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La cuenta atrás silenciosa hacia 2027: por qué los fabricantes globales deben actuar ya ante la Ley de Ciberresiliencia de la UE

Maria Else, Senior Global Product Manager, Cybersecurity Projects de Rockwell Automation

14/09/2026

Diciembre de 2027 puede parecer todavía una fecha lejana. Sin embargo, la cuenta atrás para la plena aplicación de la Ley de Ciberresiliencia de la Unión Europea (Cyber Resilience Act, CRA) ya está en marcha, y algunos de sus requisitos más exigentes comenzarán a aplicarse más de un año antes. Para los fabricantes que comercializan en Europa productos con elementos digitales, independientemente de dónde tengan su sede, ya no es posible considerar la CRA como un problema del futuro.

La CRA obliga a los fabricantes a integrar la ciberseguridad en sus productos durante todo su ciclo de vida, desde la fase de diseño hasta el final del periodo de soporte. También exige proporcionar a los usuarios información clara y accesible sobre cómo se protege un producto y cómo se gestionan sus vulnerabilidades. Para garantizar estos objetivos, el reglamento introduce responsabilidades a lo largo de todo el ciclo de vida del producto, evaluaciones formales de riesgos y de conformidad, además de la notificación obligatoria de vulnerabilidades.

Las consecuencias de un incumplimiento pueden ser considerables: las sanciones pueden alcanzar aproximadamente los 17 millones de dólares o el 2,5% de la facturación anual mundial, aplicándose la cantidad que resulte superior. Para una compañía con una facturación de 10.000 millones de dólares, ese límite podría traducirse en una exposición de hasta 250 millones de dólares.

Aunque la plena aplicación llegará en diciembre de 2027, el periodo de transición ya está en marcha. A partir de septiembre de 2026, los fabricantes deberán poder notificar a las autoridades de la UE las vulnerabilidades explotadas activamente y los incidentes graves en un plazo de 24 horas desde que tengan conocimiento de ellos. No se trata, por tanto, de un hito regulatorio lejano, sino de una capacidad operativa que debe estar preparada mucho antes de la fecha límite. Esto implica desarrollar y probar desde ahora los procesos de monitorización, escalado y notificación necesarios.

Los fabricantes de maquinaria afrontan, además, una capa adicional de complejidad. El Reglamento de Máquinas de la UE, que sustituirá a la histórica Directiva de Máquinas sin periodo transitorio, comenzará a aplicarse el 20 de enero de 2027. A diferencia de su predecesora, la nueva normativa será de aplicación uniforme en todos los Estados miembros de la Unión Europea, sin margen para interpretaciones nacionales.

Además, introduce requisitos esenciales de salud y seguridad que incluyen expresamente la ciberseguridad de la maquinaria y de los sistemas de control. El Reglamento de Máquinas y la CRA han sido concebidos para funcionar de manera complementaria, pero los fabricantes tendrán que cumplir simultáneamente ambos marcos regulatorios, con calendarios que se solapan y, en muchos casos, recurriendo a los mismos equipos de ingeniería y cumplimiento normativo.

El verdadero riesgo es perder el acceso al mercado

La consecuencia más inmediata de quedarse atrás no es una multa, sino la imposibilidad de vender. Un producto que no haya completado la evaluación de conformidad exigida no podrá incorporar el marcado CE necesario para acceder al mercado europeo.

Para los fabricantes de equipos originales (OEM) que comercializan maquinaria compleja formada por decenas de componentes procedentes de distintos proveedores, este riesgo se multiplica rápidamente. Un fabricante que produce más de mil máquinas al año, cada una con decenas de componentes individuales de hardware y firmware, deberá mantener en la práctica un inventario actualizado y auditable de todos ellos, para cada máquina y durante todo el periodo en que esta permanezca bajo soporte. Además, tendrá que informar a los usuarios finales cuando una actualización relevante desde el punto de vista de la seguridad afecte a algún elemento de una máquina ya comercializada.

Esto supone un modelo operativo radicalmente diferente al que la mayoría de los fabricantes han seguido durante décadas. El enfoque tradicional de diseñar, validar, obtener el marcado CE y pasar al siguiente producto está siendo sustituido por una obligación de mantenimiento continuo que acompaña al producto durante toda su vida útil.

Los fabricantes que interpreten este proceso como una certificación que se realiza una sola vez volverán a encontrarse fuera de cumplimiento en cuanto cambie un componente o se descubra una nueva vulnerabilidad.

El cumplimiento como fuente de resiliencia, no solo como forma de evitar riesgos

Si se aborda correctamente, el cambio que está impulsando la CRA no tiene por qué entenderse únicamente como una carga. Los fabricantes que incorporen evaluaciones continuas de riesgos y una mayor visibilidad de sus activos pueden obtener algo de lo que tradicionalmente han carecido: una imagen precisa y actualizada de los sistemas que están funcionando en toda su base instalada.

Esta visibilidad permite responder más rápidamente ante incidentes, planificar mejor las tareas de mantenimiento y establecer con mayor precisión qué sistemas requieren atención prioritaria.

Los organismos responsables de los estándares industriales también están avanzando para acompañar esta transformación, con nuevas directrices que combinan los métodos tradicionales de identificación de riesgos con sistemas estructurados de valoración del riesgo de ciberseguridad. De este modo, los fabricantes pueden evaluar y mitigar los riesgos cibernéticos junto con los riesgos convencionales de seguridad mediante un proceso repetible, en lugar de abordar ambos ámbitos como ejercicios independientes.

Cómo avanzar sin alterar las operaciones de planta

Los entornos de tecnología operacional (OT) no admiten las mismas estrategias de mitigación que habitualmente utilizan los equipos de tecnologías de la información (IT). Los fabricantes no pueden desplegar parches sin probar ni ejecutar análisis agresivos de vulnerabilidades sobre sistemas de control de producción sin asumir el riesgo de provocar paradas no planificadas. Y, en muchas ocasiones, ese tiempo de inactividad representa para la compañía un riesgo empresarial mayor que la propia vulnerabilidad.

Cumplir los requisitos de la CRA sin comprometer la continuidad de las operaciones exige adoptar varios cambios prácticos:

Integrar la seguridad desde la fase de diseño. La confidencialidad de los datos, los controles de integridad y el acceso basado en el principio de mínimo privilegio deben plantearse como decisiones arquitectónicas desde el inicio del desarrollo de un producto, y no como medidas añadidas posteriormente bajo la presión de una fecha límite.

Automatizar la visibilidad de los activos. Realizar manualmente el seguimiento de versiones de hardware, revisiones de firmware y listas de materiales de software —Software Bill of Materials o SBOM— en una base instalada de gran tamaño no resulta escalable ante los plazos de notificación establecidos por la CRA. La monitorización continua y automatizada es lo que permite que la obligación de informar de un incidente en 24 horas sea una capacidad real y no simplemente una aspiración.

Romper los silos dentro de las organizaciones. Tradicionalmente, la ciberseguridad, la seguridad funcional y los asuntos regulatorios han funcionado como disciplinas independientes dentro de las compañías industriales. Tanto la CRA como el Reglamento de Máquinas parten de la premisa de que estas áreas trabajan de forma coordinada. Los equipos responsables de ellas deberán hacerlo también.

Basar las decisiones en marcos consolidados y reconocidos internacionalmente. En lugar de desarrollar desde cero programas de cumplimiento específicos, los enfoques basados en estándares resultan más fáciles de justificar, auditar y adaptar a medida que evolucionan las exigencias regulatorias. Y esta tendencia va más allá de la Unión Europea, ya que otros mercados están observando atentamente la CRA como posible modelo de referencia.

Los fabricantes que comiencen este trabajo ahora, con suficiente antelación respecto a las principales fechas de aplicación, serán los que puedan seguir comercializando sus productos en Europa sin interrupciones. Los competidores que reaccionen demasiado tarde serán los que tengan que apresurarse para intentar ponerse al día.

Maria Else, Senior Global Product Manager, Cybersecurity Projects de Rockwell Automation
Maria Else, Senior Global Product Manager, Cybersecurity Projects de Rockwell Automation.
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