ACTUALIDAD
Uso de prebióticos

Beneficios de la lactancia artificial con leche enriquecida con agentes favorecedores de la microbiota caprina

Ángel Poto Remacha1; Begoña Peinado Ramón2; Sonia Galián Arnaldos2; Laura Almela Veracruz2

1 Veterinario. Asesor Agropecuario.

2 Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental.

11/11/2022
Los probióticos son esenciales en la vida de todos los animales y en el cabrito lactante son esenciales. Tienen la capacidad de mantener en correcto funcionamiento el tracto digestivo a nivel intestinal cuando el cabrito es monogástrico durante la lactación. Para conseguir implantar la actividad derivada de estos probióticos, se necesita que estos aumenten en cantidad suficiente en el tracto intestinal, para lo que se recurre al aporte de sustancias nutritivas esenciales para estas células, los conocidos como prebióticos.

Existen muchos motivos por los que es interesante realizar la lactancia artificial en los cabritos de la raza Murciano-Granadina. El principal de ellos es que el precio de la leche de cabra es alto, y también es abundante el consumo de leche del cabrito en lactancia natural, de tal manera que la leche ingerida por el cabrito no es puesta en el mercado y, por tanto, no participa en los ingresos por venta de productos, lo que podría considerarse un gasto, influyendo en el nivel de rentas del ganadero de muy diversas formas.

En ciertos momentos, como son los más cercanos a la navidad, en el cuarto trimestre del año, los precios de la leche y de la carne caprina aumentan, debido a la disminución de la oferta por un lado, y por el aumento de la demanda de la carne, por el otro. Pero pasado este tiempo, durante la mayor parte de los meses de invierno, la situación empieza a invertirse, de tal forma que los precios de la carne disminuyen fuertemente y los de la leche se mantienen en márgenes razonables, pero sin alcanzar los niveles previos. Por esto, la cría de cabritos para matadero en esta época es ruinosa; tanto por la pérdida del valor de la leche consumida por el cabrito y no puesta en venta en el mercado, como por los alimentos consumidos, el trabajo, manejo e instalaciones empleadas en la cría.

Por otra parte, otros motivos influyen en las rentas de la cría de los cabritos. De un lado, la lactancia natural provoca la aparición de ciertos procesos patológicos en las cabras, y no solo por la actuación mecánica de succión del cabrito sobre la ubre, los recién nacidos también pueden ser vectores de transmisión de gérmenes patógenos entre las diversas cabras en lactación, dado que existen ejemplares que se dedican a mamar de varias cabras y, en concreto, de toda cabra que se lo permite, con lo que cualquier agente infeccioso va a ser transmitido con facilidad entre las distintas hembras en producción. Además, existe un instinto maternal acentuado en la cabra, expresado por bastantes ejemplares en lactación, aunque no en todos los componentes del rebaño, por lo que una cabra que ha perdido el cabrito tiende a adoptar los nacidos de otras hembras lactantes. Esto conlleva que, no solo se comparte el o los hijos, también se intercambian enfermedades relacionadas con la lactación.

Grupo de cabritos lactando
Grupo de cabritos lactando.

Además, en los momentos que suceden cerca del parto hasta el destete, los cabritos tienen una serie de enfermedades derivadas de muy diversos puntos; de un lado la falta de higiene del entorno y cubículo donde los cabritos se están criando, la falta de aislamiento entre los diversos ejemplares que produce un contacto directo con las deyecciones y excrementos de los jóvenes y adultos, el amamantamiento desde las ubres de la madre que están tocando continuamente el suelo en el descanso, la influencia de los cuidadores, sobre todo en los momentos de adaptación y acostumbramiento de los pequeños en la ingestión de alimentos, bien directamente de la ubre de la madre, bien con el entrenamiento para que los cabritos ingieran alimento desde las nodrizas o en los biberones o sondas para la ingestión de calostro. A todo esto, hay que añadir la proliferación de insectos y roedores que llegan y contaminan con facilidad los diversos utensilios empleados en las labores de cría, lo que produce que los diversos agentes biológicos causantes de enfermedades proliferen en el entorno de animales muy jóvenes con una capacidad inmunológica incipiente o sin puesta a punto frente a las nuevas agresiones infecciosas.

Además, la capacidad digestiva de los recién nacidos no está adaptada a la ingestión de cualquier alimento ofrecido, tanto de forma natural (leche materna), como de alimentos preparados por la industria de nutrición animal, teniendo cualquier desviación de la composición alimenticia graves consecuencias en la consecución de animales sanos. Los cabritos son muy sensibles al desequilibrio en los porcentajes de principios inmediatos, a la cantidad de alimentos ingeridos, siendo animales muy glotones, y si se lo permiten comen más de lo necesario con la consiguiente sobrecarga intestinal y la producción de diarreas de tipo mecánico. También son animales que requieren de la influencia materna en los momentos del parto, por lo que maman con facilidad por la influencia y requerimientos maternos, creándose vínculos estrechos que producen un rechazo ante cualquier intento de cambio en el manejo alimenticio. La adaptación a la lactancia artificial es muy estresante y muchas veces, si el contacto materno filial es acusado y prolongado, no es posible hacer que ingieran alimentos desde un envase diferente a la ubre de la madre y con sensaciones derivadas de las manos de los operarios en el momento de enseñanza a tomar alimentos para los que ya no pueden acostumbrarse; por todo ello, los cabritos que son separados tardíamente se niegan a ingerir ningún alimento y si no se insiste mueren de inanición, a no ser que se utilice una alimentación forzada y continua por sondas esofágicas, lo que no es en absoluto recomendable en un manejo del conjunto del grupo en cría.

Sistema inmunitario y calostro

Ente los gérmenes más importantes que afectan a los cabritos en las edades tempranas nos encontramos agentes infecciosos víricos, bacterianos, protozoos y hongos, que aunque no es objeto de este escrito la exposición de todos y cada uno de estos agentes y sus circunstancias, sí que citaremos algunos de los más caracterizados desde nuestro punto de vista, sobre todo los que más incidencia tienen en la supervivencia a estas edades. Así, nos encontramos con los que actúan proporcionando síntomas y lesiones en varios órganos, provocando septicemia y alteraciones funcionales, normalmente mortales a estas edades, como pueden ser los conocidos coronavirus y rotavirus; las bacterias estafilococos, pseudomonas, klebsiellas, micoplasmas o clamidias. Especial importancia tienen los que afectan al aparato digestivo, porque pueden alterar los procesos digestivos e impedir el desarrollo de los recién nacidos, entre los que se encuentran el género Clostridium, con sus diversas variedades y serotipos, las salmonelas y Escherichia coli, que no permiten el desarrollo adecuado de la flora bacteriana saprofita. En cuanto a protozoos, también influyen sobre la estabilidad homeostática del aparato digestivo, destacando las eimerias y los criptosporidios. En el campo de las enfermedades fúngicas a nivel intestino se presentan la Candida albicans, productora de candidiasis intestinal cuando sus niveles son numéricamente altos, con el agravante de no disponer de una adecuada respuesta preventiva con antibióticos para superar las enfermedades, por las diferentes normas de utilización del medicamento veterinario, aunque la utilización de prebióticos, probióticos y simbióticos empieza a solucionar con éxito la actividad patológica de algunos gérmenes en el neonato.

Otro de los factores importantes hasta la puesta a punto del sistema inmunitario del recién nacido es la toma adecuada en el momento oportuno de cantidad y calidad suficiente del calostro materno. En este líquido, proporcionado por amamantamiento se encuentran todas las sustancias necesarias para la protección mediante inmunidad pasiva que de forma natural se transmite de la madre al hijo. Sustancias que defienden al cabrito frente a los diversos agentes infecciosos o sus tóxicos derivados, que se encuentran en el entorno en el que se desarrollan los animales. Pero para que este calostro cumpla con su misión protectora, se deben de cumplir una serie de condiciones: la cabra debe de tener inmunidad propia frente a estos agentes, y en concreto, frente a los clostridios telúricos que producen enfermedades, sobre todo los temidos Clostridium perfringens, productores de toxinas mortales y que van a ser ingeridos a partir de la contaminación de suelos, paredes, utensilios, la piel de otros cabritos a los que van a chupar mediante juegos o la piel de la madre contaminada con sus propias heces. En menor abundancia, pueden también incidir otros parásitos bacterianos o víricos, por lo que la cabra debe ser inmunizada mediante un buen programa de vacunaciones, cuyos anticuerpos aparezcan en el calostro en el momento del parto al inicio de la lactación. Además, el calostro debe ser ingerido por el propio cabrito lo antes posible después del parto, no sólo por la necesidad de implantar la inmunidad pasiva, también para que adquiera la energía suficiente para la puesta en marcha de la actividad metabólica a la que la nueva situación del recién nacido se ha de enfrentar. De todas formas, el calostro lleno de inmunoglobulinas y proteínas protectoras frente a gérmenes va perdiendo sus propiedades en el proceso de transformación en leche, de tal forma que después de dos días, la cantidad y calidad del calostro ya no es suficiente para proteger al cabrito. Por ello, es importantísima la ingestión del calostro lo antes posible en el primer día de vida del animal y continuar en el siguiente, siendo sustituido a partir del segundo día por la leche o producto lácteo con el que se va a criar.

Administración de leche mediante sonda
Administración de leche mediante sonda.

Para la administración del calostro deberá impedirse la sobrecarga del intestino joven, poco adecuado a digestiones pesadas, siendo mejor realizar al menos tres tomas a lo largo del día, aunque si se dilata en el tiempo un número de tomas adecuado, de tres a cinco, durante el primer día de vida, hará que la supervivencia del individuo sea más segura. Circunstancialmente, cuando se realiza la lactancia artificial e incluso en raras ocasiones naturales, el calostro no es admitido y el cabrito no lo toma del biberón o la tetina en la nodriza, por lo que es necesario y urgente forzar la ingestión mediante la aplicación de una sonda a través del esófago. Este proceso conlleva dificultades y poca aceptación por el cabrito, por lo que ha de ser utilizada por personal muy experimentado y bajo la supervisión técnico- facultativa. Esta actividad es necesaria, porque la no ingestión y absorción intestinal del calostro conduce necesariamente a la muerte del animal pocos días después del nacimiento, con el consiguiente daño al animal, la pérdida del valor y los productos empleados para intentar evitar, ya con poco éxito, la septicemia o toxemia aguda del individuo sobrevenida por la falta de inmunidad, además del coste en la retirada del cadáver para su destrucción, por lo que, por mucho que parezca dramática la aplicación de la sonda esofágica, su uso es obligatorio para la supervivencia del cabrito. Otros métodos podrían ser aplicados, como la inyección subcutánea, endovenosa o intraperitoneal de productos inmunitarios, pero también conlleva actuación ligeramente dolorosa y se disponen de escasos productos a precios asequibles.

La cantidad de calostro ingerido en este lapso de tiempo también es otro factor a tener en cuenta para conseguir un buen desarrollo de la inmunidad del neonato. Existe alguna confusión en cuanto a comprobar que el recién nacido ha sido visto mamando de la madre en las primeras horas después de su nacimiento, y el problema que surge es la cantidad ingerida, porque pueden ocurrir diversas circunstancias que no posibiliten la ingestión suficiente del producto, sobre todo en algunas madres primerizas o la presentación de mamitis que provoquen el rechazo en el acercamiento del cabrito a la ubre. Dependiendo de la raza, la cantidad de calostro de calidad a ingerir en las primeras 24 horas debe ser cercana a los trescientos gramos, aunque a partir de 60 gramos puede ser suficiente, de hecho, la ingestión tolerada de varias tomas de calostro es lo adecuado.

En cuanto a la calidad del calostro, está compuesto por productos proteicos, principalmente dirigidos a proporcionar inmunidad pasiva, productos energéticos, lactosa y sobre todo grasas, vitaminas y minerales. Dentro del entramado proteico destacan las inmunoglobulinas, sobre todo la Inmunoglobulina G y M que van a ser la defensa inmunitaria del cabrito de forma pasiva a través de la ingestión del calostro materno hasta que el cabrito pueda generar una inmunidad activa procedente de la implantación y adecuación de sus propios mecanismos. La concentración de inmunoglobulinas en el calostro es del 74 % del total proteico el primer día después del parto, reduciéndose al 18% al día siguiente. El número del parto también influye en la cantidad de inmunoglobulinas siendo mayor en el segundo parto y siguientes que en el primero. Dentro del conjunto proteico, en el calostro es importante la proteína lactoferrina, que es un potente antiviral y antibacteriano, dado que tiene una gran actividad quelante con el hierro. La ingestión de esta proteína produce la disminución de los niveles intestinales y hemáticos del hierro, que ha sido bloqueado por la proteína, y los gérmenes no disponen de cantidad suficiente para su reproducción. Posteriormente, esta proteína devuelve este mineral al metabolismo del cabrito en los lugares donde es requerido y metabolizado, sobre todo en el hígado para la producción de hematíes, algo parecido sucede con otras proteínas del suero calostral. En cuanto a la energía presente en el calostro, se deriva del metabolismo de los ácidos grasos de la leche caprina, abundante en ácidos saturados, aunque en este periodo existe un repunte de ácidos monoinsaturados (principalmente ácido oleico), más fácilmente metabolizables. Finalmente, otros de los compuestos importantes para el desarrollo del neonato son la vitamina A y el calcio, los cuales se presentan en el calostro en cantidades adecuadas para colaborar en el establecimiento de la inmunidad mediante el desarrollo de órganos y epitelios de tipo inmune y para el propio desarrollo óseo dentro de los que se producen cantidades ingentes de células propias de la sangre. Una de las características importantes del calostro es su capacidad para soportar procesos tecnológicos como la pasterización a bajas temperaturas, entre 56 y 63 grados durante 30 minutos sin perder sus características inmunológicas ni vitamínicas. También se conserva con todas sus propiedades congelado adecuadamente por debajo de los - 15°C.

Inicio de lactación con probiótico
Inicio de lactación con probiótico.

Microbiota intestinal

En los últimos años, y en todas las especies se ha puesto de manifiesto la actividad protectora y estimuladora de los sistemas inmunitarios en animales por la microbiota intestinal. De tal forma que se considera a los gérmenes mutualistas, comensales y saprófitos como los componentes de un quinto órgano que tiene propiedades nutritivas, de mantenimiento de las condiciones adecuadas en el intestino, de competición por los alimentos frente a gérmenes patógenos y de estímulo para el desarrollo de órganos inmunitarios en general, pero en particular, a nivel intestinal. Esta microbiota intestinal habrá de desarrollarse a partir del parto, teniéndose creído que la principal fuente de aporte de bacterias saprófitas es a través del contacto con las mucosas en el canal del parto, la piel de la progenitora y/o con el ambiente del lugar de nacimiento. Es conocido, en las últimas décadas, que el fenómeno de translocación bacteriana desde el intestino a la sangre materna y desde ésta al recién nacido mediante el amamantamiento es una de las principales fuentes de componentes de la microbiota intestinal del cabrito en desarrollo, ya que en el momento del parto, esta microbiota está ausente y durante el desarrollo temprano, el futuro rumiante habrá de pasar de un intestino monogástrico al policompartimento gástrico necesario en edades adultas, lo que comportará también cambios cuali-cuantitativos de la microbiota, además de aparecer en lugares diferentes; tracto intestinal posterior al cuajar cuando la alimentación sea predominantemente láctea, y en el rumen a medida que los fenómenos de digestión ruminal se vayan implantando.

Los probióticos son esenciales en la vida de todos los animales y en el cabrito lactante son esenciales. Tienen la capacidad de mantener en correcto funcionamiento el tracto digestivo a nivel intestinal cuando el cabrito es monogástrico durante la lactación. El epitelio de la pared intestinal tiene una función protectora tapizando las mucosas e impidiendo que los patógenos desarrollen su actividad, creando un pH ácido donde tengan dificultades de desarrollo los diferentes patógenos, además de que muchos de los saprófitos son productores de sustancias antimicrobianas. También los gérmenes mutualistas utilizan sustancias nutritivas de la luz intestinal, con lo que ajustan los nutrientes que pasarán la barrera intestinal, por lo que los cabritos pueden hacer frente a las sobrecargas intestinales por exceso de alimento; todo ello, provoca el mantenimiento de un buen ambiente, ajustado a las condiciones requeridas a nivel intestinal para su buen funcionamiento. Pero la actividad más reconocida de los probióticos es la puesta a punto de la inmunidad activa del neonato enviando señales a las células de defensa y atrayéndolas hacia el posible foco de infección, además de contribuir en el desarrollo de las placas inmunitarias que tapizan el intestino, por lo que estos saprófitos contribuyen decididamente a la eliminación de patógenos impidiendo la aparición de patologías intestinales, la mayor parte de ellas, muy difíciles de superar por el animal en edades tan tempranas.

Grupo de cabritos lactantes con prebióticos
Grupo de cabritos lactantes con prebióticos.

Dentro de los probióticos de tipo bacteriano más importantes se encuentran los lactobacilos y los bífidos, ambos de gran capacidad para desarrollarse en medios ácidos por su capacidad de fermentar los azúcares, sobre todo los lácteos. Además, tienen gran capacidad para producir ácido láctico y de consumir grandes cantidades de oxígeno, con lo que disminuyen la proliferación de bacterias aeróbicas encontrándose también los hongos del género Saccharomyces, y en concreto, S. cerevisiae y S. boulardii, de demostrada eficacia frente a rotavirus. Estos elementos pueden encontrarse en los alimentos ingeridos, no solo a partir de la leche de la madre, también en la naturaleza se encuentran de forma abundante en los procesos fermentativos. Dentro de los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium, los más utilizados como probióticos a nivel general son L. delbrueckii o bulgaricum, también muy utilizado en la producción de yogur; L. casei, presente en muchos de los derivados lácteos de alto consumo; y otros más específicos en su actuación como son L. rhamnosus, L. plantarum, entre otros. Los del género Bifidobacterium, como B. longum, B. brevis y B. animalis, también han demostrado su capacidad probiótica. En el entorno ganadero, también se están utilizando los géneros Bacillus, en concreto B. subtilis y los Enterococcus como E. faecium. Pero dentro de cada uno de los citados, existe una gran cantidad de cepas con actividad específica y son las que realmente tienen necesidad de estudio en cada una de las especies ganaderas, y en concreto las especies menos estudiadas como la caprina.

En general, e independientemente de sus mecanismos de acción, los probióticos tienen las siguientes funciones como microbiota, considerado otro sistema orgánico vital: corregir las alteraciones del conjunto de la microbiota, tanto saprófita como patógena, reforzar la barrera intestinal, evitar la translocación bacteriana, impedir la adhesión de patógenos a la pared intestinal, propiciar la inmunomodulación e inmunoestimulación y corregir la dismotilidad.

Pero para conseguir implantar la actividad derivada de estos probióticos se necesita que estos aumenten en cantidad suficiente en el tracto intestinal, para lo que se recurre al aporte de sustancias nutritivas esenciales para estas células, los conocidos como prebióticos; en este caso los alimentos prebióticos son esenciales para aumentar las poblaciones bacterianas. Estas sustancias, normalmente no son asimiladas por el intestino del cabrito o tienen asimilación lenta, pero son fuente de desarrollo para los gérmenes mutualistas. Los prebióticos se encuentran en la naturaleza y son componentes de muchos vegetales utilizados en la agroindustria, como es el caso del trigo o centeno entre los cereales, además de patata y remolacha, entre otros. Estos, pueden ser aprovechados en la lactancia artificial, juntos y disueltos en la leche para propiciar así el desarrollo abundante de probióticos y sus actividades de protección intestinal. Muchos de los prebióticos utilizados son fructooligosacáridos, derivados de la inulina, y otros. Estos productos deben ser proporcionados al cabrito en los primeros momentos de vida junto con el calostro, a veces disuelto en el alimento, pero algunos de ellos son poco palatables para estos pequeños rumiantes, por lo que pueden provocar el rechazo de los prebióticos. En estos casos, y ante la posibilidad de fallecimiento del animal por falta de defensas es necesario proporcionarlo mediante sonda esofágica.

También se intenta aprovechar en la lactancia artificial del cabrito los simbióticos, es decir, la acción conjunta de prebióticos y cepas de probióticos para aumentar o potenciar la actividad de ambos.

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