Incendios en cosechadoras y empacadoras: puntos críticos, temperaturas y medidas de prevención
María Videgain, Mariano Vidal. Laboratorio de Maquinaria Agrícola (LAMAGRI) Escuela Politécnica Superior de Huesca
24/07/2026Las cosechadoras y empacadoras trabajan durante la campaña estival en condiciones especialmente favorables para el inicio y la propagación de incendios. La combinación de altas temperaturas, baja humedad relativa, acumulación de residuos vegetales y presencia de componentes mecánicos y térmicos sometidos a elevadas cargas convierte a estas máquinas en un potencial foco de ignición. En este artículo se presentan los principales resultados de los estudios desarrollados por el grupo LAMAGRI de la Universidad de Zaragoza para identificar las zonas críticas de ambas máquinas, cuantificar las temperaturas alcanzadas durante el trabajo y analizar las principales medidas de prevención y protección frente a incendios.
Un trabajo de alto riesgo
La recolección del cereal y el posterior empacado de la paja concentran una elevada carga de trabajo en un periodo corto y, además, coinciden con los meses de mayor riesgo de incendio. Las máquinas trabajan durante largas jornadas, con temperaturas ambientales elevadas y humedades relativas reducidas, en contacto continuo con un material vegetal seco y fácilmente combustible. A estas condiciones se suman la presencia de superficies calientes y numerosos elementos mecánicos móviles, sometidos a carga, rozamiento y posibles procesos de sobrecalentamiento.
La magnitud del problema no es menor. Los datos recopilados para el periodo 2016-2021 situaron el promedio anual de incendios forestales originados por cosechadoras y empacadoras en 92 y 17 siniestros, respectivamente. Aunque no todos los incendios iniciados en una máquina llegan a propagarse al cultivo o al entorno natural, estas cifras muestran que se trata de un riesgo real y recurrente durante las campañas de recolección y empacado.
Con el objetivo de conocer mejor los mecanismos que intervienen en estos incendios, el Laboratorio de Maquinaria Agrícola e Industrial (LAMAGRI) de la Universidad de Zaragoza ha desarrollado durante los últimos años diferentes trabajos basados en encuestas a usuarios, ensayos de ignición de residuos vegetales y monitorización de temperaturas en máquinas trabajando en condiciones reales. Los principales resultados se han recopilado recientemente en el informe 'Siniestralidad agrícola e incendios en cosechadoras y empacadoras', publicado por Fundación Mapfre, la Universidad Pública de Navarra y la Universidad de Zaragoza en 2026.
Los análisis realizados permiten comprobar que cosechadoras y empacadoras comparten algunos factores de riesgo, especialmente la acumulación de material vegetal, pero presentan puntos críticos y mecanismos de generación de calor claramente diferentes. Por ello, las medidas preventivas tampoco deberían plantearse exactamente del mismo modo en ambos tipos de máquinas.
El residuo vegetal: combustible y aislante térmico
Para que se produzca un incendio deben coincidir tres elementos: un combustible, un comburente y una fuente de calor. Durante la recolección, el combustible está presente de forma continua. El procesado del cultivo genera paja, tamo, polvo y partículas de muy diferente tamaño que se depositan sobre la máquina y pueden acumularse en zonas de difícil limpieza.
La capacidad de estos residuos para iniciar la combustión no depende únicamente de su naturaleza. El tamaño de partícula y el espesor de la capa acumulada condicionan de forma importante su temperatura de ignición. En ensayos realizados con residuos de cereal se observó que la reducción del tamaño de partícula y el aumento del espesor de la capa favorecían la ignición a menor temperatura (Val-Aguasca et al., 2019). La temperatura mínima registrada fue de 250 °C para residuos con un tamaño de partícula de 250 µm y una capa de 15 mm de espesor (Figura 1).
Figura 1: Temperatura de ignición de residuos de cereal en función del tamaño de partícula y del espesor de la capa. Fuente: Val-Aguasca (2019).
Cosechadoras: motor y barra de corte concentran el riesgo
Hasta las 6.000 ha acumuladas, la proporción de máquinas que habían sufrido algún conato o incendio se situó, de forma general, entre el 30 y el 40% (Figura 2). Sin embargo, en las cosechadoras que superaban las 6.000 ha acumuladas esta proporción alcanzó el 60%. Las máquinas incluidas en este grupo presentaban una potencia media de 286 CV, una antigüedad media de 15 años y trabajaban aproximadamente 548 ha al año.
Las zonas de origen declaradas por los usuarios confirmaron la importancia de los puntos calientes y de los elementos sometidos a fricción (Figura 3). El motor y la salida de gases concentraron el 32% de los incendios, mientras que la barra de corte representó el 31%. Los rodamientos y correas estuvieron asociados al 18% de los casos y las causas eléctricas al 9%. El 10% restante correspondió a otras zonas, entre ellas el alternador, los frenos o el picador.
Empacadoras: un riesgo diferente
El cuestionario realizado a usuarios de macroempacadoras permitió analizar 144 máquinas. De forma general, no se observó un patrón claro entre el número de pacas realizadas anualmente y la proporción de máquinas con incendio. En el caso de las pacas acumuladas sí se apreció un ligero incremento de la proporción de máquinas afectadas a medida que aumentaba el trabajo realizado a lo largo de su vida útil: el porcentaje pasó del 24% en las máquinas con menos de 19.500 pacas acumuladas al 35% en aquellas con 40.500 pacas o más.
El análisis estadístico de los mismos datos permitió, además, profundizar en la influencia de las condiciones de trabajo. El uso de rastrillo para el hilerado previo al empacado fue la única variable que mostró una asociación estadísticamente significativa con la ocurrencia de incendios. Las empacadoras que trabajaban sobre cordones previamente rastrillados presentaron una probabilidad de incendio aproximadamente 3,4 veces superior a aquellas que no utilizaban este sistema de hilerado (Videgain-Marco et al., 2025).
Este resultado pone de manifiesto que el riesgo no depende exclusivamente de las características de la máquina. El rastrillado puede modificar las condiciones de alimentación, generando cordones más densos y un mayor flujo de biomasa a través de la empacadora. Ello puede incrementar la carga mecánica de determinados componentes y favorecer la acumulación de material en zonas críticas. Se trata, por tanto, de un buen ejemplo de cómo el sistema de trabajo y el manejo previo del material pueden condicionar el riesgo de incendio.
¿Qué temperaturas se alcanzan realmente en las máquinas?
Imagen 2: Sonda de temperatura en bomba hidráulica de cosechadora.
La identificación de las zonas de origen permite orientar la vigilancia, pero para valorar el riesgo térmico es necesario conocer las temperaturas que alcanzan los diferentes componentes durante el trabajo. Por este motivo, se realizaron campañas de monitorización en condiciones reales mediante sensores y cámaras termográficas. Las imágenes 2 y 3 muestran un ejemplo de sondas de temperatura colocadas en la bomba hidráulica y en la salida del sistema de recirculación de gases al tubo de escape, respectivamente.
En las cosechadoras se observaron diferencias importantes entre zonas y modelos. El compartimento motor y los sistemas asociados a la salida de gases constituyeron los principales puntos térmicos, aunque la presencia y distribución de residuos sobre la máquina fue muy variable. Esta variabilidad resulta fundamental: una misma temperatura superficial no implica el mismo nivel de riesgo si la superficie permanece limpia que si está cubierta por una capa de polvo o material vegetal fino. Además, determinadas averías o desajustes mecánicos pueden originar focos de calor muy localizados. Un ejemplo habitual es la deformación de los dedos/cuchillas de la barra de corte tras el impacto con piedras u otros obstáculos. Cuando esta deformación provoca el rozamiento continuado entre la cuchilla y el dedo, se genera un incremento localizado de temperatura que, unido a la acumulación de residuos vegetales en la zona, puede favorecer la ignición del material (Imagen 4a y 4b).
En las empacadoras se monitorizaron seis macroempacadoras durante las campañas de 2020 y 2021. La temperatura más elevada se registró en el freno de la horquilla, alcanzando 190,6 °C. Este mecanismo, junto con la bomba hidráulica, constituyó uno de los puntos más calientes de las máquinas; en esta última se registraron valores de hasta 128,7 °C. Las temperaturas variaron entre modelos y condiciones de trabajo, probablemente como consecuencia de diferencias en el diseño, el manejo, las condiciones ambientales y el estado de mantenimiento de los mecanismos.
Un resultado especialmente interesante fue que ninguna de las temperaturas registradas en las empacadoras superó los 250 °C establecidos experimentalmente como temperatura mínima de ignición para el residuo fino de paja en las condiciones más desfavorables ensayadas. Por ello, el calentamiento mecánico por sí solo no parece explicar de forma directa todos los incendios. El origen debe entenderse como la interacción entre el estado de los componentes, la generación de calor por fricción, el flujo y acumulación de biomasa y las condiciones ambientales y operativas.
De la limpieza diaria a los sistemas automáticos de extinción
El primer nivel corresponde al diseño. Los fabricantes incorporan soluciones destinadas a reducir la acumulación de residuos y limitar la presencia de puntos calientes: aislamiento térmico de los sistemas de escape, deflectores y chapas inclinadas, superficies lisas, sistemas de ventilación y filtrado de aire, separación de componentes y sistemas de engrase automático, entre otras medidas. La propia geometría de la máquina puede facilitar o dificultar que el polvo y la paja permanezcan depositados en determinadas zonas.
El segundo nivel recae principalmente en el usuario. La limpieza diaria de los residuos acumulados, la revisión periódica de rodamientos, cadenas y transmisiones, la correcta lubricación y la sustitución de los componentes de desgaste en los intervalos recomendados son medidas básicas. En cosechadoras, cualquier golpe de la barra de corte contra un obstáculo debería ir seguido de una parada y revisión. También resulta imprescindible comprobar el estado y accesibilidad de los extintores manuales.
El cuarto nivel corresponde a los sistemas automáticos de detección y extinción. Estos equipos disponen de depósitos de agente extintor conectados a un circuito de tuberías y boquillas distribuidas en las zonas de mayor riesgo. La detección puede realizarse mediante tuberías presurizadas sensibles al incremento de temperatura, cables detectores o sensores eléctricos. Cuando se alcanza la condición de activación, el sistema libera automáticamente el agente extintor sobre la zona afectada y puede generar simultáneamente una señal óptica o acústica en cabina.
Aunque estos sistemas todavía no están ampliamente implantados en la maquinaria agrícola española, su carácter modular permite instalarlos tanto en máquinas nuevas como en equipos ya en uso. Su desarrollo e integración con sistemas de monitorización abre una vía especialmente interesante para reducir el tiempo transcurrido entre el inicio de un foco y la actuación sobre el mismo, un aspecto crítico para evitar que el fuego pase de la máquina al cultivo o al entorno natural.
En este contexto, es importante señalar que la prevención de incendios no puede recaer exclusivamente sobre el usuario de la máquina. Los profesionales que trabajan con cosechadoras y empacadoras son, en general, plenamente conscientes del riesgo y realizan importantes tareas de limpieza, mantenimiento y vigilancia durante la campaña. Además, la decisión de detener una máquina en las horas de mayor riesgo supone una pérdida directa de capacidad de trabajo en un periodo muy limitado, en el que las jornadas de recolección y empacado están fuertemente condicionadas por el estado del cultivo y las condiciones meteorológicas. Por tanto, no resulta razonable plantear la reducción del riesgo únicamente mediante una mayor exigencia sobre el operador.
Conclusiones
En las empacadoras, el riesgo se encuentra más relacionado con componentes mecánicos sometidos a carga y fricción, destacando los cojinetes, el embrague y el sistema pick-up. Además, las condiciones de manejo del material pueden desempeñar un papel relevante, como mostró la mayor probabilidad de incendio asociada al empleo de rastrillo para el hilerado previo al empacado.
La acumulación de residuos vegetales finos constituye un elemento común a ambas máquinas. Su capacidad de ignición depende del tamaño de partícula y del espesor de la capa acumulada, por lo que la limpieza periódica sigue siendo una de las medidas preventivas más sencillas y eficaces.
La monitorización de temperaturas y otros parámetros de funcionamiento, junto con el desarrollo de sistemas automáticos de detección y extinción, representa una de las principales líneas de avance para reducir el riesgo durante las campañas de recolección y empacado. La información obtenida en condiciones reales de trabajo debería permitir avanzar hacia sistemas de aviso capaces de identificar situaciones anómalas antes de que se produzca la ignición.
Referencias
- Fundación Mapfre, Universidad Pública de Navarra y Universidad de Zaragoza (2026). Siniestralidad agrícola e incendios en cosechadoras y empacadoras. Fundación Mapfre.
- Val-Agüasca et al. (2019). Fire risk associated with combine harvesters: Analysis of machinery critical points. Agronomy, 9, 877.
- Val-Agüasca (2019). Análisis de riesgos de incendios en cosechadoras de cereales en Aragón. Trabajo Fin de Máster en Ingeniería Agronómica. Escuela Politécnica Superior – Universidad de Zaragoza.
- Videgain-Marco et al. (2025). Assessing Fire Risks in Agricultural Balers: A Comprehensive Study. Agriculture, 15, 908.















































