OPINIÓN
Tribuna de opinión

Impulsar la descarbonización de la industria preservando al mismo tiempo la competitividad industrial y la seguridad del suministro agrícola

Paloma Pérez, secretaria general de la Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes (ANFFE)

13/01/2026
Paloma Pérez, secretaria general de la Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes (ANFFE)
Paloma Pérez, secretaria general de la Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes (ANFFE).
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Producir suficientes alimentos para alimentar a la población mundial ha sido históricamente uno de los grandes desafíos de la humanidad. Pero gracias a la innovación tecnológica y al desarrollo del proceso de Haber-Bosch ha sido posible aportar al suelo de manera controlada los nutrientes que son esenciales para las plantas, permitiendo aumentar el rendimiento de los cultivos, mejorar la calidad y el tamaño de los alimentos y cultivar de forma intensiva en menos tierra, ayudando a reducir la expansión agrícola. De esa manera, con los fertilizantes se ha podido lograr una producción agrícola suficiente para alimentar a una gran parte de la población mundial y mantener al mismo tiempo la fertilidad del suelo.

Pero para garantizar la seguridad alimentaria actual y futura sin comprometer el medio ambiente, los fertilizantes deben usarse de la forma más equilibrada y sostenible posible. En este sentido el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) publicó el Real Decreto 1051/2022 sobre nutrición sostenible en los suelos agrarios. Esta legislación ha sido modificada posteriormente para dar más tiempo a los agricultores para su adaptación, introduciendo importantes retrasos y opciones más flexibles para obligaciones clave, tales como el plan de abonado y el cuaderno digital, permitiendo aún el formato papel para 2026 y retrasando el asesoramiento técnico obligatorio.

La legislación europea de fertilizantes, que ha creado con el Reglamento 2019/1009 un marco armonizado en la UE, impone al mismo tiempo una serie de cargas, sobrecostes y complejidades burocráticas a las empresas, lo que ha motivado que la Comisión se haya visto obligada a introducir una serie de simplificaciones en su Reglamento Omnibus.

En un panorama sujeto a numerosas incertidumbres, los fabricantes de fertilizantes se enfrentan a una serie de retos que afectan a la competitividad y la sostenibilidad, entre los que podemos destacar:

- Volatilidad y alto coste de las materias primas debido a factores globales (disrupciones en la cadena de suministro, tensiones geopolíticas, etc.), que impactan directamente en los costes de producción.

- Elevados costes energéticos en Europa, que hacen que muchas plantas tengan unos costes de producción más altos que sus competidores internacionales.

- Regulación ambiental más estricta, requiriendo inversiones adicionales en tecnologías y procesos más costosos.

- Dependencia de importaciones y competencia extranjera, especialmente de países como Rusia, Turquía o Egipto, que producen con costes más bajos, presionando a la baja los precios y afectando a las ventas de los productores nacionales, lo que provoca ajustes productivos y problemas estructurales.

- Dificultad de las empresas para financiar las inversiones necesarias para la modernización y la digitalización.

Uno de los asuntos de mayor trascendencia en el panorama actual del sector de los fertilizantes es el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), que fija un precio al carbono de las importaciones de bienes intensivos en emisiones, igualando de esa manera las condiciones con la producción europea bajo el Sistema de Comercio de Emisiones (EU ETS). La UE importa una parte significativa de los fertilizantes de terceros países en los que los requisitos medioambientales son en general menos estrictos. En este sentido, uno de los objetivos del CBAM es evitar la ‘fuga de carbono’ y proteger a la industria local frente a importaciones más baratas y con menores estándares ambientales, empujando al mismo tiempo a todo el planeta hacia una economía baja en emisiones.

Un precio del carbono alineado entre los productos locales y los foráneos crea un campo de juego más justo y protege a las industrias que ya pagan por sus emisiones en el ETS. Pero en la práctica, los costes energéticos y regulatorios en Europa siguen siendo elevados, lo que limita la capacidad de los productores locales para competir, incluso cuando se igualan los precios del carbono.

Europa ha apostado por descarbonizar la industria, incentivando tecnologías como el amoníaco ‘azul’ o ‘verde’, que utilizan hidrógeno renovable o captura de carbono. Sin embargo, esta transición tecnológica es costosa y todavía incipiente. Mientras los fabricantes europeos invierten en tecnologías de descarbonización costosas, sus competidores internacionales pueden seguir produciendo con costes energéticos más bajos. Por ello, la UE se enfrenta a un doble reto: impulsar la descarbonización de industrias intensivas en emisiones y al mismo tiempo preservar la competitividad industrial y la seguridad del suministro agrícola.

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