Los materiales convencionales siguen impulsando el sector de la construcción
En la actualidad, los materiales de construcción conviven con soluciones más convencionales y también con sistemas más tecnológicos que se posicionan por sus prestaciones, su facilidad de instalación o su menor impacto ambiental.
Sin embargo, pese a que existe un movimiento que apuesta por la bioconstrucción, el cemento y el hormigón siguen siendo fundamentales en cimentaciones, estructuras, soleras, pavimentos y numerosas infraestructuras. Su disponibilidad, resistencia mecánica, versatilidad y adaptación a diferentes sistemas constructivos explican su implantación en el mercado.
El hormigón permite resolver elementos estructurales y constructivos con prestaciones ajustadas a las exigencias de cada proyecto. A su vez, los morteros de albañilería, recrecido, reparación, impermeabilización y revestimiento cubren necesidades específicas tanto en obra nueva como en rehabilitación. Esta diversidad implica trabajar con una gama que no se limita al cemento envasado: incorpora morteros preparados, productos de reparación, aditivos y soluciones para la puesta en obra.
Uno de los principales retos de esta familia es reducir las emisiones asociadas a la fabricación. La producción de clínker, componente fundamental del cemento convencional, requiere procesos térmicos intensivos y genera emisiones vinculadas tanto al combustible como a la transformación química de las materias primas.
El acero también mantiene un papel relevante en estructuras metálicas, armaduras para hormigón, cubiertas, fachadas, cerrajería y sistemas de fijación. Su elevada resistencia mecánica, su capacidad para cubrir grandes luces y su comportamiento predecible en sistemas correctamente proyectados lo convierten en un material de referencia en numerosos tipos de obra.
Sin embargo, el impacto ambiental de los productos de acero depende de factores como la ruta de fabricación, el origen de la energía, la proporción de material reciclado y las operaciones posteriores de transformación.
Cerámica, ladrillo y productos de arcilla cocida
Por su parte, los ladrillos, bloques cerámicos, tejas, baldosas y otros productos de arcilla cocida continúan siendo habituales en cerramientos, particiones, cubiertas y acabados. Su presencia responde a una combinación de tradición constructiva, disponibilidad industrial, resistencia, durabilidad y adaptación a diferentes soluciones arquitectónicas.
En revestimientos, el comportamiento final no depende únicamente de la pieza cerámica. Influyen también el espesor del sistema, las juntas, los revestimientos, los puentes térmicos, la estanqueidad al aire y la incorporación de aislamiento. La rehabilitación constituye un ámbito de aplicación importante para esta familia, especialmente en intervenciones sobre fachadas, cubiertas y particiones existentes. También se utilizan soluciones cerámicas en proyectos que requieren resistencia al fuego, durabilidad y facilidad de mantenimiento.
Desde la perspectiva ambiental, la fabricación de productos cerámicos exige energía para la cocción. La eficiencia de los hornos, la electrificación cuando resulta viable, la utilización de energías de menor impacto y la optimización de los procesos son factores relevantes para reducir las emisiones. La durabilidad y la posibilidad de reutilizar determinadas piezas también pueden contribuir a mejorar el balance del sistema constructivo.
Yeso, placas y sistemas de construcción en seco
Las placas de yeso laminado y los sistemas de construcción en seco ocupan un lugar destacado en la ejecución de particiones interiores, trasdosados, falsos techos y determinadas soluciones de protección frente al fuego. Su montaje permite organizar instalaciones, mejorar la planificación de los trabajos y reducir operaciones húmedas respecto a algunos sistemas tradicionales.
La oferta del mercado incluye placas estándar, resistentes a la humedad, de mayor dureza superficial, con prestaciones acústicas o con características específicas de reacción y resistencia al fuego. La elección debe responder al uso previsto y a la composición completa del sistema, incluidos perfiles, tornillería, aislamiento, juntas y encuentros.
La mejora de la eficiencia energética de los edificios mantiene a los materiales aislantes entre las familias de mayor interés técnico. Lana mineral, poliestireno expandido (EPS), poliestireno extruido (XPS), poliuretano y otros productos se utilizan en fachadas, cubiertas, suelos, cámaras y sistemas de aislamiento por el exterior.
Cada solución presenta características diferentes de conductividad térmica, comportamiento frente al agua, reacción al fuego, resistencia mecánica, estabilidad dimensional y facilidad de instalación. Por tanto, no existe un aislamiento universalmente mejor: la selección depende de la ubicación, el sistema constructivo, las exigencias reglamentarias y las condiciones de uso.
La correcta instalación es decisiva. Un producto con buenas prestaciones puede perder eficacia si aparecen discontinuidades, infiltraciones o encuentros mal resueltos. Por ello, el asesoramiento técnico y la disponibilidad de componentes compatibles constituyen oportunidades para el almacén, especialmente en obras de rehabilitación energética.
El momento de la madera y sus derivados
La madera estructural, los tableros y los productos derivados tienen aplicaciones en estructuras, cubiertas, entramados, particiones, carpinterías y acabados. Los sistemas de entramado ligero, la madera laminada encolada y los paneles de madera contralaminada (CLT) permiten desarrollar soluciones prefabricadas y modulares.
La fabricación en taller y el montaje en obra pueden acortar determinadas fases de ejecución, reducir la generación de residuos y mejorar el control dimensional. No obstante, estos resultados dependen de la planificación, el diseño, la logística y la coordinación de los trabajos.
La madera también presenta particularidades técnicas que deben considerarse desde el proyecto: protección frente a la humedad, durabilidad, tratamiento de encuentros, comportamiento frente al fuego y control acústico, entre otras. Su utilización estructural requiere productos adecuados y una solución calculada conforme a las exigencias aplicables.
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) señala que el empleo de productos de madera en usos duraderos, como la construcción, puede contribuir al almacenamiento de carbono a largo plazo. Este potencial debe valorarse considerando la procedencia de la madera, la gestión forestal, la vida útil del producto, las transformaciones industriales y su destino al final de la vida útil.
En las decisiones de compra también gana peso la información ambiental verificable. Las declaraciones ambientales de producto (DAP o EPD, por sus siglas en inglés), cuando están disponibles y se elaboran conforme a las normas aplicables, permiten comparar impactos dentro de unos límites de sistema y unas condiciones declaradas. Asimismo, la actualización del Código Técnico de la Edificación no solo permitirá aportar nuevos datos de los elementos constructivos para fomentar la descarbonización del sector de la construcción, sino que la reducción del CO2 en los materiales de construcción será un importante indicativo a corto plazo para determinar la opción de compra a futuro.
Es decir, el análisis del ciclo de vida del edificio provocará una nueva evaluación de las emisiones de los materiales, adquiriendo una mayor relevancia el carbono incorporado en cemento, acero, aislamientos, revestimientos y otros productos, además de las emisiones asociadas al consumo energético durante el uso del edificio.
El momento de los biomateriales
Los biomateriales constituyen una de las líneas de innovación que merece mayor atención. Se trata de productos de construcción elaborados total o parcialmente a partir de materias primas de origen biológico, como madera, fibras vegetales, corcho, celulosa, cáñamo, lino o paja. También existen materiales desarrollados a partir de subproductos agrícolas y residuos orgánicos, aunque su composición y sus prestaciones varían considerablemente.
El relleno de celulosa es una de las alternativas en aislamiento en bioconstrucción.
Su interés radica en la posibilidad de aprovechar recursos renovables, diversificar las materias primas y reducir determinados impactos asociados a la fabricación de materiales convencionales. Algunos productos pueden almacenar carbono biogénico durante su vida útil, siempre que se tengan en cuenta su origen, durabilidad y destino final. Sin embargo, que un material sea natural o renovable no garantiza por sí solo un menor impacto ambiental.
Entre las soluciones disponibles se encuentran los aislamientos de celulosa, fabricados habitualmente a partir de papel recuperado; los productos de corcho expandido; los paneles y mantas de fibras de madera; y los aislamientos elaborados con cáñamo, lino u otras fibras vegetales. La paja también se utiliza en determinados sistemas de cerramiento, normalmente combinada con estructuras y revestimientos compatibles.
Estas soluciones pueden contribuir al aislamiento térmico y, en función de su composición y configuración, al comportamiento higrotérmico de la envolvente. No obstante, las prestaciones deben comprobarse producto por producto. La conductividad térmica, la reacción al fuego, la sensibilidad a la humedad, la estabilidad, las emisiones interiores y la durabilidad no son iguales en todas las familias.
La evolución de los materiales de construcción amplía las funciones de la distribución profesional. Además de asegurar disponibilidad y precio competitivo, los almacenes pueden aportar valor mediante la selección de sistemas compatibles, la información sobre prestaciones, la formación a clientes y la coordinación de suministros.




























































































