OPINIÓN

La maldición de las materias primas

España prácticamente no produce petróleo, de hecho, estamos por debajo del ranking mundial de productores, que encabezan en estos momentos Estados Unidos, Arabia Saudi, Rusia y Canadá.

¿Pero ser un país productor o no productor de petróleo es realmente determinante para la economía y bienestar de los ciudadanos de un país?

Aunque todos los países quisieran tener recursos naturales en abundancia, la historia económica nos dice que no es determinante.

La maldición de las materias primas o ‘el mal holandés’

Esta maldición es una paradoja por la cual los países con gran abundancia de recursos naturales tienden a crecer menos y a tener peor desarrollo económico, social y de bienestar que los que tienen menos recursos. Esto se explica por varios motivos que han coincidido en muchas y diferentes regiones.

  • La ‘dependencia extrema’ de uno o pocos productos básicos (‘commodities’) que dependen casi por completo de las cotizaciones internacionales y de la geopolítica mundial.
  • Falta de diversificación. Los ingresos fáciles y recurrentes del subsuelo desincentivan la innovación, la industria, la innovación, el apoyo a otros sectores diferentes y la competitividad.
  • Corrupción. Históricamente ha coincidido en muchos de los países poseedores de grandes recursos naturales una corrupción institucional, clientelismo y pésima gestión de los ingresos.
Imagen de atlascompany en Magnific
Imagen de atlascompany en Magnific.

Ejemplos tenemos muchos para enumerar.

  • África. El continente africano es posiblemente el que mayores recursos naturales tiene, como: petróleo, minerales raros imprescindibles actualmente y vastas producciones agrícolas, que dominan las élites políticas y dictaduras, por los cuales obtienen multimillonarios ingresos sin fiscalización ninguna. Además, no podemos olvidarnos de los continuos conflictos armados que desestabilizan la región y, por supuesto, tampoco de las corporaciones multinacionales que son realmente quienes extraen los recursos pagando tarifas mínimas a los líderes locales a cambio de ocuparse de la extracción y distribución de los recursos. Todo esto hace que en África la iniciativa privada para el fomento de sectores económicos diferentes sea casi inexistente.
  • América latina. Es un caso casi calcado al africano. Países dependientes de la economía extractiva, con sistemas democráticos muy básicos, cuando no directamente estados fallidos, hacen que los ingresos nunca lleguen a la economía real y no beneficien a los ciudadanos, a sus instituciones provocando atraso y corrupción generalizada. El caso extremo es sin duda, Venezuela.
  • Venezuela y el petróleo. Este país posee la mayor reserva petrolera del mundo y esta circunstancia lo convirtió en extremadamente dependiente del crudo. La entrada masiva de divisas encareció la moneda local, esto destruyó la competitividad de las empresas, siendo cada vez más dependiente de un solo sector. A su vez, el estado empezó a repartir los ingresos en rentas al no conseguir recaudar impuestos ante la falta de una economía productiva que pudiera sustentarlo. La mala gestión institucional, la corrupción generalizada ya casi endémica y la falta de libertades políticas han hecho el resto. Es tal el estado desastroso del país que hoy en día ni siquiera son capaces de extraer el petróleo por si mismos y necesitan de empresas extranjeras.
  • Venezuela y el oro, diamantes y coltán. Lejos de aportar bienestar a sus ciudadanos ha profundizado la crisis humanitaria y medioambiental en la cuenca minera del Orinoco. En un intento de encontrar ingresos alternativos al petróleo, se ha convertido en el epicentro de una de las zonas más conflictivas de Sudamérica, cuyas industrias están controladas por las mafias, grupos guerrilleros, extorsión, contrabando, fuga de riqueza, destrucción medioambiental, desarrollo de enfermedades como la malaria, envenenamiento por mercurio y exterminio de las poblaciones indígenas.
  • Otros ejemplos. Países como Irán, tercer puesto mundial en reservas de petróleo y séptimo productor mundial, también está sumergido en la pobreza y en las desigualdades. Otros como Irak, Pakistán, Afganistán, Turkmenistán, Tayikistán, Myanmar, Laos, etc. padecen desde hace muchos años la misma paradoja.
Imagen de Michael en Pixabay
Imagen de Michael en Pixabay.

Excepciones. Países como Noruega o Chile, demuestran que esta maldición no es inevitable si los ingresos extractivos saben canalizarse hacia otras partes de la económica y en fortalecer las instituciones.

¿Por qué también se llama ‘El mal holandés’?

El término fue acuñado por la revista ‘The Economist’ en 1977 para describir lo que le ocurrió a los Países Bajos (Holanda) tras el descubrimiento de un gigantesco yacimiento de gas natural en la década de 1960. El país experimentó un crecimiento masivo y repentino de ingresos por el descubrimiento y explotación de un gran yacimiento de gas natural que terminó destruyendo el resto de sectores productivos. La moneda local se apreció tanto que se volvió muy cara frente a las extranjeras y frenó por completo las exportaciones.

¿Porque en España no es tan importante disponer de yacimientos?

Según The Observatory of Economic Complexity en su publicación de 19 de septiembre de 2026, a pesar de que en España consumimos aproximadamente 1,32 millones de barriles al día que nos sitúa entre los 18 mayores consumidores del mundo e importamos la totalidad del petróleo, también somos exportadores de productos refinados, concretamente ocupamos la posición número 17 en cuanto a exportaciones de gasolinas, gasóleos, queroseno, etc...

España dispone de puertos adaptados a la recepción, grandes terminales para el almacenaje, una gran red de oleoductos y refinerías punteras. El sistema de refino de España está considerado el más flexible, eficiente y competitivo de toda la Unión Europea, posicionando a sus plantas entre las mejores del mundo en términos tecnológicos y de rendimiento. Además, el sistema de regasificación de España no solo es el mejor de Europa, sino el más grande, diversificado y avanzado del continente.

El Puerto de Huelva constituye una infraestructura estratégica para la recepción marítima...
El Puerto de Huelva constituye una infraestructura estratégica para la recepción marítima, el almacenamiento y la distribución de productos energéticos en España.

Esta teoría confirma que, a pesar de no disponer en Europa, y más concretamente en España, de un recurso natural imprescindible como es el petróleo, sí que dominamos perfectamente el ciclo del petróleo. Nuestra economía es diversa y se apoya en multitud de sectores diferentes haciéndola más competitiva y repercutiendo en un estado de bienestar avanzado y una calidad de vida para los ciudadanos igual que en cualquier otro país desarrollado.

Países muy ricos y avanzados como Suiza, Singapur, Japón o Corea de Sur demuestran que la verdadera riqueza no está en el subsuelo. Al no disponer de estos recursos fáciles se vieron obligados a desarrollar economías basadas en formación excelente, innovación, tecnología y productos/servicios con alto valor añadido.

Lo importante al final no es lo que se tiene. Es lo que se hace con lo que se tiene.

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