Fernando Pozuelo reivindica el agua como eje emocional y estructural del paisaje
El agua ha pasado de ser un elemento secundario a convertirse en una pieza clave del paisajismo contemporáneo. Así lo sostiene Fernando Pozuelo, de Fernando Pozuelo Unique Landscapes, quien plantea una nueva forma de entender su papel en el diseño de jardines: como un “material vivo” capaz de transformar la percepción del entorno.
“El agua no es solo un elemento decorativo, es un material vivo capaz de transformar la percepción del espacio, modifica la luz, introduce movimiento y despierta una relación emocional muy profunda con el entorno”, afirma Pozuelo. Desde esta perspectiva, su función va más allá de lo estético: refresca el ambiente, atenúa el ruido y genera atmósferas que se perciben incluso antes de ser vistas.
La piscina, de infraestructura a experiencia
Uno de los cambios más significativos señalados por el paisajista es la evolución del concepto de piscina. De elemento funcional ha pasado a ocupar un lugar central en el diseño, integrándose en el entorno como una extensión natural del espacio. “La piscina pasa de ser un objeto aislado para transformarse en una extensión natural del lugar, como si hubiera estado allí toda la vida”, explica.
El diseño tiene en cuenta aspectos como los reflejos, la luz, la geometría o los recorridos, convirtiendo el agua en un espejo del cielo que amplifica el paisaje. Factores como la orientación, el viento o los materiales permiten además optimizar cuestiones técnicas como la evaporación o la temperatura, reforzando su integración en el conjunto del proyecto.
El entorno como parte del agua
Pozuelo subraya que el valor del agua no reside solo en su presencia, sino en el contexto que la rodea. Vegetación, sombras, iluminación o zonas de descanso configuran lo que denomina “mundos alrededor del agua”. “El lujo no está únicamente en el agua, sino en el contexto que la envuelve y en cómo se construye la experiencia”, señala.
Estos espacios se diseñan para favorecer la calma y la contemplación. El sonido del agua, añade, puede amortiguar el ruido urbano o marcar ritmos, contribuyendo a modelar la atmósfera del jardín. La incorporación de recorridos y áreas de estancia permite que el agua no solo se observe, sino que se habite a lo largo del día.
Nuevos paisajes acuáticos
Más allá de las piscinas, elementos como fuentes, albercas, estanques o canales lineales están ganando protagonismo. Cada uno cumple una función específica: las albercas aportan memoria cultural, los estanques favorecen la biodiversidad y los canales dialogan con la arquitectura.
“Cada tipo de agua activa una emoción distinta”, apunta Pozuelo, quien destaca que en muchos proyectos estos sistemas se combinan en circuitos interconectados que mejoran la eficiencia y enriquecen la experiencia del usuario.
Sostenibilidad y uso responsable
En un contexto de escasez hídrica, el paisajismo apuesta por un uso consciente del agua. “El agua debe estar profundamente justificada. No es un exceso, es un elemento preciso y necesario dentro del proyecto”, afirma.
Para ello, se incorporan soluciones como sistemas de recirculación, captación de agua de lluvia, filtración eficiente o selección de especies de bajo consumo hídrico. También se aplican medidas para reducir la evaporación, como cobertores o zonas de sombra, con el objetivo de cerrar el ciclo del agua dentro del propio jardín.
Un refugio emocional
Más allá de su dimensión técnica y estética, el agua responde, según Pozuelo, a una necesidad emocional. “El agua nos devuelve a una forma más lenta e íntima de vivir. Dentro del hogar puede convertirse en un refugio que reduce la tensión y favorece la contemplación”, concluye.
En este sentido, el paisaje acuático se plantea como un espacio de pausa en un entorno acelerado, donde la experiencia del tiempo y del entorno adquiere un nuevo significado.



















