Fabricación aditiva en 2026: crecimiento, madurez y selección de aplicaciones
Aitzol Lamikiz, catedrático del Departamento de Ingeniería Mecánica de la EHU. Centro de Fabricación Avanzada Aeronáutica (CFAA)
01/09/2026Primeras reflexiones
La fabricación aditiva llega a 2026 en una situación de aparente contradicción. Por un lado, los principales informes de mercado continúan mostrando crecimiento, aparecen nuevas aplicaciones industriales, aumenta la variedad de materiales disponibles y los equipos ofrecen mayores niveles de productividad, automatización y control. Por otro, algunas compañías que hace pocos años aspiraban a liderar el sector han atravesado procesos de reestructuración, adquisición o desaparición. Al mismo tiempo, muchas empresas usuarias siguen teniendo dificultades para convertir proyectos piloto y demostradores en procesos productivos estables, repetibles y económicamente sostenibles.
En mi opinión, esta situación no debe interpretarse necesariamente como una señal de debilidad. Refleja, más bien, el paso de una etapa dominada por las expectativas a otra en la que la fabricación aditiva debe demostrar que puede generar valor industrial real, aplicación por aplicación.
La tecnología no está desapareciendo ni ha dejado de crecer. De hecho, no desaparecerá y continuará creciendo. Lo que sí que está cambiando progresivamente es la idea de que su adopción será homogénea, rápida y aplicable a cualquier producto. De esta forma, dentro del contexto de cambio que está sufriendo el sector de la fabricación aditiva en el último año, se pueden encontrar más casos de éxito y más aplicaciones.
También se puede decir que el sector de la fabricación aditiva de 2026 es más industrial, más maduro y también más exigente. Por ello, el debate ya no debería centrarse únicamente en cuánto crece el mercado, sino en dónde se produce ese crecimiento, qué aplicaciones consiguen llegar a producción y qué capacidades necesitan las empresas para mantenerlas.
Un mercado que crece, pero que no puede resumirse en una única cifra
Si nos ceñimos a las cifras, los principales estudios internacionales siguen mostrando una evolución positiva del mercado, aunque en la mayoría de los casos se reducen las expectativas previstas en años anteriores. El Wohlers Report 2026 estima que los ingresos mundiales relacionados con la fabricación aditiva alcanzaron aproximadamente 24.200 millones de dólares en 2025, con un crecimiento interanual cercano al 11%. Dentro de este volumen se incluyen servicios de fabricación, venta y mantenimiento de equipos, materiales y software.
Por su lado, la consultora Ampower ofrece una lectura diferente. Su informe de 2026 sitúa el mercado industrial conjunto de fabricación aditiva metálica y polimérica por encima de los 11.000 millones de euros y prevé un crecimiento anual compuesto de entre el 10 y el 15% hasta 2030.
La diferencia entre ambas cifras no significa que una de las fuentes sea incorrecta, sino que cada informe define el perímetro del sector de una manera distinta. Algunos estudios incluyen una gama amplia de servicios, software, mantenimiento y sistemas de escritorio, mientras que otros se concentran en equipos industriales, materiales y producción de componentes. En cualquier caso, la primera impresión de estos datos es que el sector crece y que la fabricación aditiva va ganando posiciones. Sin embargo, parece que este crecimiento no se observa en la realidad industrial de muchas empresas.
Este es, a mi juicio, uno de los primeros aspectos que conviene destacar: es necesario ir más allá del porcentaje que aparece en el titular y profundizar en su análisis. Antes de utilizar una cifra debe conocerse qué tecnologías se incluyen, qué se considera un equipo industrial, cómo se contabilizan los servicios y si se están sumando actividades con modelos de negocio muy diferentes.
La fabricación aditiva crece de manera asimétrica, impulsada sobre todo por el incremento de ventas de equipos y ampliación de las capacidades de aquellas empresas que ya apostaban por la fabricación aditiva anteriormente. El impulso más claro se observa en los sectores de defensa y espacio, donde la fabricación aditiva ha estado presente desde hace años y que en el último año han sufrido fuertes crecimientos.
Una tecnología de nicho, y no por ello una tecnología menos relevante
En mi opinión, la fabricación aditiva fue, es y seguirá siendo una tecnología de nicho. Se trata de un método que técnicamente se adapta a la fabricación directa de componentes complejos y altamente competitivo si se compara con los métodos de fabricación de piezas unitarias tradicionales pero que, salvo algunas excepciones, difícilmente competirá en plazos y precio en la fabricación masiva de componentes. Esta afirmación puede parecer pesimista, pero considero que convierte a la fabricación aditiva en un sector clave en determinadas aplicaciones (muchas de ellas estratégicas), además de describir de forma realista su posición dentro de la industria.
Una tecnología de nicho no es ni mucho menos una tecnología irrelevante. Es una tecnología que genera un altísimo valor añadido cuando se aplica bajo unas condiciones determinadas y que pierde competitividad cuando se utiliza fuera de ellas.
La fabricación aditiva permite producir geometrías que no pueden obtenerse mediante procesos convencionales, reducir peso, integrar funcionalidades en componentes mediante conductos o canales internos de refrigeración, reducir el número de componentes de un conjunto y eliminar así operaciones de montaje. Además, se trata de una tecnología única para personalizar productos y reducir los plazos de entrega. Dentro de este contexto se encuentran los casos de éxito de la fabricación aditiva y en los que se seguirán abriendo nuevas líneas de negocio. Casos como los implantes médicos o componentes del sector aeroespacial son un claro ejemplo de que algunas empresas han sido capaces de introducir productos de mayor valor añadido y aumentar su competitividad gracias a la fabricación aditiva. También continuarán apareciendo startups cuyo núcleo de actividad dependa de la fabricación aditiva.
Sin embargo, el volumen total del mercado de la fabricación aditiva seguirá siendo moderado en comparación con el volumen total de la fabricación global y procesos como el mecanizado, la fundición o el conformado seguirán siendo mucho más relevantes en términos de volumen de componentes fabricados y tamaño de mercado. No considero que la fabricación aditiva vaya a sustituir de forma generalizada a estas tecnologías, pero sí que irá ganando terreno en algunas aplicaciones en las que se pueda obtener una ventaja competitiva.
El carácter de nicho explica también por qué la tecnología puede crecer durante muchos años sin convertirse en un proceso mayoritario. Cada nueva aplicación cualificada amplía el mercado, pero no transforma automáticamente toda la producción de un sector. Una tobera, un intercambiador, un implante, un componente de una bicicleta… pueden ser excelentes casos de fabricación aditiva, mientras que miles de componentes de su entorno seguirán produciéndose mediante tecnologías convencionales.
Las cifras por si solas no muestran toda la realidad
Los informes de mercado recogen principalmente ventas de equipos, materiales, software y servicios. Son necesarios para conocer la evolución del sector, pero no permiten evaluar por sí solos la calidad de la adopción industrial.
Existen numerosos casos de éxito. Hay empresas que producen componentes finales de manera estable, proveedores de servicios con instalaciones especializadas y fabricantes que han convertido la fabricación aditiva en una ventaja competitiva. Estos ejemplos se han encontrado tradicionalmente en sectores como el médico, dental, aeroespacial, defensa, energía o fabricación de utillajes, pero últimamente se ven casos de éxito en la fabricación de componentes de bicicletas de alta gama, y motocicletas de serie entre otras.
Sin embargo, también existen proyectos que no han alcanzado los resultados esperados. Hay empresas que declaran que disponen de máquinas que se utilizan muy por debajo de la capacidad prevista. También hay aplicaciones que no han superado la fase de demostrador y empresas que han reducido sus inversiones después de comprobar que la tecnología no resolvía su problema económico o productivo.
De la misma manera que las cifras de crecimiento, es importante analizar con rigor estos proyectos de fabricación aditiva que no alcanzaron los resultados esperados, ya que sus consecuencias suelen extenderse más allá de la empresa que los desarrolla. Las máquinas infrautilizadas, las aplicaciones abandonadas o los costes de producción superiores a los previstos se extienden dentro del entorno industrial y generan dudas entre otras compañías que están valorando la adopción de la tecnología.
En muchos casos, estos resultados no se deben exclusivamente a una limitación de la tecnología, sino a una implantación demasiado rápida y poco reflexiva de la fabricación aditiva. Algunas empresas adquieren un equipo antes de identificar una aplicación adecuada, o simplemente tratan de trasladar directamente diseños concebidos para procesos convencionales al caso de la fabricación aditiva.
Cuando una implantación desarrollada bajo estas condiciones fracasa, la empresa puede quedar con la sensación de que la tecnología no cumple lo prometido o, incluso, de que ha sido engañada. Esta percepción se transmite con facilidad a otras compañías y contribuye a generar una desconfianza generalizada que no siempre distingue entre las limitaciones reales de la fabricación aditiva y los errores cometidos durante la selección, planificación y ejecución del proyecto.
También puede generar una desconfianza interna que dificulte retomar la tecnología en el futuro, incluso cuando aparece una aplicación adecuada.
Por este motivo, considero que más allá del dato de “número de máquinas vendidas” o “incremento de facturación del sector”, es importante destacar la madurez del sector en este último año y que, pese a movimientos de mercado, se continúa incrementando el número de aplicaciones y componentes fabricados con estas tecnologías.
Una tecnología accesible, aunque no automática
A pesar de la creencia de muchas empresas, la fabricación aditiva no es una tecnología reservada exclusivamente a grandes corporaciones o empresas ultratecnológicas o centros de investigación. Muchas pequeñas y medianas empresas utilizan la fabricación aditiva con éxito para producir componentes con éxito.
Estas empresas no siempre disponen de grandes departamentos de I+D. Su principal fortaleza suele ser un conocimiento profundo del producto y de las necesidades del cliente. Saben qué ventajas aporta la fabricación aditiva y adapta sus métodos a estas tecnologías, lo que permite exprimir sus ventajas. Sin embargo, que la tecnología sea accesible no significa que sea automática. La fabricación aditiva obliga a modificar métodos de trabajo.
Polímeros y metales: dos mercados con ritmos diferentes
En 2026 la fabricación aditiva de polímeros continúa siendo la más extendida. Tanto los informes sectoriales como el número de aplicaciones que se pueden observar indican que el mercado industrial polimérico sigue siendo mayor que el metálico, especialmente por el menor coste de los equipos, la aparición de nuevos proveedores de materiales y de nuevas empresas con servicios de fabricación.
En número de sistemas, las tecnologías de extrusión mantienen una presencia muy elevada, mientras que la fusión de lecho de polvo concentra una parte importante del valor de los equipos industriales de polímero.
Además, se está abriendo una brecha cada vez más clara entre lo que se conocía como sistemas de escritorio o equipos semi-industriales, con equipamiento puramente industrial. En las últimas ferias del sector se ha podido observar una presencia mucho más reducida de sistemas de escritorio o semi-industriales.
En cuanto a la fabricación aditiva metálica, ha crecido a escala global respecto del año anterior y todo apunta a que se va a continuar con esta tendencia. Manteniéndose por debajo de la aplicación de polímeros, se espera que la fabricación aditiva metálica continúe ganando cuota de mercado paulatinamente.
Cambios empresariales en una industria más madura
El sector ha sufrido movimientos empresariales en los últimos meses que en ocasiones se han recibido con sorpresa y preocupación. Desktop Metal fue durante años una de las compañías más representativas de la promesa de llevar la fabricación aditiva metálica a la producción en volumen, pero en 2025 fue adquirida por Nano Dimension y poco después, la compañía inició un proceso de bancarrota y determinados activos y tecnologías fueron vendidos durante el proceso concursal.
Por otro lado, Trumpf generó un caso diferente. La compañía decidió separar su actividad de fabricación aditiva mediante fusión de lecho de polvo y dar origen a una nueva empresa, Atlix, con el objetivo de operar con una estructura más enfocada y ágil.
Analizando el mercado de España, destaca el caso de la empresa Etxetar y el lanzamiento de una línea de máquinas de deposición directa de polvo para el recubrimiento de discos de freno. Se trata de un ejemplo de éxito y que ha posicionado a una empresa de máquina herramienta como una de las líderes del sector de la fabricación aditiva en el proceso de deposición directa.
Otro aspecto a destacar es el incremento de la presencia de fabricantes chinos en el mercado europeo. La presencia de equipos de fabricación aditiva provenientes de China no es nueva, pero durante 2025 y comienzo de 2026 se ha hecho mucho más visible en el mercado. Distintas compañías chinas han ampliado su oferta, su presencia comercial y su participación en ferias europeas, lo que ha sido un cambio visible en muy poco tiempo. Esta evolución incrementa la oferta y presiona los precios, especialmente en sistemas de fabricación metálica con múltiples láseres y grandes volúmenes de trabajo.
Menos novedades radicales lo que puede significar mayor madurez
En el último año se ha podido observar que los sistemas de fabricación aditiva se han vuelto más estables y las novedades verdaderamente radicales tardan más en aparecer. En mi opinión, lejos de ser una señal negativa, entiendo esta tendencia como un indicador de madurez.
Durante las primeras etapas del sector, cada nueva generación de máquinas incorporaba cambios importantes en arquitectura, potencia de los láseres, tamaño de la cámara de fabricación, software... Estos avances se introducían con mucha rapidez y se presentaban en ferias de ediciones consecutivas, lo que despertaba un gran interés en el sector. Sin embargo, esta rápida evolución también generaba recelo entre los potenciales usuarios, ante el riesgo de adquirir un sistema que pudiera quedar obsoleto en muy poco tiempo.
En 2025 y 2026 se observa una mayor continuidad de los sistemas. Los fabricantes concentran buena parte de sus esfuerzos en mejorar productividad, automatización, gestión de materiales, calibración, software… Son avances menos llamativos que la aparición de una nueva tecnología o máquina, pero que ha permitido la consolidación de plataformas de fabricación más robustas y testadas.
La madurez de la tecnología también se observa en la evolución de los stands de las principales ferias. La oferta se centra cada vez más en la cadena industrial completa: sistemas, materiales, software, automatización, postprocesado e inspección, en vez de limitarse a una máquina concreta.
Tendencias en la Fabricación Aditiva Metálica: Nuevos materiales y aumento del tamaño de fabricación
En fabricación aditiva metálica, una de las tendencias más visibles del último año ha sido la ampliación de la gama de materiales procesables. A las aleaciones tradicionales de titanio, níquel, aluminio y acero inoxidable se están incorporando materiales como las aleaciones de cobre y los metales refractarios, especialmente adecuados para aplicaciones sometidas a temperaturas muy elevadas. Todo apunta a que esta línea de desarrollo continuará en los próximos años, con nuevas composiciones específicamente adaptadas a los procesos de fabricación aditiva y orientadas a obtener mayores prestaciones en servicio.
También está creciendo nuevamente el tamaño de las plataformas de fabricación metálica. En los últimos años han aparecido sistemas con volúmenes de trabajo cada vez mayores, tanto en el plano horizontal como en altura, superando los 600 x 600 x 600 mm. Se trata de una tendencia que parecía haberse frenado en los últimos años pero que se ha recuperado desde 2024 hasta hoy. Una de las principales aplicaciones para piezas de mayor altura es en el sector espacio, donde es frecuente que los componentes superen los 500 mm de altura.
Más sensores y más datos, pero lejos todavía del objetivo
Los equipos integran cada vez más sensores para registrar parámetros de proceso, PPMs de oxígeno en la cámara, temperaturas, flujos de gas, estado de los filtros, etc. En este sentido ha habido un gran esfuerzo por parte de los fabricantes para integrar estos sistemas y permitir la producción completa de componentes de gran tamaño sin fallos.
Se mantienen sistemas basados en cámaras y los sistemas de monitorización del baño fundido. Estas herramientas permiten visualizar desviaciones y relacionar las señales adquiridas con zonas concretas de la pieza. La integración de estos sistemas no es nueva y ya había soluciones anteriores. Lo que sí es destacable es que se han mantenido y han incorporado nuevos sistemas de procesamiento de datos. Como no, algunas empresas declaran que están desarrollando algoritmos con inteligencia artificial para mejorar la clasificación de las señales y la detección de patrones. Se trata sin duda de una tendencia de alto interés y todo apunta a que continuará a lo largo de los próximos años, pero que todavía está lejos de ser la solución definitiva. El empleo de estos sistemas de monitorización de proceso no elimina la necesidad de inspección de componentes ni sustituye a los métodos de validación basados en ensayos no destructivos o medición.
En la actualidad, el uso de este tipo de sistemas sigue siendo complejo, especialmente cuando se intenta relacionar los datos de proceso con la presencia o ausencia de defectos en la pieza. No obstante, algunos usuarios ya están utilizando esta información para ajustar los parámetros de fabricación en función de la geometría y del espesor de cada zona del componente.
Prioridades para los próximos años
Hablar de tendencias siempre es arriesgado y en un sector tan dinámico como la fabricación aditiva es doblemente arriesgado. Sin embargo, sí se pueden observar determinadas tendencias que ayudan a tener una idea de los avances. Creo que, en los próximos años, no vamos a ver nuevos procesos ni incrementos en el número de tecnologías disponibles, pero sí que se va a mejorar en gran medida la industrialización de las existentes.
La primera prioridad seguirá siendo reducir el coste total por pieza. Esto por supuesto requiere incrementar la productividad, pero también disminuir la defectología, automatizar la manipulación, reducir e integrar el postprocesado y evitar inspecciones innecesarias.
La segunda será fortalecer la cualificación. Los usuarios necesitan procedimientos claros para demostrar que una máquina, un material y un proceso producen resultados repetibles. La estandarización seguirá siendo esencial, especialmente en aplicaciones críticas. A las normas existentes se sumarán nuevas certificaciones que ayuden a implementar estos procesos en diferentes aplicaciones.
Esta madurez debería llevar a seleccionar mejor las aplicaciones. El sector debe abandonar la búsqueda indiscriminada de piezas “imprimibles” y concentrarse en productos donde la fabricación aditiva aporte una ventaja medible: menor coste, prestaciones, plazo, menor masa o integración funcional.
Por último, creo que el tiempo de las promesas ya pasó y que el sector necesita comunicar de manera más equilibrada y directa, demostrando únicamente lo que funciona, y explicar bajo qué condiciones, con qué inversión y con qué limitaciones.
Creo que la fabricación aditiva de 2026 es más sólida que la del año pasado. A pesar de las noticias y movimientos de mercado, éste seguirá creciendo, incorporará nuevos materiales y permitirá fabricar componentes de mayor tamaño y complejidad, pero siempre como una solución de nicho y en determinadas aplicaciones.
Al mismo tiempo, seguirán las frustraciones porque no se cumplen las expectativas. Algunas aplicaciones no superarán el análisis económico, algunos equipos quedarán infrautilizados y algunas empresas buscarán posibles líneas de negocio que no se sostendrán.
Por último, y haciendo un guiño a la formación, el desarrollo de la fabricación aditiva requiere, y seguirá requiriendo, profesionales con una elevada capacitación técnica. La fabricación aditiva en este sentido es exigente, ya que es necesario conocer métodos de diseño, procesos, materiales métodos de inspección y, lo más importante de todo, ser capaz de adaptar todo este conocimiento a cada método de fabricación aditiva.
Si en la actualidad ya resulta difícil encontrar profesionales con experiencia en mecanizado, fundición o soldadura, todavía lo es más identificar perfiles capaces de combinar estos conocimientos y aplicarlos de forma transversal a los diferentes procesos de fabricación aditiva. La formación constituye, por tanto, uno de los principales retos presentes y futuros del sector. En este ámbito, las universidades debemos desempeñar un papel central como generadoras, transmisoras y agentes tractores de conocimiento.
















