TradeSport 261 - Enero 2018

Hay sectores de vital importancia para el funcionamiento de un país, lo que les otorga una capacidad de influencia notable en las decisiones políticas y legislativas, en especial si el número de operadores es reducido, lo que les permite, a estos pocos operadores ejercer mayor presión aún y coordinarse mejor. Algunos de estos sectores, además, son considerados sistémicos, tanto ellos como buena parte de sus operadores o empresas, por lo que no se les puede "dejar caer", lo que provoca que el Estado acuda en su ayuda. El ejemplo más evidente lo hemos vivido en España y en el mundo occidental con el sector bancario. A este se han sumado otros que hemos rescatado como las autopistas de peaje, por no hablar de esos proyectos con beneficios asegurados por el propio Gobierno como el proyecto fallido de almacen de gas de Castor, o los diferentes proyectos financiados de empresas relacionadas con Defensa. La industria deportiva no tiene esa capacidad, ni somos sistémicos, ni de vital importancia para el funcionamiento del país (aunque podríamos debatir acerca de la importancia y beneficios de una población activa, frente a una población obesa y con enfermedades crónicas). Por si fuera poco, estamos atomizados y, si me apuran, malavenidos. Sin embargo, podemos citar sectores tan atomizados como el nuestro que no son sistémicos y que, sin embargo si tienen capacidad de influencia gracias a que cuentan con una vertebración del sector que les permite defender sus intereses así como influir en beneficio del mismo. Quizás el caso más evidente en nuestro país sea el sector del taxi, de actualidad en los últimos tiempos por la entrada de nuevos operadores basados en la "economía colaborativa" como competidores. El sector del taxi cuenta según el Ministerio de Fomento con algo menos de 70.000 licencias, cifra que viene a corroborar el INE, existiendo también en torno a 7.000 licencias VTC. Sus cifras, por tanto son bastante mayores que los 9.292 puntos de venta del sector deportivo que indica Sport Panel para nuestro país en 2017. Incluso sumando las empresas proveedoras del sector deportivo, el taxi está bastante más atomizado. El número de trabajadores de ambos sectores, pueden estimarse parecidos, ya que la distribución deportiva cuenta según datos de Sport Panel con 55504 empleados en los puntos de venta, más otros 18.000 de empresas proveedoras, si bien el número de contratados por cuenta ajena son mayores en nuestro sector, ya que en el sector del taxi algo más del 75% de los trabajadores son autonomos sin asalariados. La facturación de los puntos de venta deportivos es de 6.554 M€ (2016 Sport Panel), mientras que los datos del taxi son más indeterminados. Según datos de statista, el peso del ridesharing (que incluye todas las plataformas y apps para unir conductores y pasajeros, blablacar, uber, lyft, así como apps de taxi como mytaxi,) en 2017 fue de algo más de 356M€. Estimando que las licencias VTC en España son aproximadamente el 10% de las de taxi, y teniendo en cuenta los datos de Statista, podemos hablar de en torno a 3.600 M€ de facturación del sector del taxi, cifras que estudios realizados por la CNMC, o el Ayuntamiento de Madrid corroboran. Es decir, un sector más atomizado, con menor facturación y que no es sistémico, gracias a su organización y vertebración es capaz de influir en las decisiones políticas y legislativas de los diferentes niveles gubernamentales del país. Mientras tanto, el sector deportivo está excluido, por ejemplo, del Plan Movea de compra de vehículos eléctricos, dónde perfectamente encuadrarían las bicicletas eléctricas, o sufre la ausencia de programas como el bike to work, por no hablar de la irrisoria presencia del mismo en la lucha contra la obesidad. Desde mi punto de vista es una malísima noticia, y lo digo como parte de ASECODE, Asociación Española del Comercio Deportivo, que como saben agrupa a una parte colectivo de tiendas, cadenas y centrales de compra. Nuestra ausencia de vertebración impide acciones para la defensa del sector, y no hablo de relaciones comerciales que ya se ocupan de afrontar cada detallista o central de compras. Desde ASECODE observamos con pesar como algunos creen que por pesar algo más en la cuenta de explotación de una marca, no necesita compañeros sectoriales. Mientras otros sectores más potentes como la gran distribución, los centros comerciales, los supermercados, etc se agrupan en asociaciones sectoriales que les defienda (al margen de uniones o agrupaciones de carácter comercial que también existen), nosotros seguimos con nuestra individualidad. Incluso, en algún caso, la no pertenencia a ASECODE parte de la buena o mala relación personal con otros miembros de la misma, desconociendo que esa cuestión para esta circunstancia es irrelevante. ¿Acaso creemos que entre los supermercados no compiten con uñas y dientes? ¿O que todos se llevan de maravilla?. Es que , por ejemplo, en nuestro sector ¿las marcas no compiten?, ¿les impide eso que AFYDAD les represente? Es evidente que, desde el punto de vista comercial, la próxima temporada siempre es importante, muy importante, pero una asociación sectorial escapa a esa importancia, individual de cada empresa, no se sitúa en ese cortoplacismo, si no en el medio plazo. Desde ASECODE invitamos a los detallistas (tiendas, cadenas y centrales) a participar activamente, pues los retos ante la distribución deportiva detallista son notables. Sé que el sector se dedica al comercio, a vender artículos deportivos, pero ¿de verdad alguien duda que lo mejor que lo que le podía pasar al sector es un impulso decidido y unitario por la práctica deportiva o por la movilidad urbana (a pie o en bici)?. ¿Acaso contar con mayor peso e influencia en las instituciones no posibilitaría acciones como las expresadas, o con estructuras para dotar al sector de una formación especializada para sus trabajadores, o para reclamar exenciones fiscales de usuarios y empresas que practiquen o promuevan la práctica deportiva?. O en relación a los proveedores, vigilar que las políticas de distribución cumplan la legislación vigente en cuanto a competencia o, trabajar con ellos en una mejores relaciones que beneficien las relaciones comerciales. Sin embargo, resulta evidente que para estas tareas la unión y la participación del sector es la fuerza que posibilita las acciones. Mientras, nuestro sector adolece de acciones de lobby. Creo que en nuestro país, la distribución deportiva en especial, pero incluso el sector está perdiendo una oportunidad valiosa como fruto de su desunión. Si fuéramos capaces de contar con un organismo en el que estuviera todos los agentes privados relacionados con el deporte, gimnasios, fabricantes y distribuidores, tiendas, creo que la capacidad del mismo sería reseñable, por no hablar de las posibilidades junto a instituciones públicas interesadas en el fomento del deporte de desarrollar organismos que lo impulsen, que, por otro lado, es el pilar más sólido del sector… ARTÍCULO DEL MES Carlos Grande Secretario general de ASECODE TS 30 Unión Sectorial: ¿es importante? Desde el punto de vista comercial, la próxima temporada siempre es importante, pero una asociación sectorial escapa a esa importancia individual de cada empresa; no se sitúa en ese cortoplacismo, si no en el medio plazo.

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