La ventana vuelve al centro del debate en la arquitectura sostenible
Diversos informes sectoriales, como el Design Forecast 2026 de Gensler, apuntan a la necesidad de integrar resiliencia, tecnología y eficiencia en la arquitectura contemporánea. En este escenario, los edificios —responsables de una parte significativa del consumo energético y de las emisiones 1— requieren soluciones que permitan intervenir de forma directa en su desempeño.
Dentro de este marco, la ventana adquiere un papel relevante. Tradicionalmente considerada un punto débil de la envolvente, debido a pérdidas térmicas o limitaciones constructivas, su evolución técnica está permitiendo redefinir su función dentro del conjunto del edificio.
Uno de los aspectos clave en este cambio es la mejora de los sistemas de carpintería. En las soluciones convencionales de PVC, la rigidez estructural se ha resuelto habitualmente mediante refuerzos de acero. Sin embargo, este enfoque implica una serie de condicionantes, como el aumento de peso, una mayor complejidad en el proceso de fabricación y la aparición de puentes térmicos que afectan al aislamiento.
En respuesta a estas limitaciones, compañías como Deceuninck han desarrollado alternativas basadas en nuevos materiales y configuraciones. Entre ellas, el sistema ThermoFibra que introduce hilos continuos de fibra de vidrio en el perfil, lo que permite prescindir del refuerzo de acero tradicional. Esta solución contribuye a reducir el peso de las hojas y mejorar el comportamiento térmico del conjunto, alcanzando valores de transmitancia desde 0,85 W/m²K.
De forma complementaria, el refuerzo térmico Forthex se basa en un núcleo de PVC de baja densidad optimizado para mejorar el aislamiento del marco. Este sistema también facilita los procesos de fabricación e instalación, lo que puede resultar relevante en entornos productivos que buscan mayor eficiencia.
En cuanto a prestaciones, estos sistemas alcanzan niveles elevados en los ensayos AEV, con clasificación Clase 4 en permeabilidad al aire, E2100 en estanqueidad al agua y Clase C5 en resistencia al viento. Estos parámetros sitúan a la ventana como un elemento activo en la mejora del comportamiento energético del edificio, más allá de su función tradicional.
Desde el punto de vista del diseño, la evolución de los perfiles también permite avances significativos. La reducción de secciones visibles, con alas de acristalamiento de dimensiones reducidas, favorece una mayor superficie acristalada. Esto se traduce en un incremento de la entrada de luz natural y en una estética más ligera, aspectos cada vez más valorados en proyectos contemporáneos.
Asimismo, estas soluciones presentan implicaciones en ámbitos clave como la rehabilitación y la construcción industrializada. La reducción de peso de los componentes facilita su manipulación e instalación, especialmente en intervenciones sobre edificios existentes. Por otro lado, la simplificación de los procesos productivos contribuye a mejorar la eficiencia en sistemas constructivos industrializados.
En conjunto, la evolución de la carpintería de PVC evidencia un cambio de enfoque en el sector. Elementos tradicionalmente considerados secundarios pasan a desempeñar un papel estratégico en el rendimiento global del edificio. Y en este contexto, la ventana deja de ser un punto crítico para convertirse en una oportunidad de mejora dentro de la envolvente arquitectónica.
1 Los edificios representan el 40% del consumo de energía final de la Unión Europea, según la Directiva 2012/27/UE, relativa a la eficiencia energética.




























































































