La vendimia catalana de 2026 supera los 352 millones de kilos de uva
La vendimia de 2026 ha finalizado en buena parte de Cataluña con una producción de 352,7 millones de kilos de uva, un 3,6% más que los 340,4 millones registrados en 2025, según los datos del Institut Català de la Vinya i el Vi (INCAVI).
La campaña ha estado marcada por un adelanto generalizado de la maduración y la recolección, consecuencia de una primavera y un verano especialmente secos y cálidos. Pese a las precipitaciones abundantes del otoño y el invierno anteriores, la falta de lluvias durante los meses de desarrollo y maduración de la uva, junto con las temperaturas elevadas, ha limitado las expectativas iniciales de cosecha en algunas zonas productoras.
Aunque el volumen obtenido supera el de las dos campañas anteriores, todavía se encuentra por debajo de los niveles registrados antes de los años más afectados por la sequía. La evolución confirma la influencia de la disponibilidad de agua y de las condiciones climáticas sobre el potencial productivo del viñedo catalán.
La producción sigue por debajo de los niveles previos a la sequía
La evolución de las últimas campañas refleja el impacto del déficit hídrico sobre la viticultura catalana. En 2018 y 2019, la producción superó los 429 millones de kilos de uva, mientras que en 2023 descendió hasta los 277,6 millones y en 2024 tocó fondo, con 246,5 millones de kilos.
En 2025, la cosecha alcanzó los 340,4 millones de kilos y en 2026 ha aumentado hasta los 352,7 millones. Pese a esta evolución favorable, el volumen continúa lejos de los registros de 2018 y 2019, lo que evidencia que las condiciones climáticas siguen condicionando el rendimiento del viñedo.
Las variedades blancas mantienen el mayor peso en la producción catalana, con 272,7 millones de kilos en 2026, frente a los 80,1 millones de las variedades tintas. En conjunto, las blancas representan cerca del 77% de la cosecha.
Por variedades, la Xarel·lo y la Macabeo han registrado incrementos del 5% y del 3%, respectivamente, respecto a 2025. La Garnacha blanca destaca con un aumento del 30%, mientras que la Garnacha tinta ha crecido un 15%. El Trepat también presenta una evolución positiva, aunque el balance no cuantifica su incremento. Por su parte, la Parellada ha mantenido registros similares a los de la campaña anterior.
Una vendimia precoz y con buen estado sanitario
Uno de los aspectos más destacados de la campaña ha sido el buen estado sanitario de la uva. Según el INCAVI, no se han registrado incidencias importantes asociadas a enfermedades como el mildiu o el oídio, lo que ha favorecido el desarrollo de la vendimia.
En cuanto al mosquito verde, se han detectado afectaciones en algunas zonas vitivinícolas, pero se produjeron mayoritariamente cuando la uva ya había sido vendimiada. Por ello, su repercusión sobre la producción ha sido limitada.
Este buen estado sanitario ha coincidido, sin embargo, con una maduración desigual. Las diferencias entre territorios, variedades y disponibilidad hídrica han obligado a viticultores y bodegas a realizar un seguimiento continuado de las parcelas para determinar el momento óptimo de recolección. El adelanto de la campaña ha añadido así un factor de planificación a la gestión de la vendimia, especialmente en un contexto de temperaturas elevadas y escasez de precipitaciones.
La adaptación climática, un reto para el viñedo
El balance de 2026 pone de manifiesto que la producción vitivinícola catalana continúa expuesta a una elevada variabilidad meteorológica. Las lluvias registradas durante el otoño y el invierno permitieron plantear unas expectativas iniciales más favorables, pero la sequedad y el calor de primavera y verano acabaron limitando parte del potencial de las cepas.
Esta evolución refuerza la importancia de avanzar en el conocimiento de la respuesta de la vid a los episodios de sequía y calor, así como de adaptar las prácticas vitícolas a unas condiciones cada vez más variables. La gestión del agua, el seguimiento de la maduración y la elección del momento de vendimia son factores relevantes para preservar el potencial productivo y mantener la regularidad de las cosechas.
La campaña concluye con un balance favorable en términos de volumen y sanidad de la uva, aunque también evidencia que la evolución de las próximas vendimias seguirá estrechamente ligada a las condiciones climáticas.




























