Un sistema satelital andaluz predice basura marina tras lluvias
Investigadores de la Universidad de Cádiz diseñaron un sistema que detecta y monitoriza residuos en el Mediterráneo. El método analiza cómo las lluvias torrenciales introducen basura en el mar y anticipa su llegada a la costa. El estudio se desarrolló en el Mediterráneo noroccidental mediante imágenes satelitales y modelos matemáticos para mejorar la respuesta ambiental.
El grupo de investigación ‘Estructura y dinámica de ecosistemas acuáticos’ de la Universidad de Cádiz desarrolló una herramienta que establece una línea temporal para detectar la presencia de residuos en el mar. La metodología se basa en imágenes satelitales y modelos matemáticos, y permite analizar “cómo y cuándo eventos climáticos extremos, principalmente lluvias torrenciales, introducen grandes cantidades de basura mar adentro”.
El estudio confirma que la entrada de plástico está directamente condicionada por episodios de precipitaciones intensas y crecidas fluviales. En cifras, los investigadores detectaron la entrada de 50 toneladas de basura en 90 días. Este resultado refuerza la consideración del Mediterráneo como una de las principales zonas de acumulación de residuos a escala global, tal y como ya indicaba un trabajo previo en el que elaboraron “el primer mapa global de acumulación de desechos plásticos flotantes”.
La herramienta predictiva, aún en fase de desarrollo, permitirá anticipar con varios días de margen la llegada de residuos a las playas tras la detección de una borrasca. Su aplicación facilitará las labores de limpieza y la activación de medidas de contención ambiental, señalaron en una nota de prensa fuentes del Ejecutivo andaluz.
El estudio reafirma la clasificación del Mediterráneo como la sexta gran zona de acumulación de plástico a nivel global.
Dinámica de los regueros de basura marina
El estudio, titulado Storyline of an event of marine litter input and windrow formation in the Northwestern Mediterranean Sea y publicado en la revista Marine Pollution Bulletin, describe los regueros como “filamentos de algunos metros de anchura” que pueden superar los 20 kilómetros de longitud. Estas estructuras acumulan plásticos, restos vegetales, polen y mucílago marino, definido como una espuma persistente asociada al exceso de nutrientes, el aumento de la temperatura y la contaminación.
Los investigadores comprobaron que la basura marina entra en el mar de forma intermitente mediante pulsos asociados a eventos climáticos extremos. El análisis identifica que la mayor parte de los residuos se incorpora durante la “first flash”, es decir, la primera crecida tras lluvias intensas, en cuestión de horas o pocos días.
El investigador de la Universidad de Cádiz Andrés Cózar explica que “los ríos cortos y las áreas urbanas responden casi de inmediato, mientras que los pulsos de descarga de basura desde grandes ríos como el Ródano presentan un retraso de dos a tres días respecto al pico de lluvias”.
Aplicación de la metodología storyline en oceanografía
Para obtener estos resultados, los expertos analizaron diariamente durante tres meses variables asociadas a un episodio concreto en el Mediterráneo noroccidental. Aplicaron por primera vez en oceanografía la metodología storyline, habitual en climatología, que permite reconstruir la secuencia completa de un evento extremo.
Este enfoque facilitó el análisis desde la formación de la borrasca hasta la dispersión final de los residuos. Los investigadores caracterizaron las condiciones meteorológicas, la respuesta de los ríos a la escorrentía y la evolución de la basura en el mar.
Según el investigador de la Universidad de Cádiz Andrés Cózar, “la utilización de satélites ofrece una visión del océano que no es posible tener desde un barco”. Añade que “los residuos se dispersaron y llegaron a alcanzar hasta 300 kilómetros de distancia desde la costa, y que días más tarde, parte de ellos fueron devueltos a las playas”.
Durante los 90 días analizados, los expertos cuantificaron en 50 toneladas la basura vertida al mar. Cózar detalla que “de toda esta cantidad, 26 toneladas, el 52% del total, correspondía a material flotante”. Asimismo, indica que “el 32% aproximadamente terminaría hundiéndose progresivamente, mientras que el 68% acabaría llegando a las playas”, mientras que “las otras 24 toneladas restantes se depositaron directamente en los fondos marinos cercanos a costa”.
El objetivo del estudio es establecer la correlación entre fenómenos climáticos, hidrológicos y oceanográficos para prevenir impactos ambientales. En este contexto, Cózar precisa que “los regueros de basura son estructuras formadas en la superficie del océano que pueden acumular plásticos, restos vegetales, trozos de cañas, aluviones de lúas, polen e incluso mucílago marino”.
Los regueros pueden alcanzar dimensiones considerables: aunque su anchura media ronda los 10 metros, su longitud puede superar los 20 kilómetros.
Frecuencia de los episodios y magnitud del impacto
Los investigadores determinaron que estos pulsos extremos de entrada de basura se producen, en promedio, cada dos o tres años en el Mediterráneo. No obstante, advierten que “un solo episodio de gran intensidad puede alterar significativamente los patrones de acumulación observados”.
El estudio reafirma la clasificación del Mediterráneo como la sexta gran zona de acumulación de plástico a nivel global. Además, constata que los regueros pueden alcanzar dimensiones considerables: aunque su anchura media ronda los 10 metros, su longitud puede superar los 20 kilómetros, equivalente a la distancia de una ciudad como Málaga.
Desarrollo de un sistema predictivo global
El proyecto, financiado por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía y la Agencia Espacial Europea, se encuentra en fase experimental. Los investigadores trabajan en la automatización de la descarga y análisis de imágenes satelitales, así como en la generación de alertas tempranas.
El investigador de la Universidad de Cádiz Andrés Cózar señala que “pretendemos que esta metodología sea capaz de anticipar, con varios días de margen tras la detección de una borrasca, la llegada de basura a playas concretas, facilitando tareas de limpieza y mitigación”.
En paralelo, el equipo desarrolla trabajos de recuperación de datos hidrológicos y ecológicos de la laguna de la Janda, antigua zona húmeda situada entre Vejer de la Frontera, Benalup-Casas Viejas y Tarifa.





























