La salud del suelo marca el camino hacia una agricultura más sostenible y eficiente
El Congreso Gestión Sostenible del Suelo 2026 reunió en la Universitat Politècnica de València a investigadores y especialistas de la industria para analizar los retos de la desertificación de los sistemas agrícolas, la bioestimulación y el aprovechamiento de los nutrientes. La jornada puso el foco en la necesidad de conectar el conocimiento científico con soluciones agronómicas capaces de mantener la productividad en un escenario de creciente presión sobre los recursos naturales.
VÍDEOS DEL CONGRESO GESTIÓN SOSTENIBLE DEL SUELO 2026
- "Las nuevas soluciones biológicas tienen que llegar al sector con conocimiento y apoyo técnico"
- Retos y oportunidades para una agricultura más resiliente
- Bioestimulantes: activando la productividad inteligente
- Sostenibilidad nitrogenada en trigo: Respuesta productiva a fuentes no minerales complementarias
- Bioestimulación y eficiencia en el uso de nutrientes: claves para una agricultura sostenible
- Camino García (AEFA): "La gestión sostenible del suelo necesita innovación y conocimiento compartido"
El Congreso Gestión Sostenible del Suelo celebró el pasado 20 de octubre su quinta edición en la Universitat Politècnica de València (UPV).
La sostenibilidad de la actividad agrícola empieza bajo nuestros pies. La capacidad del suelo para conservar su estructura, retener agua, mantener la actividad biológica y suministrar nutrientes condiciona tanto el rendimiento de los cultivos como su respuesta frente a situaciones de estrés. En una agricultura mediterránea marcada por la irregularidad de las precipitaciones, la escasez de agua y la necesidad de optimizar los insumos, mejorar la salud del suelo se ha convertido en una cuestión estratégica.
Con esta premisa, el Congreso Gestión Sostenible del Suelo celebró el pasado 20 de octubre su quinta edición en la Universitat Politècnica de València (UPV), organizado por Grupo Interempresas y la Asociación Española de Fabricantes de Agronutrientes (AEFA). Bajo el lema ‘Ciencia y tecnología ante los desafíos globales de la agricultura’, el encuentro articuló sus contenidos en torno a cuatro grandes cuestiones: la desertificación, el papel de los bioestimulantes, la eficiencia en el uso del nitrógeno y la mejora de la nutrición vegetal.
La jornada conectó la perspectiva investigadora con la experiencia de empresas especializadas en fertilización y bioestimulación. La cuestión de fondo fue abordar cómo las herramientas disponibles pueden integrarse en estrategias de manejo que respondan a las necesidades reales de las explotaciones, sin desligar la productividad de la conservación de los recursos.
El suelo, ante el desafío de la desertificación
La ponencia inaugural, titulada ‘El suelo, la agricultura y la desertificación. Retos y oportunidades para una agricultura más resiliente’, corrió a cargo de Diego S. Intrigliolo, profesor de Investigación y director del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), entidad colaboradora del evento.
Su perfil investigador, centrado en la eficiencia en el uso del agua y la viticultura, situó el debate en uno de los puntos críticos de la agricultura mediterránea: la capacidad de los sistemas productivos para adaptarse a unas condiciones ambientales cada vez más exigentes.
La desertificación no debe entenderse únicamente como la pérdida de suelo en sentido físico. También remite al deterioro progresivo de sus funciones y a la reducción de su capacidad para sostener la actividad agraria. La erosión, la disminución de materia orgánica, la degradación estructural y las limitaciones hídricas pueden actuar de forma combinada, debilitando la respuesta de los cultivos y aumentando la vulnerabilidad de las explotaciones.
En este sentido, el experto advirtió que en España "existe buena parte de la superficie en riesgo de desertificación, un proceso de degradación ecológica muy difícil de revertir".
Diego S. Intrigliolo impartió la ponencia inaugural del Congreso.
La eficiencia hídrica constituye un elemento fundamental. No basta con disponer de sistemas de riego más precisos si el suelo no puede aprovechar adecuadamente el agua aportada. Del mismo modo, mejorar la respuesta de los cultivos frente al estrés requiere decisiones coordinadas sobre el manejo del agua, la nutrición y las características del sistema productivo.
Respecto a los efectos del cambio climático, Intrigliolo ofreció el dato de que el 88% de los técnicos de las cooperativas han percibido “cambios relevantes“ en las condiciones climáticas de su territorio. Presentó, además, los resultados de un ensayo con cubiertas vegetales en el que se evidenciaron los beneficios de esta práctica en ambientes húmedos, pero matizó que, en climas semiáridos ”el uso de cubiertas vegetales tiene que ser rediseñado para obtener los posibles servicios ecosistémicos adicionales sin afectar a la productividad de los cultivos”.
En este contexto, la investigación aplicada y el desarrollo de herramientas para apoyar las decisiones agronómicas adquieren una importancia creciente. El conocimiento sobre las necesidades hídricas, la respuesta del material vegetal y las condiciones del suelo permite avanzar hacia estrategias más ajustadas a cada explotación.
Bioestimulantes: mejorar la respuesta del cultivo desde la agronomía
La primera mesa redonda, ‘Bioestimulantes: activando la productividad inteligente’, abordó una de las áreas de mayor desarrollo dentro de la innovación en nutrición vegetal. El foro reunió a Juan Manuel López, Portfolio Lead & Public Affairs de Agronova Biotech; Gabriela Bozga, ingeniera agrónoma y Efficacy Expert de Seipasa; y Raúl Bou, especialista en bioestimulantes de Yara Iberian.
El interés agronómico de los bioestimulantes reside en su capacidad para influir en procesos relacionados con la nutrición, el desarrollo y la respuesta de las plantas frente a determinadas condiciones ambientales. Su función no debe confundirse con la de los fertilizantes, cuyo cometido principal es aportar nutrientes, ni con la de los productos fitosanitarios destinados al control de plagas y enfermedades.
Su integración en los sistemas de producción exige valorar qué proceso se pretende mejorar, en qué cultivo, bajo qué condiciones y en qué momento del ciclo resulta más conveniente intervenir. La respuesta depende de factores como la especie cultivada, el estado fenológico, las características del suelo, la disponibilidad de agua y la situación nutricional de partida.
Juan Manuel López se refirió a un “cambio de modelo“ en tanto que los bioestimulantes son la herramienta para conservar la salud del suelo como factor de producción ”esencial“ en la actividad agraria. El responsable de Agronova Biotech abogó por adaptar las estrategias agronómicas y recordó que estas soluciones tienen la ventaja de ser producidas con materias primas ajenas a crisis como la que viven los combustibles fósiles, lo que aporta ”estabilidad y previsibilidad“ en cuanto a los costes de producción.
Gabriela Bozga habló sobre la necesidad de plantear estrategias a largo plazo en el uso de bioestimulantes y de establecer sinergias con los agricultores. ”La agricultura actual es cada vez más intensiva y necesitamos herramientas que hagan posible la sostenibilidad de la producción, en una actividad que está expuesta a muchas variables que interactúan además de forma compleja”.
Por su parte, Raúl Bou resaltó el “aumento de la productividad“ que propician estas soluciones y destacó el retorno de la inversión que posibilitan. ”El sector requiere soluciones agronómicas viables y sostenibles, el futuro de la agricultura estará vinculado a la bioestimulación”, aseguró. El experto de Yara mencionó además la “transparencia” a la hora de verificar la efectividad de los bioestimulantes en campo, gracias a la certificación y el marcado CE de estos productos.
La experiencia de los especialistas de Agronova Biotech, Seipasa y Yara Iberian permitió reunir perfiles vinculados al desarrollo de soluciones, la evaluación de su eficacia y la aplicación de los bioestimulantes en los sistemas de nutrición vegetal. La composición de la mesa reflejó, además, la necesidad de conectar la investigación y el conocimiento técnico con las condiciones concretas en las que trabajan agricultores y asesores.
El reto de aprovechar mejor cada aporte
La gestión del nitrógeno ocupó un espacio específico en el programa con la ponencia ‘Sostenibilidad Nitrogenada en Trigo: Respuesta productiva a fuentes no minerales complementarias’, presentada por Ana Martínez de Pablo, ingeniera agrónoma e investigadora predoctoral del Departamento de Producción Vegetal de la UPV.
El nitrógeno es uno de los nutrientes determinantes para el crecimiento y el rendimiento del trigo. Sin embargo, su manejo plantea un doble desafío: garantizar que el cultivo disponga de la cantidad necesaria en los momentos de mayor demanda y reducir las pérdidas que pueden producirse cuando el aporte no coincide con la capacidad de absorción de la planta.
La eficiencia en el uso del nitrógeno depende de numerosos factores, entre ellos las características del suelo, la disponibilidad de agua, el desarrollo del cultivo y la sincronización entre la fertilización y las necesidades nutricionales. Por eso, mejorarla requiere superar una visión centrada exclusivamente en la cantidad aplicada y avanzar hacia un manejo que tenga en cuenta el aprovechamiento efectivo del nutriente.
El interés de la ponencia radicó en el estudio de fuentes no minerales complementarias y su relación con la respuesta productiva del trigo. Este planteamiento abre una línea de análisis sobre cómo combinar distintas herramientas de nutrición y qué aportación pueden realizar en sistemas de producción que buscan mantener los rendimientos y, al mismo tiempo, mejorar la sostenibilidad.
Los resultados del ensayo revelaron que la aplicación de un bioestimulante microbiano aumentó un 32% el rendimiento respecto al control, mientras que la investigadora indicó que la utilidad agronómica de estas estrategias "depende del mecanismo y del ambiente".
No obstante, la incorporación de nuevas fuentes debe apoyarse en resultados experimentales que permitan determinar su eficacia, las condiciones en las que ofrecen una respuesta favorable y su posible contribución al programa de fertilización. La complementariedad no implica necesariamente sustituir los aportes convencionales, sino evaluar qué combinación resulta más adecuada para cada situación agronómica.
Bioestimulación y eficiencia de nutrientes
La segunda mesa redonda, ‘Bioestimulación y eficiencia en el uso de nutrientes: claves para una agricultura sostenible’, profundizó en la relación entre la respuesta fisiológica de los cultivos y el aprovechamiento de los recursos. Moderada por Elena Artalejo, directora de Marketing de AEFA, contó con David García, Marketing & Technical Coordinator de Rovensa Next; Manuel Martín-Andrés, responsable de Desarrollo Agronómico de Herogra Group; y Marcos Caballero, responsable de Desarrollo Agronómico y Transferencia en el departamento de I+D+i de Fertinagro Biotech.
El planteamiento de esta sesión conectó dos cuestiones que no pueden abordarse de manera aislada: la capacidad del cultivo para utilizar los nutrientes disponibles y el papel que pueden desempeñar las herramientas de bioestimulación en ese proceso.
La eficiencia nutricional no depende únicamente de la composición de los fertilizantes. También está condicionada por la disponibilidad de los elementos en el suelo, su movilidad, la actividad de las raíces, las condiciones de humedad y la capacidad de la planta para absorberlos y utilizarlos. Cuando alguno de estos factores limita el proceso, aumentar las dosis no garantiza una mejora proporcional de la respuesta productiva.
De ahí la importancia de combinar un diagnóstico agronómico adecuado con estrategias de nutrición ajustadas a las necesidades del cultivo. El análisis del suelo, el seguimiento del estado nutricional y la consideración de las condiciones ambientales ayudan a identificar limitaciones y a orientar las decisiones de manejo.
Manuel Martín-Andrés manifestó que “necesitamos entender y conocer lo que hay en el suelo para identificar las necesidades y promover una buena relación entre planta y suelo a través de la raíz”. El experto de Herogra señalo que “el manejo adecuado del suelo contribuye a que el cultivo asimile mejor los nutrientes, además de fomentar la microbiología para que la planta se encuentre cómoda”.
Durante sus intervenciones, David García afirmó que “somos precisos en las recomendaciones porque el agricultor lo que busca es la rentabilidad”. El responsable de Rovensa indicó que “una de las principales pérdidas de eficiencia es el exceso. Lo importante es conocer lo que tenemos en el suelo, cómo lo puedo aprovechar y qué tipo de bioestimulante me puede ayudar más a ese aprovechamiento de nutrientes”. García aseguró que “la pérdida de eficacia de un tratamiento suele darse por una mala elección del producto”.
Para Marcos Caballero, los agricultores “están sufriendo mucha volatilidad en el precio de los insumos, una situación casi ya habitual. Las explotaciones que no sean capaces de adaptarse no van a sobrevivir. Ante esta situación, lo que podemos hacer es ser más eficientes y ajustar la demanda de insumos en función de la situación del mercado”. Desde su experiencia, la fertilización tradicional tiene una “baja eficiencia“ en lo que se refiere a la puesta a disposición de la planta de los nutrientes. ”Se trata de mejorar la sincronización. Los bioestimulantes son la herramienta adecuada según la Unión Europea para mejorar la eficiencia de los fertilizantes, pero para aplicarlos bien es necesario conocer el suelo”, concluyó.
Investigación, industria y transferencia
La clausura del Congreso estuvo protagonizada por Camino García Martínez de Morentin, directora general de AEFA, cuya trayectoria al frente de la asociación está vinculada a la representación sectorial y al impulso del desarrollo técnico en el ámbito de los agronutrientes.
La presencia conjunta de investigadores universitarios, especialistas y profesionales de empresas de nutrición y bioestimulación reflejó la necesidad de mantener una conexión constante entre ciencia, innovación y aplicación agrícola. Los desafíos relacionados con el agua, la degradación del suelo y el aprovechamiento de los nutrientes requieren soluciones que combinen conocimiento científico, evaluación técnica y adaptación a las condiciones de cada explotación.
Camino García aseveró que estamos en "un momento clave para los bioestimulantes, por los factores impulsores y por el contexto del mercado. La industria de los bioestimulantes está experimentando un crecimiento anual del 8-10%, a pesar de la situación del sector y la volatilidad. Incluso los fondos de inversión de otros sectores están empezando a invertir en el desarrollo de bioestimulantes".
Para la responsable de AEFA, la gran barrera que se puede encontrar el sector es la reglamentación. "El denominado 'Chemical Omnibus' es una nueva normativa que aplica a los bioestimulantes y que pretende servir de paragüas para no perder la innovación que están desarrollando las empresas en Europa", apuntó.
"Necesitamos un diálogo continuo entre centros de investigación, empresas y agricultores, potenciar la transferencia de conocimiento y conocer mejor la interacción planta-suelo", finalizó.
El Congreso Gestión Sostenible del Suelo 2026, organizado por Grupo Interempresas y AEFA con la colaboración de la UPV y el CIDE, volvió a situar la salud del suelo en el centro del debate agronómico. La conclusión fue clara: la sostenibilidad agrícola no depende de una única tecnología ni de una intervención aislada. Requiere comprender mejor el funcionamiento del suelo, ajustar las prácticas a las necesidades de los cultivos y evaluar las innovaciones con criterios técnicos.
En un contexto de creciente presión sobre los recursos, conservar la capacidad productiva del suelo y aprovechar mejor cada aporte de agua y nutrientes constituye una condición esencial para construir una agricultura más resiliente y competitiva.
La sostenibilidad de la agricultura no depende de una única tecnología ni de una intervención aislada


















