La región pierde un 30% de la superficie de cereal en los últimos 10 años
Las condiciones climatológicas reducen un 25% la cosecha de cereal en Extremadura
El presidente de COAG Extremadura, Juan Moreno, explicó a EFE que “se debe tener en cuenta que el clima influye en este cultivo ya desde las labores de siembra”, pues “es muy importante llevar a cabo estas tareas en el momento oportuno según la variedad”.
En este marco, durante el otoño pasado se produjeron “siembras tardías“ en unos terrenos que posteriormente se vieron afectados por las abundantes lluvias del primer tramo de este año. Estas precipitaciones imposibilitaron también que ”se llevaran a cabo los tratamientos en su momento adecuado”.
Las lluvias experimentadas al inicio de 2026 ya vaticinaban un descenso importante en la producción, como consecuencia de la menor superficie cultivada destinada a trigo, avena y cebada debido al exceso de agua.
Un encharcamiento de los terrenos que impidió la entrada de maquinaria durante semanas, sin olvidar los problemas de germinación y desarrollo de la planta, debido a la elevada humedad del suelo, que se encontraron múltiples agricultores.
A todo ello se uniría posteriormente el exceso de calor en distintos periodos de primavera, señaló el máximo responsable de COAG en la comunidad autónoma.
Precios “estancados” y pérdida de superficie
Por su parte, los precios se mantienen “estancados”, por lo que siguen en cotizaciones bajas, lo cual perjudica más si cabe al agricultor en un actual escenario marcado por el aumento de los costes de producción. Situaciones que provocan que el cultivo del cereal “se encuentre este año en pérdidas en Extremadura”, manifestó Juan Moreno.
Si a esta circunstancia se unen “los recortes en los pagos de la Política Agraria Comunitaria (PAC)”, muchas explotaciones de cereal “están a punto de dar el cerrojazo” en Extremadura, advirtió Moreno.
Todo ello en un contexto donde la superficie cultivada de cereal ha descendido ya en torno a un 30 por ciento en los últimos 10 años en Extremadura.
Las organizaciones agrarias piden en este contexto una apuesta clara por parte de las administraciones en defensa del sector basada en las ayudas precisas, en la instauración de mecanismos frente a los efectos del cambio climático, y en medidas que garanticen unos precios aceptables.































