“El reciclado químico del plástico debe entenderse como una solución complementaria, no como un sustituto del reciclaje tradicional”
Entrevista a Richard Aceituno, especialista en I+D en pirólisis de plásticos en GSF
Periodista. Coordinador de contenidos en FuturEnviro e Interempresas Smart Cities · Interempresas Media
13/01/2026
Richard Aceituno, especialista en I+D en pirólisis de plásticos en GSF Upcycling, explica cómo la compañía está avanzando en la transición hacia una economía circular del plástico mediante soluciones de reciclaje innovadoras. Asimismo, destaca la relevancia de un enfoque complementario entre reciclaje mecánico, químico y pirolítico, y subraya que la adaptación de la industria española a las nuevas exigencias europeas requerirá inversión, innovación y coordinación sectorial. Aceituno insiste en que el marco regulatorio claro, el apoyo institucional y la colaboración con la industria transformadora serán fundamentales para consolidar tecnologías avanzadas de reciclaje a escala industrial y garantizar la circularidad de los materiales plásticos.
La industria del reciclaje se encuentra en un momento de transformación significativa, impulsada por cambios normativos y por la necesidad de optimizar la gestión de residuos plásticos. Según Aceituno, los objetivos europeos de recogida, reciclaje y contenido de material reciclado están generando un nuevo escenario competitivo, en el que las tecnologías deben demostrar tanto eficiencia como capacidad de adaptación a flujos de residuos más complejos.
En este contexto, GSF Upcycling ha desarrollado soluciones que combinan distintas tecnologías de reciclaje. Aceituno destaca que, si bien el reciclaje mecánico sigue siendo esencial para los plásticos más homogéneos, las opciones de reciclaje químico y pirolítico se vuelven estratégicas para fracciones más difíciles de tratar, contribuyendo a cerrar el ciclo de materiales y garantizar productos con propiedades equivalentes al plástico virgen.
Al mismo tiempo, la consolidación de la industria española frente a estos cambios dependerá de la coordinación entre los diferentes actores del sector. Desde la mejora de los sistemas de recogida hasta la inversión en tecnologías avanzadas, Aceituno subraya que solo mediante una acción conjunta será posible cumplir los objetivos de circularidad y contenido reciclado que exige la normativa europea, al tiempo que se garantiza la sostenibilidad y la competitividad de las empresas involucradas.
“El reciclaje pirolítico permite, al menos en teoría, reciclar prácticamente cualquier tipo de plástico”, señala Aceituno.
¿Qué ha supuesto para GSF la entrada de Kutxa en el capital de la compañía desde el punto de vista estratégico, financiero y de posicionamiento empresarial?
La entrada de la Fundación Kutxa en el capital de GSF Upcycling ha supuesto un hito clave en la consolidación y proyección de la compañía desde una perspectiva estratégica, financiera y de posicionamiento empresarial.
Desde el punto de vista estratégico, representa un reconocimiento explícito al valor de nuestra tecnología y a su potencial para contribuir de forma decisiva a la transición hacia una economía circular del plástico a escala global. Este respaldo refuerza nuestra visión a largo plazo y nos posiciona como un actor relevante dentro del ecosistema industrial y tecnológico.
En el ámbito financiero, la incorporación de Kutxa fortalece nuestra estructura de capital y nos permite afrontar con mayor solidez la fase de escalado industrial, reduciendo riesgos y mejorando nuestra capacidad de planificación y ejecución a medio y largo plazo.
Por último, en términos de posicionamiento empresarial, la entrada de un socio institucional de referencia aporta credibilidad, visibilidad y confianza ante clientes, partners industriales e inversores, elevando el perfil corporativo de GSF Upcycling y facilitando nuevas oportunidades de crecimiento y colaboración.
Más allá de la aportación de recursos económicos, ¿qué tipo de acompañamiento o valor añadido espera GSF de Kutxa en términos de visión industrial, gobernanza y proyección a medio y largo plazo?
Desde GSF Upcycling valoramos especialmente el valor añadido que la Fundación Kutxa puede aportar más allá de la inversión financiera. Su profundo conocimiento del tejido industrial y su capacidad para articular y dinamizar ecosistemas de innovación resultan claves para acelerar la transferencia tecnológica y el desarrollo de proyectos industriales concretos.
Asimismo, su experiencia en visión industrial y gobernanza, junto con un enfoque de acompañamiento a largo plazo, contribuye a fortalecer los procesos de toma de decisiones estratégicas y a elevar los estándares de gestión de la compañía. Todo ello, unido a su firme compromiso con el desarrollo del territorio, facilita una proyección más sólida, sostenible y alineada con los objetivos de crecimiento de GSF Upcycling a medio y largo plazo.
¿Cómo se integra esta entrada en el capital en la hoja de ruta de crecimiento de GSF, tanto en capacidad productiva como en desarrollo tecnológico y expansión de mercado?
La entrada de la Fundación Kutxa encaja plenamente en la hoja de ruta de crecimiento definida por GSF Upcycling. Desde el punto de vista tecnológico, nos permite avanzar de forma ordenada y estructurada desde la validación de procesos hacia fases preindustriales e industriales, asegurando la madurez, fiabilidad y escalabilidad de la tecnología.
En términos de capacidad productiva, este respaldo facilita el desarrollo de infraestructuras y activos industriales necesarios para afrontar el escalado, minimizando riesgos y optimizando los tiempos de ejecución.
Desde la perspectiva de posicionamiento y expansión de mercado, refuerza nuestra ambición de consolidarnos como un proveedor tecnológico estratégico dentro de la cadena de valor del reciclaje, capaz de complementar las soluciones existentes y de aportar nuevas capacidades para el tratamiento de residuos plásticos complejos. Todo ello sienta las bases para una expansión progresiva en nuevos mercados y para el establecimiento de alianzas industriales a medio y largo plazo.
En el plano normativo, el nuevo reglamento europeo de envases y residuos de envases está llamado a transformar el sector. ¿Qué aspectos del reglamento —plazos, objetivos obligatorios o requisitos técnicos— considera más determinantes para la industria del reciclaje?
El nuevo Reglamento europeo de envases y residuos de envases (PPWR) va a suponer un cambio profundo para el sector del reciclaje, y hay tres aspectos especialmente relevantes desde una perspectiva industrial.
En primer lugar, los plazos. El reglamento será plenamente aplicable a partir del 12 de agosto de 2026, y esa fecha es clave porque a partir de entonces las obligaciones empiezan a ser exigibles. Para la industria, esto marca claramente cuándo hay que tener listas las inversiones, las tecnologías y los procesos.
En segundo lugar, los objetivos obligatorios, que van a crear mercado. Por un lado, se exige reducir la cantidad de residuos de envases, y por otro, se fija un objetivo muy ambicioso de recogida separada, especialmente para botellas de bebidas, que deberán alcanzar un 90% antes de 2029. Esto garantiza mayor disponibilidad y mejor calidad de material para reciclar.
Y, por último, los requisitos técnicos, que condicionan qué envases pueden ponerse en el mercado. Todos deberán ser reciclables y contener cada vez más material reciclado. Esto obliga a toda la cadena —fabricantes, recicladores y tecnólogos— a adaptarse y favorece soluciones capaces de reciclar plásticos más complejos y de mayor calidad.
En conjunto, el PPWR aporta certidumbre regulatoria y acelera la transición hacia un modelo de reciclaje más eficiente, industrial y alineado con la economía circular.
“El PPWR genera un aumento estructural de la demanda de material reciclado, con objetivos obligatorios de contenido reciclado cada vez más exigentes”, advierte Aceituno.
Desde su experiencia, ¿está preparada la industria del reciclaje del Estado español para adaptarse a estas nuevas exigencias europeas o será necesario un esfuerzo adicional en inversión, innovación y coordinación sectorial?
En términos generales, España parte de una buena posición, ya que los datos agregados muestran que el país ya cumple los objetivos globales de reciclaje de envases fijados para 2030. Esto refleja que existe capacidad industrial, experiencia y un ecosistema de gestión de residuos relativamente maduro.
Sin embargo, el reto del PPWR no está tanto en el promedio como en flujos muy concretos, especialmente en los envases de bebidas. En el caso de las botellas de plástico de un solo uso, los niveles actuales de recogida separada están todavía lejos de los objetivos europeos, lo que pone de manifiesto que el sistema actual no es suficiente.
Por ello, aunque la industria del reciclaje española está parcialmente preparada, la adaptación al nuevo marco europeo va a requerir un esfuerzo adicional importante en inversión, innovación y coordinación sectorial. Será clave mejorar los sistemas de recogida —incluida la implantación de sistemas de depósito y retorno— y avanzar en tecnologías que garanticen mayor calidad, trazabilidad y contenido reciclado.
En definitiva, España tiene una base sólida, pero el PPWR exige dar un salto cualitativo y trabajar de forma más alineada entre administraciones, industria y gestores para cumplir los nuevos objetivos.
¿Qué impacto cree que tendrá este reglamento en la demanda de soluciones de reciclaje avanzado frente a las tecnologías más tradicionales?
El PPWR va a reordenar claramente la demanda de tecnologías de reciclaje, reforzando el papel del reciclaje tradicional, pero también impulsando de forma selectiva las soluciones de reciclaje avanzado.
Por un lado, es previsible un fuerte impulso al reciclaje mecánico allí donde sea técnicamente viable. El reglamento hace del diseño para el reciclaje una condición para poder poner envases en el mercado y, además, los objetivos de alta recogida separada —especialmente en botellas y latas de bebidas— aumentarán la disponibilidad de flujos más limpios y homogéneos, que son los más adecuados para este tipo de tecnologías.
Al mismo tiempo, el PPWR genera un aumento estructural de la demanda de material reciclado, con objetivos obligatorios de contenido reciclado cada vez más exigentes, incluso en aplicaciones sensibles como el contacto alimentario. En ese contexto, el reciclaje avanzado gana relevancia como solución complementaria, capaz de tratar residuos más complejos o contaminados que no pueden reciclarse con calidad suficiente por vías tradicionales.
En definitiva, el reglamento no plantea una sustitución de unas tecnologías por otras, sino un modelo complementario: máximo aprovechamiento del reciclaje mecánico y un crecimiento del reciclaje avanzado allí donde sea necesario para cumplir los objetivos de calidad, volumen y circularidad que marca Europa.
El reciclado químico del plástico ocupa un lugar cada vez más destacado en el debate europeo. ¿Qué papel considera que debe desempeñar dentro del conjunto de soluciones necesarias para cumplir los objetivos de circularidad y contenido reciclado?
El reciclado químico del plástico debe entenderse como una solución complementaria, no como un sustituto del reciclaje tradicional. La evidencia técnica y los análisis comparativos a nivel europeo muestran que no existe una única tecnología válida para todos los residuos, sino que la mejor opción depende del tipo de plástico, de su nivel de contaminación y de la calidad del material reciclado que se quiera obtener.
En este sentido, el reciclado químico tiene un papel especialmente relevante para aquellas fracciones complejas que hoy acaban en vertedero o incineración, o que no pueden reciclarse con suficiente calidad por vías mecánicas. Ahí es donde puede aportar un valor diferencial, permitiendo recuperar materia prima nueva y contribuir a los objetivos de circularidad y de contenido reciclado.
Desde el punto de vista normativo, su desarrollo estará muy condicionado por cómo Europa defina qué cuenta realmente como reciclaje. El PPWR deja claro que solo se reconocerán aquellas rutas que devuelvan el plástico a la cadena de valor como nueva materia prima, con criterios de sostenibilidad y trazabilidad bien definidos, y no aquellas destinadas a usos energéticos.
En definitiva, para cumplir los objetivos europeos será necesario un mix de soluciones: prevención y reutilización, reciclaje mecánico de alta calidad siempre que sea posible y reciclado químico bien orientado, integrado y enfocado a maximizar la circularidad real del plástico.
Centrándonos en el reciclaje pirolítico, ¿cuáles son, a su juicio, sus principales puntos fuertes frente a otras tecnologías de reciclaje químico y mecánico?
Uno de los principales puntos fuertes del reciclaje pirolítico es que, mediante este proceso, se obtiene un aceite de pirólisis capaz de sustituir al petróleo como materia prima para la obtención de productos de alto valor añadido, tales como combustibles y diversas materias primas tras su craqueo. Entre estas materias primas se incluyen monómeros y otros compuestos químicos que pueden emplearse en la producción de nuevos plásticos, permitiendo así cerrar el ciclo del reciclaje. Además, los plásticos obtenidos a partir de estas materias primas mantienen propiedades equivalentes a las del plástico virgen, a diferencia de lo que ocurre en el reciclaje mecánico, donde suele producirse una degradación de las propiedades del material.
Otro aspecto destacable del reciclaje pirolítico es que no requiere el uso de productos peligrosos ni poco respetuosos con el medio ambiente, como los disolventes orgánicos empleados en otros procesos de reciclaje químico, lo que lo convierte en una alternativa más sostenible.
“España tiene una base sólida, pero el PPWR exige dar un salto cualitativo y trabajar de forma más alineada entre administraciones, industria y gestores”, apunta el especialista en I+D en pirólisis de plásticos en GSF.
¿Cuáles diría que son las principales debilidades o limitaciones actuales de la pirólisis, ya sea desde el punto de vista tecnológico, económico o de aceptación regulatoria y social?
Una de las principales desventajas del reciclaje pirolítico es que los aceites de pirólisis producidos actualmente no cumplen, en muchos casos, con los estándares de calidad exigidos por la industria petroquímica. Esto se debe a la presencia de contaminantes como halógenos, oxígeno, nitrógeno y metales, que afectan negativamente al rendimiento, la seguridad y la integridad de las unidades de craqueo.
Otra debilidad relevante es la necesidad de operar a altas temperaturas, generalmente entre 300 y 900 °C, lo que conlleva un elevado consumo energético. Este aspecto incrementa tanto el OPEX como la huella de carbono del proceso, especialmente cuando la energía utilizada procede de fuentes no renovables.
Además de estas limitaciones técnicas y energéticas, el reciclaje pirolítico presenta desventajas de carácter regulatorio y social. Desde el punto de vista normativo, en numerosos países esta tecnología no está plenamente reconocida como reciclaje, sino que se clasifica como valorización energética o tratamiento de residuos. Esta situación limita el acceso a incentivos económicos, el cómputo dentro de los objetivos oficiales de reciclaje y la obtención de certificaciones vinculadas a la economía circular. Asimismo, la falta de marcos regulatorios claros y armonizados genera incertidumbre para los inversores y retrasa la implantación a escala industrial.
En el ámbito social, el reciclaje pirolítico puede generar reticencias por parte de la ciudadanía debido a su asociación con procesos térmicos y posibles emisiones. Esta percepción negativa suele traducirse en oposición local a la construcción de nuevas plantas y, junto con la limitada divulgación y comprensión de la tecnología, dificulta su aceptación social y puede provocar retrasos en la concesión de permisos y en el desarrollo de proyectos.
El escalado industrial sigue siendo uno de los grandes retos del reciclaje químico. ¿Qué dificultades específicas presenta la pirólisis para operar de forma estable y competitiva a gran escala?
La principal dificultad del proceso radica en la formación de coque y char en el interior de la planta de pirólisis, lo que obliga a detener periódicamente la operación para su eliminación. Estas paradas no programadas reducen significativamente la capacidad productiva de la instalación y conllevan un aumento del OPEX, lo que se traduce en importantes pérdidas económicas para la empresa propietaria de la planta.
A pesar de estos retos, ¿qué ventajas ofrece el reciclaje pirolítico en términos de flexibilidad de materias primas, calidad del producto obtenido o contribución a la reducción de residuos plásticos complejos?
Para empezar, el reciclaje pirolítico permite, al menos en teoría, reciclar prácticamente cualquier tipo de plástico, desde poliolefinas hasta materiales como PET, ABS, PS, entre otros, incluso cuando se presentan en mezclas heterogéneas. No obstante, se habla de un potencial teórico porque la tecnología aún debe optimizarse para alcanzar rendimientos elevados y producir aceites de pirólisis que cumplan de forma consistente con los estándares de calidad exigidos por la industria petroquímica.
Además, como se ha mencionado anteriormente, tras el craqueo de los aceites de pirólisis se obtienen materias primas que pueden emplearse en la fabricación de nuevos plásticos con propiedades equivalentes a las del plástico virgen. De este modo, se elimina el argumento de la degradación de propiedades del material reciclado como justificación para seguir recurriendo al uso de plásticos vírgenes.
Mirando al medio y largo plazo, ¿qué condiciones considera imprescindibles —marco regulatorio claro, apoyo institucional, compromisos de la industria transformadora— para que la pirólisis se consolide como una solución industrial viable en Europa?
Para que la pirólisis se consolide como una solución viable y escalable en Europa, será imprescindible contar con un marco normativo claro, estable y tecnológicamente neutral, que reconozca explícitamente su papel como tecnología de reciclaje material-a-material cuando el output se destina a la producción de nuevos polímeros. En particular, resulta clave disponer de metodologías armonizadas para el cálculo y verificación del contenido reciclado y de criterios de sostenibilidad que aporten seguridad jurídica a las inversiones industriales.
Asimismo, serán necesarias señales de mercado claras que valoren el aporte de la pirólisis en el tratamiento de flujos plásticos complejos no aptos para reciclaje mecánico, así como instrumentos de apoyo a la industrialización y al escalado de plantas comerciales (CAPEX, acceso a financiación, contratos de largo plazo). El reconocimiento regulatorio del output de pirólisis como materia prima secundaria de calidad es determinante para activar la demanda.
Finalmente, la colaboración estrecha entre desarrolladores tecnológicos, industria petroquímica y transformadora, gestores de residuos y administraciones públicas será clave para integrar la pirólisis en los sistemas de gestión de residuos existentes. Esta coordinación permitirá optimizar la disponibilidad de feedstock, asegurar trazabilidad y maximizar la contribución de la pirólisis a los objetivos europeos de circularidad y contenido reciclado.
“El reciclado químico del plástico tiene un papel especialmente relevante para aquellas fracciones complejas que hoy acaban en vertedero o incineración”
“Para que la pirólisis se consolide como una solución viable y escalable en Europa, será imprescindible contar con un marco normativo claro, estable y tecnológicamente neutral”
“El nuevo Reglamento europeo de envases y residuos de envases va a suponer un cambio profundo para el sector del reciclaje”

















