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La reciente detección y expansión de jopo en Bolivia ha encendido todas las alarmas en el continente americano que se consideraba libre de este problema fitosanitario

El jopo del girasol: origen, evolución y situación actual

Leonardo Velasco, Begoña Pérez-Vich

Instituto de Agricultura Sostenible (IAS-CSIC). Campus Alameda del Obispo, Córdoba.

lvelasco@ias.csic.es; bperez@ias.csic.es

18/05/2026

El jopo del girasol (Orobanche cumana Wallr.) es una mala hierba presente en la mayoría de las zonas productoras de girasol del mundo, donde representa una seria amenaza para la rentabilidad del cultivo.

El jopo del girasol

A diferencia de otras malas hierbas, el jopo es una planta parásita. Como tal, carece de clorofila, el pigmento responsable del color verde de las plantas y clave en la producción de materia orgánica a partir del carbono atmosférico. Tampoco posee raíces capaces de tomar agua y nutrientes del suelo. En su lugar, desarrolla un órgano especializado que penetra en la raíz del girasol, de donde extrae todos los compuestos orgánicos e inorgánicos que necesita para vivir. Es decir, en lugar de competir por los recursos del suelo, como ocurre con otras malas hierbas, el jopo los 'roba' directamente del interior de la planta de girasol. Esto lo convierte en una mala hierba particularmente dañina para el cultivo.

En la Figura 1 se muestran los típicos nódulos subterráneos, producidos tras la germinación de las semillas de jopo y su penetración en las raíces del girasol (A), a partir de los cuales se forman los tallos florales que emergen a la superficie (B).

Figura 1. Nódulos subterráneos (A) y tallos florales (B) del jopo del girasol
Figura 1. Nódulos subterráneos (A) y tallos florales (B) del jopo del girasol.

Evolución histórica y geográfica

El nombre botánico del jopo del girasol, Orobanche cumana, hace referencia a su área de distribución natural, la región histórica de Cumania, una amplia extensión de estepas habitada por pueblos nómadas en la Edad Media, en un territorio que hoy corresponde a partes de Moldavia, Rumanía, Ucrania, Rusia y Kazajistán. Por el contrario, el girasol es originario de Norteamérica, donde fue domesticado por las poblaciones nativas. Desde allí llegó a Rusia en el siglo XVIII como planta ornamental, pero su verdadero impulso vino de una curiosa circunstancia religiosa. Durante la Cuaresma, la Iglesia ortodoxa rusa prohibía el consumo de los aceites vegetales tradicionales. Sin embargo, al tratarse de una planta recién introducida desde América, el aceite de girasol no estaba incluido en esa prohibición. Esto favoreció su rápida adopción en Rusia como fuente de aceite alimentario, al tiempo que se desarrollaba una intensa mejora genética del cultivo orientada a aumentar su contenido en aceite.

El girasol oleaginoso tal y como lo conocemos hoy procede, en gran medida, de esa mejora genética iniciada en Rusia a partir del siglo XIX. Antes de ello, el girasol cultivado era más parecido a los girasoles tradicionales o de pipa blanca que hasta hace algunos años eran comunes en nuestras huertas, y que han ido desapareciendo progresivamente del paisaje. La Figura 2 muestra un ejemplo de estos girasoles tradicionales, fotografiados en 2006 en Villarta de San Juan (Ciudad Real).

Figura 2. Girasoles tradicionales no oleaginosos o de pipa blanca en Villarta de San Juan (Ciudad Real) en 2006
Figura 2. Girasoles tradicionales no oleaginosos o de pipa blanca en Villarta de San Juan (Ciudad Real) en 2006.

Antes de la expansión del cultivo del girasol en Rusia en el siglo XIX, el jopo parasitaba exclusivamente plantas silvestres, principalmente del género Artemisia. En el girasol, el jopo encontró una planta hospedadora mucho más abundante y vigorosa. La primera detección de jopo sobre girasol se produjo en 1866 en el distrito de Voronezh, unos 100 km al norte del Mar Negro y muy próximo a su área de distribución natural. A partir de ese momento, ambas especies quedaron estrechamente ligadas. El jopo acompañó al girasol en su expansión, primero por Rusia, después por Europa del Este, más tarde por Europa occidental, y más recientemente por África y América. La Tabla 1 muestra el año en que se informó de su presencia en los principales países en los que está actualmente presente, y la Figura 3 su distribución actual a nivel mundial.

En España, la primera detección se produjo en 1958 en la provincia de Toledo, extendiéndose posteriormente en cultivos de girasol de pipa blanca por la provincia de Cuenca. Cuando el jopo llegó a Andalucía a finales de los años 1970, se asumía que procedía de Cuenca. Sin embargo, nuestros estudios genéticos han demostrado que las poblaciones del Valle del Guadalquivir son muy diferentes de las de Cuenca. Mientras que las poblaciones de Cuenca están emparentadas con poblaciones de Rusia, y probablemente llegaron desde allí, las poblaciones del Valle del Guadalquivir forman un grupo genético muy diferenciado, cuyo origen sigue siendo desconocido.

De esta forma, en nuestro país han coexistido históricamente dos grandes grupos genéticos: el de Cuenca y el del Valle del Guadalquivir. Este último ha mostrado una gran capacidad de dispersión y adaptación, ya que es el grupo genético que se ha extendido por Castilla y León, y que también se ha detectado en Portugal, Francia, Marruecos e incluso Bolivia. Recientemente, este grupo se ha expandido también hacia la zona de Cuenca, donde actualmente pueden encontrarse ambos grupos, cada vez más mezclados, con una presencia creciente del jopo procedente del Valle del Guadalquivir.

Figura 3. Distribución actual del jopo del girasol a nivel mundial (escala a nivel de países)
Figura 3. Distribución actual del jopo del girasol a nivel mundial (escala a nivel de países).

Evolución racial

Las poblaciones de jopo se clasifican en lo que llamamos 'razas', que se diferencian por su capacidad de superar los genes de resistencia del girasol. Estas razas se nombran con letras en orden alfabético según su nivel de virulencia. Por ejemplo, y centrándonos en las razas más recientes, la raza E supera el gen de resistencia Or4, la raza F supera el gen Or5 y la raza G supera el gen Or7.

En el Valle del Guadalquivir, donde las poblaciones de jopo han sido más estudiadas, la raza E fue predominante en los años 1980. A partir de 1990 surgieron poblaciones de raza F, que se expandieron rápidamente por toda la zona. Esta situación se mantuvo estable hasta mediados de la década de 2010, cuando se detectaron poblaciones de raza G, que, afortunadamente, no se están expandiendo tan rápidamente como ocurrió con la raza F.

En la zona de Cuenca, la información es más limitada, pero los estudios recientes indican una predominancia de raza F junto con poblaciones con una virulencia muy diferente a cualquier otra conocida, que hemos denominado raza F+. Estas últimas poblaciones, en pleno proceso de expansión, son capaces de superar el gen OrDeb2, pero no el gen Or7, por lo que no pueden considerarse raza G, de ahí que las hayamos denominado F+. También se ha detectado recientemente en Cuenca la presencia de una raza G en fases iniciales, similar a la observada anteriormente en el Valle del Guadalquivir. En Castilla y León, la situación actual parece más estable, con presencia principalmente de razas E y F.

Tabla 1. Año en el que se describe por primera vez el jopo del girasol en los principales países donde está presente actualmente...
Tabla 1. Año en el que se describe por primera vez el jopo del girasol en los principales países donde está presente actualmente. En el caso de España, se indican además las tres principales regiones productoras de girasol.

Para entender esta evolución del jopo en España, es importante conocer cómo surgen las nuevas razas. Un primer mecanismo es la mutación, es decir, cambios espontáneos en el ADN del jopo que le permiten evitar los mecanismos de defensa del girasol. Aunque estos cambios son poco frecuentes, el enorme número de semillas producidas por cada planta de jopo, junto con la gran cantidad de plantas de jopo presentes en campos infestados, aumenta considerablemente la probabilidad de que estas mutaciones ocurran. La evolución de la virulencia a través de mutaciones puntuales creemos que ha sido la responsable de la aparición de la raza F en el Valle del Guadalquivir y de la raza F+ en Cuenca.

Un segundo mecanismo de evolución racial es la recombinación genética. Cuando individuos con distintos genes de virulencia se cruzan, pueden aparecer descendientes capaces de superar resistencias que ninguno de los parentales podía superar por separado. Esto es lo que creemos que ocurrió en la aparición de la raza G en el Valle del Guadalquivir. Sabemos desde hace años que las poblaciones de raza F de Cuenca y del Valle del Guadalquivir son genéticamente diferentes y que presentan diferencias a nivel de genes de virulencia. En estudios previos, detectamos la presencia de individuos procedentes de Cuenca en poblaciones del Valle del Guadalquivir, probablemente introducidos de forma accidental (a través de maquinaria agrícola, de semillas de girasol contaminadas, etc.).

Posteriormente, comprobamos que estos individuos introducidos desde Cuenca se cruzaban con los individuos de las poblaciones locales, dando lugar a poblaciones con mayor virulencia, capaces de superar el gen Or7. Este mismo proceso parece estar ocurriendo actualmente en Cuenca, donde la introducción de poblaciones del Valle del Guadalquivir podría favorecer del mismo modo la aparición de una nueva raza G más agresiva que la F actualmente predominante en la región.

Riesgos y perspectivas futuras

No es fácil saber si la dispersión del jopo a largas distancias ha aumentado en los últimos años o si simplemente ahora se detecta mejor gracias a un mayor número de prospecciones. En cualquier caso, la reciente detección y expansión de jopo en Bolivia ha encendido todas las alarmas. Hasta ese momento, el continente americano se consideraba libre de jopo de girasol. Las barreras oceánicas parecían suficiente obstáculo para impedir su llegada al continente, algo que se demostró incierto al detectarse el parásito en la provincia de Santa Cruz en Bolivia en 2023.

El caso de Argentina es ahora especialmente preocupante. Como cuarto productor mundial de girasol, solo por detrás de Ucrania, Rusia y la Unión Europea, la presencia del jopo en un país vecino ha encendido todas las alarmas. Además, al ser una zona históricamente libre de jopo, sus híbridos no incorporan genes de resistencia frente al parásito. Las autoridades fitosanitarias del país, y en general todo el sector, se encuentran actualmente en estado de máxima alerta. Pero el riesgo actual no se limita a Argentina. Si, como ya se ha demostrado, la recombinación genética puede generar nuevas razas, la introducción de poblaciones genéticamente distantes procedentes de otras regiones, como puede ser el Este de Europa, podría favorecer la aparición de jopos más agresivos también en nuestras zonas de cultivo mediante procesos de recombinación.

Frente a la reciente aparición de nuevas razas de jopo en nuestro país y las potenciales amenazas futuras, la solución pasa necesariamente por más investigación. Una investigación que debe caracterizar bien los grupos de virulencia existentes a nivel mundial, e identificar y caracterizar nuevas fuentes de resistencia genética al jopo. La situación actual en España es preocupante pero no alarmante. Nuestra investigación ha permitido identificar dos genes de resistencia en especies silvestres de girasol, OrDeb2 y OrAnom1, que ofrecen resistencia frente a todas las poblaciones conocidas de razas F y G. Por otro lado, el gen Or7, el más empleado hasta la fecha a nivel comercial, ofrece resistencia a poblaciones de raza F y también a las poblaciones de raza F+ identificadas en Cuenca. Con estos genes de resistencia actualmente disponibles, no prevemos cambios significativos en el corto y medio plazo.

Para un plazo mayor, estamos convencidos de que la investigación que desarrollamos los organismos públicos como el CSIC, así como la que llevan a cabo las empresas de semillas, arrojará nuevos conocimientos científicos y nuevo material vegetal que no solo permitirán mantener a raya la amenaza del jopo del girasol, sino también mejorar la sostenibilidad del cultivo. Un cultivo imprescindible para nuestras rotaciones de secano, tanto por su valor agronómico como medioambiental.

Frente a la reciente aparición de nuevas razas de jopo en nuestro país y las potenciales amenazas futuras, la solución pasa necesariamente por más investigación

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