“La inversión en tecnología y sostenibilidad será decisiva para competir en un entorno cada vez más exigente”
Entrevista a Rafael Ortega, CEO de Raorsa
La industria de la transformación del plástico encara 2026 tras un ejercicio de estabilización y ligera recuperación. Rafa Ortega, CEO de Raorsa, analiza el crecimiento ordenado de su compañía en 2025, el peso creciente de la digitalización y la automatización y las tendencias que marcarán el corto plazo, con especial protagonismo de la eficiencia energética, los materiales reciclados y la economía circular.
¿Qué balance hace de 2025 para la industria de la transformación del plástico en su conjunto?
El año 2025 ha sido un periodo de recuperación y consolidación para la industria del plástico. Tras varios ejercicios marcados por la incertidumbre en la demanda y por fuertes presiones sobre los costes, el sector ha logrado estabilizarse, al menos de forma temporal, con una ligera mejora en los volúmenes de producción y una mayor previsibilidad empresarial.
Se han mantenido, además, las tendencias de optimización de procesos y sostenibilidad, impulsadas tanto por el marco normativo como por las exigencias del mercado final, que demanda soluciones cada vez más eficientes y responsables.
¿Cómo ha evolucionado su empresa a lo largo de 2025 en este contexto de mercado?
Para Raorsa, 2025 ha supuesto un crecimiento ordenado. Hemos reforzado nuestra capacidad productiva y el servicio técnico, orientando las inversiones hacia sectores con mayor dinamismo.
Paralelamente, estamos acelerando nuestros procesos internos de digitalización y automatización con el objetivo de ofrecer soluciones más rápidas, eficientes y ajustadas a las necesidades reales de los clientes. Esto nos permite mejorar los plazos de entrega y los estándares de calidad en un mercado cada vez más competitivo y exigente.
De cara a 2026, ¿prevé un escenario favorable para el sector de la transformación del plástico?
Si se mantiene la inercia del pasado ejercicio, el escenario para 2026 puede ser moderadamente favorable, con expectativas de demanda que continúan al alza.
No obstante, este crecimiento puede venir acompañado de mayores presiones competitivas y regulatorias, que exigirán más innovación tecnológica y un enfoque firme en sostenibilidad. La clave estará en invertir en nuevas tecnologías y posicionarse adecuadamente para responder con agilidad a estos desafíos.
¿En qué medida la situación geopolítica internacional está influyendo en su actividad, tanto en costes, suministro de materiales o decisiones de inversión?
La situación geopolítica puede tener un impacto significativo en el sector debido a la volatilidad de los precios de las materias primas y a posibles tensiones en las cadenas de suministro, factores que pueden influir en las decisiones de inversión de los transformadores.
Sin embargo, en el caso de Raorsa no estamos apreciando cambios relevantes en el comportamiento de nuestros clientes ni hemos sufrido desabastecimientos o variaciones significativas en los costes de nuestra maquinaria. Por el momento, este contexto no nos ha llevado a adoptar medidas extraordinarias.
¿Detecta una mayor demanda por parte del mercado de soluciones tecnológicas más avanzadas, eficientes o sostenibles?
Sí, de forma clara. Nuestros clientes demandan una mayor eficiencia energética en maquinaria, con reducción de consumo y emisiones; tecnologías avanzadas de control y automatización integradas con sistemas conectados y análisis de datos; y soluciones sostenibles tanto en el proceso productivo como en la reciclabilidad del producto final.
La eficiencia y la sostenibilidad ya no son únicamente una cuestión técnica, sino un requisito competitivo. Los transformadores deben cumplir normativas más estrictas y responder a consumidores y marcos regulatorios cada vez más exigentes.
Juanjo Roldán, asesor comercial de la empresa para Cataluña y la zona Norte y Rafael Ortega, CEO de Raorsa.
¿Qué tendencias tecnológicas o de mercado considera que marcarán la evolución del sector del plástico en 2026?
Entre las principales tendencias para 2026 destacarán una mayor digitalización de los procesos mediante sistemas de producción conectados y la automatización avanzada orientada a optimizar costes laborales y mejorar la calidad.
También crecerá la integración de materiales sostenibles y reciclados de alta calidad, junto con modelos de economía circular centrados en la reutilización y el reciclaje a lo largo de toda la cadena de valor. A ello se sumará la optimización energética y la reducción de la huella de carbono, tanto por razones de coste como por el cumplimiento de criterios ESG.
Estas tendencias condicionarán no solo la inversión en maquinaria, sino también la estrategia competitiva de las empresas transformadoras en un mercado cada vez más exigente.


























