La paja y la madera regresan a la construcción para transformar el sector en sumidero de carbono y reducir su impacto climático
La bioconstrucción gana protagonismo en el sector de la edificación con el regreso de materiales como la paja o la madera, capaces de capturar CO2 durante su crecimiento y almacenarlo durante la vida útil del edificio. Este enfoque, vinculado al concepto de carbono biogénico, abre la puerta a construcciones con menor impacto climático e incluso con balance de carbono negativo en algunos casos.
La construcción genera más de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero en Europa, y buena parte de esa huella procede de los materiales con los que se levantan los edificios, no de su uso posterior. Frente a ese problema, arquitectos e ingenieros están recuperando materiales como la paja (que hoy en día se considera un desperdicio) o la madera, capaces de capturar CO2 de la atmósfera durante su crecimiento y mantenerlo almacenado mientras forman parte de la construcción.
Es el llamado carbono biogénico, y ya existen edificios en Europa que demuestran que una obra puede tener un balance de carbono negativo. En este sentido, se enmarca el trabajo de Freehand Arquitectura, Passivhaus designers, que se suma a esta corriente y la explica en cinco claves.
1. La paja, de material precario a solución constructiva industrializada
Durante décadas, la paja ha estado asociada a soluciones habitacionales precarias. Sin embargo, actualmente se emplea como material constructivo en forma de paneles prefabricados combinados con madera, con certificación Passivhaus. Estos sistemas pueden alcanzar resistencias al fuego de hasta dos horas y presentan un comportamiento térmico superior al de diversos sistemas constructivos convencionales.
2. El carbono biogénico: definición y funcionamiento
El carbono biogénico se refiere al CO2 que las plantas absorben de la atmósfera durante su crecimiento mediante la fotosíntesis y que queda fijado en su estructura. Cuando esta biomasa se utiliza como material de construcción, el carbono permanece almacenado en el edificio durante décadas, en lugar de liberarse a la atmósfera mediante su combustión o descomposición. Este comportamiento contrasta con materiales como el cemento o el acero, cuya producción implica emisiones de CO2.
3. De emisores a sumideros de carbono
El uso de materiales biobasados permite un cambio de paradigma en la construcción: los edificios pueden pasar de ser emisores netos de carbono a funcionar como sumideros. Se considera que un edificio alcanza un balance de carbono negativo cuando el CO2 almacenado en sus materiales supera las emisiones generadas durante su fabricación y proceso constructivo.
4. Aplicaciones reales en el entorno europeo
En distintos países europeos, como Suecia, ya existen edificios construidos con paneles prefabricados de paja certificados Passivhaus, con datos cuantificados sobre el CO2 almacenado por metro cuadrado de muro. Estas soluciones no se encuentran en fase experimental, sino que constituyen tecnologías ya aplicadas en el sector. En este contexto, Freehand Arquitectura ha incorporado este tipo de sistemas en proyectos desarrollados en España.
5. Marco regulatorio en España y la UE
El nuevo Código Técnico de la Edificación incorpora la obligación de calcular el Potencial de Calentamiento Global de los edificios a lo largo de su ciclo de vida, en línea con la directiva europea de eficiencia energética, cuya transposición debe completarse en 2026. Este cambio normativo introduce el carbono incorporado en los materiales como un parámetro de evaluación dentro del diseño y la construcción.






















