El proyecto VRIAC presenta sus primeros vinos experimentales con variedades resistentes
El proyecto de Variedades Resistentes y Autóctonas Adaptadas al Cambio Climático (VRIAC) avanza hacia una nueva etapa tras casi quince años de investigación para desarrollar variedades de vid resistentes a enfermedades fúngicas, adaptadas al clima mediterráneo y vinculadas a las variedades autóctonas. La III Jornada Profesional VRIAC permitió conocer los resultados de los ensayos en campo y catar los primeros vinos experimentales obtenidos a partir de estas variedades.
A principios de agosto, el proyecto VRIAC celebró su III Jornada Profesional en las instalaciones de Albet i Noya, en Sant Pau d’Ordal (Barcelona). El encuentro reunió a cerca de un centenar de profesionales del sector vitivinícola, entre viveristas, enólogos, agrónomos, viticultores, periodistas y otros agentes vinculados al sector.
La jornada contó con la participación de los principales impulsores del proyecto: Josep Maria Albet, de Albet i Noya; Josep Maria Pujol-Busquets, de Alta Alella; Josep Maria Piñol, de Celler Piñol, y el obtentor suizo Valentin Blattner, especializado en la investigación de variedades resistentes.
Una investigación con casi quince años de recorrido
El proyecto VRIAC inició su actividad con el objetivo de obtener variedades de vid resistentes a enfermedades fúngicas como el mildiu y el oídio, adaptadas al clima mediterráneo y con perfiles vinculados a variedades propias del territorio.
La primera jornada profesional se celebró en 2017, cuando se presentó el proyecto al sector. En 2020 tuvo lugar un segundo encuentro en el viñedo, después de uno de los episodios de mildiu más importantes de los últimos años. En aquella ocasión, los asistentes pudieron comprobar el comportamiento de las plantas frente a las enfermedades fúngicas.
La tercera jornada ha servido para mostrar la evolución alcanzada después de casi quince años de investigación, ensayo y observación en campo, así como para analizar el potencial de estas variedades ante retos como el cambio climático, la sequía y la necesidad de reducir los tratamientos fitosanitarios.
Más de 7.000 variedades en el viñedo experimental
Uno de los puntos centrales de la jornada fue la visita al viñedo experimental del proyecto. En él hay plantadas más de 7.000 variedades y, según los responsables del proyecto, el viñedo lleva doce años sin recibir tratamientos antifúngicos.
Los asistentes pudieron observar directamente el estado sanitario de las plantas y su comportamiento agronómico, además de conocer su potencial en un contexto en el que el sector vitivinícola afronta unas condiciones climáticas cada vez más exigentes.
La investigación pretende avanzar hacia una viticultura con menor dependencia de los tratamientos fitosanitarios, sin renunciar a la identidad de las variedades vinculadas a cada territorio.
Primeros vinos experimentales
La jornada incorporó también una cata de los primeros vinos experimentales elaborados con variedades resistentes. Algunas de ellas presentan perfiles próximos a variedades autóctonas como el xarel·lo, el macabeo, la garnacha o el tempranillo.
La cata permitió ampliar la evaluación del proyecto desde el comportamiento de las plantas en el viñedo hasta sus posibilidades enológicas y gastronómicas. De este modo, la investigación no se limita a analizar la resistencia de las variedades, sino también su capacidad para ofrecer perfiles de vino vinculados a la tradición vitivinícola de cada territorio.
Interés más allá de Cataluña
El encuentro puso de manifiesto, asimismo, el interés que suscita el proyecto fuera de Cataluña. Entre los profesionales asistentes se encontraban representantes del País Vasco, Navarra, Francia e Italia, interesados en conocer el potencial de este modelo de investigación y sus posibilidades de adaptación a otros territorios y variedades.
Algunas de las variedades presentadas ya están inscritas en el registro de la Unión Europea y, según las previsiones del proyecto, podrían estar disponibles en el mercado a partir de 2029.
El objetivo es avanzar hacia una viticultura más resiliente y adaptada a los retos climáticos, reduciendo de forma significativa la dependencia de tratamientos contra las enfermedades fúngicas y preservando al mismo tiempo la identidad vitivinícola local.




























