OPINIÓN
Tribuna de opinión

Tendencias del paisajismo para 2026: hacia un jardín profundamente humano

Fernando Pozuelo, fundador y CEO de Fernando Pozuelo Unique Landscapes

21/01/2026
El paisajismo ha dejado de ser un mero ejercicio estético para convertirse en una disciplina que conecta bienestar, sostenibilidad y emoción. Hoy, los espacios exteriores se conciben como lugares para vivir, sentir y reconectar con la naturaleza desde una mirada consciente y humana. Fernando Pozuelo, referente del paisajismo de autor, anticipa las claves que marcarán esta evolución: el uso de materiales nobles, una tecnología integrada de forma invisible, una narrativa con sentido y un diseño sostenible orientado al bienestar.
Fernando Pozuelo, fundador y CEO de Fernando Pozuelo Unique Landscapes
Fernando Pozuelo, fundador y CEO de Fernando Pozuelo Unique Landscapes.

El jardín de 2026 no será un elemento decorativo ni un lujo accesorio, sino un sistema vivo pensado para mejorar la calidad de vida. Belleza, funcionalidad y sostenibilidad ya no se plantean como valores independientes, sino como un todo coherente que define una nueva forma de habitar el exterior.

Este nuevo paradigma del paisajismo se sitúa en un punto de equilibrio entre lo diseñado y lo natural, entre la precisión técnica y la espontaneidad de lo silvestre. Un enfoque que integra tecnología y naturaleza para crear espacios estables, duraderos y, al mismo tiempo, en constante evolución.

1. Del decorado al ecosistema: porches bioclimáticos o espacios intermedios que regulan el clima y se usan todo el año

Nos alejamos del jardín como estampa estética para abrazar una concepción donde la vegetación, los materiales y la estructura del paisaje actúan como una piel que nos abraza y nos cuida. Los espacios exteriores serán refugios bioclimáticos, con funciones térmicas, hídricas y sociales. Tendrán la capacidad de mitigar temperaturas, retener humedad, filtrar el aire y amortiguar el estrés del entorno urbano. Serán terapeutas silenciosos.

2. Materiales honestos y nobles

La piedra natural (caliza blanca, granito, mármol claro), las maderas de calidad, la cerámica artesanal o el acero envejecido serán los materiales protagonistas. No por su ostentación, sino por su verdad. Estos materiales aportan memoria, dignidad, pátina. Se integran con el paso del tiempo, no lo combaten. Son sostenibles, duraderos y simbólicos. Frente a lo industrial y lo sintético, el material noble será un manifiesto de coherencia.

3. El paisaje como extensión del hogar (y del alma)

La vida contemporánea está volviendo la mirada hacia dentro. El hogar vuelve a ser centro. En este contexto, el entorno natural deja de ser un extra decorativo y pasa a ser parte esencial de la arquitectura emocional de una vivienda. Espacios como los salones exteriores, comedores o zonas de trabajo al aire libre para leer, trabajar, conversar, cocinar, contemplar... y para vivir con sentido. El paisajismo se integra en la cotidianidad sin ruptura, como un salón exterior cuya atmósfera cambia con las estaciones.

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4. Paisajismos funcionales todo el año

Nuestros clientes ya no quieren jardines de ‘temporada’. Quieren habitar su paisaje en invierno y en verano, de día y de noche. Esto exige diseños adaptativos, especies resistentes, microclimas gestionados, y espacios versátiles donde la luz, el mobiliario o los revestimientos acompañen las rutinas familiares en cualquier momento del año.

5. Innovación invisible

La tecnología estará cada vez más presente, pero de forma discreta. Hablamos de domótica integrada, sistemas de riego inteligentes, sensores de luz, temperatura y humedad, iluminación sensorial o adaptativa, control térmico mediante nebulización o calefacción natural. Todo ello estará al servicio del confort sin comprometer la estética ni invadir visualmente el entorno.

6. Vegetación con sentido: belleza, resistencia y poesía

La selección vegetal ya no responde solo a criterios ornamentales. Elegimos especies por su valor ecológico, su resistencia al cambio climático, su bajo consumo hídrico y su aportación emocional. Árboles como el olivo, el acebuche, el álamo blanco, el abedul o el eucalipto en rama serán habituales. En floración: lirios blancos, anémonas, hortensias blancas, clemátides pastel, jazmines, peonías, convallaria majalis y especies espontáneas como la jara blanca.

Cromáticamente veremos una paleta serena: blancos nacarados, verdes suaves, violetas empolvados, malvas, terrizos, azules diluidos. Una estética que emociona sin agredir.

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7. Lujo que no se exhibe: el retorno a lo esencial

El concepto de lujo ha cambiado, no es ostentoso, sino que prioriza el tiempo, la coherencia, el silencio, el espacio bien gestionado, la calma. Más que impresionar, el paisajismo debe acompañar, elevar, cuidar. La exclusividad estará en el diseño a medida, en la capacidad de emocionar al visitante, observador pasivo y esporádico, y a los propietarios (cada uno con sus gustos e intereses) que viven cada día en el espacio como protagonistas, sin necesidad de grandes gestos.

8. Narrativa simbólica y valor poético

No es nuevo, pero cobra cada vez más sentido e importancia: el entorno natural cuenta historias. Cada trazo, cada sendero, cada elección vegetal o material transmite algo. Hay una recuperación del valor simbólico, de la memoria emocional del paisaje. Es el jardín como narrativa vital, como espacio que habla de quién lo habita y de lo que quiere conservar, recordar o dejar como legado.

9. Oficios, artesanía y nobleza material

Recuperar los oficios perdidos o en declive, no es una moda: es una necesidad. Canteros, herreros, ceramistas, curtidores, espartos, ebanistas... Los jardines del futuro no se construirán con catálogos, sino con manos sabias. Los materiales nobles y los procesos artesanales aportarán autenticidad, durabilidad y belleza que envejece bien. Frente al artificio rápido y desechable, paisajes que ganan valor con los años. Cuando todo tiende a la uniformidad de lo industrial, el lujo es lo hecho sin prisas.

Una visión para 2026: el paisajismo como infraestructura emocional y ecológica

Los jardines no serán elementos decorativos sino infraestructuras vivas: amortiguadores climáticos, reguladores hídricos, espacios de salud mental, aulas verdes, nodos de biodiversidad. En las ciudades inteligentes, el entorno natural estará presente en cubiertas verdes, patios bioclimáticos, fachadas vegetales o calles ajardinadas.

En arquitectura, dejarán de ser el ‘después’ del proyecto y serán parte del ‘inicio’. La integración entre espacio construido y paisaje será total, como lo fue en algunos edificios pioneros como el de la calle Princesa de Madrid, de Fernando Higueras.

El paisaje ideal los próximos años será un espacio profundamente humano. Diseñado no solo para ser admirado, sino para ser vivido, sentido, legado.

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