Fernando Pozuelo marca las 7 tendencias de diseño de paisajes para 2026
El paisajismo ha dejado de ser un mero ejercicio estético para convertirse en una disciplina esencial que conecta bienestar, sostenibilidad y emoción. Así lo explica Fernando Pozuelo, fundador y CEO de Fernando Pozuelo Unique Landscapes, quien anticipa las tendencias clave que marcarán el diseño de jardines en 2026: espacios concebidos no solo para ser admirados, sino para ser vividos, sentidos y habitados con conciencia.
En un contexto marcado por la necesidad de reconectar con la naturaleza, racionalizar recursos, y la digitalización de los hogares, el jardín ya no es un lujo accesorio ni un complemento decorativo, sino un sistema vivo que mejora la calidad de vida de las personas. Belleza, funcionalidad y sostenibilidad dejan de entenderse como valores independientes para integrarse en un todo coherente. “El paisaje del futuro será profundamente humano: diseñado para acompañar la vida cotidiana, generar bienestar y convertirse en un refugio emocional”, explica Pozuelo.
Del jardín decorativo al ecosistema habitable
Una de las grandes transformaciones del paisajismo contemporáneo es el paso del entorno natural como escenografía al paisaje como ecosistema. Zonas exteriores pensadas para usarse todo el año, incluso en climas extremos o entornos urbanos densos permiten regular la temperatura, filtrar el aire, retener humedad y mitigar el estrés del entorno urbano. “El paisaje actúa como una piel que nos protege y nos cuida. Son terapeutas silenciosos que mejoran nuestro día a día sin que apenas seamos conscientes de ello”, señala el paisajista.
Materiales nobles y honestos: belleza que envejece bien
El jardín de 2026 apuesta por materiales con verdad y memoria: piedra natural, maderas de calidad, cerámica artesanal o acero envejecido. Elementos que no buscan la ostentación, sino la coherencia, la durabilidad y la integración con el paso del tiempo. Frente a lo industrial y lo efímero, el uso de materiales nobles se convierte en una declaración de principios.
El paisaje como extensión del hábitat (espacio físico y emocional)
La vida contemporánea está volviendo mirada hacia dentro y recupera el papel del hogar como refugio. En este contexto, el jardín deja de ser un añadido para convertirse en una extensión emocional y un área fronteriza entre la intimidad de la vivienda y la exposición social. Salones exteriores, comedores al aire libre o zonas de trabajo y contemplación integran el paisajismo en la rutina diaria, sin rupturas entre interior y exterior. “El paisaje, en sí mismo, se convierte en una estancia que cambia con las estaciones, pero mantiene siempre su sentido”, apunta.
Tecnología invisible y vegetación con sentido
La innovación tecnológica, estará cada vez más presente, aunque de forma discreta y no invasiva. Sistemas de riego inteligentes, sensores de luz y humedad, iluminación adaptativa o soluciones de control térmico se integran de manera invisible, siempre al servicio del confort. Paralelamente, la selección vegetal responde a criterios ecológicos, climáticos y emocionales: especies resistentes, de bajo consumo hídrico y con valor simbólico. Una paleta cromática serena —blancos, verdes suaves, violetas empolvados o tonos terrosos— refuerza una estética calmada que emociona sin imponer.
Lujo silencioso, narrativa y oficios
El concepto de lujo evoluciona hacia lo esencial: el tiempo, la calma, el silencio y el diseño a medida. El paisajismo del futuro huye de la exhibición para centrarse en la experiencia cotidiana de quienes habitan el espacio. Además, cobra fuerza la narrativa simbólica del paisaje, donde cada sendero, material o especie cuenta una historia. La recuperación de los oficios artesanos —canteros, herreros, ceramistas o ebanistas— aporta autenticidad y valor a proyectos que ganan belleza con los años. “No diseñamos jardines para impresionar, sino para acompañar una vida y dejar legado”, subraya Pozuelo.
El entorno natural como infraestructura emocional y ecológica
De cara a 2026, los jardines se consolidan como infraestructuras vivas: reguladores climáticos, nodos de biodiversidad, espacios de salud mental y bienestar. En arquitectura y urbanismo, el paisaje deja de ser el último paso del proyecto para integrarse desde el inicio, formando parte esencial del diseño. “El paisaje ideal no se limita a ser observado. Es un espacio que se vive, se siente y se hereda”, concluye Fernando Pozuelo.
















