ACTUALIDAD

Innovación tecnológica en la producción superintensiva de cultivos leñosos: Palancas técnicas y soluciones

Mariano Larrazabal

Ingenirero Agrónomo y Consultor en transformación digital del sector agropecuario y agroalimentario

30/09/2025
Cuando el verano aprieta y la acequia baja corta, el campo se convierte en una fábrica a cielo abierto donde cada metro cúbico y cada kilovatio tienen nombre y apellido en la cuenta de resultados. En el olivo, el almendro o pistacho, sabes que el margen ya no se pierde en decisiones épicas sino que, se escurre en lo mínimo. Por ejemplo, en pequeñas fugas, en un riego que se alarga, en cada pasada de máquina no prevista, en una cosecha que llega tarde o un seto que sombrea más de la cuenta. En ese punto de dolor, el modelo superintensivo actúa como un cuadro de mando que alinea luz, el agua y la energía, para que la finca produzca con previsibilidad y margen.
Imagen

El seto bien planteado es una autopista, ya que guía la luz, ordena la mecanización y permite el riego de precisión. Por el contrario, el mal diseño es un cuello de botella que encarece cada pasada. Y aquí duele lo de siempre: el agua escasa, la energía cara y la mano de obra limitada. Por eso, la conversación ya no gira en ¿cuánta producción obtengo?, sino en ¿cuánto €/m³ y €/kg puedo asegurar cada campaña?

Por tal motivo, profesionalizar dejó de ser un eslogan. Sensores, Inteligencia Artificial, fotovoltaica y suelo vivo no son gadgets, son la nueva hidráulica del negocio, las herramientas para decidir con datos cuándo regar, cómo cosechar y dónde recortar pérdidas sin hipotecar el capital natural.

A partir de aquí vamos a lo operativo, con foco en el punto de partida, los cuellos de botella y las soluciones tecnológicas en la producción superintensiva de leñosos.

Del 'superintensivo' al seto orquestado por datos

Para quien ya vive el seto a diario, el término superintensivo se ha quedado corto. El nombre nació pegado a la densidad y, hoy, el partido se juega en otro sitio. “Gobernar la variabilidad con datos, energía y ventanas operativas precisas”. No ganamos por plantar más, sino por anticipar mejor.

El seto deja de ser pared y pasa a ser orquesta. Diría que la luz es la cuerda, el agua la percusión, la energía el viento y el director son tus datos. Cuando todo entra a tiempo, hay música. Cuando no, hay coste.

El seto deja de ser una pared bien poblada para convertirse en un sistema dirigido por señales:

  • Medimos cómo 'late' la planta Sensórica plant-centric (Potencial hídrico xilemático, dendrómetros, microclima) y como la teledetección convierte el estrés en señales operables. El seto deja de ser estático, hoy respira y lo medimos.
  • Leemos el campo desde arriba (NDVI/NDRE, térmica) y pasamos de reglas fijas a umbrales dinámicos por bloque y fenología. Ya no regamos por calendario, lo hacemos por probabilidad de riesgo.
  • La energía también entra en el cuadro de mando: fotovoltaica on-grid o flotante que fija el €/m³ y el kWh/m³, y esto nos permite decidir cuándo bombear con criterio económico.
  • En cosecha, la mecanización deja de ser binaria y se vuelve adaptativa: velocidad, vibración y horario (ventana térmica) como variables de control para reducir daño y bajar €/kg con la misma máquina.
  • Y el suelo deja de ser un 'fondo' para ser capital natural monitorizado con cubiertas, infiltración y erosión en seguimiento para estabilizar la respuesta del seto cuando aprieta la campaña.

La gestión, en consecuencia, cambia de idioma:

  • de 't/ha' a €/kg y kg/m³ estables.
  • de 'consumo eléctrico' a cobertura FV y EPBT.
  • de 'fecha de cosecha' a ventana óptima con t/h y % daño bajo control.

Y, sobre todo, cambian las preguntas:

  • ¿Cuál será tu KPI de estrés para disparar el riego y, cuántos €/m³ ahorra realmente?
  • ¿Qué cobertura FV necesitas para estabilizar el coste del agua y en qué EPBT te moverás?
  • ¿Dónde está tu ventana térmica de recolección que baja daño y sube t/h en tu finca, no en la de al lado?
  • ¿Qué porcentaje de variabilidad intraparcela vas a recortar esta campaña y con qué palancas?

Si seguimos llamándolo solo superintensivo, estaremos hablando en pasado y no mirando lo que viene. La partida y el margen se gana con setos orquestados por datos, donde luz, agua, energía y máquinas se sincronizan para decidir mejor y estabilizar el ROI, no para aumentar la densidad.

España en cifras (2024–2025): oportunidad… bajo estrés hídrico

España sigue jugando en primera línea, pero con el agua al cuello. La UE concentra más del 60% de la producción mundial de aceite de oliva y España aporta aproximadamente el 70% del volumen comunitario. En simples palabras, cuando aquí tiembla la cosecha, tiembla el mercado. Dos campañas cortas por calor y sequía han disparado la volatilidad de precios y ajustado consumos.

Almendra. El MAPA estimó 373.558 t en 2024/25 (+17,5% vs. campaña anterior; +9,1% sobre la media 2019–2023). Es una cifra de referencia para planificar industria, transformación, logística y para recordar que la variabilidad regional sigue mandando (recuperan los regadíos, sufren los secanos).

Pistacho. El despegue es real y medible: más de 70.000 ha en 2022 y sobre las 78.500 ha en 2023, con mucha superficie joven aún sin entrar en plena producción. Esa 'ola verde' coloca a España en trayectoria de top-4 mundial a medida que maduren las plantaciones. ¿El reto? Pasar del entusiasmo plantador a gestión fina de agua, energía y cosecha para no diluir margen.

Olivar de regadío. Aquí está uno de los grandes puntos de palanca (y de coste): el olivar es el cultivo con más superficie regada en España, 874.564 ha en 2023 (≈31% del olivar total), mayoritariamente con riego localizado. Traducido: hay mucho €/m³ y kWh/m³ por optimizar con sensórica, fotovoltaica y ventanas de riego inteligentes.

Pulso de mercado. Cuando el precio del oliva se disparó, la cesta giró: en el 1º semestre de 2024 los hogares compraron 179 millones de litros de girasol frente a 107 millones de aceite de oliva. Un giro explicado casi solo por el bolsillo.

Desde inicios de 2025 el guion empieza a cambiar. Al ceder precios, el consumidor vuelve. La demanda de oliva repuntó +48% en febrero (NIQ) y los envasadores ANIERAC crecieron +47% en el 1T 2025.

A cierre del 3º trimestre de la campaña 24/25 acumulan 221,86 M L de aceites de oliva (+36,94% interanual), mientras que otros vegetales se quedan en 97,61 M L (−6,32%). En tienda, el PVP medio llegó a caer ≈40% interanual en primavera, allanando el regreso del comprador.

Lectura para productor: el cliente es elástico al precio; rota cuando sube el €/L y vuelve cuando la ecuación mejora. La defensa del margen no está en adivinar el mercado, sino en hacer el campo predecible: kg/m³ al alza, kWh/m³ a la baja, t/h estables y €/kg bajo control para aguantar el ciclo y capturar volumen cuando el mercado rebota.

En almendro, la variabilidad regional sigue mandando (recuperan los regadíos, sufren los secanos). Foto: IRTA

En almendro, la variabilidad regional sigue mandando (recuperan los regadíos, sufren los secanos). Foto: IRTA.

¿Qué hacemos con estos números? (aterrizando decisiones)

Hasta aquí hemos pasado del 'superintensivo' al seto orquestado por datos. Lo que sigue no va de sensores ni siglas, sino de convertir señales en órdenes. Umbrales que disparan riego, ventanas térmicas que mueven la cosecha y costes horarios que deciden cuándo bombear. En otras palabras, quién decide qué, con qué indicador y en qué momento, para que €/kg y kg/m³ se muevan en la dirección correcta cada semana.

Con los datos ya sobre la mesa, volatilidad del aceite con España ostentando el 70% de la producción UE, 373.558 t previstas en almendra, ola plantadora en pistacho (70–80 mil ha aún joven) y un olivar de regadío masivo, la gestión se concentra en estos frentes.

A partir de aquí, la partitura es operativa:

  • Del dato a la orden. Las señales (estrés, vigor, previsión térmica) se convierten en gatillos operativos. El abrir/cerrar riego, desplazar cosecha, ajustar velocidad de máquina. Lo importante no es el sensor, sino qué decide, quién y con qué umbral.
  • Agua con criterio económico. El riego se programa por riesgo agronómico y se ejecuta cuando conviene en costes. Se monitoriza kg/m³, €/m³ y kWh/m³ y se mueve la ventana de bombeo según precio, horario y cobertura FV.
  • Cosecha por ventana, no por fecha. Se trabaja con ventana térmica objetivo para reducir daño; se calibra la máquina (frecuencia / velocidad) al inicio y se revisa t/h y % daño cada jornada. Misma máquina, €/kg distinto.
  • Suelo como estabilizador. Cubiertas y tránsito se planifican con tres hitos anuales (entrada de primavera, estrés estival, otoño) y se sigue infiltración / erosión para mantener respuesta estable del seto cuando el clima aprieta.
  • Gobernanza del dato. Un tablero único por bloque con cuatro KPIs (€/kg, kg/m³, kWh/m³, t/h) y roles claros. Quién mira qué, a qué hora, y qué acción dispara cada alerta.

Ya no basta decir qué tecnología tengo, sino cómo la uso para decidir mejor.

Cinco palancas técnicas: desafíos y soluciones (donde hoy se juega el margen)

No voy a enumerar 'problemas', sino palancas de gestión. Si se gobiernan, el superintensivo gana previsibilidad, de lo contario, se dispara la variabilidad y el €/kg, así de claro.

1) Agua en clima errático

Desafío. Sequías más frecuentes y picos de calor estrechan el margen hídrico, mientras crece la presión (y la oportunidad) de reutilizar agua regenerada bajo planes de riesgo.

Solución. Pasar de calendarios a umbrales de planta (Potencial hídrico xilemático, dendrómetro, térmica) por fenología; sectorizar por demanda real; aplicar RDI/PRD en ventanas seguras y usar regenerada donde sea viable (análisis, permisos y mezclas).

Métricas-clave. kg/m³, €/m³, % de riegos disparados por umbral, conductividad/salubridad en caso de reutilización.

Impacto. Agua oportuna en lugar de agua abundante, menos riegos innecesarios y mejor calidad cuando de verdad duele.

2) Energía del riego presurizado

Desafío. La modernización elevó el consumo y el coste horario del bombeo mueve el OPEX.

Solución. Dimensionar fotovoltaica (incluida flotante en balsas) al perfil real de bombeo, operar por precio horario, ajustar bombas al punto de mejor rendimiento (variadores, hidráulica fina) y monitorizar kWh/m³ en tiempo real.

Métricas-clave. kWh/m³, % cobertura FV, EPBT (payback energético), factor de carga del bombeo.

Impacto. Energía fijada = €/m³ fijado en buena parte. Si además bombeas cuando conviene, un coste volátil pasa a ser gobernable.

Lo que se mide bien se gobierna mejor y, lo que se gobierna, baja el €/kg sin hipotecar el suelo ni el futuro
Lo que se mide bien se gobierna mejor y, lo que se gobierna, baja el €/kg sin hipotecar el suelo ni el futuro.

3) Suelo y biodiversidad: el estabilizador del sistema

Desafío. Suelo desnudo = erosión y baja infiltración; cubiertas mal gestionadas compiten por agua en momentos críticos.

Solución. Cubiertas vegetales (naturales o mezclas) con calendario de siegas por fenología; tránsito en huellas permanentes; seguimiento de infiltración/erosión y ajuste de lámina en picos de competencia.

Métricas-clave. % superficie con cubierta efectiva, infiltración (mm/h), erosión estimada (t/ha·año), estabilidad interanual de producción.

Impacto. Suelo vivo = menos dientes de sierra y respuesta más estable del seto cuando el clima aprieta.

4) Mano de obra y mecanización fina

Desafío. La ventaja del seto es cosecha continua con menos cuadrillas, pero solo si la geometría (altura, ancho, porosidad) y la ventana térmica acompañan.

Solución. Protocolos de ajuste de máquina (velocidad, vibración, altura) al inicio de jornada, cosecha en horas frescas, poda que mantenga corredor de luz y accesibilidad, telemetría básica para sostener t/h sin subir daño.

Métricas-clave. t/h, % daño/merma, €/kg de recolección, cumplimiento de ventana térmica objetivo.

Impacto. Misma máquina, €/kg distinto. La convergencia geometría + ventana + ajuste separa eficiencia de coste oculto.

5) Datos que se convierten en decisiones

Desafío. Mucho dato suelto, poca decisión. El cuello de botella no es el sensor, es la gobernanza.

Solución. Un tablero por bloque con cuatro KPIs —€/kg, kg/m³, kWh/m³, t/h—; umbrales dinámicos por fenología; reglas de actuación y un ritual operativo (15’ dos veces por semana). Donde aporte, añadir predicción (Potencial hídrico xilemático, demanda) y gemelo digital para probar escenarios antes de mover recursos.

Métricas-clave. Latencia dato→ orden, % riegos activados por umbral, desviación vs. objetivo en €/kg y kg/m³, % de acciones automatizadas (o semiautomatizadas).

Impacto. Lo que se mide bien se gobierna mejor y, lo que se gobierna, baja el €/kg sin hipotecar el suelo ni el futuro.

La línea roja que une las cinco

Agua oportuna, energía predecible, suelo estable, cosecha afinada y datos que ordenan la decisión. Ahí está el puente entre volumen y valor: menos variabilidad, márgenes más constantes y un seto que responde campaña tras campaña.

Soluciones tecnológicas (y por qué importan de verdad)

En el superintensivo moderno, la tecnología no es un escaparate de 'gadgets', sino un sistema operativo de la finca que convierte señales en órdenes y órdenes en margen predecible.

A continuación, el bloque más operativo del artículo. Qué tecnología poner, dónde y con qué objetivo, para que el seto genere valor predecible.

Arquitectura del seto y material vegetal: la innovación habilitadora

Si el superintensivo se entiende como una fábrica a cielo abierto, la innovación suele arrancar en el diseño del seto y el material vegetal, no en la última máquina. Concebir la arquitectura y seleccionar genética/portainjertos desde el inicio con la mecanización y lo digital en mente, se considera innovación de proceso (y biotecnológica) que habilita al resto del sistema tecnológico.

Un seto 'mecano-ready', altura tope, ancho y porosidad definidos para over-the-row, calles constantes y coronamiento estable, se asocia a menor fricción para la máquina, ordenación de luz y aire en la copa y una pared productiva que rinde, no solo 'luce'. Con vigor contenido por combinación de variedad, portainjerto y manejo, la planta presenta menos rebrote y la cosechadora mantiene el ritmo de trabajo.

La lógica técnica es directa: la luz es el primer insumo y la geometría decide su reparto. Con corredor de luz y porosidad homogénea se reducen 'zonas ciegas', mejora la ventilación y disminuye la aparición de microclimas favorables a enfermedades.

En términos fenológicos, se observan floración/cuajado más uniformes y una madurez más acompasada, condiciones que encajan con una recolección continua. En el plano mecánico, paredes con sección y altura repetibles se relacionan con menos pérdidas de derribo y menor golpeo del cabezal; la t/h se sostiene con la misma cuadrilla y el €/kg de recolección tiende a bajar por menos paradas y menos fruta dañada. La misma cosechadora rinde distinto según si la pared facilita o dificulta el avance.

La genética compatible amplifica el efecto. En olivo, materiales con porte y ramificación adecuados (las selecciones habituales de seto) muestran entrada temprana en producción y mantienen pared estable; en almendro, portainjertos enanizantes y cultivares de menor vigor permiten setos estrechos sin convertirlos en muros; en pistacho, los programas de selección incorporan ya criterios de compatibilidad con seto y entrada en carga, además de productividad.

La capa tecnológica visible aparece en la medición objetiva. Un perfil LIDAR/ultrasónico en tractor o una fotogrametría rápida con dron generan mapas de altura, grosor y huecos de la pared. Con ese 'gemelo geométrico' se orienta la poda (dónde rebajar, dónde abrir), se verifica el corredor de luz y se comprueba la accesibilidad real de la OTR. Tras cada intervención, una nueva pasada confirma si la pared queda dentro de tolerancias.

En explotaciones que operan así, el patrón recurrente es: más t/h con el mismo equipo, €/kg de recolección más contenido, menor daño y calidad más homogénea.

En superintensivo, la arquitectura no es un decorado, es la infraestructura de la innovación
En superintensivo, la arquitectura no es un decorado, es la infraestructura de la innovación.

Una arquitectura bien resuelta, además, limpia la señal para el mundo digital. Un seto uniforme hace que un dendrómetro o un microtensiómetro de potencial hídrico xilemático representen mejor al bloque; los mapas NDVI/NDRE son menos sensibles a sombras y porosidad errática; y el DSS trabaja con umbrales fenológicos más estables, sin recalibraciones constantes por cambios de forma de la pared.

En otras palabras, menos ruido, más decisión. Cuando la geometría sale de rango, emergen falsas alarmas (estrés 'óptico' por sombra, lecturas de tronco sesgadas por vigor) y el dato pierde credibilidad en campo.

Los desvíos más comunes se concentran en exceso de vigor (pared cerrada que roba luz y dispara poda), altura por encima del cabezal (más golpes, más pérdidas), calles variables que obligan a frenar y porosidad comprometida por brotes laterales no contenidos.

Las palancas para corregirlo son conocidas, pero deben planificarse:

  • poda de formación con objetivo de pared (no árbol).
  • fertirriego que module el vigor.
  • reposiciones a tiempo para evitar 'huecos caros'.
  • una revisión geométrica postpoda, no solo 'a ojo'.

El retorno no aparece en diapositivas, se observa en la jornada. Con un diseño dentro de tolerancias, la OTR mantiene la velocidad sin 'morder' en exceso, el daño de fruto disminuye, el rendimiento horario aumenta y la ventana térmica de primeras horas se aprovecha mejor porque hay menos tiempo perdido en ajustes.

Como efecto asociado, el seto emite una señal más limpia, los umbrales de riego se cumplen con menos ruido, el DSS acierta con mayor consistencia y el tablero alinea órdenes y resultados.

En este marco, suele repetirse una idea: la tecnología empieza en la pared útil y en la genética compatible. Sin esa base, sensores, software y automatización muestran rendimientos decrecientes y, con ella, las capas tecnológicas operan antes y mejor. En superintensivo, la arquitectura no es un decorado, es la infraestructura de la innovación.

La cuestión central no es la cantidad de sensores, sino su orquestación. Foto: Agromillora
La cuestión central no es la cantidad de sensores, sino su orquestación. Foto: Agromillora.

Riego de precisión: del calendario al riesgo

En este enfoque, el riego se activa cuando coinciden dos señales: la fisiológica (lo que marca la planta) y la económica (el coste horario de la energía). La decisión pasa de rutina a respuesta al riesgo. La lectura se centra en el árbol. Los microtensiómetros del potencial hídrico xilemático registran en continuo el potencial hídrico del tallo y se trabaja con umbrales por fenología (floración, cuajado, endurecimiento de hueso, llenado, etc.), dado que cada fase tolera déficits distintos.

Los dendrómetros capturan el 'latido' del tronco, contracción diurna y expansión nocturna y su MDS (máxima contracción diaria) actúa como indicador precoz de estrés. En paralelo, la térmica de copa (pistola IR o cámara embarcada en dron) funciona como radar, localiza puntos calientes con varias horas de antelación respecto a impactos productivos. La teledetección multiespectral (NDVI/NDRE) no gobierna el minuto a minuto del riego, pero aporta el mapa de variabilidad para priorizar sectores y ajustar expectativas, la misma lámina no produce la misma respuesta en todos los bloques.

Con las señales sobre la mesa, se aplican reglas operativas. En numerosas campañas, estrategias como RDI/PRD (déficit regulado o riego parcial de la raíz) han mostrado ahorros del 20–30% de agua cuando se respetan ventanas fisiológicas; la protección se concentra en fases críticas y el déficit en periodos tolerantes. La cuestión central no es la cantidad de sensores, sino su orquestación. Un DSS integra potencial hídrico xilemático, MDS, humedad de suelo, ETc y previsión térmica, calcula un índice de riesgo por bloque a 6–24 horas y lo traduce en órdenes (válvulas, caudales, duraciones) bajo restricciones hidráulicas (presiones, caudales máximos) y precio horario.

En episodios de calor, se trabajan latencias bajas dato → orden (del orden de decenas de minutos): adelantar un ciclo y fraccionar láminas suele asociarse con descensos de varios grados en temperatura de copa y con menor incidencia de daños o pérdidas de rendimiento graso. El efecto aparece en los indicadores operativos. Cuando la activación se basa en umbrales y no en calendario, se observan aumentos de kg de fruto por m³ y descensos del €/m³ y si, además, el bombeo se sincroniza con tramos tarifarios favorables o con la producción fotovoltaica, el kWh/m³ tiende a reducirse sin sacrificar oportunidad agronómica.

En la práctica, tres gráficos resumen el patrón:

  • mayor % de riegos activados por umbral.
  • kg/m³ al alza.
  • €/m³ estabilizado incluso en semanas térmicamente exigentes.

Existen, no obstante, condiciones de contorno. Sensores mal calibrados o instalados (microtensiómetros que cicatrizan, dendrómetros con sombra o torsión) introducen ruido, por ello, es habitual trabajar con una referencia (Potencial hídrico xilemático o dendrómetro) por bloque, contrastarla puntualmente con cámara de presión y recalibrar umbrales en cada cambio fenológico.

En suelos salinos o arcillosos pesados, se aplican criterios más conservadores para evitar estrés acumulado o percolación. Cuando entra agua regenerada, la decisión incorpora parámetros de calidad (conductividad, cloruros, patógenos) y mezclas para mantener seguridad y funcionalidad del suelo.

En suelos salinos o arcillosos pesados, se aplican criterios más conservadores para evitar estrés acumulado o percolación. Foto: EuroChem Agro...
En suelos salinos o arcillosos pesados, se aplican criterios más conservadores para evitar estrés acumulado o percolación. Foto: EuroChem Agro.

Energía integrada al riego: fijar el €/m³

La segunda mitad de la ecuación hídrica es energética. Un sistema de riego presurizado no solo mueve agua, mueve kilovatios contra una curva de demanda y un precio horario cambiantes. En la práctica, la integración tecnológica en esta capa suele orientarse a convertir un coste volátil en un coste gobernable y a sincronizar la necesidad agronómica con la ventana económica.

El punto de partida, en muchas explotaciones, es una auditoría de bombeo de 2–3 semanas, en las que se miden caudales, presiones y horas reales por sector, se traza la curva de cargas y se superpone la tarifa. Con ese diagnóstico suelen aflorar ineficiencias: equipos funcionando lejos del BEP (Best Efficiency Point), pérdidas por arranques/paradas en horas caras y presiones sobredimensionadas, gestionadas con válvulas en lugar de variadores. El ajuste de cada bomba a su BEP y la modulación por setpoint se asocian con descensos inmediatos del kWh/m³.

En paralelo, el autoconsumo fotovoltaico aparece como palanca de estabilidad, dimensionado al perfil de bombeo más que a un promedio anual. Cuando existe balsa o depósito, ese volumen actúa como batería hidráulica, se bombea en horas solares o valle y se entrega a parcela cuando la fisiología lo demanda. En balsas, la FV flotante se vincula a dos efectos operativos: menor evaporación estival y mejor rendimiento térmico del módulo. Además, la cobertura limita colonización algal, con efectos visibles en filtros y emisores.

El rediseño hidráulico fino completa el conjunto. Variadores parametrizados, rampas que evitan golpes de ariete, bombas en paralelo gobernadas por bandas de caudal y líneas con pérdidas acotadas (diámetros/rugosidad calculados) para que la presión útil esté en parcela y no en la caseta. Con estas piezas, los cuadros de mando tienden a mostrar kWh/m³ a la baja, €/m³ más estable y picos de OPEX atenuados. En proyectos comparables, la combinación FV + operación por precio horario + BEP se ha asociado a periodos de retorno de pocos años y a una menor huella de GEI.

La orquestación replica el patrón visto en riego por umbral. Un DSS que integra previsión solar, tarifa diaria e índice de riesgo agronómico por bloque programa, cuándo bombear, cuánto y por dónde, evitando la dicotomía 'riego fisiológico vs. tarifa' mediante precarga de balsas, fraccionamiento de láminas y ventanas alineadas con coste y demanda.

En síntesis, la integración energética en riego se articula en tres capas: medición/diagnóstico, optimización hidráulica y coordinación agronómica-energética. Cuando coinciden, el coste del agua se vuelve más previsible y el margen depende menos del precio del kWh y más de la disciplina operativa diaria.

La mecánica fina es la que convierte la recolección en un proceso predecible campaña tras campaña. Foto: Agromillora
La mecánica fina es la que convierte la recolección en un proceso predecible campaña tras campaña. Foto: Agromillora.

Cosecha y mecanización fina: misma máquina, €/kg distinto

Cuando el seto está concebido para cosecha continua, la explotación opera como una línea de producción: flujo estable, cuellos de botella identificados y control de calidad desde el árbol hasta almazara o secadero.

En olivar de seto, las over-the-row (OTR) mantienen ritmos elevados cuando la geometría (altura, ancho, porosidad) es homogénea y se trabaja en ventana térmica. La entrada al amanecer suele asociarse con temperaturas de fruto más bajas y menor daño interno/externo.

En almendro en alta densidad, los sistemas shake-and-catch capturan sobre árbol, con reducción de polvo y pérdidas al suelo, lo que se traduce en logísticas más rápidas y menores descuentos por materias extrañas.

El desempeño depende, sobre todo, del ajuste fino. En operación se calibran velocidad de avance, frecuencia/amplitud de vareo y altura de peines/cabezales al inicio de jornada mediante pasadas de prueba, y se revalidan cuando cambian las condiciones (temperatura, humedad, estado del seto). Previamente, es habitual un prechequeo de madurez (uniformidad visual, humedad del fruto o índices acordados con industria) para evitar la entrada en bloques aún no responsivos.

En campo, se observan dos rutinas recurrentes:

  • un protocolo de arranque que fija parámetros tras medir el binomio t/h y % de daño en una hilera corta.
  • una revisión en caliente un par de horas después, cuando sube la temperatura ambiente.

La poda orientada a mantener el corredor de luz se correlaciona con menores requerimientos de agresividad y con mayor repetibilidad hilera a hilera. La instrumentación tiende a ser ligera, con telemetría básica (horas de máquina, velocidad efectiva, paradas), termometría rápida de fruto y test estandarizados de daño (conteos por tolva), generando cuadros de mando diarios que muestran si el ajuste está funcionando.

En aceituna de mesa, combinaciones de ventana fresca y baja frecuencia se asocian con descensos de piquetes y magulladuras manteniendo eficiencia de derribo; en oliva para aceite, recolecciones más frescas se relacionan con menor oxidación temprana. En almendro, capturas limpias reducen impurezas y roturas, acortando tiempos a planta y retrabajos de limpieza.

También aparecen límites bien documentados, fuera de la ventana térmica, el daño aumenta y el €/kg tiende al alza; setos con vigor excesivo demandan mayor amplitud o repeticiones, elevando costes y merma. Alturas por encima del cabezal multiplican golpes y obligan a reducir velocidad, interrumpiendo el flujo. Las respuestas observadas incluyen poda con objetivo de pared, mantenimiento preventivo de peines y superficies de contacto, y logística de campo (binas/jaulas, rutas) que reduce esperas de máquina.

En términos económicos, los registros de campaña muestran que trabajar por ventana y con parámetros gobernados por t/h y % de daño se asocia a €/kg de recolección más bajos sin cambio de equipo, y a calidad postcosecha más estable (fruto más fresco y menos golpeado, lotes más homogéneos en planta).

En suma, misma máquina, pero comportamientos distintos cuando la geometría del seto, la ventana térmica, el ajuste verificado en campo y la telemetría cierran el bucle entre dato y decisión. Esa mecánica fina es la que convierte la recolección en un proceso predecible campaña tras campaña.

Cuando el seto está concebido para cosecha continua, la explotación opera como una línea de producción

Cuando el seto está concebido para cosecha continua, la explotación opera como una línea de producción.

Suelo vivo medido: el gran estabilizador

En superintensivo, la cubierta vegetal no es 'verde de foto', es tecnología de control de proceso a ras de suelo. Cuando está bien diseñada y monitorizada, hace tres cosas que ningún otro input logra a la vez:

1. Frena erosión.

2. Aumenta infiltración.

3. Suaviza los extremos térmicos en el entorno radicular.

Eso se traduce en menos estrés en olas de calor, menor formación de charcos que luego son costra tras tormentas intensas y, sobre todo, en una respuesta del seto más estable entre campañas.

El 'stack' tecnológico empleado es accesible. En la parte alta, la teledetección con Sentinel-2 (≈cada 5 días) y uno o dos vuelos de dron multiespectral por campaña, se estima la fracción de cobertura verde por calle (no solo NDVI, también índices específicos de cobertura). Esos mapas se utilizan en explotaciones para marcar objetivos por ladera o bloque —por ejemplo, ≥40–60% de cobertura efectiva en pendientes medias— y para comprobar si las siegas dejan 'ventanas' coherentes con brotación/cuajado.

En algunos casos se añade térmica (cámara embarcada o pistola IR) para registrar la temperatura superficial. Con cubierta activa se observan descensos de varios grados en días críticos, suficientes para alterar el microclima radicular. A pie de campo, la instrumentación suele ser austera. Un doble anillo de infiltración (o tensiómetros de plato) ofrece una medida en mm/h, repetirlo en los mismos puntos en otoño y primavera permite seguir la tendencia de entrada de agua. También se instalan puntos fijos de control de erosión para cuantificar pérdidas tras eventos de lluvia.

El control operativo se aproxima a un DSS: las mezclas se seleccionan en función del objetivo (protección invernal, estructura/N en primavera, mínima competencia en fases sensibles) y la siega se sincroniza con la fenología del leñoso. Varias fincas trabajan con umbrales sencillos, por ejemplo, cobertura <40% en ladera como señal de resiembra, descenso sostenido de infiltración como indicador asociado a revisar tránsito/compactación, perfil más frío y húmedo en floración como correlato de ajustes en el calendario de siega.

En riego, la presencia de cubierta activa modula la evaporación y la conductividad hidráulica de los primeros horizontes. De ahí que se observen pulsos fraccionados (mismo volumen, más cortos y frecuentes) para reducir percolación en episodios de lluvia y aprovechar mejoras de infiltración. El efecto agregado se refleja en el binomio agua-energía, ya que con mayor infiltración y menor escorrentía, disminuye el tiempo “bombeando para perder” y el kWh/m³ tiende a estabilizarse.

¿Dónde entra la maquinaria y la 'tech dura'?

En logística y precisión. Las desbrozadoras de martillos con control de altura/ángulo dejan un acolchado homogéneo, el rolo-faca (en mezclas aptas) crea una alfombra que protege el suelo hasta abrir calles. La siembra deja de ser a voleo, incorporando sembradoras neumáticas para franja intermedia, con guiado GPS, que reducen semilla y pisoteo.

En parcelas complejas, huellas permanentes y neumático ancho disminuyen compactación, y un penetrómetro básico detecta capas endurecidas. La consecuencia se ve en agua y energía, con más infiltración, menos escorrentía y menos kWh/m³: 'bombeando para perder'.

¿Riesgos? Dos y bien conocidos, la competencia hídrica en fases sensibles e inmovilización de N si la mezcla es demasiado carbonatada. El mensaje para una explotación tecnificada es claro, el 'suelo vivo' pasa a ser parte del sistema de control.

El valor no reside en acumular lecturas, sino en decisiones con tiempo y contexto
El valor no reside en acumular lecturas, sino en decisiones con tiempo y contexto.

DSS y gemelo digital: del dato a la orden

La innovación no suele venir de 'más sensores', sino de coordinar señales para decidir a tiempo. Ahí encaja el tándem DSS + gemelo digital. El primero integra lecturas de planta/suelo, ETc y previsión, y las convierte en órdenes ejecutables (válvulas, bombas, planificación de cosecha), mientras que el segundo actúa como laboratorio donde se ensayan escenarios -regar hoy vs. mañana, fraccionar lámina, redistribuir dotaciones- sin gastar agua ni energía.

El efecto conjunto se asocia a menor latencia dato → acción, contexto económico (€/m³, kWh/m³ por ventana) y trazabilidad de cada decisión. La arquitectura operativa suele seguir la cadena: sensar → modelar → decidir → actuar → aprender.

Los datos llegan (LoRaWAN/MQTT/4G) desde potencial hídrico xilemático, dendrómetros, humedad de suelo, caudalímetros y microestaciones; el gemelo asimila esas señales con NDVI/NDRE y pronósticos horarios (T°, VPD, viento) para estimar estado hídrico y riesgo a 6–48 h. Un optimizador prioriza bloques, aplica umbrales dinámicos por fenología y propone órdenes bajo restricciones reales -hidráulica (presiones/caudales), energía (precio horario, FV disponible), dotaciones y turnos-. El DSS ejecuta (PLC/SCADA), registra y compara predicho vs. observado para recalibrar.

La orquestación energética forma parte del cálculo. Al cruzar riesgo agronómico con precio, horario y producción FV prevista, se observan estrategias como precarga de balsas y fraccionamiento de láminas antes de picos térmicos. En los cuadros de mando, esto suele traducirse en kg/m³ al alza, €/m³ más estable y kWh/m³ a la baja sin comprometer fisiología. En operación, el equipo trabaja con un tablero por bloque que destaca €/kg, kg/m³, kWh/m³ y t/h, junto a métricas de sistema (p. ej., latencia dato→ orden y % de riegos por umbral).

Las recomendaciones llegan con explicabilidad (motivo, efecto esperado, nivel de confianza), lo que facilita la lectura operativa. En paralelo, el gemelo permite escenarios del tipo “¿qué pasa si…?”, desde la redistribución bajo cuotas de agua, impacto de ventanas térmicas y parámetros de OTR en % de daño y t/h, o ajustes ante tormentas/viento.

En la capa de fiabilidad, aparecen patrones comunes: tolerancia a fallos (valores por defecto si un sensor cae), modos degradados (reglas simples ante pérdida de conectividad) y override claro. Los modelos, físicos o de ML, se calibran por bloque, con verificación estacional y control de deriva. Es habitual el uso de prácticas tipo MLOps agronómico (versionado, métricas de skill, alarmas de precisión) y logs auditables de dato → orden→ resultado.

En síntesis, el valor no reside en acumular lecturas, sino en decisiones con tiempo y contexto. Cuando la explotación pasa de intuir a simular y ejecutar, el desempeño deja de depender del 'día perfecto' y se ancla a un proceso repetible:

ver → prever → decidir → actuar → medir → aprender.

Ahí es donde el superintensivo se vuelve predecible.

¿Cómo aterrizarlo mañana, sin parar la finca?

En fincas superintensivas, la adopción tecnológica suele aparecer por capas. Primero se ordena lo estructural, es decir, la pared del seto dentro de tolerancias (altura, ancho, porosidad) y sensórica mínima que entregue una señal fiable (presión/caudal y una referencia del potencial hídrico xilemático o dendrómetro por bloque).

Con esa base, la toma de decisiones pasa a un DSS que gobierna riegos por umbrales fenológicos con baja latencia, mientras la hidráulica se ajusta al punto de mejor rendimiento y el bombeo se alinea con horas valle/sol o FV disponible.

En paralelo, la recolección se apoya en ventana térmica y en un ajuste de parámetros verificable en campo (velocidad, frecuencia, altura de cabezales), y el suelo se monitoriza con cubiertas, infiltración y erosión en puntos fijos.

Cuando esas piezas conviven, el comportamiento del sistema cambia de signo y el tablero por bloque €/kg, kg/m³, kWh/m³, t/h, % de riegos por umbral y latencia dato → orden, empieza a mostrar patrones estables: sube el % de riegos por umbral, cae el kWh/m³, la t/h deja de oscilar y el €/kg se estrecha.

Menos escaparate y más orquestación que decide a tiempo.

El superintensivo como sistema orquestado por datos

En superintensivo, el margen tiende a venir más de la orquestación que de la densidad. La estabilidad no descansa en un dispositivo aislado, sino en un sistema que combina arquitectura 'mecano-ready', riego por umbral de planta con baja latencia, energía predecible (FV + horario), mecanización fina en ventana térmica y suelo vivo que amortigua la variabilidad.

En España, con estrés hídrico y mercados exigentes, ese conjunto se asocia a KPI gobernables: kg/m³ al alza, €/kg y kWh/m³ bajo control, t/h estable. El salto se observa cuando el dato se convierte en orden y la orden llega a tiempo, con riegos adelantados a picos térmicos, bombeos en tramos favorables, entradas a cosecha en horas frescas con parámetros ajustados, cubiertas gestionadas para proteger sin competir. En ese contexto, el tablero deja de ser retrovisor y opera como cuadro de mando.

En síntesis, el superintensivo actual se caracteriza por un seto orquestado por datos. Cuando cada decisión mueve un KPI y ese patrón se mantiene semana tras semana, la innovación pasa de promesa a margen predecible y a un capital natural que gana resiliencia campaña tras campaña.

Si el superintensivo se entiende como una fábrica a cielo abierto, la innovación suele arrancar en el diseño del seto y el material vegetal, no en la última máquina

En síntesis, el superintensivo actual se caracteriza por un seto orquestado por datos

En fincas superintensivas, la adopción tecnológica suele aparecer por capas

COMENTARIOS AL ARTÍCULO/NOTICIA

Deja un comentario

Para poder hacer comentarios y participar en el debate debes identificarte o registrarte en nuestra web.

Suscríbase a nuestra Newsletter - Ver ejemplo

Contraseña

Marcar todos

Autorizo el envío de newsletters y avisos informativos personalizados de interempresas.net

Autorizo el envío de comunicaciones de terceros vía interempresas.net

He leído y acepto el Aviso Legal y la Política de Protección de Datos

Responsable: Interempresas Media, S.L.U. Finalidades: Suscripción a nuestra(s) newsletter(s). Gestión de cuenta de usuario. Envío de emails relacionados con la misma o relativos a intereses similares o asociados.Conservación: mientras dure la relación con Ud., o mientras sea necesario para llevar a cabo las finalidades especificadasCesión: Los datos pueden cederse a otras empresas del grupo por motivos de gestión interna.Derechos: Acceso, rectificación, oposición, supresión, portabilidad, limitación del tratatamiento y decisiones automatizadas: contacte con nuestro DPD. Si considera que el tratamiento no se ajusta a la normativa vigente, puede presentar reclamación ante la AEPD. Más información: Política de Protección de Datos