Estas micotoxinas se detectaron por primera vez en campo en 2022
Aragón busca nuevas soluciones para reducir el riesgo de aflatoxinas en el maíz
Se trata de un proyecto de cooperación que bajo el nombre 'Cambio climático y aflatoxinas: El desafío en los cultivos de maíz en Aragón', busca detectar nuevas herramientas agronómicas para su control.
En los últimos 15 años ha habido afecciones graves en Italia, Rumania, Serbia y también España, pero hasta el año 2022 la contaminación se producía en maíz almacenado o producto terminado. Sin embargo, a partir de esta fecha las aflatoxinas empiezan a detectarse en campo y su presencia ha obligado a la industria agroalimentaria a rechazar partidas y derivarlas a pienso animal u obligando a eliminar toda una cosecha.
Las aflatoxinas son micotoxinas producidas por hongos, principalmente Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus, que se encuentran en varios cultivos agrícolas, principalmente maíz, cacahuete, pistachos y semillas de algodón. Entre los tipos de aflatoxinas naturales la B1 es el compuesto más importante debido a su toxicidad para el hombre y los animales.
Grupo operativo
Ante esta situación y con la intención de ofrecer una solución eficaz y sostenible al problema surge el grupo operativo 'Cambio climático y aflatoxinas: El desafío en los cultivos de maíz en Aragón'. El proyecto está formado por cinco cooperativas (CADEBRO, Servicampo, Nuestra Señora del Rosario, Gallicum y Coopina), dos centros tecnológicos (UNIZAR y FITA) y dos empresas (Tereos & Sweeteners Iberia S.A.U. y Ars Alendi).
Su objetivo principal es prevenir y controlar los riesgos sanitarios y económicos asociados al incremento de aflatoxinas en maíz, tanto en el almacenado como en el campo, mediante la identificación de puntos críticos y la determinación de nuevas herramientas agronómicas. Además, a lo largo de los cuatro años de duración del proyecto está previsto diseñar un Manual de Buenas Prácticas Agronómicas para la prevención de aflatoxinas en el cultivo de maíz.
Por ello, los socios del proyecto consideran importante “adoptar nuevas estrategias respaldadas por predicciones, como el control biológico mediante cepas atoxigénicas de A. Flavus, capaces de desplazar las poblaciones toxigénicas del hongo, como se aplica en gran medida en zonas de riesgo en EEUU y África”.
Cambio climático
Las previsiones apuntan a un incremento de la temperatura de 2 grados a medio-corto plazo a nivel europeo. Actualmente, la aparición de aflatoxinas es frecuente en épocas de calor y sequía, condiciones que estresan a las plantas y facilitan la infección por el hongo Aspergillus flavus.
“No sabemos cómo afecta la temperatura y la humedad a la evolución de estas toxinas en el periodo previo al secado. Es un problema nuevo y del que se tiene poca información debido a que históricamente las muestras no venían contaminadas del campo”, apuntan los socios del proyecto e inciden que por ello se ha creado este grupo operativo.
No obstante, Tereos & Sweeteners Iberia S.A.U. ha detectado que es posible que el problema provenga del incremento de aflatoxina en maíces de primera y segunda cosecha provenientes de zonas de riego a manta en el Valle del Ebro. Se trata de una zona que en los últimos años ha tenido restricciones hídricas por sequía y donde se han alcanzado temperaturas récords en la época estival. Una situación que también afecta a los productores del sur de Francia.
Las fábricas de pienso también han activado sus protocolos de detección de partidas contaminadas. En este caso, Ars Alendi destaca que "en algunos almacenes de maíz modificado genéticamente se han detectado niveles de aflatoxinas que rozan el límite permitido”. En este sentido, AGROVECO (produce pienso para vacuno lechero) señala que, a día de hoy, todas las empresas tienen kits de análisis para detectar de forma rápida la contaminación del grano.
Campos de ensayo
Por todo ello, este grupo de cooperación contará con 12 campos de seguimiento ubicados en Biota, Pina de Ebro, Zaragoza y Zuera, que van a ser seleccionados por tener todos los condicionantes para el desarrollo de Aspergillus spp y, por tanto, incrementan el riesgo de aflatoxinas.
Durante los cuatro años que dura el proyecto, lo socios realizarán muestreos de forma periódica, se realizará también un seguimiento del secado y almacenaje del maíz y se analizarán diferentes técnicas preventivas en ensayos de campo.


















