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La última gran crisis del petróleo

El pasado 29 de febrero de 2026, Irán decidió bloquear el tráfico marítimo del estrecho de Ormuz y, con ello, el suministro de petróleo que circula por esas latitudes, que viene a suponer unos 20 millones de barriles diarios y cerca del 20 por ciento del suministro mundial.

Cierto es que las zonas más afectadas han sido las del mismo golfo Pérsico y todo Oriente, entre ellas gigantes como China, India, Japón, Corea y Singapur. América y Europa tienen suministros más diversificados y no han tenido peligro de desabastecimiento, pero, aun así, compiten por menos producto con más países, lo que hizo que rápidamente el precio del barril llegase a alcanzar los 160 dólares.

Esta es la última gran crisis del petróleo, pero no la única.

Desde que se empezó a extraer petróleo sobre el año 1859 en Pensilvania, USA, en el valle de Oil Creek, han sido muchas las personas e instituciones que han anunciado su fin con mucho convencimiento, apoyándose en investigaciones que se prometían muy exhaustivas.

Ya por entonces creían que el petróleo no llegaría hasta finales del siglo, y sí que fue verdad que en Pensilvania empezó a agotarse.

Para entonces, a finales del siglo XIX, en Texas empezaron a llamar al petróleo “el mal de Texas”, porque era tan abundante y brotaba a un nivel tan superficial que dejaba los cultivos inservibles, impidiendo a agricultores y granjeros seguir con su medio de vida.

En 1914, David White, geólogo del Departamento de Minas, aseguró, tras un estudio minucioso, que el petróleo se acabaría, a más tardar, en 1920 o 1921.

Imagen de freepik
Imagen de freepik.

En 1921 se extrajo más petróleo del que se había extraído hasta entonces.

El presidente de la Escuela de Minas de Colorado escribió entonces que el hombre de mediana edad de 1920 vería con sus ojos el final del petróleo.

La prensa, por su parte, no se quedó quieta y denunció activamente el excesivo uso del petróleo, pero de poco sirvió, porque se empezaron a producir los primeros automóviles y tractores en serie que precisaban del uso de petróleo.

La producción en serie del automóvil dio la posibilidad a miles de personas de tener un medio de transporte personal y accesible y, de hecho, cambió el curso de la historia.

En 1939, el Departamento del Interior de Estados Unidos volvió a pronosticar que quedaban tan solo trece años más de petróleo y que, tras su final, la humanidad volvería a épocas pasadas y tendría que renunciar a su nuevo sistema de vida. Para 1954, pasados los trece años previstos, había muchísimo más petróleo y era muchísimo más económico y, en consecuencia, los propietarios de vehículos ya no eran miles, sino millones. Por cierto, vehículos que consumían muchísimos litros en comparación con los vehículos actuales.

El Departamento del Interior, en 1954, no contento con el fallo anterior, volvió a predecir el fin del líquido negro, esta vez en tan solo dos años. 1956 era el final de los finales. Como hoy sabemos, llegado 1956 se extraía más petróleo que en 1954 y ya no solo había coches particulares, camiones, autobuses y tractores, sino que la aviación comercial se había metido de lleno a cruzar los cielos de costa a costa, quemando queroseno en grandes cantidades.

En 1973 ocurrió lo que nadie esperaba. Los grandes productores de petróleo, que ya habían desplazado a Estados Unidos, decidieron que ellos también querían una parte generosa del pastel, ya que hasta entonces cobraban unos tres dólares por barril, y decidieron unirse y subir el precio considerablemente.

La excusa que pusieron fue que Occidente apoyó a Israel en la guerra del Yom Kipur.

Esta fue la primera gran crisis del petróleo, aunque el petróleo no desapareció: simplemente se consumió menos hasta que la economía mundial digirió el golpe.

Aprovechando la coyuntura, fue famosa la predicción del presidente Jimmy Carter, que se atrevió a augurar que el líquido negro, de nuevo, se acabaría en la década siguiente, en los 80.

Edwin L. Drake, a la derecha, junto al Drake Well, en Titusville, Pensilvania, donde en 1859 se perforó el primer pozo comercial de petróleo...
Edwin L. Drake, a la derecha, junto al Drake Well, en Titusville, Pensilvania, donde en 1859 se perforó el primer pozo comercial de petróleo. Imagen: Library of Congress, Prints and Photographs Division. Sin restricciones conocidas de publicación.

En 1990, la producción casi doblaba la de la década anterior.

Según una teoría del geofísico Marion King Hubbert, que decía que en la corteza terrestre había una cantidad fija de 1,5 billones de barriles y que ya se habían consumido más de 100.000 millones, el pico de producción se alcanzaría sobre el año 2000. Repitió el estudio en 1962 y en 1974, con idénticos resultados. Se equivocó de nuevo.

La producción siguió creciendo después del año 2000 y siguió creciendo hasta 2019, y paró de crecer en 2020 por la pandemia mundial, que trastocó los planes de todos.

Para ilustrar estos hechos, sabemos que en el año 2000 se extraían casi 75 millones de barriles diarios y en 2019 se extrajeron 95 millones de barriles diarios. Una subida continua que desmiente todas las predicciones sobre el petróleo.

En el año 2001, Kenneth Deffeyes, geólogo discípulo de Marion King Hubbert, en un estudio realizado mientras trabajaba en la Shell Oil Company, aseguró que ya estaba comprobado que el pico de producción se alcanzaría en 2005. Han pasado 21 años desde entonces.

A partir de la década de los 90, los ecologistas tomaron el relevo de los geólogos como los máximos detractores, pero con otros motivos. Esta vez, los motivos eran la protección del planeta frente a cualquier combustión dañina de los derivados del petróleo.

Imagen de wirestock en Magnific
Imagen de wirestock en Magnific.

Pero la humanidad no hizo demasiado caso, salvo en los países occidentales, porque desde los 90 hasta ahora la producción y el consumo no han parado de crecer con la incorporación de nuevos países a la economía mundial, liderados por China e India.

El petróleo tiene infinidad de usos en nuestra vida diaria y el combustible es casi el menor de ellos. Pensemos en cualquier objeto de plástico, de uso alimenticio, médico o de fabricación de casi cualquier producto.

La economía mundial, nuestro sistema de vida, nuestro consumo, nuestros viajes y nuestro avanzado sistema médico no están preparados para suplir el uso del petróleo. Paradójicamente, incluso el 90% de los componentes de los vehículos eléctricos están fabricados con derivados del petróleo. No están fabricados de madera ni de productos orgánicos.

Al petróleo le ha sucedido algo parecido a lo que le sucedió al carbón cuando, tan temprano como en 1865, William Stanley Jevons ya predijo su final y publicó su famoso libro ‘La cuestión del carbón’, en el que se pronosticaba volver a la época anterior a la Revolución Industrial de un día para otro.

Desde entonces, a estas predicciones tan erróneas se las ha venido llamando ‘la paradoja de Jevons’.

No sabemos si veremos acabarse el petróleo o no. Lo que probablemente suceda antes es que encontremos otras formas de producción de energía y fabricación de productos más baratos, y ya no compense económicamente la extracción del crudo, pero mientras sea económicamente viable no se dejará de utilizar.

José Manuel Chilet, fundador de vendogasolinera.com

José Manuel Chilet, fundador de vendogasolinera.com.

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