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La colza es una planta muy plástica ya que puede variar su tamaño, su número de ramificaciones o de silicuas por el efecto de la densidad, del suelo y del clima

Consideraciones técnicas sobre el cultivo de la colza

Javier García López

Responsable IFAPA, Red Andaluza de Experimentación Agraria de Oleaginosas

12/08/2026

La rentabilidad del cultivo de colza depende en gran medida de acertar desde el inicio con las decisiones agronómicas. La elección del terreno, una correcta implantación, el ajuste de la densidad de siembra y una estrategia de fertilización adaptada a las necesidades del cultivo son aspectos determinantes para maximizar el rendimiento y minimizar riesgos. A ello se suma la importancia de elegir el momento óptimo de la recolección, un factor clave para evitar pérdidas de producción y preservar la calidad de la semilla.

La colza (Brassica Napus) es una planta herbácea anual de la familia de las Crucíferas. Su sistema radicular está formado por una raíz principal pivotante muy sensible al encharcamiento y a los accidentes estructurales del terreno. El tallo es recto, ramificado y el número de ramificaciones va a depender directamente de la densidad de siembra.

La flor es cruciforme de color amarillo con 4 sépalos grandes que alternan con los pétalos en forma de cruz, tiene 6 estambres siendo los dos exteriores más cortos que los interiores que rodean al estigma y la inflorescencia es en racimos terminales. Las plantas de B. Napus son autofértiles (dos tercios de su polinización es autógama y un tercio es alógama).

Campo de colza en floración
Campo de colza en floración.

Preparación del suelo

Los suelos arcilloso-limosos son los mejores para el desarrollo de este cultivo. La colza cuando empieza a establecerse tiene grandes exigencias en estructura del suelo. Son ideales los suelos profundos y bien drenados y puede tolerar terrenos con un amplio rango de pH (entre 5,5 y 8) siendo relativamente resistente a la salinidad.

El sistema radicular de la colza está constituido por una raíz pivotante, cuya profundidad de enraizamiento y grosor dependen de la estructura del suelo, y raicillas secundarias fasciculadas cuyo número, forma y distribución están fuertemente ligadas al estado físico y estructura del suelo. Por tanto la preparación del suelo debe ir encaminada a favorecer un buen desarrollo radicular y obtener una nacencia rápida y regular.

Comenzaremos con un laboreo profundo (chísel o subsolador) para romper posibles capas compactadas. A continuación es fundamental que la tierra quede fina en los primeros centímetros de suelo (15-20 cm) ya que la siembra de la semilla debe hacerse muy superficial, entre 1 y 1,5 cm. Por último es necesario un pase de rulo antes o durante la siembra para facilitar el contacto de la semilla con la humedad del terreno.

Densidad y época de siembra

La densidad de siembra en la colza depende del tipo de suelo, del clima y de la fecha de siembra, buscando obtener una implantación final de 30 a 40 plantas/m2, lo cual equivale a sembrar entre 500.000 y 700.000 semillas por hectárea. Las siembras demasiado claras son más vulnerables a los accidentes de emergencia (sequía, insectos, frío, etc), mientras que en las siembras demasiado densas la competitividad entre plantas es muy fuerte, el desarrollo vegetativo de cada individuo será menor y más lento por lo que las plantas serán más sensibles al frío y se producen plantas con tallos muy finos y por tanto más sensibles al encamado.

En cuanto a la época de siembra, debe fijarse de manera que la planta al comienzo del invierno se encuentre en estado de roseta, con 7 u 8 hojas y la raíz bien desarrollada ya que en estas condiciones la planta aguanta temperaturas de entre 10 y 12 °C bajo cero. Otro aspecto importante a tener en cuenta es el tipo de variedad ya que existen variedades de invierno y variedades de primavera. Las primeras necesitan vernalización, es decir, necesitan acumular horas de frío para poder florecer mientras que las de primavera no tienen esta característica.

Colza en estado de roseta
Colza en estado de roseta.

Abonado

En relación al abonado, la colza es un cultivo muy exigente en elementos minerales. El más importante es el nitrógeno que es la base del rendimiento ya que aumenta el número de silicuas y la cantidad de semillas en éstas. Existen dos épocas muy importantes en la absorción del nitrógeno:

  • la primera desde nacencia del cultivo hasta el final del invierno, período durante el cual es necesario aproximadamente un tercio del nitrógeno total:
  • la segunda se extiende desde el comienzo de la primavera (entallado) hasta la formación de los granos, en dicho intervalo se absorben dos tercios del nitrógeno total (figura 1).

Por tanto durante la primera fase de cultivo hasta el reposo invernal las necesidades de nitrógeno representan en torno al 30% del total y éstas pueden ser satisfechas en parte por el suelo, en función de las condiciones de nitrificación del otoño, del precedente cultural, y el aporte que debemos realizar puede variar entre 0 y 50 unidades de nitrógeno (abonado de fondo). Hay que tener en cuenta que un aporte muy elevado en siembra puede llevar a un desarrollo foliar muy grande en detrimento de un buen enraizamiento, así como un comienzo prematuro de elongación del tallo, sensibilizando el cultivo al frío.

Figura 1. Ritmo de absorción de elementos en colza

Figura 1. Ritmo de absorción de elementos en colza.

Al iniciarse el entallado, la colza es una gran consumidora de nitrógeno (en torno al 70% del total) durante un período muy corto (abonado de cobertera) y las aportaciones serán variables según el tipo de suelo, la climatología y el cultivo anterior. La forma del abonado nitrogenado en cobertera importa poco salvo en suelos pobres en azufre en los que se deberá utilizar sulfato amónico.

La dosis necesaria para cubrir las necesidades del cultivo estarían entre los 250 a 300 kg/ha de nitrosulfato amónico a finales de enero antes de que las plantas comiencen el período de alargamiento del tallo (entallado). De esta manera se pondría a disposición de la planta un nitrógeno de rápida asimilación en forma de nitrato y otro de disolución lenta en forma de amonio y podríamos aplicar todo el abono de cobertera de una sola vez.

En lo referente al resto de elementos necesarios para la nutrición del cultivo destacamos el fósforo; cuando la colza alcanza la floración, solo un 10% del fósforo total ha sido absorbido, y es en la floración cuando la absorción de este elemento se acelera de manera súbita y en un período de 30 o 40 días se moviliza la totalidad del ácido fosfórico (figura 1).

El potasio se absorbe muy rápidamente en el período comprendido entre la nacencia y el comienzo de la floración, por tanto es necesario realizar un aporte precoz del abonado potásico y como no suele estar disponible en gran cantidad en el suelo, los aportes medios deben estar entre 50 y 80 Un/ha (figura 1).

Por último, las crucíferas tienen una gran avidez por el azufre y su asimilación a lo largo del ciclo del cultivo es sostenida con un pico máximo en el momento de la formación de las semillas. La colza consume entre 60 y 80 Un/ha en forma de sulfato y debido al ritmo de absorción es necesario que el aporte de cobertera deba hacerse con un abono que contenga azufre.

Resumiendo, el abonado en la colza debería aplicarse de la siguiente manera:

  • Fondo: 30% del nitrógeno + 100% del fósforo + 100% del potasio.
  • Cobertera: Al iniciarse el entallado (alargamiento del tallo) 70% del nitrógeno restante.

Recolección

La maduración de la colza al igual que la floración se produce de manera escalonada, es decir, desde las ramificaciones superiores a las inferiores, lo cual puede suponer un problema a la hora de la recolección ya que si se adelanta habrá muchas silicuas verdes que no se desgranarán, además del alto contenido en clorofila de las semillas y los problemas de almacenamiento por exceso de humedad. Por el contrario, si se retrasa la recolección al ser la colza muy dehiscente habrá pérdidas importantes de semilla por desgrane.

El período de tiempo entre la maduración completa y la dehiscencia de las silicuas es muy corto, entre 6 y 8 días, por lo que es muy importante elegir correctamente el momento de la recolección. Una estrategia que podría servir para elegir el momento correcto de la recolección sería cuando las semillas de las silicuas situadas en la parte intermedia de la planta cambian de color rojizo a pardo oscuro, a la vez que presentan cierta resistencia a ser partidas con la uña y las silicuas presentarán un color gris blanquecino.

Imagen

Rendimiento

La colza es una planta muy plástica ya que puede variar su tamaño, su número de ramificaciones o de silicuas por el efecto de la densidad, del suelo y del clima. Su rendimiento nos viene dado por:

  • Nº plantas / m2
  • Nº de ramificaciones / planta
  • Nº de silicuas / planta
  • Nº de semillas / silicua
  • Peso de 1000 semillas

Por último cabe destacar que el cereal alcanza sus máximas producciones cuando sigue a un cultivo de colza, ya que la colza es una excelente cabeza de alternativa. Según datos obtenidos por el Instituto de Investigación agronómico Francés (INRA), se estima que un cultivo de colza de invierno deja tras él (en raíces, hojas y silicuas) entre 8 y 10 Tn/ha de residuos brutos y su restitución al terreno contribuye en gran medida a mantener la fertilidad del suelo.

El cereal alcanza sus máximas producciones cuando sigue a un cultivo de colza, ya que la colza es una excelente cabeza de alternativa

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