Entrevista a Antonella Pizzolante, global marketing manager Agriculture Biopolymers en BASF
La creciente presión regulatoria, la demanda social de soluciones más sostenibles y la necesidad de reducir la presencia de microplásticos están impulsando el desarrollo de nuevos materiales en la industria del plástico. En este contexto, los biopolímeros y, especialmente, los materiales biodegradables-compostables ganan protagonismo como alternativas para aplicaciones donde el reciclaje resulta complejo o inviable. En el marco del Seminario Internacional de Biopolímeros y Composites Sostenibles organizado por Aimplas, conversamos con Antonella Pizzolante, global marketing manager Agriculture Biopolymers en BASF, sobre la evolución del mercado de los biopolímeros y materiales compostables, su aplicación en agricultura y envases, y el papel que jugarán la regulación europea, la innovación tecnológica y la colaboración en la cadena de valor para impulsar su adopción en los próximos años.
Antonella Pizzolante, Global Marketing Manager Agriculture Biopolymers en BASF.
Antonella, ¿cómo describirías la situación actual del mercado global de biopolímeros y materiales certificados como compostables?
Lo primero que me gustaría remarcar es la confusión que generan las denominaciones biopolímeros, bioplásticos y biodegradables-compostables. La diferencia clave es su fin de vida. En el caso de los materiales de los que estamos hablando es un fin de vida orgánico, con sus certificados correspondientes. Por ello, en España se ha definido una palabra para diferenciarlos: BioCom’s.
El mercado global de biopolímeros y materiales compostables vive actualmente un momento de fuerte dinamismo. La combinación de tres factores —la regulación ambiental, la presión por reducir la generación de microplásticos y la demanda social de las generaciones más jóvenes— está impulsando un crecimiento continuo.
Las empresas más pioneras e innovadoras han desarrollado, en comparación con hace algunos años, aplicaciones escalables y adoptables dentro de la cadena de valor, que ahora debe coordinarse para impulsar el mercado. Hoy observamos una clara transición desde soluciones puramente convencionales hacia materiales que aportan funcionalidad y un mejor comportamiento al final de vida, especialmente en sectores como la agricultura, los envases alimentarios y diversos artículos de consumo.
Aun así, sigue existiendo heterogeneidad en normativas, infraestructuras de compostaje y ritmos de adopción según la región.
En tu opinión, ¿cuáles son las principales diferencias entre el mercado europeo y el mercado ibérico (Portugal y España) en cuanto a la adopción de biopolímeros, tanto para la agricultura como para otras aplicaciones?
Europa Central es, en general, pionera en la adopción de materiales compostables, especialmente en aquellos países donde existe una infraestructura más desarrollada de recogida orgánica y un marco normativo más consolidado. Un ejemplo destacado es Italia, muy avanzada también en los esquemas de responsabilidad ampliada del productor (EPR), seguida por otros países europeos.
En el mercado ibérico se observan diferencias entre España y Portugal. En España, la sensibilización está creciendo rápidamente debido a la nueva legislación que obliga a la recogida separada de residuos orgánicos mediante bolsas compostables certificadas según la norma EN13432. No obstante, su implementación depende todavía de factores específicos, como las diferencias entre comunidades autónomas en cuanto a la disponibilidad de instalaciones de compostaje industrial.
El sector agrícola, a pesar de estar muy orientado a la productividad, ahora está abriendo camino hacia lo biodegradable y compostable para permitir una mayor conservación de la calidad del suelo en el futuro y aprovechar los restos de cosecha de los invernaderos como materia prima excelente para las plantas de compostaje. Es una inversión conjunta para mantener la productividad en un sector económico estratégico para esta región.
En España, el uso de acolchados biodegradables, clips, cintas tutoras y rafias compostables —como las aplicaciones desarrolladas con ecovio®— está ganando interés por su eficiencia, su valor agronómico y su capacidad para reducir residuos plásticos.
En el contexto europeo, ¿cómo ha evolucionado la normativa y el marco político sobre materiales compostables y biodegradables, y qué impacto tendrá esto en las decisiones de los fabricantes y agricultores?
En el contexto europeo y, en particular, en el ámbito agrícola, es importante destacar que la Unión Europea incorporó ciertos productos biodegradables en suelo en el Reglamento sobre Productos Fertilizantes (FPR) 1009/2019. Esto incluye films de acolchado biodegradable en suelo, agentes de recubrimiento y polímeros de retención de agua, ahora clasificados en la Categoría de Material Componente (CMC) 9 “Otros polímeros”.
BASF, con ecovio®, se alinea con la normativa que define los criterios de biodegradabilidad para ser considerados como enmiendas orgánicas que contribuyen a mantener las propiedades químicas del suelo. El acolchado ecovio® no genera microplásticos persistentes. Esto es muy importante.
A partir de ahora será necesario trabajar región por región para definir una política agrícola común que permita adoptar estas soluciones como una práctica inteligente.
En general, con la evolución de la normativa europea sobre envases —por ejemplo la PPWR— el potencial de los productos compostables está en consideración elevado y mucho dependerá de cómo los Estados miembros implementen lo previsto en el reglamento sobre envases. Dicho reglamento permitirá mantener en el mercado ciertos envases solo si se prevé que sean compostables antes del próximo 12 de agosto.
¿Cuál es el nivel de receptividad de los clientes ibéricos —transformadores, agricultores o técnicos— respecto a los biopolímeros y las soluciones compostables de BASF?
Permítame centrarme en las soluciones biodegradables-compostables. Con materiales como ecovio® de BASF observamos una receptividad claramente positiva entre los clientes ibéricos.
Nuestra experiencia en la región muestra que existen numerosos partners interesados. Los transformadores muestran un interés activo por adaptar sus procesos y formular productos con materiales compostables cuando se requieren soluciones con fin de vida orgánico. Estos socios buscan alternativas competitivas que no comprometan el rendimiento y valoran especialmente el soporte técnico necesario para su implementación.
Además, la fuerte tradición agrícola de la región y su conexión con mercados de exportación impulsan la adopción de soluciones sostenibles. Las cooperativas agrícolas facilitan la difusión de buenas prácticas y de resultados obtenidos en campo.
Desde BASF estamos comprometidos a acompañar al mercado ibérico mediante soporte técnico, ensayos locales y colaboración con centros de investigación para asegurar una transición efectiva hacia soluciones biodegradables-compostables.
BASF cuenta con una consolidada cartera de biopolímeros compostables, como ecoflex® y ecovio®. ¿Cuáles son las características técnicas que distinguen a estos materiales y sus aplicaciones ideales?
ecoflex® y ecovio® son dos soluciones complementarias dentro de la cartera de BASF orientadas a aplicaciones compostables.
ecoflex® es un polímero basado en PBAT (polibutileno adipato-tereftalato), mientras que ecovio® es un blend basado en ecoflex® en formulaciones específicas. Este último está disponible además con materias primas renovables y también mediante atribución por balance de masa certificado (REDcert2 / ISCC PLUS).
Ambos materiales presentan buena flexibilidad, tenacidad y resistencia al impacto, con prestaciones comparables —aunque no idénticas— a las de polímeros convencionales flexibles.
Un aspecto fundamental es su fin de vida: compostable, tanto industrial como doméstico en determinadas formulaciones, y con variantes diseñadas para biodegradación en suelo, por ejemplo en aplicaciones de acolchado.
Entre las aplicaciones ideales destacan bolsas compostables, films y sacos para residuos orgánicos, envases compostables, films agrícolas y productos diseñados para cerrar el ciclo de la fracción orgánica mediante compostaje.
Los biopolímeros suelen confundirse con los materiales compostables. ¿Qué los diferencia y en qué aplicaciones presenta cada uno mayor potencial?
Por ello insistimos en hablar de fin de vida orgánico y de materiales biodegradables-compostables, o BioCom’s, para evitar la confusión con plásticos tradicionales de origen renovable.
No todos los biopolímeros son biodegradables-compostables y no todos los compostables proceden de origen biológico. Los BioCom’s se distinguen fundamentalmente por su fin de vida orgánico, garantizado mediante certificaciones.
La elección del material depende de si se requiere o no ese fin de vida orgánico. Si no se necesita, pueden emplearse materiales tradicionales —de origen renovable o fósil—. En cambio, cuando sí se requiere, los materiales compostables se convierten en la opción adecuada.
En términos de aplicaciones, los compostables presentan gran potencial en aquellos casos donde la recogida de residuos orgánicos y la reducción de residuos dispersos generan un beneficio ambiental claro. Por otro lado, los materiales biodegradables en suelo resultan especialmente adecuados para aplicaciones agrícolas como el acolchado.
Entre biopolímeros y compostables, ¿cuáles tendrán mayor impacto en la agricultura sostenible a corto y medio plazo?
El objetivo de BASF es generar un impacto sostenible en el sector agrícola y evitar problemas de acumulación en agua y suelo.
Por ejemplo, bolsas y envases alimentarios pueden tener un impacto positivo si se integran en sistemas de recogida de residuos orgánicos para la producción de compost. Esto resulta especialmente interesante para envases con alto contenido de restos orgánicos, como café, posos o salsas.
También existen aplicaciones en las que el reciclaje mecánico o químico no es posible, como ocurre en la industria papelera. En estos casos, las soluciones compostables pueden contribuir igualmente a la agricultura mediante la producción de compost.
Las soluciones más adecuadas son aquellas cuya biodegradabilidad en suelo o compostabilidad evita la generación de residuos que no pueden recuperarse.
BASF ha desarrollado numerosas aplicaciones para apoyar a invernaderos, agricultores y supermercados. El siguiente paso consiste en consolidar una cadena de valor y una política común que permita un crecimiento sostenible del mercado ibérico.
¿Puede compartir algunos de los avances más prometedores en materias primas que está explorando BASF?
Uno de los avances más relevantes en BASF es el desarrollo del primer PBAT con un 100% de materia prima renovable atribuida mediante el enfoque certificado de balance de biomasa (BMB).
Se trata de un biopolímero compostable certificado en el que la materia prima procede de biomasa al inicio de la cadena de valor. Estas materias primas renovables provienen de residuos orgánicos y biomasa residual, fomentando el uso de corrientes secundarias en lugar de cultivos dedicados.
La atribución de la materia prima renovable al grado ecoflex® se realiza mediante un enfoque de balance de masa certificado conforme a los esquemas REDcert2 e ISCC PLUS.
En aplicaciones que no requieren un fin de vida orgánico, BASF también ha desarrollado, junto a sus partners, artículos fabricados con materiales 100% reciclados en sectores sensibles como el calzado, el textil, el packaging o la automoción.
¿Existen programas de investigación o colaboraciones con centros europeos o ibéricos en este ámbito?
¿Cuáles son los principales obstáculos que aún limitan la adopción generalizada de estos materiales?
La pregunta clave es qué esperamos de los materiales. Si el objetivo es reducir la acumulación en el suelo, evitar la generación de microplásticos persistentes y aprovechar los restos de cosecha, es necesario adaptarse a las características intrínsecas de los materiales que lo hacen posible y no compararlos con aquellos diseñados para permanecer en el entorno.
Uno de los principales obstáculos sigue siendo la percepción errónea sobre las limitaciones técnicas de los biopolímeros frente a los materiales convencionales, especialmente en aspectos como resistencia mecánica o procesabilidad.
Sin embargo, esta percepción ha evolucionado considerablemente desde los primeros materiales desarrollados hace años. Productos como ecovio® han sido diseñados para sustituir a materiales convencionales con prestaciones comparables, añadiendo además la ventaja de un fin de vida orgánico.
Con ecovio® es posible alcanzar compostaje industrial, compostaje doméstico e incluso biodegradación en suelo.
También persiste cierta falta de información clara para los usuarios finales. En el sector agrícola, no obstante, se observa una comunicación cada vez mayor entre agricultores que comparten resultados positivos en el uso de estos materiales para mantener la calidad del suelo.
¿El pasaporte digital del producto puede ayudar a diferenciar claramente estos materiales en los flujos de fin de vida?
El pasaporte digital del producto reunirá información verificable sobre la composición, el origen de las materias primas, las certificaciones ambientales y las instrucciones de fin de vida de cada material.
Gracias a datos estandarizados e interoperables será posible identificar la biodegradabilidad certificada de los materiales y su tratamiento adecuado en los sistemas de gestión de residuos.
Este nivel de transparencia aumentará la competitividad de los materiales con mejor rendimiento ambiental y ejercerá presión sobre los polímeros fósiles con mayores impactos.
Además, el sistema incentivará el ecodiseño y favorecerá decisiones de compra más responsables por parte de consumidores y distribución. También mejorará la eficiencia del reciclaje y del compostaje al reducir contaminaciones en los flujos de residuos.
En este escenario, las empresas centradas en la circularidad podrían beneficiarse de una mayor visibilidad de sus características diferenciales.
De cara a los próximos cinco o diez años, ¿qué tendencias serán más determinantes para la consolidación de los biopolímeros?
En los próximos cinco o diez años convergerán varias tendencias que favorecerán la consolidación de los biopolímeros en la agricultura y en otras industrias.
El mercado del acolchado biodegradable crecerá aproximadamente un 10% entre 2025 y 2029, impulsado por la innovación, la regulación y la demanda de soluciones con menor impacto ambiental.
La visibilización de los costes reales del reciclaje de plásticos agrícolas, el mayor control sobre la calidad del suelo y las políticas de economía circular en Europa acelerarán la sustitución de materiales convencionales.
En agricultura, los films de acolchado biodegradables, los clips y los tutores compostables permitirán evitar la contaminación plástica y mejorar la eficiencia productiva. Su rendimiento en campo y su conformidad normativa serán factores clave.
Al mismo tiempo, la presión por reducir emisiones y demostrar trazabilidad impulsará materiales compostables certificados como ecovio® en aplicaciones donde el reciclaje mecánico no es viable.
La evolución normativa, una mayor disponibilidad de infraestructuras de compostaje y herramientas como el pasaporte digital del producto facilitarán su adopción. Finalmente, la coordinación de toda la cadena de valor será esencial para permitir un despliegue a gran escala.
¿Qué mensaje le gustaría transmitir a los responsables industriales ibéricos que están considerando integrar estos materiales en sus cadenas de valor?
Los plásticos biodegradables-compostables, o BioCom’s, y su amplio abanico de aplicaciones representan una oportunidad de crecimiento económico en una región tan dinámica como la península ibérica, fuertemente conectada con el mercado internacional a través de las exportaciones.
Los biopolímeros y los materiales biodegradables-compostables no son solo una alternativa sostenible. También representan una oportunidad para diferenciarse, anticiparse a la regulación y aportar valor añadido real.
Con las soluciones adecuadas es posible combinar rendimiento técnico, eficiencia económica y sostenibilidad. La clave reside en adoptar un enfoque colaborativo entre fabricantes, transformadores, marcas, agricultores y gestores de residuos.
Los biopolímeros y materiales biodegradables-compostables representan una oportunidad para diferenciarse, anticiparse a la regulación y aportar valor añadido real a la cadena de valor”



























