La entrada en vigor del Reglamento Europeo de Envases plantea importantes desafíos para la industria
El PPWR ya está aquí. La incertidumbre también
Cristina Galán Hernangómez, responsable del grupo sectorial de sostenibilidad de envases y embalajes de Anaip
14/07/2026
Para muchas empresas la principal sensación no es de claridad regulatoria, sino de incertidumbre. Y no porque falte ambición, sino porque todavía quedan numerosas cuestiones prácticas por resolver.
A partir del 12 de agosto, por cierto, una fecha muy bien elegida para la conciliación de las personas y la supervisión, los envases comercializados en la UE deberán estar respaldados por procedimientos de evaluación de conformidad, documentación técnica y una Declaración UE de Conformidad.
Las empresas deberán poder demostrar documentalmente que sus envases cumplen los requisitos aplicables. Y aquí aparece la primera gran incertidumbre.
¿Cómo demostrar el cumplimiento de requisitos que todavía están evolucionando?
Por ejemplo, seguimos a la espera de una metodología armonizada para analizar las PFAs contenidas en el envase, siendo este uno de los requisitos que comienzan su aplicación el 12 de agosto.
Continua sin aclararse en ciertos casos quién es el obligado a cumplir, es decir, quién es la empresa que actuará con el rol de fabricante. Y, en consecuencia, en esas situaciones con la RAP, ¿quién será considerado el productor? Esto genera conflictos en la cadena de valor ante la complejidad de las definiciones y nomenclaturas. Mas de 50 páginas de guía no han sido suficientes para aclarar la diversidad de situaciones reales, también en las adquisiciones intracomunitarias y en las importaciones tanto de envases como de productos envasados. La discrepancia por quién tiene la responsabilidad no es por una cuestión de fondo, en la que todos están trabajando, sino que se traduce en costes económicos directos para las empresas y mayores dificultades fiscales y en la financiación.
Además, es un reglamento que deja abiertas ciertas cuestiones en torno a la RAP, entre otras cosas, que solamente puede decidir el Estado miembro. Y la gran complejidad y coste de contratar a un representante autorizado y registro en Scraps en otros países europeos, si quieres vender en ellos a usuarios finales ¿no son barreras?
El verdadero reto: no perder competitividad
Todavía hay mucha inseguridad jurídica con respecto a la aplicación de estas novedades y que se tiene que hacer en un corto espacio de tiempo, por lo que las empresas no pueden tomar decisiones que llevan consigo un gasto de recursos económicos y que, una vez puestas en marcha, no hay vuelta atrás. Mientras la industria europea trata de sobrevivir en este contexto, las empresas que están en terceros países no tienen este tipo de preocupaciones y, en consecuencia, no pierden competitividad.
Y aquí llegan otras muchas preguntas sin respuesta: ¿Cómo se va a controlar que lo importado cumple con las mismas exigencias que lo fabricado en la Unión Europea? ¿Todas las medidas de vigilancia del mercado se pondrán en marcha a tiempo? ¿Quién va a hacer la vigilancia y el control de lo que provenga de terceros países? ¿El 12 de agosto va a controlarse que los envases de todos los productos en contacto con alimentos llevan su declaración y cumplen con las restricciones de PFAS y cómo se habrán hecho los análisis?
Conclusión
El éxito del PPWR dependerá no solo de los objetivos que persigue, sino de la capacidad de ofrecer respuestas claras, criterios uniformes y una aplicación efectiva.
Sobreviviremos, como siempre, somos resilientes y elásticos.
Como en otras ocasiones, desde Anaip acompañamos a las empresas, especialmente a las pymes, con reuniones de trabajo, resolución de dudas y documentos guía que facilitan la aplicación de la normativa. En un contexto tan complejo, contar con el apoyo de una asociación marca la diferencia.
Pero ¿seguiremos siendo competitivos con tanta inseguridad y complejidad? Porque regular es necesario. Generar incertidumbre, no.


















