EALDE Business School alerta de que estrés, ansiedad y depresión son ‘tres nudos de la misma cuerda’ del trabajo moderno y que el mindfulness debe entenderse como infraestructura corporativa
La salud mental deja de ser solo bienestar: ya es control interno, productividad y continuidad operativa en las empresas
Redacción Interempresas26/03/2026 La salud mental ha dejado de ser un asunto limitado al bienestar individual para convertirse en un factor clave de productividad, gestión de riesgos y continuidad operativa en las empresas. Coincidiendo con el Día Mundial de la Salud (7 de abril) y el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo (28 de abril), expertos en gestión de riesgos corporativos advierten de que el aumento del estrés laboral responde cada vez más a cómo se organiza el trabajo en las compañías.
Según explica Sergi Simón, asesor académico en EALDE Business School, el enfoque tradicional de muchas empresas, basado en talleres emocionales o iniciativas puntuales de bienestar, se está quedando corto ante un problema de naturaleza estructural. “Estrés, ansiedad y depresión suelen tratarse como problemas individuales, pero en realidad son tres manifestaciones de un mismo sistema de trabajo cada vez más acelerado, digital e hiperconectado”, señala el experto de la escuela de negocio.
Un fenómeno con impacto económico
Los datos apuntan a que el problema tiene una dimensión creciente en el ámbito laboral. Según la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo, cerca del 29% de los trabajadores de la Unión Europea afirma sufrir estrés, ansiedad o depresión vinculados al trabajo.
A escala global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la depresión y la ansiedad generan 12.000 millones de días de trabajo perdidos al año, con un coste cercano a un billón de dólares en productividad.
Para los especialistas en gestión de riesgos, estas cifras reflejan que la salud mental empieza a tener materialidad económica para las organizaciones. “Cuando una parte relevante de la plantilla relaciona su estado mental con el trabajo, deja de ser un asunto personal y pasa a ser un riesgo operativo, ya que afecta a errores, absentismo, rotación de talento o reputación”, explica Sergi Simón.
El impacto de la hiperconectividad laboral
Uno de los factores que más está influyendo en esta tendencia es la creciente dificultad para separar el tiempo de trabajo del tiempo personal. El avance del teletrabajo, las plataformas de mensajería corporativa o la disponibilidad permanente están diluyendo los límites tradicionales de la jornada laboral.
Un estudio reciente de Eurofound muestra que el 30% de los trabajadores europeos declara preocuparse por cuestiones laborales fuera del horario de trabajo de forma habitual, un porcentaje que vuelve a niveles registrados durante la pandemia. Este fenómeno tiene efectos acumulativos sobre la salud mental y el rendimiento. “Si el trabajo nunca se cierra, el presente se vuelve urgente, el futuro incierto y el pasado pesado. Ahí es donde aparecen los tres grandes nudos del sistema laboral actual: estrés, ansiedad y agotamiento”, afirma el experto de EALDE Business School.
Del bienestar individual al diseño del trabajo
Ante este escenario, los especialistas en riesgos corporativos defienden un cambio de enfoque. En lugar de abordar estos problemas únicamente desde programas de bienestar, las empresas deberían tratarlos como un riesgo organizativo vinculado al diseño del trabajo. Entre las variables que influyen destacan la carga de reuniones, la presión temporal, la ambigüedad de prioridades, la disponibilidad digital fuera de horario o la falta de periodos reales de recuperación.
Esto implica, según Sergi Simón, incorporar métricas y controles organizativos similares a los que ya se aplican en otros ámbitos de riesgo corporativo. “La desconexión digital o la gestión de la carga de trabajo no deberían verse como beneficios laborales, sino como mecanismos de control interno”, apunta el asesor académico de EALDE Business School.
El papel del mindfulness en la empresa
En paralelo, algunas compañías están empezando a revisar el papel del mindfulness dentro de las políticas corporativas. Más allá de su imagen asociada al bienestar personal, diversos estudios recientes apuntan a que los programas basados en entrenamiento de la atención pueden mejorar la capacidad de concentración, la regulación emocional y la calidad de la toma de decisiones.
“El mindfulness no es una práctica ‘new age’. En entornos de trabajo hiperconectados, es una herramienta de entrenamiento de la atención que puede ayudar a reducir errores y mejorar la calidad de las decisiones”, explica Sergi Simón.
Un cambio de enfoque en la gestión empresarial
Los expertos coinciden en que el debate sobre la salud mental en el trabajo está entrando en una nueva fase. Más allá de las políticas de bienestar, las empresas empiezan a analizar el impacto del diseño del trabajo, la hiperconectividad y la carga cognitiva sobre el rendimiento y la sostenibilidad organizativa.
“La cuestión estratégica para las empresas ya no es si hablan de bienestar. Es si han convertido la salud mental en un sistema real de gestión y control antes de que el problema tenga impacto operativo”, concluye Sergi Simón.