Entrevista a Juan Carlos Vázquez, presidente de Agrefema, Gremio de Ferretería de Madrid
Desde la perspectiva del colectivo al que representa, ¿cuál ha sido el cambio más relevante que ha vivido el sector de la ferretería y el suministro industrial en los últimos 20 años?
Sin duda, el cambio más relevante ha sido la transformación del modelo de negocio. Hemos pasado de una ferretería centrada, casi exclusivamente en el producto, a un sector donde el servicio, la especialización y la cercanía al cliente son diferenciales clave.
El sector ha sabido adaptarse a un mercado mucho más competitivo, globalizado y exigente, incorporando nuevas gamas de producto, soluciones profesionales y una mayor orientación tanto al cliente industrial como al usuario final de bricolaje. Hoy la ferretería es un proveedor de soluciones, no solo un punto de venta.
¿Qué retos estructurales han condicionado más la evolución del sector en este periodo?
La profesionalización ha sido uno de los principales: formación continua, especialización técnica y mejora de la gestión empresarial.
La digitalización ha supuesto otro punto de inflexión, no solo en ventas online, sino en logística, gestión de stock, relación con proveedores y comunicación con el cliente.
También la concentración del mercado, con la aparición de grandes operadores y plataformas, ha obligado a redefinir el papel de la ferretería tradicional.
El relevo generacional sigue siendo un desafío importante, especialmente en negocios familiares, y el marco normativo, cada vez más complejo, exige estructuras más preparadas y asesoradas.
¿Cómo ha evolucionado el papel de los gremios en la defensa, modernización y cohesión del sector durante estas dos décadas?
Los gremios hemos pasado de tener un papel fundamentalmente representativo a convertirnos en agentes activos de modernización y cohesión sectorial.
Hoy somos un punto de apoyo clave para las empresas en ámbitos como la formación, la adaptación normativa, la digitalización o la defensa de los intereses comunes ante la Administración.
Además, hemos fomentado la colaboración entre empresas, fabricantes y distribuidores, y ayudado a que el sector avance de forma más coordinada y sólida.
¿Qué logros o errores colectivos destacaría de este periodo y qué lecciones deberían servir de referencia para el futuro?
Entre los logros destacaría la capacidad de adaptación del sector, incluso en momentos muy complejos como crisis económicas o cambios bruscos en los hábitos de consumo. También la mejora clara en la profesionalización y la constante adecuación a un comercio especializado.
Como errores, probablemente en algunos momentos no supimos anticipar la velocidad del cambio, especialmente en digitalización y comunicación con las nuevas generaciones de clientes.
La lección principal es clara: el sector debe ser proactivo, invertir antes de que el cambio sea obligatorio y entender que la colaboración nos lleva más lejos que la competencia aislada.
¿Qué será imprescindible para que el sector siga siendo relevante y competitivo durante los próximos 10 años?
Será imprescindible apostar por personas, conocimiento y tecnología. Necesitamos atraer talento joven, garantizar el relevo generacional y reforzar la formación técnica y empresarial.
La digitalización debe integrarse de forma natural en el negocio, sin perder la cercanía, el trato personal y el asesoramiento experto, que siguen siendo nuestras grandes fortalezas.
Además, la sostenibilidad, la eficiencia logística y la colaboración dentro del sector serán claves. Si somos capaces de evolucionar sin perder nuestra identidad, la ferretería seguirá siendo un pilar esencial en la economía y en la vida cotidiana de empresas y ciudadanos.









































