Redes protectoras para la vid: la respuesta del proyecto LIFE VinoShield al reto climático
El proyecto LIFE VinoShield, con un presupuesto de 4,1 millones de euros y la participación de siete socios de Bélgica, Francia, Italia y España, está probando en viñedos piloto la eficacia de redes textiles multifuncionales frente a riesgos climáticos como heladas, granizo, exceso de radiación solar o lluvias torrenciales, con el objetivo de reducir daños y garantizar la competitividad del sector vitivinícola europeo.
La Unión Europea es el principal productor, consumidor y exportador de vinos, con tres cuartas partes de las zonas de viñedo situadas en España, Francia e Italia. Los viñedos de estos países se enfrentan a un aumento drástico de la frecuencia e intensidad de heladas primaverales, granizo, exposición solar excesiva y lluvias intensas o torrenciales como consecuencia del cambio climático.
Ante estos riesgos climáticos que afectan al rendimiento y a la calidad de la vid y del vino, los viticultores buscan métodos eficaces para proteger sus cultivos. En este contexto, el proyecto LIFE VinoShield se ha concebido para dar respuesta a estos desafíos, centrándose en la eficacia de las redes textiles protectoras multifuncionales frente a estos problemas.
Mayas desarrolladas y testadas:
SOMBREADO + granizo, enfermedad fúngica.
ENFERMEDAD FÚNGICA + granizo, sombreado, heladas.
GRANIZO + sombreado, enfermedad fúngica.
HELADAS + granizo, lluvia.
Con un presupuesto de 4,1 millones de euros para cuatro años (2024-2028), VINOSHIELD cuenta con la participación de siete socios de Bélgica, Francia, Italia y España, especializados en viticultura, producción textil, física de los fenómenos de transporte de calor y materiales de base biológica.
Todo ellos están probando la aplicación de redes en nueve viñedos, con el objetivo de proteger 16.500 hectáreas hasta 2032, reducir los daños en los cultivos del 30 al 5% y beneficiar a 2.750 viticultores en toda Europa. El proyecto también persigue garantizar la adopción de estas redes en el mercado y su reciclaje al final de su vida útil.
El problema: el cambio climático
El aumento de las temperaturas, la sequía, las lluvias intensas, las granizadas y las heladas primaverales se están intensificando, alterando el delicado equilibrio de los terroirs y los climas que definen la calidad del vino. Estas condiciones están agravando la vulnerabilidad de los viñedos, lo que provoca una reducción de los rendimientos, quemaduras en las cepas y un aumento de la mortalidad. A largo plazo, los efectos incluyen una disminución de la calidad y el sabor de la uva, un incremento de los costes de tratamiento debido a la mayor incidencia de enfermedades y un desplazamiento geográfico de las zonas de cultivo.
Como consecuencia, los vinos presentan mayores niveles de alcohol, menor complejidad aromática y una reducción de la acidez, lo que altera sus perfiles característicos. Esta combinación de presiones ambientales y económicas subraya la urgencia de abordar el impacto del cambio climático en una de las industrias agrícolas más emblemáticas de Europa.
Una posible solución: uso de redes
El consorcio ha desarrollado cuatro tipos de redes especializadas, cada una dirigida a un riesgo climático concreto —granizo, exceso de sol, enfermedades fúngicas y heladas—, que además ofrecen una eficacia relativa frente a otras amenazas. Estas redes no requieren energía, productos químicos, gas ni agua durante su uso y permiten mantener el intercambio de aire, especialmente en el caso de las redes de sombreo.
Su adaptabilidad se ve reforzada gracias a niveles de sombreo ajustables y a una funcionalización exclusiva con tiras de plástico y materiales no tejidos, que incluye una red única diseñada específicamente para combatir las enfermedades fúngicas provocadas por la lluvia.
La solución se está demostrando mediante ensayos en viñedos de varias regiones europeas, con el objetivo de mejorar las redes de protección y garantizar prácticas vitícolas sostenibles. Asimismo, se busca evaluar el impacto de esta solución en la elaboración del vino.
Tras una primera fase invernal centrada en las heladas primaverales, los investigadores dotaron en junio a todos los viñedos piloto —situados en Francia, España e Italia— de redes de protección adaptadas a los desafíos climáticos del verano, lo que permite:
- Reducir el estrés hídrico mediante soluciones de sombreo.
- Proteger las cepas frente a las granizadas.
- Proteger las viñas de la lluvia para limitar el desarrollo de enfermedades.
Con distintos socios en cada país, durante el verano se ha hecho el seguimiento de la fisiología, fenología, estado sanitario y daños de las vides. Este monitoreo se ha complementado con la instalación de sensores de temperatura y humedad con el fin de seguir de manera continua las condiciones microclimáticas bajo las redes.






















