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"La patata es un cultivo de alto riesgo, sus costes han aumentado un 40% en los últimos 5 años"

Entrevista a Juan Sandonís, presidente de la Organización Interprofesional de la Patata de Castilla y León

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Juan Sandonís asumió en 2025 la presidencia de la Organización Interprofesional de la Patata de Castilla y León (OIPACYL). Este joven agricultor vallisoletano ha encabezado en el último año un organismo que tiene como principal objetivo la divulgación y promoción del consumo de la patata cultivada en Castilla y León, primera región productora de España. Ante los grandes retos que afronta este sector, Sandonís es claro al respecto: "La clave está en la unidad: distribución, industria y productores trabajando de la mano para lograr una rentabilidad óptima en todos los eslabones de la cadena".

Juan Sandonís
Juan Sandonís.

¿Qué balance final puede hacer de la última campaña de patata en Castilla y León?

La campaña de 2025 fue compleja y el balance final no ha sido positivo en Castilla y León. La siembra se pudo escalonar gracias al efecto de la climatología -creciendo desde las 18.000 de 2024 a las 19.300 hectáreas del pasado año-, pero la notable merma de producción que hemos sufrido se debió a las olas de calor que afectaron al cultivo durante el verano. Estimamos un descenso de cosecha en torno al 15% respecto al año anterior.

Además, la campaña se vio marcada por una bajada de los precios en origen. Esta circunstancia se produjo, principalmente, por el adelanto de la campaña de patata en Francia donde se registró una mayor superficie y un aumento de la producción. Francia introdujo patata en el mercado español desde el inicio, en paralelo a una campaña en Andalucía que se fue complicando por las lluvias de abril y mayo que impidieron dar salida a su producto, generando un stock que afectó al arranque de la campaña en Castilla y León y, en consecuencia, a los precios en origen.

¿Cómo está impactando en el sector de la patata el incremento generalizado de los costes de producción en agricultura y los bajos precios en origen?

El cultivo de patata se puede catalogar como de alto riesgo por los elevados costes de producción que soporta, actualmente alrededor o incluso superior a los 10.000 euros por hectárea en variedades para lavado. El coste de producir patata ha crecido un 40% en Castilla y León en los últimos 5 años. En este sentido, nos afecta especialmente el aumento del coste de los fitosanitarios y los fertilizantes, además del coste de la mano de obra, la energía y la semilla, que también se han encarecido.

La problemática del regadío en Castilla y León es que no existe una diversidad suficiente de cultivos que sean rentables para el agricultor. El productor, por tanto, tiene complicado cambiar a otra alternativa y se ciñe a lo que conoce y domina. El productor de patata en Castilla y León es muy profesional pero trabaja con márgenes muy ajustados. Aun así existe una cierta estabilidad, siempre y cuando se opte por asegurar el precio mediante contratos que garanticen la rentabilidad.

¿Se ha avanzado en el uso de los contratos previos a la cosecha en este sector?

Sí, creo que vamos por el buen camino. No tenemos cifras exactas al respecto, pero aún hay margen para continuar generalizando esta práctica. Lo prudente es conocer el precio al que se va a vender la cosecha con antelación y no esperar al momento de la recolección; porque eso es como jugar a la ruleta rusa. El año pasado sin ir más lejos, el precio medio de los contratos fue superior durante casi toda la campaña al precio de la patata en el mercado libre. En función de las variedades, los contratos con las diferentes industrias estuvieron en torno a los 0,24-0,30 eur/kg. En cambio, las patatas de menor calidad no alcanzaron en el mercado un nivel suficiente de precio para cubrir los costes de producción, que actualmente se sitúan en una horquilla entre 0,22 y 0,24 eur/kg.

¿En qué fases del cultivo sería necesario hacer más ajustes para reducir los costes y aumentar la eficiencia?

Es complicado reducir los costes de producción. No obstante creo que estamos perdiendo la oportunidad de ser más autosuficientes en lo que respecta a la semilla. Castilla y León tiene capacidad para aumentar la superficie dedicada a la producción de patata de siembra, pero necesita que haya menos restricciones en el uso de ciertos productos fitosanitarios para el control de algunas plagas -como el pulgón- que están afectando mucho a la rentabilidad de los productores nacionales.

Actualmente, el grueso de la semilla que se emplea en España llega desde Francia y Holanda. En nuestro país se está incentivando muy poco la producción de patata de siembra. Con una mayor flexibilización de la burocracia podríamos ser más competitivos y beneficiar al sector en su conjunto.

¿Qué tipo de herramientas de agricultura digital se adaptan mejor o tienen un encaje más natural en un cultivo como la patata?

Uno de los avances más significativos en este aspecto es la monitorización de plagas y enfermedades en patata. En Castilla y León, gracias al Observatorio de Plagas impulsado desde el ITACyL y con los datos que aportamos desde el sector productor y la colaboración de la empresa FMC, tenemos la posibilidad de controlar mejor estas amenazas para el cultivo, adelantándonos a posibles escenarios.

Otro tipo de herramientas como la sensorización para conocer la humedad del suelo a la hora de regar, creo que es fundamental para alcanzar una calidad adecuada de la patata. En lo que respecta a la fertilización, la tecnología también puede ayudarnos, en especial en aquellas zonas donde existen limitaciones en la aplicación de abonos nitrogenados.

¿Qué perspectivas de superficie se maneja en Castilla y León para 2026? ¿Cuál es el ánimo de los agricultores?

Las perspectivas que manejamos desde la Interprofesional es que la superficie puede descender este año, aunque no podemos cuantificar por el momento el grado de ajuste a la baja que se va a producir. Estamos atentos a la evolución de las siembras en Andalucía, afectadas por las lluvias del mes de enero. Sin embargo, la superficie de siembra en Francia será lo que determine la evolución de la campaña.

La superficie de patata en Francia ha aumentado en 40.000 hectáreas en los últimos 4 años, mientras que solo en 2025 creció en torno a las 17.000, a causa de unas perspectivas de mercado que al final no se han cumplido. Si este año Francia no reduce las siembras, nos podemos encontrar con un problema debido a que el stock de patata en Europa es bastante elevado.

“El consumo de patata local es muy importante para la economía circular de las regiones, en especial para su medio rural”...
“El consumo de patata local es muy importante para la economía circular de las regiones, en especial para su medio rural”.

¿Qué importancia tiene la distribución alimentaria en la sostenibilidad económica del sector productor?

El consumidor valora cada vez más la calidad de la patata y algunas empresas de distribución están ya trabajando en esta línea. El objetivo es que todos los eslabones de la cadena de valor de la patata obtengan un margen adecuado. Creo que se está avanzando en este sentido.

Sobre el papel de OIPACYL al respecto, estamos alcanzando acuerdos puntuales con la distribución para que prolonguen la presencia de patata nacional en los lineales durante más tiempo a lo largo del año; en esta línea seguimos trabajando y, en algunos casos, con resultados muy satisfactorios. Desde OIPACYL queremos trasladar que el consumo de patata local es muy importante para la economía circular de las regiones, en especial para su medio rural.  

¿Es factible abrir nuevos mercados para la patata de Castilla y León?

Francia nos ha ido ganando terreno en los últimos años, accediendo a casi todos nuestros mercados naturales. En el caso concreto de los mercas, la patata de Castilla y León no puede competir en precio con las importaciones. Es uno de los grandes retos que tenemos por delante.

En este sentido, habría que tener en cuenta el aumento del consumo de patata en formato de 4ª y 5ª gama, una tendencia que podríamos aprovechar en los próximos años con variedades específicas para estos segmentos.

¿Se sigue trabajando en la creación de una interprofesional a nivel nacional?

Es una posibilidad que sigue abierta y creo que una iniciativa de este tipo sería recibida con los brazos abiertos por parte de todo el sector. Desde OIPACYL no hemos abandonado esta opción porque consideramos que se trata de una herramienta necesaria, aunque para ponerla en marcha será preciso contar con el apoyo de las distintas administraciones. La finalidad siempre ha sido conectar a todos los eslabones de la cadena de valor de la patata, sin excepción.

¿Qué acciones tiene en marcha OIPACYL en estos momentos y en qué aspectos centra su actividad?

Nuestro objetivo principal es la divulgación y la promoción del consumo de patata de Castilla y León. Uno de los mensajes prioritarios que intentamos trasladar es la formalización de contratos antes de vender la producción y trabajar para que el sector defienda su producto, alcanzando un nivel óptimo de rentabilidad. Además, los acuerdos para que la patata de Castilla y León esté presente la mayor parte del año en los lineales de los supermercados y de los mercas, es sin duda otra de nuestras prioridades.

¿Cuál son las claves que van a marcar el futuro del sector de la patata?

La clave está en la unidad del sector: distribución, industria y productores trabajando de la mano para lograr una rentabilidad óptima en todos los eslabones de la cadena. La firma de contratos y el compromiso por varios años es fundamental, ya sea en patata de industria o de consumo.

Por otro lado, el relevo generacional es uno de los problemas más graves que tiene la actividad agrícola en la actualidad, agravado si cabe en el sector de la patata. No hay prácticamente agricultores que puedan asumir este cultivo en un contexto de explotaciones cada vez más grandes, con alta demanda de mano de obra y un perfil de manejo muy técnico. Por el contrario, la proliferación de empresas o grupos de inversión que externalizan todos los trabajos para producir patatas, es uno de los mayores riesgos que corre la agricultura familiar en Castilla y León.

“La proliferación de empresas o grupos de inversión que externalizan todos los trabajos para producir patatas, es uno de los mayores riesgos que corre nuestro sector en el medio plazo”

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