OPINIÓN
“El futuro pasa por hacer del autoconsumo un actor activo del sistema eléctrico, aportando flexibilidad, resiliencia y ahorro”

Entrevista a Jon Macías, presidente de APPA Autoconsumo

Foto

El VII Congreso Nacional de Autoconsumo, celebrado a finales de mayo en Zaragoza, puso sobre la mesa los principales desafíos que marcarán el futuro del sector: la integración de las instalaciones en la red, el despliegue del almacenamiento, la flexibilidad del sistema, el impulso al autoconsumo colectivo y la necesidad de simplificar los trámites administrativos. En esta entrevista, Jon Macías, presidente de APPA Autoconsumo, repasa las principales conclusiones del encuentro y defiende un marco regulatorio y de inversión que permita que el autoconsumo siga teniendo un papel protagonista en la transición energética y la electrificación de la economía española.

Imagen

En el VII Congreso Nacional de Autoconsumo celebrado en Zaragoza los días 21 y 22 de mayo ha quedado claro que el autoconsumo entra en una nueva fase marcada por redes, almacenamiento y flexibilidad. ¿Diría que el sector ha pasado ya de una etapa de crecimiento acelerado a una etapa de integración y madurez?

Sí, está claro que estamos en una nueva etapa. Hemos pasado de medir el éxito en megavatios instalados a preguntarnos cómo integrar, gestionar y maximizar el valor de cada kilovatio hora

La fase anterior fue imprescindible: permitió crear un sector sólido, profesionalizarlo y acercar la generación renovable a ciudadanos y empresas. Pero hoy el reto es distinto.

Ha permitido crear el tejido empresarial actual, profesionalizar el sector y llevar la generación renovable a ciudadanos y empresas, pero estamos en una nueva fase.

Ahora la preocupación no es cuánto se instala sino cómo se integra, cómo se aprovecha y cómo conseguimos que cada kilovatio hora generado tenga un valor máximo para el consumidor y para el sistema, aquí es clave el nuevo rol que el almacenamiento está añadiendo a los proyectos.

El autoconsumo ha madurado, pero eso no significa perder ambición. Significa que ya no basta con instalar paneles: hay que integrar baterías, electrificar consumos, gestionar la demanda y hacer posible que el autoconsumo sea una herramienta activa del sistema eléctrico. El futuro pasa por hacer del autoconsumo un actor activo del sistema eléctrico, aportando flexibilidad, resiliencia y ahorro.

En 2025 el autoconsumo sumó 1.214 MW, pero la potencia anual instalada cayó por tercer año consecutivo. ¿Cómo interpreta APPA esta desaceleración? ¿Es una normalización del mercado o empieza a haber señales de agotamiento en algunos segmentos?

Es cierto que si vemos la potencia instalada es el tercer año de desaceleración, pero el almacenamiento asociado a estas instalaciones ha tenido en 2025 un crecimiento del 118%, hay que ver las cifras en su contexto y entender que estamos evolucionando hacia proyectos más maduros y eficientes.

Venimos de un crecimiento extraordinario, especialmente en 2022, cuando coincidieron ayudas europeas, precios eléctricos muy elevados, facilidad de financiación y una tecnología ya madura. Aquella tormenta perfecta no podía mantenerse indefinidamente. Ahora bien, tres años consecutivos de caída sí debe preocuparnos, porque ya no estamos sólo ante una corrección: estamos por debajo del ritmo que necesitamos para alcanzar los objetivos de 2030.

Además, la desaceleración no afecta igual a todos los segmentos. El industrial resiste mejor porque tiene más capacidad de análisis, más consumo diurno y una visión de inversión a largo plazo. El residencial está más condicionado por la desaparición de ayudas, la percepción de precios eléctricos bajos y la dificultad de transmitir al ciudadano que el precio del mercado mayorista no es su factura.

El autoconsumo sigue siendo atractivo. Lo que falta es volver a explicar bien sus ahorros y crear un marco estable que permita crecer de forma orgánica, sin sobresaltos.

España acumula ya 9.590 MW de autoconsumo y cubre alrededor del 4,1% de la demanda eléctrica nacional. ¿Qué peso debería alcanzar el autoconsumo en el mix eléctrico español de aquí a 2030 para cumplir realmente su papel estratégico?

El PNIEC marca un objetivo de 19 GW de autoconsumo en 2030. Eso supone prácticamente duplicar la potencia acumulada actual en apenas cinco años, instalando cerca de 1,9 GW anuales de aquí a final de década. Es un ritmo superior al actual, pero perfectamente alcanzable si eliminamos barreras.

Pero el papel estratégico del autoconsumo no debe medirse solo en gigavatios o porcentajes de demanda. Su valor está en producir electricidad cerca de donde se consume, reducir pérdidas, aliviar la red, mejorar la competitividad de las empresas y dar al ciudadano un papel activo en la transición energética.

Cubrir ya el 4,1% de la demanda es muy relevante, pero el potencial es mucho mayor y, lo que es fundamental, debemos entender el autoconsumo no como un número mayor o menor de GW en el sistema, sino como la punta de lanza de un nuevo modelo y de una nueva relación con la energía. El autoconsumo tiene que ser el pilar para construir un sistema más distribuido, más eficiente y más resiliente.

“El autoconsumo exige una red más digital, flexible y preparada para flujos bidireccionales”

“El autoconsumo exige una red más digital, flexible y preparada para flujos bidireccionales”.

Uno de los datos más llamativos que han aparecido durante el Congreso ha sido que 2.183 GWh de energía generada no pudieron aprovecharse en 2025. ¿Hasta qué punto este problema evidencia que la red eléctrica no está preparada para el nuevo modelo energético distribuido?

Es un dato muy preocupante: hablamos de electricidad limpia ya generada, financiada e instalada que, sin embargo, no se aprovecha. En términos sencillos, es como cocinar comida de calidad y tirarla porque no hemos puesto la mesa a tiempo.

Esto no significa que la red eléctrica española sea mala. No es un problema de falta de calidad de la red, sino de adaptación. Nuestro sistema es robusto. Pero sí evidencia que la red, la regulación y los procedimientos administrativos no están avanzando al mismo ritmo que la generación distribuida.

Durante años diseñamos el sistema para grandes centrales y consumidores pasivos. El autoconsumo cambia esa lógica: miles de cubiertas industriales, viviendas, comunidades energéticas y edificios públicos producen electricidad. Eso exige una red más digital, flexible y preparada para flujos bidireccionales.

La prioridad no debe ser frenar el autoconsumo, lo que sería absurdo con nuestro potencial, sino adaptar la red y la regulación para aprovechar toda esa energía ya generada.

Desde APPA se insiste en la necesidad de más inversión en redes y digitalización. ¿Qué medidas concretas debería adoptar el regulador para evitar que las limitaciones de red frenen el desarrollo del autoconsumo?

Lo primero es entender que la red no es un coste de nuestra cuenta de resultados, sino una inversión estratégica para impulsar nuestra industria y nuestra sociedad. Si queremos más electrificación, industria competitiva y crecimiento económico, necesitamos redes preparadas.

El regulador debe anticipar la planificación de red, acelerar la digitalización de la baja y media tensión y revisar los criterios de acceso para que sean proporcionales al uso real. También hacen falta procedimientos homogéneos, plazos claros y trazabilidad administrativa. No podemos perdernos en la complejidad administrativa, ni perder oportunidades de industrialización, que es inversión y empleos para España, por no estar preparados.

Cada kilovatio hora renovable desaprovechado es una oportunidad perdida, y cada megavatio hora industrial que decide irse a otros países, por no poder atender a su demanda eléctrica, es una tragedia.

El almacenamiento “detrás del contador” superó ya los 1.000 MWh acumulados y parece consolidarse como pieza central del sistema. ¿Estamos entrando definitivamente en la era del autoconsumo con batería como estándar, especialmente en residencial?

Estamos entrando en la era del autoconsumo con almacenamiento, aunque creo que debemos ser prudentes con la palabra “estándar”. No todas las instalaciones necesitan batería desde el primer día ni todos los perfiles de consumo son iguales. Pero la tendencia es clara: la batería multiplica el valor del autoconsumo.

En residencial, permite aprovechar por la tarde y la noche más energía generada durante las horas solares, algo clave con la electrificación del hogar: bomba de calor, vehículo eléctrico, climatización o electrodomésticos inteligentes. Al añadir batería, el valor del autoconsumo se extiende a más horas.

En industria, además del ahorro, aporta resiliencia: protege procesos que pueden ser cruciales, reduce picos de demanda y mejora la gestión energética.

El consumidor deja de ser pasivo: produce, almacena, gestiona y consume de forma inteligente. Ese es el salto de madurez del sector.

Durante el Congreso también se habló mucho de flexibilidad y gestión energética. ¿Cree que el mercado español está preparado para evolucionar hacia modelos más avanzados de agregación, gestión de demanda y servicios energéticos?

Técnicamente, estamos más preparados de lo que parece: hay soluciones, digitalización y consumidores cada vez más activos. El reto está, sobre todo, en la regulación y en el diseño del mercado.

El futuro del sistema eléctrico pasa por la flexibilidad: gestión de la demanda, baterías, agregadores y servicios energéticos sencillos para hogares y empresas. España tiene recurso solar, tejido empresarial e industria consumidora. Lo que falta es reconocer y monetizar ese valor, algo fundamental si queremos que nuestro sistema evolucione hacia un sistema del siglo XXI. La tecnología ya está llamando a la puerta; ahora debe abrirla la regulación.

El autoconsumo colectivo sigue siendo una de asignaturas pendientes. ¿Por qué avanza tan lentamente en España pese a su enorme potencial en un país con tanta vivienda en altura?

El autoconsumo colectivo debería ser una de las grandes historias de éxito de la transición energética en España, porque vivimos en un país con mucha vivienda en altura. Sin embargo, hoy avanza mucho más despacio de lo que debería, y eso supone una oportunidad perdida para miles de familias que podrían estar ahorrando ya en su factura.

Las barreras siguen siendo demasiado altas: trámites complejos, acuerdos de reparto, distribuidoras, comunidades de propietarios y, a veces, administraciones locales. Para un ciudadano es difícil de entender; para una comunidad de vecinos puede ser directamente disuasorio.

Además, hay un problema de coordinación y de conocimiento. Hay que informar, convencer, votar, repartir beneficios y gestionar expectativas. Si no simplificamos el proceso, el potencial se queda bloqueado.

Aun así, soy optimista. Con procedimientos homogéneos, figuras que faciliten la gestión y una comunicación más clara, el autoconsumo colectivo puede despegar y alcanzar su potencial. Lo que debemos tener claro todos es que no podemos pedir al ciudadano que sea experto energético para ahorrar.

"Autoconsumo y electrificación son una combinación ganadora por la que debemos apostar; no es ecología, es pura economía"

Varias empresas participantes reclamaron avances regulatorios y nuevas fórmulas de financiación. ¿Cuáles son hoy las principales barreras económicas y normativas que frenan proyectos industriales y residenciales?

En residencial, la principal barrera es la inversión inicial. El autoconsumo se amortiza, genera ahorro y tiene una vida útil larga, pero muchas familias no pueden afrontar el desembolso. Por eso las ayudas puntuales deberían evolucionar hacia un marco fiscal estable, con bonificaciones, reducción de impuestos y financiación accesible para hogares con menor renta.

En industria, el problema no suele ser la rentabilidad, sino la tramitación, la conexión y el vertido de excedentes. Muchas empresas terminan optando por soluciones antivertido porque verter a red es demasiado complejo, las exigencias a nivel burocrático son muy altas. Es absurdo: instalamos generación limpia y luego limitamos su uso.

En ambos casos necesitamos reglas claras, plazos previsibles y simplicidad administrativa. La tecnología es bastante sencilla; la regulación, lamentablemente, todavía no.

Otro de los mensajes del Congreso fue la necesidad de situar al instalador en el centro del sector. Sin embargo, como en otros muchos sectores de las instalaciones, existe un problema de mano de obra cualificada. ¿Han valorado desde APPA cómo está repercutiendo este hecho en el desarrollo del autoconsumo en España?

Sí, lo estamos viendo y nos preocupa. El instalador es la cara visible del autoconsumo: explica, dimensiona, instala y determina la experiencia del cliente.

Tras los años de fuerte crecimiento, el mercado entra en una fase más madura, donde deben primar la calidad, la formación y la profesionalización. Ya no hablamos únicamente de colocar paneles, sino de integrar soluciones energéticas completas (fotovoltaica, baterías, vehículo eléctrico, bombas de calor y digitalización). El salto cualitativo es grande. Por eso son clave la formación profesional, la colaboración con fabricantes, la certificación de competencias y la atracción de talento joven.

El instalador necesita reconocimiento, estabilidad y capacitación continua. Sin su figura, este sector no tiene sentido.

En el contexto actual de volatilidad energética y tensiones geopolíticas, ¿cree que España está aprovechando suficientemente el potencial estratégico del autoconsumo?

España no está aprovechando todavía todo el potencial. Tenemos una ventaja competitiva evidente: más horas de sol que otros países europeos. El mismo módulo fotovoltaico produce aquí más electricidad que en otros países europeos y, por tanto, más ahorro a igualdad de inversión.

Pero el autoconsumo debe entenderse dentro de una idea más amplia: la electrificación. Cada vez que sustituimos gas, gasóleo o combustibles fósiles por electricidad —en climatización, movilidad o procesos industriales— estamos descarbonizando consumo. Incluso sin autoconsumo, cerca del 75% de la electricidad en España ya procede de tecnologías descarbonizadas, renovables y nuclear. Con autoconsumo, esa electricidad es 100% renovable, de proximidad y distribuida.

Por eso el autoconsumo no es solo ecología. Es soberanía energética en pequeña escala, competitividad para empresas y hogares, reducción de importaciones fósiles y una herramienta directa para electrificar mejor. Autoconsumo y electrificación son una combinación ganadora por la que debemos apostar, no es ecología es pura economía.

Ya para concluir, ¿cuales serían las prioridades de sector del autoconsumo español en los próximos años para no perder impulso?

La primera prioridad es la simplificación regulatoria y administrativa: trámites más rápidos, homogéneos y proporcionados. El autoconsumo no puede depender de cada comunidad autónoma, ayuntamiento o interpretación concreta. La tecnología es sencilla; la regulación también debe serlo.

La segunda la integración de sistema. Apostar por la electrificación e invertir en redes, digitalización y almacenamiento. Para aprovechar toda la energía que generamos necesitamos redes preparadas, baterías detrás del contador, flexibilidad y una gestión más inteligente de la demanda. No podemos seguir desaprovechando miles de gigavatios hora renovables ni seguir usando energías fósiles cuando su contrapartida eléctrica es más barata y limpia.

La tercera es una financiación y fiscalidad estables: bonificaciones, reducción de impuestos, acceso al crédito y mecanismos que lleven el autoconsumo a quienes más necesitan ahorrar.

"El instalador necesita reconocimiento, estabilidad y capacitación continua. Sin su figura, este sector no tiene sentido"

EMPRESAS O ENTIDADES RELACIONADAS
Asociación de Productores de Energías Renovables
COMENTARIOS AL ARTÍCULO/NOTICIA

Deja un comentario

Para poder hacer comentarios y participar en el debate debes identificarte o registrarte en nuestra web.

Suscríbase a nuestra Newsletter - Ver ejemplo

Contraseña

Marcar todos

Autorizo el envío de newsletters y avisos informativos personalizados de interempresas.net

Autorizo el envío de comunicaciones de terceros vía interempresas.net

He leído y acepto el Aviso Legal y la Política de Protección de Datos

Responsable: Interempresas Media, S.L.U. Finalidades: Suscripción a nuestra(s) newsletter(s). Gestión de cuenta de usuario. Envío de emails relacionados con la misma o relativos a intereses similares o asociados.Conservación: mientras dure la relación con Ud., o mientras sea necesario para llevar a cabo las finalidades especificadasCesión: Los datos pueden cederse a otras empresas del grupo por motivos de gestión interna.Derechos: Acceso, rectificación, oposición, supresión, portabilidad, limitación del tratatamiento y decisiones automatizadas: contacte con nuestro DPD. Si considera que el tratamiento no se ajusta a la normativa vigente, puede presentar reclamación ante la AEPD. Más información: Política de Protección de Datos