Pese a la importancia de estos cultivos y el conocimiento que de ellos tienen nuestros agricultores, no están exentos de la amenaza que supone la posible aparición de nuevos problemas
Plagas emergentes, nuevas o, simplemente, menos conocidas, en el cultivo de cereales de invierno en Castilla y León
Constantino Caminero Saldaña, Mercedes Fernández Villán, María Rosario González Barbero, Rodrigo Barragán Gutiérrez, Francisco Jesús Ciudad Bautista y María Carmen García Ariza
Observatorio de plagas y enfermedades agrícolas. Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACyL)
19/06/2025
Las plagas y enfermedades en los cultivos pueden llegar a suponer importantes trastornos comprometiendo las producciones agrícolas, con el consiguiente impacto en el tejido agroalimentario. Trastornos que, en definitiva, no se limitan a los agricultores en cuanto a la rentabilidad de sus explotaciones, sino que afectan a toda la sociedad, al incidir en los pilares productivos que la sustentan (no crop, no food).
Por ello, la lucha integrada contra las plagas supone uno de los grandes retos a los que se enfrentan nuestros profesionales del sector agrícola. Reto que han de afrontar conjugando adecuadamente la gestión de los factores de manejo en un marco de equilibrio entre productividad, rentabilidad, sostenibilidad ambiental y seguridad alimentaria y sanitaria. Esta tarea, ya compleja per se, lo es aún más por el escenario de incertidumbre y cambios potenciales que provocan factores como, por citar algunos ejemplos, la globalización de mercados, el cambio climático o las normativas que restringen algunos de los medios de lucha que se venían empleando.
Este escenario predispone a posibles variaciones en el espectro patogénico al que podíamos estar acostumbrados, incluyendo el enfrentarnos a nuevos problemas (al menos para nosotros, en nuestras zonas). Estos nuevos problemas son lo que consideramos como plagas 'emergentes'. El concepto de 'emergente' puede incluir diversas casuísticas, como la de organismos fitopatógenos de nueva descripción, la de patógenos ya conocidos pero que incrementan su rango geográfico de incidencia, o la de organismos presentes en una zona con un estatus menor en cuanto a consideración como plaga, sin apenas repercusión, que pasan a una consideración primaria.
En cualquier caso, en este artículo nos moveremos en el concepto de 'emergente' en cuanto a 'novedad' para el afectado. Especialmente cuando esa novedad se traduzca en un desconocimiento que pueda implicar el no percatarse siquiera del problema, o el atribuir sus consecuencias a otros agentes causales… En ocasiones, el gran hándicap de esas plagas emergentes no es el daño potencial que puedan ocasionar, que también, sino que ese desconocimiento dificulta su detección y puede favorecer su difusión y establecimiento, hasta que ya sea demasiado tarde.
Y pondremos algunos ejemplos para el caso de Castilla y León, 'el granero de España', donde se siembran y producen algo más de la tercera parte de los cereales de invierno nacionales (considerando trigo, cebada, avena, centeno y triticale). En nuestra comunidad autónoma, los cereales de invierno constituyen el grupo de cultivos mayoritario, ocupando cerca del 70% de las siembras en secano y algo más del 40% de nuestros regadíos.
Con estas cifras, los cereales de invierno no sólo constituyen para Castilla y León un grupo de cultivos estratégico, sino, también, la base productiva de la inmensa mayoría de nuestras explotaciones agrarias. Pero, pese a la importancia de estos cultivos y el conocimiento que de ellos tienen nuestros agricultores, no están exentos de la amenaza que supone la posible aparición de nuevos problemas (nuevos, al menos, para nuestros agricultores).
Anguina
El primer ejemplo no es nada nuevo en el sentido más estricto, pues su primer conocimiento data de 1743, cuando el Reverendo T. Needham, en carta remitida a la Royal Society de Londres, informaba que “para mi gran estupor, observé como surgía la vida en forma de diminutas anguilas al mojar granos atizonados de trigo”. Aquellas pequeñas anguilas, bautizadas para la ciencia posteriormente como Anguina tritici Steinbuch, 1799 (Chitwood, 1935), fueron el primer nematodo fitopatógeno descrito, siendo varios los nombres vernáculos con los que se ha conocido en castellano: nematodo de la espiga, nematodo de las agallas de la semilla del trigo, falso tizón del trigo o, simplemente, anguina.
Históricamente se describió al trigo como su huésped principal, con algunas citas puntuales en otros cereales. En el caso de España, en un pasado más bien remoto la anguina ocasionó daños en los trigos, pero desde 1947 pasó a considerarse una plaga menor en este cultivo, muy esporádica, sin apenas repercusión y erradicada prácticamente por los simples procesos de selección de semilla. Sin embargo, en el año 2000 en Aragón, y más tarde en Navarra y Cataluña, en el entorno del Valle del Ebro, comenzaron a detectarse situaciones de granos vanos en cebadas, en los que se identificó la presencia de agallas producidas por anguina. Sólo ocurría en cebadas, no en trigos, por lo que, en su momento, se postuló que pudiera tratarse de una nueva especie, subespecie o patotipo de anguina.
En Castilla y León, fue en 2021 cuando se recibió un aviso en el Observatorio de plagas y enfermedades agrícolas de CyL, en el que agricultores de la zona de Tordehumos (Valladolid) relataban un problema que venían observando, y se iba extendiendo en los últimos años, de semillas vanas en cebada. Identificamos presencia de anguina asociada a esos granos vanos, emitiéndose un aviso y recomendaciones y se organizaron jornadas informativas para los agricultores de las zonas afectadas. Los análisis por PCR identificaron a Anguina tritici como el agente causal, descartándose que pudiera ser alguna especie nueva de anguina, sino que se trataba de un biotipo que habría evolucionado hacia una especificidad en cebada. Desde entonces, se han detectado otros dos nuevos focos, concretamente en las zonas de Fuentes de Nava y de Fuentes de Valdepero, ambos en la provincia de Palencia, repitiéndose el proceso de emisión de avisos, recomendaciones y organización de jornadas en las zonas afectadas. No se puede descartar la presencia de nuevos focos, por lo que la anguina ha sido incluida en los programas de monitorización de plagas y enfermedades en cereales de invierno que se desarrollan por la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural de la Junta de Castilla y León.
Pero, ¿qué es la anguina? ¿Qué es lo que hace? ¿Cuáles son sus daños? Anguina es un nematodo de la familia Anguinidae, cuyos adultos son fusiformes, alargados, de entre 2-5 mm de longitud, lisos y blanquecinos, prácticamente transparentes. Las larvas, que pasan por dos estados juveniles, son similares, pero de menor tamaño (apenas 1 mm de longitud). En su ciclo, presentan una generación anual. El daño lo producen al atacar las flores del cereal. En concreto, cuando llega la floración, las larvas penetran en los primordios florales, donde estimulan el desarrollo de agallas (normalmente una, ocasionalmente dos) en sustitución del grano, afectando a parte o a todas las flores de la espiga.
Estas agallas son estructuras dentro de las cuales los nematodos se protegen y completan su ciclo. En el inicio, en el interior de cada agalla hay unos pocos individuos juveniles, apenas unas decenas, pero allí maduran, se transforman en adultos y se reproducen. Considerando que cada hembra puede llegar a poner hasta 2.000 huevos, el resultado será que dentro de cada agalla nacerán miles, incluso decenas de miles, de nuevas larvas.
Las agallas, verdosas al principio, se desecan y viran a marrón oscuro durante la maduración. En la cebada las agallas se desarrollan ocultas bajo las glumas. Sólo al separar las glumas serán visibles. Son más pequeñas que el grano de cebada, ovaladas, alargadas (3-5 mm de longitud) y terminadas en punta (a veces doble). Dentro de ellas, los juveniles entran en un estado de anhidrobiosis, reduciendo su contenido en agua hasta apenas el 5%. En ese estado las agallas pueden permanecer latentes durante varios años, hasta que se den condiciones de humedad apropiadas para la reactivación de los nematodos.
En la lucha contra anguina no existen en la actualidad nematicidas registrados que puedan controlarla. Por tanto, la gestión integrada pasa por una serie de medidas preventivas y culturales definidas en función del conocimiento del ciclo de la plaga y del cultivo. Dentro de estas medidas se debe contemplar, en primer lugar, la vigilancia y, caso de detectarse, evitar su difusión y conocer lo que hacer una vez una parcela ha sido infectada.
Una de las claves en la vigilancia radica en que, en el caso de la cebada, las agallas están ocultas por las glumas, no son visibles. La presencia de espigas erectas y granos vanos puede asociarse a otras muchas causas, por lo que si no se profundiza en dichas causas, en este caso separando las glumas en busca de las agallas, podemos estar ignorando el problema, incluso atribuirlo a otras causas (heladas, asurados, problemas vasculares, …), lo que puede haber sido el motivo de su no detección en los inicios en los focos actuales y que en ellos la plaga se haya extendido con los años.
En cuanto a las medidas para evitar su difusión, la primera es evidente: no utilizar nunca para siembra semilla procedente de una parcela infectada, o sospechosa de haberlo estado. En cualquier caso, asegurarse de que la semilla de siembra haya pasado por un proceso de selección y limpieza adecuado. Por otra parte, especialmente desde el momento de llenado del grano y antes de la cosecha, se deberá revisar cuidadosamente todas las parcelas, identificando aquellas que pudieran tener el problema. En el orden de cosecha, dejar para el final las parcelas donde se haya detectado, debiéndose limpiar cuidadosamente la maquinaria y aperos después de haber trabajado en una parcela infectada (cosechadora, empacadora, remolque, …).
Sobre las medidas a considerar en parcelas ya infectadas, pese al potencial de latencia de las agallas cuando están secas, se debe ser consciente que se activarán con la humedad, lo cual ocurre con las precipitaciones. Una vez los nematodos estén activos y salgan de las agallas, se trasladarán en busca de plantas huésped, en las que permanecerán de forma ectoparásita hasta que, en el momento de la floración, se desplacen a los primordios florales. Si no encuentran esas plantas huésped, los nematodos morirán.
En consecuencia, la medida básica a tener en cuenta es la rotación con cultivos no huésped, evitando el monocultivo de cereal: en parcelas donde se haya detectado anguina, en la siguiente campaña sembrar un cultivo de hoja ancha (o dejar en barbecho), eliminando previo a su siembra el ricio y rebrotes de cereal mediante labor mecánica o herbicida y controlando en postemergencia las posibles gramíneas adventicias que pudieran aparecer. En el segundo año, siempre que sea viable, es recomendable seguir sin cereal, evitando en cualquier caso sembrar cebada.
Mosca frit, mosquita de los cereales u oscinella (Oscinella frit L.)
La segunda de las plagas a considerar es la mosca frit, mosquita de los cereales u oscinella (Oscinella frit L.), que fue detectada por primera vez en Castilla y León en 2011, habiéndose constatado ya en 2018 su presencia en prácticamente todas las comarcas cerealistas de la comunidad autónoma.
Se trata de un insecto díptero, de la familia Chloropidae, cuyo adulto es una mosca muy pequeña (1,5-2 mm) de tórax negro, tibias amarillentas y abdomen de color variable, de amarillo a oscuro, con alas transparentes nerviadas y superpuestas en reposo. Son capaces de volar a grandes distancias, incluso hasta los 30 km diarios, precisando de al menos 14ºC para el vuelo sostenido de los adultos y la oviposición. Las larvas (2-4 mm), son ápodas y de color amarillento, presentando tres estados larvarios y siendo las causantes de los daños.
Imagen 3. Adultos de Oscinella, unas moscas diminutas no fácilmente observables.
La primera generación puede aparecer entre marzo y abril, realizando la puesta en los tallos jóvenes y tiernos de gramíneas. Al emerger las larvas, pueden causar daños directos sobre los meristemos, afectando a uno o varios tallos. La sintomatología externa se asocia a la observación de algunas hojas amarillentas en la macolla, que llegan a secar. Al tirar de ellas se desprenden con facilidad. El momento más susceptible al ataque de esta generación es cuando el cereal tiene menos de tres hojas completamente expandidas, momento en el cual puede provocar, incluso, la muerte de la planta. A partir del estado de cinco o seis hojas, si bien puede ocasionar alguna pérdida de tallos, las plantas lo suelen compensar con el desarrollo de otros nuevos. En Castilla y León, las fechas de siembra otoñales motivan que los cereales suelan estar más avanzados de estos estados cuando puede aparecer esta primera generación, por lo que no hemos detectado una incidencia significativa de ella en estos años.
El mayor problema con esta plaga está relacionado con la segunda generación, en la que los adultos realizan las puestas en las glumas del grano a partir del espigado. Tras la eclosión de los huevos, las larvas se desarrollan y alimentan del grano en formación, pupando finalmente en su interior. Al salir los adultos, los granos quedarán vanos. En muchos casos la sintomatología externa de la acción de las larvas es inapreciable, siendo tan sólo evidente cuando se observan los granos vanos a finales de ciclo, siendo confundible, como ocurría cuando nos referíamos a la anguina, con otros estreses que ocasionen semillas vanas. En el caso de oscinella, al abrir las glumas observaremos los daños en el grano con presencia de restos, excrementos y puparios. En Castilla y León, por el momento, sólo se han observado daños significativos por esta generación en el caso de la cebada.
En cuanto a la gestión integrada, la vigilancia de oscinella debe orientarse a la detección de los vuelos de los adultos antes de las puestas. Al ser los adultos muy pequeños, pueden pasar fácilmente desapercibidos si no se realiza una visualización cuidadosa y detallada, por lo que es recomendable apoyarse en trampas engomadas cromotrópicas o en el uso de una manga entomológica. Siendo la más problemática la segunda generación, los mayores esfuerzos deben realizarse a partir de la proximidad del espigado.
Como medidas preventivas orientadas a la primera generación, lo principal es evitar las siembras primaverales, o cuanto menos adelantarlas, o usar variedades de emergencia y desarrollo rápido. Con ello se favorecerá que el cultivo esté más desarrollado en caso de ataque de esa primera generación. Para la segunda generación no hay definidas medidas preventivas claras, por lo que la lucha, caso de ser necesaria, pasa por el uso de fitosanitarios.
Respecto a dicho uso, en el caso de la primera generación serán recomendables los tratamientos cuando se detecte vuelo de adultos en cualquier momento hasta el estado de desarrollo de cuatro hojas. Para la segunda generación será recomendable el tratamiento cuando se detecten los adultos entre los periodos de inicio de espigado y la formación del grano. Considerando que el periodo entre la llegada de adultos y el inicio de las puestas es relativamente corto (3-9 días), no se debe demorar el tratamiento desde su detección.
Mosquito del cereal (Mayetiola spp.)
La tercera y última plaga a la que nos referiremos es el mosquito del cereal (Mayetiola spp.). Si bien es relativamente habitual en otras comunidades autónomas y sus agricultores están familiarizados con su presencia y manejo, en el caso de Castilla y León no se habían registrado antecedentes significativos en, al menos, la última década. Sin embargo, en la campaña actual, durante el otoño-invierno de 2024 se ha detectado su presencia e incidencia en algunas parcelas del sur de la comunidad. Por el momento se ha observado en trigos, triticales y centenos, si bien no puede descartarse su aparición en otros cereales.
El género Mayetiola, dípteros de la familia Cecidomyiidae, incluye varias especies de mosquitos que afectan a las gramíneas, de las que M. destructor es la más habitualmente descrita y la que parece estar asociada a las detecciones en Castilla y León. Su adulto, de 3-4 mm, es gris oscuro, con los laterales del tórax más claros y bandas rojizas en el abdomen, de patas largas y alas grisáceas transparentes con pequeños flecos o pilosidad en los bordes. Cada hembra puede poner 200-600 huevos, distribuidos en varias plantas, normalmente en el haz de las hojas siguiendo la nervadura, siendo los huevos alargados, pequeños (0,6 mm), lisos y anaranjados.
En cuanto a las larvas, las causantes de los daños, miden entre 0,5 y 4 mm de longitud, dependiendo grado de desarrollo. Pasan por tres estados larvarios: en el primero las larvas son móviles, mientras que en los otros dos son inmóviles; las de primer y segundo estadío ocasionan los daños, correspondiendo el tercero a una fase de prepupa en que no se alimenta. Rojizas al nacer, tornan a blanquecinas y traslúcidas, oscureciéndose antes de pupar. Las pupas, estado en que se visualiza mejor su presencia, son alargadas (4 mm), de color tabaco y con los extremos en pico, encontrándose en la base de la planta, ocultas en la corona por debajo de la tierra y entre los verticilos de la hoja en la macolla.
También tiene dos generaciones que pueden solapar con el ciclo de los cereales de invierno. En este caso, la primera durante el ciclo del cereal puede aparecer en otoño (realmente es la última del año en el ciclo del mosquito). Tras invernar como pupa, los adultos de la segunda generación suelen aparecer en la primavera.
Tras eclosionar el huevo, la larva migra hacia la corona, fijándose allí, cerca del nudo y oculta por la vaina, donde se alimenta durante 2-8 semanas. En consecuencia, los daños suelen ser mayores en la primera generación, al asociarse a plantas en menor grado de desarrollo. De hecho, un ataque temprano puede llegar a matar las plantas. A medida que las plantas se desarrollan, la influencia de los ataques suele tener menor repercusión.
Sobre la sintomatología, al inicio se expresa por rodales amarillentos desde la punta de las hojas, con macollas oscuras o azuladas de hojas cortas y erectas e hijuelos poco vigorosos o secos. A medida que el cultivo crece, puede producirse encamado y presencia de tallos rotos. Si las plantas atacadas llegan a espigar, aparecerán espigas malformadas y espigas blancas.
Los adultos son de vida muy corta, difícilmente detectables. En cuanto a las larvas y pupas, al estar ocultas suelen pasar desapercibidas en una mera apreciación visual. Por tanto, y considerando que la sintomatología recién descrita puede atribuirse a otros agentes, nos encontramos con otro caso que puede conllevar a confusión o atribución errónea de sus causas.
Así, en el caso del mosquito del trigo, ante la detección de plantas sintomáticas (amarillas, débiles, …) en otoño y primavera, se deberá proceder a una inspección más detallada, pudiendo observarse, en ocasiones, abultamientos en la base de las cañas, pero, en cualquier caso, examinando cuidadosamente la parte baja de las plantas, desde la corona, retirando las vainas de las hojas bajo las cuales se ocultan las larvas y pupas. Esta vigilancia tiene como periodo crítico desde la nascencia al encañado, siendo los momentos de mayor vulnerabilidad aquellos en los que aún no se ha iniciado el ahijado.
En cuanto a tratamientos fitosanitarios, una vez realizadas las puestas y las larvas han descendido a la corona resulta ineficaz el tratamiento con los productos actuales. Lo adecuado sería la aplicación a partir de la detección de los adultos y antes de que las larvas penetren en la macolla. Sin embargo, al ser los adultos difícilmente detectables, en muchas ocasiones la solución pasa por la aplicación de las medidas preventivas y culturales anteriormente mencionadas en las parcelas donde se haya detectado presencia de larvas y/o pupas. En cualquier caso, si se observa un ataque temprano, puede resultar de interés una fertilización nitrogenada que estimule el ahijado para compensar en parte los daños.
Con este artículo, desde el Observatorio de plagas y enfermedades agrícolas de Castilla y León, esperamos haber contribuido en la transferencia del conocimiento sobre algunos de los problemas fitosanitarios que afectan al cultivo de cereales de invierno y que pueden ser, quizá, más desconocidos, al menos en el caso de nuestra comunidad autónoma. Invitamos al lector a que nos conozca un poco más, visitando nuestra plataforma web: https://plagas.itacyl.es
En ocasiones, el gran hándicap de las plagas emergentes no es el daño potencial que puedan ocasionar, que también, sino que ese desconocimiento dificulta su detección y puede favorecer su difusión y establecimiento, hasta que ya sea demasiado tarde



















