Campal Semillas, cultivos de calidad
Instalaciones de Campal Semillas.
En este punto tan cercano a la siembra todavía es difícil tomar una decisión, porque dependemos de la climatología para poder empezar a preparar el terreno y de ello va a depender la fecha de siembra, que será uno de los factores clave en la elección de la variedad.
En función de la zona, del sistema de cultivo y de la fecha de siembra, existen variedades que se adaptan mejor y, por lo tanto, son más rentables para la explotación. Estas variedades mejoradas poseen mayor tolerancia a la sequía, mejor resistencia a enfermedades y plagas, consiguiendo rendimientos superiores.
Todo esto nos lo aporta la Semilla Certificada, ya que al estar producida bajo estrictos estándares de calidad, se encuentra libre de enfermedades y tiene garantizada tanto la pureza varietal, como el vigor y el poder germinativo. Además, posee una fecha de producción controlada, lo que asegurará uniformidad y sanidad en el cultivo.
La sanidad de la variedad, combinada con los tratamientos que lleva la Semilla Certificada, reduce considerablemente posibles enfermedades que pueden comprometer el desarrollo del cultivo, consiguiendo también una germinación más homogénea y vigorosa. A medida que avanza el ciclo además tenemos un espigado más uniforme, mejor fructificación y, con ello, conseguiremos mayor rendimiento global por hectárea.
La uniformidad varietal, por su parte, impacta positivamente en la calidad, tamaño, color y sanidad del grano. Todo esto nos puede hacer obtener mejores precios, al diferenciar el producto por su calidad.
Al contrario de lo que se puede pensar, el uso de semilla certificada no es un coste para la explotación, ya que nos permite escoger la variedad que mejor se adapta a cada momento de siembra. Con semillas más limpias, se reduce la necesidad de fungicidas, tratamientos químicos adicionales o descartes por enfermedades, con lo que conseguimos una reducción en los costes indirectos.
Impacto en la rentabilidad de la explotación
El impacto sobre la rentabilidad de las explotaciones se consigue tanto por el incremento de los ingresos brutos como por la bajada de los costes de producción. Incrementamos el rendimiento, ya que tenemos una mayor producción vendible, de mejor calidad y más homogénea. También bajamos los costes de producción debido a una menor necesidad de insumos, fertilizantes y fitosanitarios, gracias a una mejor sanidad del cultivo. Esta combinación se traduce en un mayor rendimiento neto, que aumenta el margen de beneficio por hectárea.
La Semilla Certificada permite elevar el rendimiento hasta un 10%.
No podemos negar que el coste inicial de la semilla certificada es mayor comparándolo con el de la semilla de granja, pero ensayos técnicos avalan una mejora de rendimientos de la Semilla Certificada, según entorno y manejo agronómico, de hasta un 10%. Por todo ello, más que como un coste, debería verse como una inversión, ya que el retorno estimado por incremento en el rendimiento y el ahorro de insumos lo justifica ampliamente.
La selección de variedades que se ajusten al clima, suelo y sistemas de cultivo locales, son imprescindibles para concretar los beneficios. No obstante, el uso efectivo de semilla certificada debe reforzarse con asesoría agronómica: fecha de siembra, densidad, fertilización, manejo integrado… son factores clave si queremos mejorar la rentabilidad de nuestra explotación.
Gracias a los avances continuos en selección genética, la investigación de nuevas variedades certificadas aporta una mayor tolerancia al estrés hídrico, enfermedades o baja fertilidad del suelo, logrando rendimientos con estas variedades que no se alcanzan con semilla convencional.
No se puede avanzar hacia la agricultura del futuro, sembrando semillas del pasado.






















