Las cuatro tendencias clave que marcarán la pauta en el sector hortofrutícola en 2026
Coordinador de las áreas de Horticultura y Distribución Hortofrutícola · Interempresas Media
12/01/2026
En 2026, las tendencias clave en la producción y la comercialización de las frutas y hortalizas girarán en torno a cuatro ejes principales: la sostenibilidad, con la agricultura regenerativa, los suelos vivos, los biofertilizantes, los bioestimulantes y el riego inteligente como protagonistas; la tecnología, que se centrará en la Inteligencia Artificial (IA), la robótica, la agricultura de precisión, el riego inteligente y la trazabilidad digital; la salud, enfocada a alimentos funcionales, demanda de productos naturales y 'clean label'; y la adaptación climática, impulsando innovaciones para la eficiencia y la resiliencia en toda la cadena de suministro.
Todo ello, con el objetivo de mejorar los rendimientos en la producción, la eficiencia y la rentabilidad en todos los eslabones de la cadena, reducir el impacto medioambiental y aumentar la seguridad alimentaria y la calidad, con tendencias hacia productos cada vez con mayor valor añadido, más nutritivos y funcionales, así como hacia soluciones postcosecha que prolongan la vida útil.
Sostenibilidad y regeneración
Suelos vivos: el enfoque de la producción hortofrutícola ahondará en el uso de microbiología activa, compost y cubiertas vegetales para mejorar la fertilidad y la retención de agua en los suelos.
Agricultura regenerativa en auge: continuarán aumentando las prácticas agrícolas que capturan carbono y mejoran la salud del suelo, beneficiando la biodiversidad y redundando en un incremento de la productividad.
Biofertilizantes y biopesticidas: la producción de frutas y hortalizas seguirá apostando por estos productos que reducen la dependencia química, ayudando a prevenir y controlar las plagas, además de que promueven la salud del ecosistema.
Agricultura de carbono: seguirá en aumento el uso de este tipo de prácticas para mitigar el cambio climático, que pueden estar ligadas a la obtención de rentas alternativas y complementarias a través de los créditos de carbono.
Agricultura vertical: aunque aún se encuentra en una etapa incipiente, queda camino por recorrer en el cultivo en entornos controlados, optimizando el uso del espacio y los recursos.
Riego inteligente: los productores cada vez apostarán más por sistemas que ajustan el uso del agua a las necesidades reales de la planta para optimizar el gasto de recursos hídricos y mejorar el rendimiento de sus cosechas.
Innovación y tecnología en crecimiento
Inteligencia Artificial (IA) y Big data: la horticultura utilizará aún más la tecnología para el monitoreo de cultivos en tiempo real; agricultura predictiva para optimizar los rendimientos y lograr una mejor prevención y control de plagas; utilización de modelos predictivos para optimizar el agua de riego, la fertilización y los fitosanitarios.
Robótica: automatización al alza en multitud de tareas, más allá de la siembra, la cosecha y el control de malas hierbas en los cultivo, lo que supondrá un importante ahorro de costes en mano de obra (mitigando este problema) y en logística interna, lo que mejorará la huella de carbono de los productores.
Agricultura de precisión: se tenderá a generalizar el uso de drones, satélites y tecnología geoespacial para el mapeo de cultivos, obtener información en tiempo real de los mismos y optimizar su gestión.
Gemelos digitales: simulaciones para optimizar los cultivos y mejorar la agricultura de precisión.
Trazabilidad digital (Blockchain): mejora la transparencia y confianza en la cadena de suministro, gracias a la trazabilidad completa del producto, de la semilla a la mesa, un aspecto que mejorará las opciones de comercialización, muy valorado por la gran distribución y cada vez más por los consumidores.
Biotecnología: el sector ha de apostar por la edición genética (CRISPR) para hacer frente al estrés climático, la lucha contra las plagas y las enfermedades, así como para el desarrollo de alimentos funcionales.
IoT (Internet de las Cosas): sigue en auge el uso de sensores para obtener datos en tiempo real sobre humedad, nutrientes, clima, plagas, etc.
Gemelos digitales: la utilización de esta tecnología continuará extendiéndose para ofrecer simulaciones que ayuden a optimizar la gestión de los cultivos.
Postcosecha
Recubrimientos naturales: continuará el uso de las barreras protectoras para reducir las pérdidas y prolongar la vida útil, de forma que se puedan alcanzar mercados más lejanos.
Refrigeración avanzada: Atmósferas controladas para conservar la frescura.
Packaging más sostenible: además de adaptarse a las modificaciones de la normativa sobre desperdicio alimentario, el packaging continuará incidiendo en diseños atractivos y funcionales para los diferentes tipos de consumidor (individual, familias, etc.), además de hacer hincapié en la lucha contra el desperdicio alimentario.
Salud y consumo
Productos naturales y funcionales: se prevé que siga aumentando la demanda de alimentos mínimamente procesados, en equilibrio con productos de conveniencia, listos para su consumo, que apuesten por la salud, el sabor y la calidad, con mayor contenido de vitaminas, antioxidantes, etc.
Conexión emocional: el consumidor seguirá buscando sabores que generen sensaciones y emociones que fortalezcan la identidad del producto.
Súper alimentos: Continuará el auge de frutas y verduras ricas en vitaminas, antioxidantes, minerales, fibra y grasas saludables, que ofrecen beneficios notables para la salud del consumidor.
Adaptación al cambio climático
Flexibilidad en los cultivos: los productores han de continuar apostando por estrategias de cultivo y variedades que mejor se adapten al clima cambiante (horquillas térmicas, sequías, salinidad del agua, deteriorio de la salud de los suelos, etc.), para optimizar la productividad en función de las condiciones cambiantes de cada zona.
Planificación estratégica: ya no es suficiente con planificar cada campaña, sino que los productores, en coordinación con las empresas comercializadoras, han de diseñar planes de producción a medio y largo plazo teniendo en cuenta todas las variables potenciales que afectan a los cultivos y al consumo de alimentos. Será necesario medir y planificar con la vista puesta en los mercados y en la geopolítica porque cada vez afecta más a los costes de producción y de logística, ejerciendo de palanca tensionadora de toda la cadena de valor, incluido el consumidor final.
Tendencias del mercado
Mercados especializados: los eventos y las jornadas dirigidas al público profesional continuarán siendo puntos estratégicos y de referencia para el sector a la hora de hacer negocio, conectando productores y compradores, mostrar los avances e innovaciones tecnológicas, servir de correa de transmisión de información hacia el consumidor y tomar el pulso al sector en las diferentes épocas del año.
Mercado global: el consumidor demanda frutas y hortalizas de calidad al mejor precio posible durante los 365 días del año. Esto supone una oportunidad a la vez que una amenaza, de ahí la importancia de la capacidad de adaptación y mejora continuas, con alimentos de calidad, sabor y que ofrezcan todas las garantías de sanidad y seguridad alimentarias para poder competir con las mejores condiciones posibles y continuar diversificando los destinos y alcanzando nuevos mercados, más allá de los tradicionales, cada vez más saturados y con una competencia feroz de otros países terceros (Marruecos, Turquía, Egipto, etc.).


















