La industria busca su nueva frontera de productividad
La productividad vuelve a ocupar un lugar central en la agenda industrial. La incertidumbre geopolítica, la aceleración tecnológica y la evolución de los mercados globales están llevando a las empresas a revisar cómo trabajan, cómo invierten, cómo organizan sus recursos y cómo generan valor. Estos fueron algunos de los ejes abordados durante la 13ª edición del Fórum amec.
Más de 300 directivos industriales participaron en la 13.ª edición del Fórum amec.
El encuentro reunió a más de 300 directivos industriales en la sede del IESE en una jornada que abordó la productividad desde la realidad diaria de las empresas: sus procesos, inversiones, equipos, capacidad innovadora y modelos organizativos.
La apertura corrió a cargo de Alejandro Gallego, director del área de servicios de amec, quien introdujo el debate con una mirada histórica sobre la evolución del concepto de productividad y las diferentes revoluciones que han transformado la industria. Desde la organización científica del trabajo hasta la producción en serie y los sistemas de mejora continua, la capacidad de avanzar ha estado ligada a cuestionar la forma establecida de hacer las cosas.
La reflexión inicial dejó una de las ideas que marcarían la jornada: las grandes mejoras no han nacido únicamente de la incorporación de nuevas máquinas, sino de cambios en la forma de trabajar, organizarse y tomar decisiones. La búsqueda de eficiencia ya no se limita a la fábrica, sino que alcanza también la estrategia y la gestión empresarial.
Alejandro Gallego, director del área de servicios de amec, abrió la jornada con una reflexión sobre la evolución histórica de la productividad.
Productividad que sí depende de las empresas
Durante la bienvenida institucional, Pere Relats, presidente de amec, explicó que la elección de la productividad como eje central del Fórum surgió de una reflexión compartida dentro de la organización. Aunque las compañías industriales operan en un entorno marcado por numerosos factores externos, existen ámbitos donde sí tienen capacidad directa de actuación.
“Hay muchas cosas que no podemos controlar. Pero hay una que sí depende de nosotros: nuestra capacidad de ser mejores, de hacer las cosas de forma más eficiente y de generar más valor con los recursos de los que disponemos”, afirmó.
Relats explicó que el objetivo no era abordar la productividad de manera genérica, sino hacerlo desde la perspectiva de la empresa industrial: cómo innovar, cómo organizar mejor los procesos, cómo incorporar tecnología o cómo desarrollar el talento.
Bajo el lema ‘La palanca de la productividad’, el Fórum quiso aportar ideas y herramientas aplicables a las organizaciones, recordando también el papel fundamental de la industria como generadora de progreso. “No hay productividad sin industria, y el progreso y el bienestar de los que hoy disfrutamos son fruto del camino que la industria ha recorrido hasta aquí”, subrayó.
Óscar García y Enrique Couto, de VisualEconomik, analizaron en un podcast en directo la evolución de la productividad industrial desde una perspectiva económica.
Una radiografía de la productividad industrial
El primer bloque de contenidos llegó de la mano de Óscar García y Enrique Couto, de VisualEconomik, quienes realizaron una grabación de podcast en directo para analizar la evolución de la productividad desde una perspectiva económica.
Ambos recordaron que el crecimiento económico sostenido experimentado durante los últimos 200 años constituye una excepción histórica y no una realidad garantizada. Mantener esta evolución requiere reforzar los factores que la han hecho posible: inversión, innovación, iniciativa empresarial y mejora continua.
Uno de los puntos analizados fue la inversión. Según señalaron, la brecha de productividad no responde únicamente a cuánto se invierte, sino también a dónde se dirige esa inversión. En una economía cada vez más basada en conocimiento, adquieren mayor relevancia los activos intangibles, como software, diseño industrial, patentes, organización y capacidades digitales.
García y Couto también abordaron la disponibilidad de talento especializado, la adaptación entre formación y necesidades reales de las empresas y la influencia del tamaño empresarial en la capacidad de invertir, innovar y competir.
Esteban Bretcha, CEO de Simon, y Albert Magrans, CEO de Roca Group, compartieron la visión de dos empresas centenarias que han sabido reinventarse para seguir mejorando su productividad y competitividad.
Empresas centenarias ante una nueva revolución industrial
Esta edición del Fórum contó con la participación de dos compañías que han acompañado más de un siglo de evolución industrial: Simon y Roca, que compartieron cómo han conseguido adaptarse a diferentes transformaciones tecnológicas, económicas y sociales manteniendo su actividad industrial.
Esteban Bretcha, CEO de Simon, explicó que la productividad ya no puede entenderse únicamente como fabricar más o automatizar procesos. “Una de las cosas fundamentales para mantener la productividad es constantemente poner en crisis tu propio modelo de negocio, tu propio producto”, afirmó. Tomando como ejemplo la evolución del interruptor, convertido hoy en un dispositivo conectado gracias al IoT, Bretcha defendió una visión basada en la simplificación de la organización, la racionalización de plataformas de producto, la reducción de tiempos de proceso y el uso de la inteligencia artificial como herramienta para facilitar el trabajo de los equipos. También subrayó que competir no consiste solo en reducir costes, sino en incrementar el valor percibido por el cliente.
Por su parte, Albert Magrans, CEO de Roca Group, abrió su intervención recordando la reflexión del premio Nobel Paul Krugman: “La productividad no lo es todo, pero a largo plazo es casi todo”. A partir de ahí repasó la evolución de una compañía fundada en 1917 que ha reinventado su actividad hasta centrarse en soluciones para el espacio de baño.
Magrans defendió la necesidad de simplificar organizaciones cada vez más complejas y de mantener la capacidad de adaptación ante retos como la competencia internacional, la inteligencia artificial o la geopolítica.
Con una estrategia que se apoya en seis pilares —crecimiento, excelencia operacional, innovación, digitalización, sostenibilidad y gestión del talento– el CEO de Roca hizo hincapié en la evolución de la compañía desde una visión centrada en producto hacia ecosistemas completos de soluciones y servicios alrededor del baño, así como en las oportunidades que abre la industrialización de la construcción mediante soluciones como baños industrializados.
José Agustín Cruelles, fundador del Instituto de la Productividad Industrial, analizó las cinco palancas que determinan la productividad de las empresas industriales.
Las cinco palancas de la productividad
Tras el diagnóstico económico y la experiencia de Simon y Roca, José Agustín Cruelles, fundador del Instituto de la Productividad Industrial, abordó qué aspectos pueden modificar las empresas desde dentro de sus propias organizaciones.
Su ponencia partió de una reflexión: una parte importante del margen de mejora no se encuentra únicamente en nuevas máquinas o tecnologías, sino en la forma en la que las compañías trabajan, se coordinan y toman decisiones.
“La tecnología nunca ha aportado productividad si no viene respaldada por un buen proceso”, señaló.
Cruelles explicó que la productividad y la calidad se materializan en el puesto de trabajo, pero empiezan mucho antes, cuando una empresa decide qué vender, cómo hacerlo y a qué clientes dirigirse. Las interrupciones, la falta de información, los cambios constantes o una mala coordinación pueden reducir la capacidad real de una organización, aunque disponga de los mismos recursos.
La primera de las cinco palancas identificadas fue la estrategia: decidir dónde competir, conocer los costes reales y concentrar los esfuerzos en aquello que genera valor. Cruelles recordó que la complejidad no tiene por qué ser negativa siempre que responda a una decisión consciente y esté correctamente gestionada. “La complejidad no es un problema si la cobras”, afirmó.
La segunda palanca fue la cadena de valor. No todos los productos, clientes o mercados requieren la misma respuesta, por lo que la organización industrial debe adaptarse a diferentes necesidades de producción, suministro y servicio.
La tercera fue la tecnología aplicada a las operaciones. Frente a la idea de digitalizar por digitalizar, defendió que cualquier herramienta debe partir de un problema previamente identificado y de procesos correctamente definidos.
El talento ocupó la cuarta palanca. Cruelles explicó que una organización eficiente es aquella capaz de transferir conocimiento y facilitar que cada persona pueda realizar correctamente su trabajo.
La quinta y última palanca fue el capital físico. Invertir más no implica necesariamente obtener mejores resultados: antes es necesario simplificar procesos, eliminar ineficiencias y detectar dónde se encuentra realmente la limitación.
Firmas como Masats, TMI, Side Automatización o Hiperbaric compartieron con la audiencia distintas estrategias para mejorar la productividad industrial.
De la teoría a la práctica: cuatro aprendizajes industriales
Este análisis se completó con cuatro casos de aprendizaje de compañías que explicaron cómo habían aplicado estas palancas en su actividad diaria.
Masats, compañía del Grupo Irizar especializada en sistemas de accesibilidad para transporte público, compartió su experiencia en la mejora del modelo industrial. Su CEO, Ignacio Elburgo, explicó el proyecto desarrollado para reducir tiempos de entrega mediante una revisión completa de procesos. La empresa partía de una elevada complejidad derivada de las diferentes configuraciones de producto y se marcó como objetivo reducir el plazo de entrega de ocho a cinco semanas. Para conseguirlo, trabajó con equipos internos, analizó las mejores prácticas existentes y rediseñó el flujo productivo. Finalmente logró situar el lead time por debajo del objetivo inicial, alcanzando posteriormente las cuatro semanas.
Desde TMI, su presidente Joan Caba abordó la influencia de la cadena de valor. La compañía comprobó que su capacidad productiva no dependía únicamente de sus procesos internos, sino también de la relación con sus proveedores. Es por ello por lo que TMI pasó de una relación basada principalmente en pedidos y entregas a un modelo de mayor colaboración, con más visibilidad de la demanda y planificación compartida. Esta forma de trabajar permitió mejorar la calidad, reducir incidencias y aumentar la capacidad de respuesta.
La gestión del capital fue analizada a través del caso de Side Automatización. Álex Bonada, director comercial y marketing, explicó cómo la empresa detectó que el crecimiento comercial podía convertirse en un problema si la organización no estaba preparada para absorberlo. Antes de invertir en nuevos equipos, Side revisó procesos, datos y flujos entre ingeniería y producción. La compañía redujo un 30% las horas de ingeniería, disminuyó hasta un 80% el tiempo de mecanizado y duplicó capacidad productiva con el mismo equipo. Bonada resumió así uno de los principales aprendizajes del proceso: “Una máquina hace lo que tú le dices que haga. Si el proceso está mal y los datos que le llegan están mal, tienes el mismo problema, pero más caro”.
El último caso estuvo protagonizado por Hiperbaric. Miguel Hernando, director general industrial de la compañía, explicó cómo la empresa abordó la conexión entre producción, ingeniería, aprovisionamiento y calidad mediante una herramienta digital desarrollada a medida. La solución permitió poner a disposición de los equipos toda la información necesaria durante el proceso productivo, recoger el conocimiento generado en planta y avanzar hacia un modelo sin papel, alineando digitalización y mejora operativa.
La gestión del talento centró la mesa redonda final, en la que participaron representantes de Industrias Tapla, Volpak y Paulig.
El factor humano de la productividad
El último bloque del Fórum estuvo dedicado al talento industrial. Moderado por Àngel Hermosilla, secretario general del Colegio de Economistas de Cataluña, el diálogo en torno al que se articuló reunió a Montse Ramon, de Industrias Tapla; Sara Paredes, de Volpak, y Lilian de Munno, de Paulig Group.
Hermosilla abrió el debate recordando que las personas siguen siendo una pieza esencial en cualquier estrategia de mejora. “Sin talento la productividad no se hace. La tecnología no funciona, la organización no funciona”, afirmó.
Las tres participantes coincidieron en que avanzar no significa exigir simplemente más esfuerzo a los equipos, sino crear las condiciones adecuadas para que puedan aportar más: herramientas, formación, autonomía y capacidad de decisión.
Desde Industrias Tapla, Montse Ramon compartió la experiencia de la compañía con la implantación de una jornada laboral de cuatro días. Según explicó, la reorganización del trabajo permitió incrementar la productividad un 18% con las mismas personas y equipos. También destacó la importancia de implicar a quienes conocen directamente los procesos: “Cuando empezamos a hacer que las personas participaran, las cosas fueron muchísimo mejor”.
Sara Paredes, de Volpak, habló del valor de la comunicación interna y de la transferencia de conocimiento dentro de la organización. En una compañía que trabaja con proyectos altamente personalizados, conectar correctamente las necesidades del cliente con los equipos internos resulta fundamental. También hizo hincapié en la importancia de combinar formación estructurada con aprendizaje interno mediante perfiles expertos, formadores y mentores dentro de la propia organización.
Por su parte, Lilian de Munno, de Paulig Group, defendió que la gestión del talento debe analizarse más allá de indicadores tradicionales. La compañía mide aspectos como compromiso, rotación, absentismo, seguridad o capacidad de trabajar de forma autónoma. “La pregunta importante no es cuántas horas de formación hacemos, sino cuánto tardamos en conseguir que una persona pueda hacer su trabajo de forma segura, autónoma y eficaz”, afirmó.
La diversidad generacional y la transferencia de conocimiento entre profesionales con diferentes niveles de experiencia fueron otros de los temas abordados en la mesa, junto con la relación entre bienestar laboral, participación y eficiencia.
La industria como motor de progreso
La clausura de la 13ª edición del Fórum amec corrió a cargo de Joan Tristany, director general de amec, quien recuperó la pregunta que había acompañado toda la jornada: cómo conseguir que una empresa sea capaz de generar mañana más valor que hoy.
Tristany recordó que hablar de productividad es hablar de competitividad y que su mejora depende de múltiples factores. “La productividad no depende únicamente de la tecnología o de las máquinas. Depende también de cómo organizamos nuestras empresas, de cómo desarrollamos el talento, de cómo innovamos y de cómo somos capaces de transformar el conocimiento en valor”, señaló.
Asimismo, el director general de amec reivindicó el papel de las empresas industriales internacionalizadas como impulsoras históricas de los grandes avances que han transformado la sociedad. “Detrás de cada avance tecnológico, de cada mejora en eficiencia y de cada incremento de bienestar siempre ha habido una empresa industrial que ha decidido innovar, invertir y hacer las cosas mejor”, afirmó.
Y recordó que, aunque el Fórum se centró en las palancas internas que dependen de cada compañía, una parte de la productividad está condicionada por el entorno en el que compiten las empresas. Por ello, defendió la importancia de un marco regulatorio que favorezca la competitividad y la inversión industrial.
Interempresas volvió a ser media partner del Fórum amec.








