Entrevista a Albert Ferré, director general de Gs Tècnic
La industria de la transformación del plástico afrontó 2025 como un ejercicio de ajuste y consolidación, tras varios años marcados por la volatilidad de costes, la presión regulatoria y los cambios en la demanda. En este contexto, la resiliencia del sector y el avance hacia modelos más eficientes, digitales y sostenibles han sido claves. Albert Ferré, director general de Gs Tècnic, analiza la evolución del mercado y las principales tendencias que marcarán 2026 en esta entrevista realizada en el marco del Estudio de mercado de inyección, periféricos y robots elaborado por Plásticos Universales e Interempresas Media.
¿Qué balance hace de 2025 para la industria de la transformación del plástico en su conjunto?
El año 2025 ha sido de ajuste y consolidación para la industria. Tras varios años de volatilidad en costes de materias primas, presiones regulatorias crecientes y cambios en la demanda del mercado, la industria ha mostrado resiliencia. Hemos visto una estabilidad paulatina en los precios de los polímeros comparado con los picos de años anteriores, un mayor enfoque en circularidad y reciclaje impulsado por regulaciones europeas y una consolidación de capacidades productivas en segmentos de alto valor añadido. En conjunto, diría que 2025 ha sido un año de transición, menos expansivo que el periodo 2021-2023, pero con bases más firmes para competir en eficiencia, sostenibilidad y tecnología.
Albert Ferré, director general de Gs Tècnic.
¿Cómo ha evolucionado su empresa a lo largo de 2025 en este contexto de mercado?
Nuestra evolución en 2025 se ha apoyado en tres ejes principales. En primer lugar, la transformación tecnológica, acelerando la automatización de líneas y adoptando sistemas de monitorización IoT para mejorar disponibilidad y calidad. En segundo lugar, la sostenibilidad, impulsando proyectos de economía circular, aumentando el uso de materiales reciclados y desarrollando soluciones de diseño orientadas a facilitar el reciclaje post-uso. Y, por último, la diversificación de mercados, fortaleciendo nuestra presencia en sectores con demanda más estable como el médico, el embalaje de alto valor y los componentes técnicos, lo que nos ha permitido mitigar la dependencia de segmentos más cíclicos. Como resultado, hemos cerrado el año con mejoras en eficiencia operativa, reducción de desperdicios y aumento de la cuota de mercado en nichos estratégicos.
De cara a 2026, ¿prevé un escenario favorable para el sector de la transformación del plástico?
Sí, el escenario es moderadamente favorable, aunque con retos claros. Entre los factores positivos destacaría que la transición hacia materiales más sostenibles crea nuevas oportunidades de producto, que la demanda de soluciones técnicas, como componentes para vehículos eléctricos, bienes duraderos o embalajes avanzados, se mantiene firme, y que las políticas públicas europeas están impulsando la innovación en reciclaje avanzado y reducción de residuos. Como desafíos, la presión normativa y el coste energético siguen siendo factores a gestionar, al igual que una competencia global que exige mayor productividad y especialización. En conjunto, 2026 debería ser un año de crecimiento selectivo, especialmente para las empresas que apuesten por la innovación y la sostenibilidad.
¿En qué medida la situación geopolítica internacional está influyendo en su actividad, tanto en costes, suministro de materiales o decisiones de inversión?
La situación geopolítica sigue teniendo un impacto significativo. En cuanto a costes de energía y materias primas, los ajustes en las cadenas de suministro globales y las tensiones entre grandes regiones económicas continúan afectando a la volatilidad de precios y a la disponibilidad de ciertos polímeros. Respecto al suministro de materiales críticos, dependemos de importaciones para algunos insumos, lo que ha reforzado la necesidad de diversificar proveedores y promover suministros locales o regionales. En el ámbito de las decisiones de inversión, la incertidumbre global nos obliga a ser más selectivos, priorizando proyectos con retorno claro y potencial sostenible, especialmente en digitalización y eficiencia energética. La geopolítica no detiene la actividad, pero sí modula riesgos y acelera la planificación estratégica.
¿Detecta una mayor demanda por parte del mercado de soluciones tecnológicas más avanzadas, eficientes o sostenibles?
Sí, es una tendencia clara. Observamos una mayor demanda de tecnologías avanzadas como la automatización de procesos, el uso de robots colaborativos, la digitalización mediante IIoT, mantenimiento predictivo o gemelos digitales, así como una trazabilidad completa del producto y de los materiales. En términos de eficiencia, los clientes buscan optimizar consumos energéticos y de recursos, junto con sistemas de gestión de producción más inteligentes. En sostenibilidad, crece el uso de materiales reciclados y reciclables, el diseño de productos para facilitar desmontaje y reutilización y las soluciones orientadas a reducir la huella de carbono. Los clientes finales, especialmente grandes corporaciones, exigen transparencia, certificaciones ambientales y tecnologías que reduzcan el impacto, lo que está transformando claramente la oferta del sector.
¿Qué tendencias tecnológicas o de mercado considera que marcarán la evolución del sector del plástico en 2026?
Entre las tendencias más relevantes para 2026 destacaría el avance de la circularidad y el reciclaje avanzado, con nuevas tecnologías de reciclaje químico y mecánico y una optimización logística de los residuos plásticos. También la economía digital aplicada a la producción, con mayor implantación de IIoT, análisis de datos en tiempo real, mantenimiento predictivo e integración de sistemas MES y ERP avanzados. En materiales, veremos un mayor desarrollo de biopolímeros, compuestos de alto rendimiento y aditivos funcionales que mejoren propiedades sin comprometer la reciclabilidad. A ello se suma una producción cada vez más flexible y personalizada, con fabricación bajo demanda, moldes y prototipado rápido mediante impresión 3D, así como un mayor peso de la normativa y la transparencia a lo largo de toda la cadena de valor.


























