciones con mayor diversidad alimentaria, capaces de transformar productos, aprovechar servicios agroecosistémicos ligados al pastoreo, invertir en formación, mejorar la genética y mantener adecuadamente sus infraestructuras. También supone reforzar la comunicación positiva del sector hacia la sociedad y hacia los jóvenes. No podemos transmitir permanentemente una imagen negativa de la actividad ganadera si queremos garantizar el relevo generacional.
Pero como dijo el físico y matemático británico W. Thomson (1824-1907), “lo que no se define no se puede medir, lo que no se mide no se puede mejorar, lo que no se mejora se degrada siempre”. Por ello, en RUMIRES, una vez establecidos los principios y atributos que podrían favorecer la resiliencia de las explotaciones de pequeños rumiantes, se planteó una acción con el objeto de incorporar a las herramientas de gestión técnico-económica desarrolladas por la Universidad de Sevilla para el sector caprino (Mena et al. 2025), la medición del nivel de resiliencia de las explotaciones. El objetivo final es que las personas ganaderas y técnicas puedan obtener una información objetiva y verificable para evaluar, además de la sostenibilidad económica, ambiental y social de la explotación, su capacidad de adaptación y de resiliencia, y con ello mejorarla.
El conocimiento y divulgación dentro del sector de estos conceptos, el debate en torno a las características que hacen a las explotaciones más o menos resilientes y el uso de programas de apoyo a la gestión que permitan generar año tras año indicadores de resiliencia sencillos, ayudarán sin duda a garantizar la continuidad de la actividad caprina en España.
Bibliografía
- Darnhofer I., Lamine C., Strauss A., Navarrete M. (2016). The resilience of family farms: Towards a relational approach. Journal of Rural Studies 44, 111–122.
- MAPA (2025). Orden APA/1523/2025 de 17 de diciembre, por la que se fija para el año 2026 la renta de referencia. Publicada en el BOE num. 312 de 27 de diciembre de 2025.
- Mena Y., Morales-Jerrett E., Mancilla-Leytón J.M., Prat-Benhamou A., Fernández-Lávarez J., Martín-Collado D. (2025). Integrando la resiliencia en la toma de decisiones a nivel de ganadería. Tierras Caprino 50, 60-63.
- Morales-Jerrett E., Mena Y., Camúñez-Ruiz J. A., Fernández J., Mancilla-Leytón J. M. (2022). Characterization of dairy goat production systems using autochthonous breeds in Andalusia (Southern Spain). Classification and efficiency comparative analysis. Small Ruminant Research, 106743.
- Resilience Alliance (2010). Assessing Resilience in Social-Ecological Systems: Workbook for Practitioners.






