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Jornada en Valencia con 300 investigadores y em­pre­sa­rios

El IBMCP escucha cómo ‘hablan’ las plantas y usa la IA para automatizar el riego y combatir plagas

Redacción Interempresas01/06/2026

El proyecto Plant Ultrasound Atlas (PUA) genera el mayor atlas sonoro del mundo, con más de 30.000 horas grabadas de imágenes y ultrasonidos emitidos por tomates, soja o pimientos, registrando metadatos procesados por IA para programar la irrigación o combatir plagas de polillas como la Tuta absoluta. Así se desprendió de la III Jornada IBMCP-Empresas 'Innovando el futuro de la biotecnología vegetal', que se celebró en el Auditorio del Cubo Azul de la Ciudad Politécnica de la Innovación (Valencia) organizada por el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP) con la colaboración del Grupo Cooperativo Cajamar y de Biovegen.

El Audi­to­rio del Cubo Azul de la Ciudad de la Innovación de Valencia congregó a cerca de 300 personas que asistieron a este encuentro técnico...
El Audi­to­rio del Cubo Azul de la Ciudad de la Innovación de Valencia congregó a cerca de 300 personas que asistieron a este encuentro técnico.

Ante casi 300 investigadores y empresarios con­gre­ga­­dos en el Audi­to­rio del Cubo Azul de la Ciudad de la Innovación de Valencia, se reproduce un vídeo como par­te de una po­nen­cia ti­tulada ‘Escuchar a las Plantas’. Sí, la grabación emitida en el transcurso de la III Jornadas de Biotec­no­logía organizadas por el Instituto de Biología Celular y Mo­­lecular de Plantas (IBMCP, centro mixto del CSIC y la UPV), la plataforma Ciencia-Empresa Biovegen y la Fun­da­­ción Grupo Cajamar, refleja el ’habla’ de una planta, có­mo emite ultra­so­­nidos imper­cep­ti­bles para el oido hu­mano pero recogidos con micrófonos especiales.

Son ‘que­jidos’ quizá, que ganan en fre­cuencia según se agudiza la falta de agua, mientras las imágenes aceleradas con­firman simultáneamente có­­mo sus hojas y tallos se mar­chi­tan. El público científico se sorprendió, estremeció in­cluso, por lo impactante del audio. El descubrimiento de có­­mo los vegetales estresados -no sólo por el agua si­no también por el ataque de insectos u hongos- reac­­­cionan y emiten sonidos fue acreditado en 2023 por la Uni­ver­sidad de Tel-Aviv (Is­rael) pero ha sido el IBMCP el que ha generado el mayor atlas sonoro de plantas del mundo tras grabar imágenes y ul­trasonidos de cultivos co­­mo tabaco, tomate, pimiento, pepino, …

Son más de 30.000 horas, 450.000 re­gistros ultrasónicos ob­te­­nidos y otros tantos miles de metadatos (variedad, genotipo, edad de la planta, tem­pe­ra­tu­ra, hu­me­dad de aire y suelo, PH de la tierra, CO2..). Información que es procesada por In­teligencia Artificial (IA). Y ese es el valor aña­dido de la investigación posterior generada, que  per­mi­trá pro­­gra­mar un rie­go ajustado y au­to­ma­tizado para aho­rrar recursos, optimizar rendimientos o incluso en sentido con­tra­rio, emitir ultra­so­ni­dos desde el cam­po para ahu­yentar a las polillas, para combatir plagas tan graves para el tomate como Tuta absoluta, reduciendo fito­sa­ni­tarios. Como explicó el responsable del proyecto PUA (Plant Ul­­tra­­sound Atlas), Javier Brumós, “selec­cio­nar las plantas menos ‘habladoras’” facilitará identificar “individuos más to­leran­tes a la sequía” y localizar los genes responsables de tal cosa para poder ‘editar’ su genoma.

El de Brumós fue solo un ejemplo de la revolución de la biotecnología que se avecina en la UE y que en bue­na parte vendrá dada gracias a la nueva regulación de las Nuevas Técnicas de Edición Ge­né­tica (NGT’s por sus siglas en inglés) que en junio-julio está previsto será ratificada por el Par­lamento pero que no entrará en vi­gor hasta, una vez se desarrolle la ‘letra pequeña’, 2028. A este panorama con­vendría añadir la re­for­ma, ins­pi­ra­da también en la apertura y flexibilización que supondrá este nuevo re­gla­mento, de la normativa comuni­ta­ria en materia de microorganismos genéticamente modificados (MMG’s).

Así lo puso de ma­ni­fiesto du­rante el en­cuen­tro Ana Judith Martín de la Fuente, secretaria del Consejo Inter­mi­nis­te­rial de Or­ga­nis­mos Modi­fi­cados Ge­né­ticamente del Ministerio de Agricultura, quien avanzó que la adaptación regulatoria “a las es­pe­ci­fi­da­des de los MMG’s” y la apertura de un procedimiento acelerado para algunos de estos microorganismos podría permitir la llegada al mercado de una nueva generación de de biofertilizantes, bioestimulantes -para me­jo­rar la fertilidad del suelo- o de biopesticidas -contra plagas, sin quí­mica-.

Serían bacterias, le­va­du­ras, hongos microscópicos, microalgas… editados genéticamente para que realicen una función (co­mo producir una molécula, degradar un residuo o ser usados cono aditivos, aromas o para generar nuevos ali­mentos). Al contrario que la mejora de plantas a través de técnicas de edición como el CRISPR, este terreno aún es virgen en Europa y de hecho y a pesar de que la tecnología está ahí, la UE no ha recibido aún solicitud alguna para registrar algún evento MMG. La EFSA, la agencia de se­gu­ridad alimentaria, ha descartado ya riesgos para la cadena alimentaria lo que justificaría un giro en la línea de otras tantas regulaciones ya vigentes en el resto del mundo desarrollado, hacia una legislación más flexible que la actual -que es la de los organismos transgénicos-  y “basada en el producto resultante”.

Expertos en transferencia tecnológica -como el propio presidente de Biovegen, José María Fontán; Carlos Baixauli, director del Centro de Experiencias de la Fundación Grupo Cajamar de Paiporta; Oriol Alcoba, de ESADE, o Purificación Lisón, catedrática del departamento de Biotecnología de la UPV y miembro de la EFSA del GMO Network Subgroup NGTs- coincidieron en remarcar el cambio “geopolítico” que la UE está experimentando a la hora de promover la biotecnología agraria. “Al mismo nivel que la IA, el desarrollo de los semiconductores (chips), la computación cuántica y las políticas de defensa”, destacaron algunos de ellos. Especial mención me­reció la aportación de Emilio Rodríguez Cerezo, active Senior Programme del Joint Research Centre de la Comisión, quien matizó que ese “impulso a la biotecnología dado por la UE, con regulaciones y fondos, será si cabe mayor que en la agricultura para sus aplicaciones en medicina humana”.

El IBMCP, en el centro de la revolución NGT’s

Como quedó reflejado por el potencial de los proyectos presentados, que en muchos casos ya han signi­fi­cado pa­tentes y que han generado el desarrollo de hasta tres florecientes spin-offs (Madeinplant para la mejora de cul­tivos a través CRISPR; Naplatec para usos nutracéuticos, cosméticos, farmacéuticos y agroalimentarios y Zi­motopía para producir ‘enzibióticos’ para sustituir a biocidas y combatir bacterias como la listeria en alimen­tos), el IBMCP de Valencia se encuentra en una situación privilegiada para protagonizar esta revolución. No en vano y co­mo confirmó su director, Pablo Vera, acaba de ser reconocido como centro de excelencia ‘Severo Ochoa’, que es la máxima acreditación que concede la Agencia Estatal de Investigación, lo que atraerá nuevos proyectos y fi­­­­­nan­cia­ción.

Sus cifras entre 2023 y 2025 avalan su presente y permiten hablar de un futuro con mayor pro­yec­ción: con un presupuesto medio anual de 5,4 millones de euros -que ahora y gracias al Severo Ochoa se ampliará-y otros 8 millones de financiación generados, sus investigadores -tiene 273 empleados- han publicado en estos años más de 1.000 artículos, 30 tesis doctorales y participado en 300 proyectos. Y los retornos de tales investi­ga­ciones, según lo avanzado por Laura Zacarés, su responsable de Transfe­ren­cia Tec­no­lógica, ya han alcanzado en ese trienio los 2,4 millones, cifras que podrían crecerán cuando la nueva era de las NGT’s se consolide.

Cultivos mejorados y usos no agrarios

El IBMCP ya trabaja, de hecho, sobre tomates editados más sabrosos y nutritivos, de la mano de la mayor coo­perativa arrocera, COPSEMAR, está mejorando también con CRISPR variedades como Albufera y Sendra para que sean resistentes al principal mal de este cereal, la pyricularia, y que tengan mayores rendimientos y capacidad para adaptarse a la sequia; ha obtenido plantas ‘centinela’ para activar un gen que las hace fluorescentes cuando son atacadas por un virus; en nuevos sistemas para la regeneración ‘in vitro’ de plantas (conseguir que a partir de una hoja, una raíz, un tallo, un embrión… se pueda volver a formar una planta completa en laboratorio) tan pronto para facilitar la multiplicación del cultivo como para para trasladar eficazmente la edición genética…

Pero también se presentaron proyectos del IBMCP dirigidos más allá del agro: geminivirus producidos en plantas para convertir campos en biofactorías de vectores, de componentes virales o pla­ta­formas útiles para terapias génicas medicinales, de nanopartículas ‘decoradas’ con anticuerpos también generadas en plantas (partículas virales vegetales modificadas, recubiertas con moléculas de interés biomédico).

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