La ventana ante la gran transformación del sector
Àlex Peral. Director Técnico de Grupo Indalsu
15/04/2026Las nuevas directrices que llegan a través de la EPBD, el ESPR, el nuevo RPC o los futuros cambios del CTE son claras y exigentes en materia de sostenibilidad, basadas en la descarbonización, la trazabilidad y el análisis del ciclo de vida. Pero más allá del endurecimiento de requisitos, hay un cambio de fondo: el foco deja de estar únicamente en construir mejor para centrarse en intervenir de forma masiva sobre lo ya construido.
Si miramos los datos, en España cerca del 85% de las viviendas fueron construidas antes de 2006 (según el ‘Observatorio de vivienda y suelo’ del MIVAU). En Europa, el 90% de los edificios que existirán en 2050 ya están en pie, y alrededor del 75% no cumple con los estándares actuales de eficiencia energética. El reto, por tanto, es evidente: transformar lo existente.
En este contexto, el PNRE (Plan Nacional de Renovación de Edificios) plantea una intervención a gran escala sobre el parque edificado, con objetivos como la rehabilitación de más de 1,5 millones de viviendas antes de 2030 y una reducción progresiva del consumo energético. Además, fija que el 55% del ahorro deberá concentrarse en el 43% de los edificios más ineficientes y prevé alcanzar hasta 17,8 millones de viviendas rehabilitadas en 2050, combinando actuaciones ligeras, medias y profundas.
Pero si hay un elemento capaz de impactar de forma directa en la demanda energética de un edificio, ese elemento es la envolvente. Y dentro de ella, la ventana es una de las decisiones más determinantes en confort, eficiencia y comportamiento energético global. Hasta ahora, el sector ha trabajado principalmente con métricas de uso: transmitancia, aislamiento o estanqueidad. Sin embargo, el nuevo marco europeo introduce algo mucho más profundo: el PCG (Potencial de Calentamiento Global) en ciclo de vida completo. Y aquí aparece un punto clave: hoy, en la práctica, este enfoque todavía no se aplica de forma sistemática en la mayoría de proyectos, pero será determinante en muy poco tiempo.
Esto significa que la ventana ya no se evaluará solo por lo que ahorra en fase de uso, sino por todo su impacto: extracción de materiales, fabricación, transporte, mantenimiento, uso en el edificio y fin de vida. En otras palabras, el edificio deja de mirarse solo en su fase de uso para analizarse desde su origen hasta su final.
Este cambio conecta directamente con el Reglamento de Ecodiseño de Productos Sostenibles (ESPR), que impulsa productos diseñados para reducir impacto ambiental, aumentar durabilidad, facilitar reparación y permitir reciclaje. En el caso de la ventana, esto implica más uso de materiales reciclados, soluciones reparables y diseños preparados para su desmontaje.
A esto se suma la llegada del Pasaporte Digital del Edificio, que obligará a registrar cada intervención y a organizar las decisiones dentro de una estrategia a largo plazo con objetivos a 2030, 2040 y 2050.
Todo ello está cambiando también la forma de trabajar del sector. Cada vez ganan más peso las soluciones integradas, donde ventana, protección solar, e incluso parte de envolvente se conciben como un sistema. Y esto solo funciona si todos los agentes (sistemistas, prescriptores, proyectistas, fabricantes e instaladores) trabajan con mayor coordinación desde el inicio del proyecto.
En el fondo, el cambio no va solo de hacer productos con mejores prestaciones, sino de entender el impacto completo de cada decisión. Y en ese recorrido, la ventana deja de ser un elemento más para convertirse en una pieza clave en la transformación de los edificios.




























































































