OPINIÓN
Gestión del punto de venta

Mirando hacia dentro

Beatriz Colina, gerente de Amatxu Denda22/01/2026
En este artículo de colaboración, Beatriz Colina, gerente de Amatxu Denda (Bermeo, Vizcaya), comparte su experiencia como comerciante y nos habla sobre cómo aprovechar lo sucedido en los últimos años para encarar el 2026 desde la reinvención, el aprendizaje y los nuevos proyectos.
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El sector de la puericultura y el textil y los accesorios infantiles ha vivido un periodo de transformación profunda en los últimos años, y 2025 no ha sido precisamente el más amable. Las ventas se han ralentizado, los hábitos de consumo han cambiado, la competencia digital se ha intensificado y el comercio minorista tradicional (el de barrio, el cercano, el que conoce los nombres de los hijos de sus clientes) se encuentra ante uno de los momentos más complejos de su historia reciente. Sin embargo, como también ha ocurrido en otras épocas, es precisamente en las dificultades donde surgen los cambios más importantes, y muchas veces, las mejores ideas nacen de la necesidad.

Con estas palabras quiero hablar con honestidad, desde la perspectiva real del comerciante que sube la persiana cada día, que vive los vaivenes del mercado en primera persona y que, aun así, sigue apostando por su negocio, por su localidad y por sus clientes. Porque, aunque el contexto sea retador, el 2026 se presenta, para muchos de nosotros, como un año de reinvención, de ajustes, de aprendizaje y, sobre todo, de nuevos proyectos.

¿Qué me pasa, doctor?

La paralización de las ventas no es solo mi percepción, es común en la mayoría de comercios del sector, y varios factores lo explican:

  • La caída de la natalidad, que año tras año reduce el volumen potencial de consumidores.
  • La competencia creciente de grandes plataformas online, con precios agresivos y disponibilidad inmediata.
  • La incertidumbre económica, que lleva a las familias a priorizar compras y espaciar decisiones, junto con la falta de medidas conciliadoras.
  • La saturación del mercado de productos para el bebé, donde muchas veces la oferta supera a la demanda.

Todo esto no hace preguntarnos: ¿Qué hacemos ahora? ¿Cómo seguimos adelante? ¿Dónde están las oportunidades? Y la respuesta a todas ellas empieza por mirar hacia dentro, hacia nuestra propia tienda, hacia nuestra forma de trabajar y hacia aquello que sí podemos controlar. Así que manos a la obra.

Aprender para avanzar

Personalmente, este último año ha estado marcado por algo que creemos que debería ser obligatoria para cualquier pequeño comercio: Formarse. Han sido 4 cursos, cada uno dedicado a un área distinta del negocio, y todos ellos han representado un antes y un después en nuestra visión y en nuestra manera de gestionar la tienda. Esto es algo que tenemos en mente, pero a veces necesitamos el respaldo de un profesional que nos ayude a ordenar las ideas.

Entender al cliente para adaptarse

El primer paso de nuestra transformación vino de la mano de un programa de la Cámara de Comercio, que nos ayudó a replantear la distribución de la tienda y a entender cómo se mueve el cliente por el espacio. A veces, uno se acostumbra tanto a ver su tienda igual todos los días que deja de notar lo que podría mejorar. En este sentido, creamos una zona nueva más cálida y acogedora, modificamos muebles, reorganizamos espacios y eliminamos barreras visuales para mejorar la circulación. Ello nos ha permitido generar un espacio más amable, más neutro y más alineado con lo que queremos transmitir.

Iluminación y señalética, los grandes olvidados

Otra conclusión clara es que la iluminación es, probablemente, el elemento más infravalorado del pequeño comercio. Es increíble cómo cambia la percepción de un producto cuando se ve bien y tiene la luz adecuada, cuando el espacio invita a mirarlo. En este sentido, hemos empezado a planificar mejoras de luz, colocación de producto y señalización nueva, clara, moderna y, muy importante, bilingüe.

Lengua, identidad y atención al cliente

En nuestra localidad el euskera forma parte del día a día, y hemos decidido que también forme parte de nuestro comercio. Esto, que parece un detalle, es cada vez más importante para que el cliente sienta que está siendo atendido en su lengua, que no es un trámite, sino un gesto de identidad y respeto.

Compartir para aprender

Otro de los cursos que hemos realizado nos permitió compartir sensaciones, inquietudes, miedos, estrategias y realidades con otros comercios de distintos sectores. Muchas veces sentimos que nuestros problemas son solo nuestros, hasta que descubrimos que hay más comercios que navegan en nuestra misma marea. Hablamos de márgenes, de proveedores, de rotación de productos, de gestión de stock, etc. Uno de los ejercicios que más nos sorprendió fue calcular exactamente cuánto cuesta una hora de nuestro tiempo, y es que muchos comercios se sorprenden al descubrir que lo que cobran no siempre cubre lo que cuesta su propio servicio.

La comunicación

Si hay algo que nos han enseñado estos cursos es la importancia de la comunicación. La forma en que hablamos, las palabras que usamos, los gestos, lo que decimo cuando tenemos (o cuando no tenemos) un producto, etc. La primera lección fue clara: “está prohibido decir NO”. La forma en que nos comunicamos es tan importante como lo que vendemos. Un “no” cierra puertas, mientras que un “¿qué es lo que estás buscando?”, las abre. Tenemos que aprender a preguntar más y hablar menos. Debemos escuchar lo que busca el cliente.

Actualización web, QR y WhatApp Business

De la mano del aprendizaje comunicativo llegó también la actualización de la web. Estamos trabajando en mejorar cómo explicamos quiénes somos, qué ofrecemos y cómo podemos ayudar a cada familia. Y hemos incorporado códigos QR en la tienda para que los clientes puedan acceder fácilmente a información sobre diferentes servicios, como la atención por WhatsApp Business. Profesionalizar la comunicación no es solo hablar bien, es también facilitar la vida al cliente. Y ahí es donde creemos que el pequeño comercio tiene una ventaja preciosa, y es que nosotros podemos ofrecer calidez, atención real y servicio personalizado, algo que no se compra por internet.

Encarar el 2026

El 2026 no va a ser fácil, no nos engañemos. El mercado sigue tenso, la competencia es feroz y la economía no está para fuegos artificiales. Pero si algo ha demostrado el pequeño comercio en los últimos años es que es resistente, creativo y capaz de reinventarse tantas veces como sea necesario. Hay que hacer ver al consumidor que comprar en el pequeño comercio es una experiencia única, que no se encuentra en otros formatos. Los comercios de puericultura no vendemos solo productos, vendemos acompañamiento y asesoramiento, somos parte de su historia. Y lo hacemos cada vez que miramos a un cliente a los ojos, cada vez que damos un consejo sincero, cada vez que llamamos para avisar que el pedido ha llegado, cada vez que dedicamos media hora más de nuestro tiempo, porque sabemos que esa familia lo necesita.

Porque el pequeño comercio no se rinde, se reinventa, y con muchas ganas de seguir acompañando a las familias que confían en nosotros. Adelante 2026, te estamos esperando. Y recuerda: “Comprar en el pequeño comercio, te hace grande”.

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