Espigas: el riesgo invisible del buen tiempo para la salud de los perros
Con la llegada del buen tiempo, los paseos se alargan, las escapadas al campo se hacen más frecuentes y los perros disfrutan al aire libre como nunca. Sin embargo, esta época también trae consigo un riesgo silencioso que cada año provoca numerosas visitas veterinarias: las espigas. Por este motivo, Kiwoko, especialista multiespecie en el cuidado integral de animales de compañía en España y Portugal, advierte de la presencia de estos restos vegetales y da consejos sobre cómo actuar para prevenir problemas de salud graves.
Las espigas son las estructuras secas de determinadas hierbas y cereales que, al desprenderse de la planta, adquieren una forma puntiaguda y rígida. Su diseño natural hace que se adhieran fácilmente al pelo de los animales y avancen en una sola dirección, lo que puede provocar que se introduzcan en distintas partes del cuerpo del perro.
El verdadero peligro de las espigas no es solo que se enganchen, sino que pueden penetrar en zonas sensibles como las orejas, la nariz, los ojos, la boca, los espacios entre los dedos o incluso la piel. Una vez dentro, avanzan y pueden causar infecciones, abscesos, dolor intenso e incluso complicaciones que requieren intervención quirúrgica.
“La forma de la espiga está pensada para avanzar y por eso, aunque al principio los síntomas puedan parecer leves, el problema puede agravarse en cuestión de horas si no se actúa”, explica Ana Ramírez, directora técnica veterinaria de Kivet.
Señales de alarma: cómo detectar a tiempo la presencia de una espiga
Uno de los mayores riesgos de las espigas es que, en muchos casos, los primeros síntomas pasan desapercibidos. Por eso, Ramírez incide en que es es fundamental observar el comportamiento del perro tras los paseos, especialmente si han estado en zonas con hierba seca.
Algunos de los signos más habituales que pueden indicar que el peludo se ha pinchado con una espiga son sacudir la cabeza de forma insistente, rascarse las orejas, estornudar de manera repetida, cojear, lamerse con ansiedad una pata o mostrar dolor al tocarle una zona concreta. Además, en algunos casos también pueden aparecer enrojecimientos, inflamación o secreciones anormales.
“Si un perro empieza a comportarse de manera distinta tras el paseo, es importante no normalizarlo”, señala Ramírez, que insiste en que “una simple espiga en el oído puede causar mucho dolor y derivar en una infección grave si no se extrae correctamente”.
En este sentido, los expertos veterinarios explican en que la reacción rápida es clave. Nunca se recomienda intentar retirar una espiga en casa si no se ve claramente o si está incrustada, ya que se puede empujar aún más hacia dentro. Así pues, ante la duda, la visita al veterinario es siempre la mejor opción.
Prevención diaria: pequeños gestos que protegen su salud y fortalecen el vínculo
Pese a la gravedad que pueden alcanzar algunos casos, es importante tener en cuenta que muchos de los riesgos asociados a las espigas se pueden reducir con hábitos sencillos. Elegir rutas de paseo seguras, evitar zonas con hierba seca o sin segar y revisar al perro después de cada salida son gestos que pueden marcar la diferencia.
Además, se aconseja cepillar el pelo con regularidad, especialmente en perros de manto largo, ya que esto ayuda a detectar espigas antes de que se claven. Mantener el pelo corto en perros de manto largo puede resultar altamente beneficioso para su salud y bienestar. Un pelaje más corto facilita la detección precoz de cualquier anomalía en la piel, como heridas, inflamaciones o parásitos, y además dificulta la adhesión de espigas y otros cuerpos extraños, reduciendo así el riesgo para el animal. También es importante prestar atención a las patas, las orejas y el hocico, dedicando unos minutos a esta revisión como parte de la rutina diaria.
“Estos momentos de cuidado no solo previenen problemas de salud, sino que también refuerzan la confianza del animal y el vínculo con su persona, ya que el perro aprende que ese contacto es positivo y protector”, indica Ramírez.
Desde Kiwoko, además, se recomienda adaptar los cuidados a cada etapa y estilo de vida del animal, utilizando productos adecuados para el mantenimiento del pelaje y contando con el asesoramiento de profesionales cuando sea necesario.
¿Sabías que las espigas no se degradan dentro del organismo y pueden desplazarse internamente?
Según estudios de la School of Veterinary Medicine de la Universidad de California, a diferencia de otros cuerpos extraños, las espigas no se degradan dentro del organismo ni siguen el recorrido natural de expulsión del cuerpo. Su estructura con pequeñas púas orientadas en una sola dirección hace que, una vez introducidas, avancen entre los tejidos y puedan provocar infecciones persistentes, abscesos y procesos inflamatorios difíciles de diagnosticar. En casos raros pero documentados en veterinaria, esta migración interna ha llegado a afectar a órganos vitales.









