"La AC requiere conocimientos específicos, planificación y un periodo de adaptación, y no todo el mundo está preparado"
Entrevista a Óscar Veroz, director ejecutivo de la Asociación Española de Agricultura de Conservación Suelos Vivos (AEACSV)
El responsable de la AEACSV hace balance de la situación actual de la Siembra Directa y las Cubiertas Vegetales en la agricultura española. Su crecimiento en los últimos años se debe, en parte, a la puesta en marcha de los ecorregímenes de la PAC, y a la búsqueda de soluciones a problemas crecientes de la actividad como son la reducción de márgenes y el incremento de costes, entre otros factores adversos. Óscar Veroz se muestra convencido de que la Agricultura de Conservación (AC) "no solo forma parte del futuro de la agricultura, sino que en muchos aspectos lleva décadas anticipándose a él".
¿Cómo valora el grado de implantación de la AC en España y qué diferencias se observan en la adopción de la Siembra Directa y las Cubiertas Vegetales, según cultivos y regiones?
En términos generales, la valoración es positiva. La Agricultura de Conservación continúa avanzando en España y, aunque todavía existe un importante margen de crecimiento, los datos muestran una tendencia claramente favorable y una mayor concienciación por parte de los agricultores sobre los beneficios agronómicos, económicos y ambientales de estas prácticas.
Según los datos del Ministerio de Agricultura y las superficies acogidas a los ecorregímenes relacionados con Agricultura de Conservación, en España contamos actualmente con cerca de 3,9 millones de hectáreas bajo estas prácticas, una cifra muy significativa. Desde la puesta en marcha de los ecorregímenes de la PAC, la superficie se ha incrementado en torno a un 49%, lo que pone de manifiesto el importante impulso que estos instrumentos han supuesto para la expansión de la Agricultura de Conservación.
Aun así, todavía queda recorrido por delante. En cultivos herbáceos, aproximadamente el 22% de la superficie se maneja mediante Siembra Directa, mientras que en cultivos leñosos las Cubiertas Vegetales están presentes en torno al 46% de la superficie.
“Respecto a las Cubiertas Vegetales, Andalucía es claramente la comunidad de referencia, impulsada en gran medida por la elevada implantación en el olivar”
En cuanto a la distribución territorial de la Siembra Directa, Castilla y León y Castilla-La Mancha concentran las mayores superficies en términos absolutos. Sin embargo, si el análisis se realiza en términos relativos, Aragón y Cataluña destacan como las comunidades con una mayor implantación, con porcentajes cercanos al 38% y al 42% de su superficie de herbáceos, respectivamente. Aquí se ve como la labor realizada por las asociaciones regionales de Agricultura de Conservación, asi como las acciones de formación que realizamos desde la AEACSV en colaboación con el Ministerio están dando sus frutos.
Por el contrario, llama la atención el caso de Andalucía, una comunidad con una gran tradición agraria, donde la superficie de cultivos herbáceos en Siembra Directa representa todavía un porcentaje reducido. Esta situación podría indicar que algunos agricultores que aplican estas prácticas encuentran más sencillo acogerse a otros ecorregímenes con requisitos administrativos más fáciles de gestionar ante determinadas incidencias, por lo que sería conveniente seguir avanzando en la simplificación y adaptación de estos instrumentos para reflejar mejor la realidad del campo.
Respecto a las Cubiertas Vegetales, Andalucía es claramente la comunidad de referencia, impulsada en gran medida por la elevada implantación en el olivar y por el efecto que tuvieron en su día los programas de desarrollo rural que promovieron estas prácticas. En cambio, el viñedo continúa presentando menores niveles de adopción, siendo La Rioja la comunidad autónoma que mejor refleja este hecho.
En este sentido, uno de los retos de futuro pasa por seguir desarrollando soluciones técnicas adaptadas a determinados cultivos, como la viña, para que las cubiertas vegetales puedan integrarse con normalidad y responder adecuadamente a condicionantes específicos como las heladas, la disponibilidad hídrica o las particularidades de cada zona productiva.
Desde el punto de vista agronómico y ambiental, ¿cuáles son los principales beneficios que aportan estas prácticas de Agricultura de Conservación?
Los beneficios de la Agricultura de Conservación están hoy ampliamente contrastados tanto desde el punto de vista agronómico como ambiental. Además, una de sus principales fortalezas es que permite abordar de manera simultánea algunos de los grandes retos a los que se enfrenta actualmente la agricultura: mantener la rentabilidad de las explotaciones, conservar los recursos naturales y adaptarse a un escenario climático cada vez más exigente.
En el caso de la Siembra Directa en cultivos herbáceos, la ausencia de laboreo favorece la conservación de la estructura del suelo, mejora la infiltración y la capacidad de almacenamiento de agua, reduce significativamente la erosión y contribuye a incrementar progresivamente el contenido de materia orgánica y el secuestro de carbono. Asimismo, una mayor actividad biológica del suelo y una mejor estructuración del perfil favorecen un desarrollo radicular más eficiente y una mejor utilización del agua y los nutrientes por parte de los cultivos.
Desde el punto de vista productivo, la experiencia acumulada durante décadas y numerosos trabajos de investigación demuestran que, cuando la Siembra Directa se aplica correctamente y va acompañada de una adecuada rotación de cultivos y una buena gestión de los restos vegetales, no solo no se producen pérdidas de rendimiento, sino que incluso puede aportar una mayor estabilidad productiva entre campañas, especialmente en ambientes mediterráneos donde el agua es el principal factor limitante. A ello se suma una reducción importante del consumo de combustible, de las horas de trabajo y del desgaste de la maquinaria, mejorando la eficiencia y la rentabilidad de las explotaciones.
La propia evolución que está experimentando la Agricultura de Conservación es probablemente una de las mejores evidencias de su viabilidad agronómica. Cada vez son más los agricultores que adoptan estas prácticas y, además, quienes las incorporan suelen mantenerlas en el tiempo. Si realmente supusieran una pérdida sistemática de producción o una reducción de la rentabilidad, difícilmente se explicaría que su implantación continúe creciendo y que muchos agricultores acumulen ya varias décadas trabajando bajo estos sistemas. Al final, son los propios agricultores quienes validan las innovaciones, y la Agricultura de Conservación sigue creciendo porque funciona.
"En cultivos herbáceos, aproximadamente el 22% de la superficie se maneja mediante Siembra Directa, mientras que en cultivos leñosos las Cubiertas Vegetales están presentes en torno al 46% de la superficie"
Por su parte, las Cubiertas Vegetales en cultivos leñosos desempeñan un papel fundamental en la protección del suelo frente a la erosión, especialmente en cultivos implantados en zonas con pendiente, como el olivar, el almendro o determinados viñedos. Además, mejoran la biodiversidad, favorecen la actividad biológica del suelo, incrementan la infiltración del agua de lluvia y contribuyen a reducir la escorrentía y la pérdida de nutrientes.
Desde el punto de vista agronómico, las cubiertas vegetales bien manejadas permiten mejorar la transitabilidad de las parcelas, reducir problemas de compactación y aumentar la capacidad del suelo para almacenar agua. También contribuyen a crear sistemas más equilibrados y resilientes, sin que ello tenga por qué traducirse en pérdidas de producción. La clave, como ocurre con cualquier práctica agronómica, está en adaptar el manejo a las características del cultivo, del suelo y de las condiciones climáticas de cada zona.
En ambos casos, estas prácticas permiten aumentar la resiliencia de los sistemas agrícolas frente a fenómenos climáticos extremos, cada vez más frecuentes, como las sequías prolongadas o las lluvias torrenciales. Además, generan beneficios que trascienden la propia explotación agrícola y aportan servicios ecosistémicos de gran valor para toda la sociedad, como la protección de los recursos suelo y agua, la conservación de la biodiversidad y la mitigación del cambio climático.
¿Qué barreras siguen limitando una mayor adopción de estas técnicas de Agricultura de Conservación y cuáles son los principales retos que afrontan actualmente los agricultores?
Aunque la Agricultura de Conservación ha experimentado un crecimiento muy importante en los últimos años, todavía existen barreras que dificultan una implantación más amplia. En muchos casos no se trata tanto de limitaciones técnicas, ya que las soluciones existen y la experiencia acumulada es muy amplia, sino de factores económicos, formativos y, en ocasiones, administrativos.
Para mi, uno de los principales retos sigue siendo el cambio de mentalidad que requiere pasar de un sistema basado en el laboreo a otro en el que el suelo se entiende como un recurso vivo que debe ser protegido. La Agricultura de Conservación no consiste simplemente en dejar de labrar o en implantar una cubierta vegetal, sino en adoptar un enfoque integral que requiere conocimientos específicos, planificación y un periodo de adaptación, y no todo el mundo está preparado.
Muy relacionado con eso es la percepción del riesgo que tiene el agricultor en el cambio. Muchos son reacios a modificar sistemas que llevan décadas utilizando y que conocen perfectamente, especialmente en un contexto de elevada incertidumbre económica y climática. Por ello, las explotaciones demostrativas, la transferencia de conocimiento y el contacto entre agricultores siguen siendo herramientas fundamentales para acelerar la adopción.
En este sentido, uno de los aspectos más demandados por los agricultores que inician esta transición es el acompañamiento técnico. La experiencia demuestra que disponer de asesoramiento, intercambiar experiencias con otros agricultores y contar con apoyo durante los primeros años resulta clave para ganar confianza y evitar errores. La transición hacia la Agricultura de Conservación es un proceso y, como cualquier cambio importante en una explotación, necesita tiempo y acompañamiento.
Otro aspecto relevante es la disponibilidad de maquinaria y servicios especializados, especialmente en determinadas zonas donde la implantación de estas prácticas es todavía reducida. A ello se suma la necesidad de seguir avanzando en soluciones adaptadas a determinados cultivos y condiciones específicas, como ocurre en algunos viñedos en cultivos leñosos, la implantación de cubiertas vegetales en los secanos semiáridos del centro de España, o con el girasol en cultivos herbáceos.
Por otra parte, es importante seguir trabajando para que las políticas públicas acompañen adecuadamente esta transición. Los ecorregímenes han supuesto un impulso muy positivo, pero siempre existe margen para simplificar determinados requisitos y lograr que reflejen mejor la realidad agronómica de las explotaciones, facilitando así la participación de un mayor número de agricultores.
En definitiva, más que un problema de falta de evidencias sobre sus beneficios, el reto actual es acelerar la transferencia de conocimiento y crear un entorno que permita a los agricultores adoptar estas prácticas con seguridad, confianza y estabilidad a largo plazo.
¿Considera que las políticas agrarias actuales, incluyendo los eco-regímenes de la PAC, están favoreciendo suficientemente la implantación de la AC en España? ¿Qué aspectos deberían mejorarse?
En términos generales, podría decirse que sí. Los datos que he menconando anteriormente demuestran que las políticas actuales han contribuido de forma clara a impulsar la Agricultura de Conservación en España. El importante incremento de superficie registrado en los últimos años, especialmente desde la entrada en vigor de los ecorregímenes de la PAC, pone de manifiesto que estos instrumentos están actuando como un incentivo eficaz para favorecer la adopción de estas prácticas.
No obstante, siempre existe margen de mejora. En el caso de la Siembra Directa, los principios agronómicos son los mismos independientemente de la región o del cultivo. Sin embargo, pueden existir situaciones concretas en determinados cultivos, como por ejemplo el girasol en algunas condiciones edafoclimáticas, que requieren cierta flexibilidad para adaptarse a la realidad del campo.
En el caso de las Cubiertas Vegetales, las dificultades son más diversas. La imposibilidad de realizar determinados manejos, como el control químico en algunos supuestos, puede hacer que algunos agricultores se muestren reticentes a implantar estas prácticas. Asimismo, en zonas de secano semiárido, donde la disponibilidad de agua es un factor crítico, es necesario adaptar el manejo de las cubiertas a las condiciones específicas de cada explotación.
España presenta una enorme diversidad de cultivos, suelos y condiciones climáticas, por lo que resulta muy difícil diseñar una normativa que contemple todas las situaciones posibles. Probablemente, la mejor opción sea establecer unas bases comunes sustentadas en los principios de la Agricultura de Conservación y, a partir de ahí, incorporar las flexibilidades necesarias para responder a circunstancias excepcionales derivadas, por ejemplo, de la meteorología o de otros imponderables. Eso sí, es importante que esas flexibilidades no entren en contradicción con la propia filosofía de la Agricultura de Conservación.
Las excepciones deben servir para facilitar la aplicación de las prácticas, pero evitando que se desvirtúen los principios sobre los que se sustentan. En algunos casos recientes hemos podido comprobar que determinadas medidas adoptadas para dar respuesta a situaciones coyunturales podían alejarse de la esencia de estos sistemas, por lo que resulta fundamental mantener siempre la coherencia agronómica.
En definitiva, creemos que las políticas actuales van en la buena dirección y han demostrado su capacidad para impulsar la Agricultura de Conservación. El reto ahora es seguir perfeccionándolas para que sean cada vez más eficaces, más sencillas de aplicar y más alineadas con la realidad y la diversidad de la agricultura española.
¿Qué tipo de acciones se van a desarrollar en el marco del convenio para la formación renovado este año entre la AEACSV y el MAPA y en qué aspectos técnicos se hará mayor énfasis?
En el marco del convenio renovado entre la AEACSV y el MAPA vamos a desarrollar un amplio programa de formación, transferencia de conocimiento y divulgación orientado a seguir impulsando la Agricultura de Conservación y facilitar una mayor implantación de los ecorregímenes de Agricultura de Carbono. La renovación del convenio supone, además, dar continuidad al trabajo realizado durante los últimos años, incorporando nuevas herramientas y un enfoque todavía más orientado a resolver las necesidades reales del sector.
Las actuaciones previstas incluyen formación online, cursos presenciales, jornadas demostrativas en campo, intercambios de experiencias entre agricultores, acciones de comunicación y la mejora continua del portal web y del repositorio técnico desarrollados en el convenio anterior. Todo ello con un objetivo muy claro: acercar el conocimiento al agricultor y acompañarlo durante el proceso de transición hacia estos sistemas de manejo.
“Las explotaciones demostrativas, la transferencia de conocimiento y el contacto entre agricultores siguen siendo herramientas fundamentales para acelerar la adopción”
Precisamente, uno de los aspectos en los que queremos incidir más es en el acompañamiento técnico. La experiencia de estos años nos ha demostrado que es una de las principales demandas de los agricultores. La Agricultura de Conservación no se implanta únicamente asistiendo a un curso, sino que requiere un proceso de adaptación y aprendizaje continuo. Por eso, el intercambio de experiencias entre agricultores, las demostraciones prácticas y el contacto directo con explotaciones que ya llevan años trabajando bajo estos sistemas tendrán un papel muy relevante dentro del programa.
En cuanto a los contenidos técnicos, seguiremos trabajando sobre los dos grandes pilares de la Agricultura de Conservación, la Siembra Directa y las Cubiertas Vegetales, pero con un enfoque más práctico y centrado en los retos detectados durante estos primeros años de aplicación de los ecorregímenes. Para ello, ya se ha realizado una consulta previa a los participantes de actividades anteriores a traves de un cuestionario, en el que hemos sido capaces de identificar cuáles son las cuestiones que más interés despiertan y dónde existen mayores dificultades.
Además, se prestará una especial atención a la adaptación de estas prácticas a las distintas condiciones edafoclimáticas y a los diferentes cultivos, con el objetivo de ofrecer soluciones útiles y aplicables a la realidad de cada explotación. Es por ello por lo que hemos realizado un análisis conjunto con los técnicos del Minsiterio sobre las regiones y cultivos en los que la acogida de los ecorregímenes ha sido más baja, para incidir precisamente en ellas. Toda la infomración relativa a los cursos y jornadas y a sus ubicaciones se encuentra disponible en www.portalformativoac.es
“En los últimos años estamos asistiendo a la aparición y consolidación de conceptos como la agricultura regenerativa, que ha contribuido a situar la salud del suelo en el centro del debate”
En un contexto marcado por el aumento de costes y la necesidad de mejorar la rentabilidad de las explotaciones, ¿en qué medida la Siembra Directa puede mitigar estos condicionantes económicos? En el corto plazo, ¿se espera una fuerte expansión de esta práctica debido a la situación actual?
La Siembra Directa puede ser una herramienta muy valiosa en el contexto actual de incremento de costes y estrechamiento de los márgenes de rentabilidad. Como ya hemos comentado anteriormente, cuando estas prácticas se aplican correctamente y dentro de un sistema de Agricultura de Conservación bien diseñado, es posible mantener los niveles de producción al tiempo que se reducen significativamente determinados costes de explotación.
La principal ventaja económica se encuentra en la reducción de las labores sobre el terreno. Al eliminar el laboreo, disminuyen el consumo de combustible, las horas de trabajo y el desgaste de la maquinaria. Dependiendo del cultivo y de las características de cada explotación, los ahorros de combustible pueden situarse entre el 35 y el 60%, lo que supone una reducción muy significativa de los costes variables. Dicho de una forma sencilla, la Siembra Directa permite producir prácticamente lo mismo, pero consumiendo menos recursos. En un escenario de elevada volatilidad de precios, esta mejora de la eficiencia adquiere todavía más importancia.
Además, la mejor conservación del agua en el suelo y la mayor estabilidad de las producciones en años climáticamente difíciles aportan un valor añadido que no siempre es fácil cuantificar económicamente, pero que cada vez es más apreciado por los agricultores.
Respecto a una posible expansión en el corto plazo, creemos que la tendencia seguirá siendo positiva. Sin embargo, la adopción de la Siembra Directa no suele responder únicamente a una coyuntura puntual de precios, sino a una decisión estratégica de largo recorrido. La experiencia demuestra que los agricultores que la incorporan y comprueban sus beneficios suelen mantenerla en el tiempo.
Por tanto, más que esperar un crecimiento explosivo en una sola campaña, es razonable pensar en una expansión progresiva y sostenida. De hecho, el importante incremento registrado en las superficies de Agricultura de Conservación durante los últimos años indica que este proceso ya está en marcha y que cada vez más agricultores ven estas prácticas no solo como una herramienta ambiental, sino también como una oportunidad para mejorar la rentabilidad y la resiliencia de sus explotaciones.
¿Qué papel desempeñará la Agricultura de Conservación en los próximos años y cuáles son sus perspectivas de crecimiento en España?
Estoy convencido de que la Agricultura de Conservación va a desempeñar un papel cada vez más relevante en los próximos años. De hecho, más que una tendencia, considero que estamos ante una evolución necesaria de los sistemas agrarios para responder a algunos de los grandes retos que tiene por delante el sector: mejorar la rentabilidad de las explotaciones, adaptarse al cambio climático, conservar el suelo y utilizar de forma más eficiente recursos cada vez más limitados, como el agua o la energía.
Además, en los últimos años estamos asistiendo a la aparición y consolidación de conceptos como la agricultura regenerativa, que ha contribuido a situar la salud del suelo en el centro del debate. Aunque en ocasiones se presentan como enfoques diferentes, lo cierto es que muchos de los principios que hoy se asocian a la agricultura regenerativa llevan décadas formando parte de la Agricultura de Conservación. En este sentido, la Agricultura de Conservación cuenta con una enorme ventaja: dispone de más de cuarenta años de experiencia, una sólida base científica y miles de agricultores que han demostrado su viabilidad en condiciones reales.
A ello se suma la creciente importancia que están adquiriendo los mercados voluntarios de carbono y otros mecanismos de remuneración de servicios ecosistémicos. La capacidad de estas prácticas para mejorar la salud del suelo y contribuir al secuestro de carbono abre nuevas oportunidades para que los agricultores puedan obtener un reconocimiento económico adicional por los beneficios ambientales que generan. Aunque estos mercados todavía se encuentran en una fase de desarrollo y queda camino por recorrer en materia de metodologías y certificación, representan una oportunidad muy interesante para el sector.
Por tanto, nuestras perspectivas de crecimiento son claramente favorables. Todavía existe un amplio margen de desarrollo, tanto en cultivos herbáceos como en determinados leñosos donde la implantación sigue siendo reducida. Sin embargo, para consolidar ese crecimiento será necesario reforzar cada vez más los modelos de acompañamiento al agricultor durante la transición.
La experiencia nos demuestra que los momentos más delicados se producen precisamente durante los primeros años de implantación. Son ahí donde pueden aparecer errores de manejo o dificultades de adaptación que, en ocasiones, generan frustración y pueden llevar al agricultor a abandonar la práctica antes de que lleguen a manifestarse plenamente sus beneficios. Por ello, minimizar los fallos durante la transición mediante formación, asesoramiento y el intercambio de experiencias entre agricultores será una de las claves para garantizar un crecimiento sólido y sostenido en el tiempo.
Al final, no se trata solo de convencer a más agricultores para que den el paso, sino de conseguir que quienes lo den tengan éxito. Porque un agricultor satisfecho es, probablemente, el mejor embajador de la Agricultura de Conservación.
Si tuviera que resumirlo en una frase, diría que la Agricultura de Conservación no solo forma parte del futuro de la agricultura, sino que en muchos aspectos lleva décadas anticipándose a él.















































