Redes sociales y peluquería: cuando crear contenido se convierte en otra tarea más del salón
Crear vídeos, fotografiar trabajos, editar contenidos y publicar con regularidad ya forma parte del día a día de muchos salones. Según un estudio británico publicado por HJI, el 76% de los pequeños empresarios dedica tiempo cada semana a gestionar sus redes sociales.
¿Cuánto tiempo puede ocupar crear contenido?
Según los datos británicos publicados por HJI, el 54% dedica entre una y tres horas semanales a crear contenido para redes sociales, mientras que un 11% llega a invertir el equivalente a una jornada laboral completa cada semana.
En un salón, esa dedicación puede traducirse en fotografiar un antes y un después, grabar una transformación, seleccionar imágenes, editar vídeos, escribir textos, responder comentarios o preparar contenido educativo sobre técnicas, tendencias y cuidados capilares.
Son tareas que se suman al trabajo técnico, la atención al cliente y la propia gestión del negocio.
La presión por estar presente en redes sociales
La investigación también muestra hasta qué punto las redes sociales se perciben como una obligación comercial. Entre los pequeños empresarios británicos consultados:
- 55%: siente presión por crear contenido regularmente.
- 73%: considera que los clientes esperan que los negocios mantengan una presencia activa en redes sociales.
- 63%: reconoce dificultades para diferenciarse de sus competidores en el entorno digital.
Para un salón, diferenciarse puede resultar especialmente complejo en plataformas dominadas por imágenes y vídeos de cortes, coloraciones, ‘balayage’, recogidos o transformaciones. Publicar más no garantiza necesariamente destacar, por lo que contar con una estrategia y mostrar una identidad profesional reconocible adquiere cada vez mayor importancia.
Mucha presencia digital, pero poca formación
Otro dato significativo del estudio es que el 65% de los pequeños empresarios británicos encuestados nunca ha recibido formación en redes sociales, mientras que el 69% nunca ha contratado a otra persona para crear contenido en su nombre.
Trasladado a la reflexión sobre el salón, plantea una cuestión relevante: el profesional puede terminar asumiendo funciones de fotografía, vídeo, edición, redacción y estrategia digital sin disponer necesariamente del tiempo o los conocimientos específicos para desarrollarlas.
Las redes sociales son una herramienta de marketing, pero gestionarlas profesionalmente también requiere formación, planificación y objetivos claros.
Fotografiar a los clientes también implica responsabilidades
En peluquería existe, además, una cuestión especialmente importante: gran parte del contenido publicado tiene como protagonista al cliente.
Fotografías del resultado final, vídeos de transformaciones o imágenes del antes y el después son habituales en los perfiles de los salones, pero su publicación exige prestar atención al consentimiento y a la privacidad.
Según el estudio realizado en Reino Unido, el 19% de los pequeños empresarios encuestados reconoce que no siempre obtiene permiso del cliente antes de publicar fotografías o vídeos de los trabajos realizados. Además, el 28 % afirma que no sabría cómo actuar ante una cuestión legal planteada por un cliente respecto al contenido compartido.
Rob Rees, director divisional de Markel Direct, recuerda que “las mismas normas sobre consentimiento, derechos de autor y confidencialidad se aplican en línea que fuera de línea”.
Las redes sociales, una herramienta que también hay que gestionar
Instagram, TikTok y otras plataformas ofrecen al profesional de la peluquería una oportunidad para mostrar su técnica, construir una marca personal o de salón, generar confianza y conectar con potenciales clientes. Pero hacerlo de manera constante requiere una inversión de tiempo que también debe contemplarse dentro de la gestión del negocio.
Los datos publicados por HJI no permiten afirmar cuánto tiempo dedica específicamente un peluquero a las redes sociales, pero sí reflejan un fenómeno que atraviesa al pequeño negocio: crear contenido se está convirtiendo en una nueva función profesional para la que muchos empresarios todavía no cuentan con formación ni apoyo especializado.
Para el salón, la cuestión ya no parece ser únicamente si debe estar presente en redes sociales, sino cómo integrarlas en el negocio sin que terminen convirtiéndose en una carga difícil de sostener.



