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La energía positiva

01/04/2004
Es curiosa, por sencilla, la definición que el diccionario de la Real Academia de la Lengua realiza de la palabra energía: Eficacia, poder, virtud para obrar. Y en el ámbito de la física la energía es la capacidad para realizar un trabajo. A juzgar por lo que en este número expresamos en diversos artículos, los españoles andamos bien de energía. Tenemos ganas y capacidad, la energía suficiente para que nuestro PIB lleve unos años creciendo por encima de la media europea. Pero paradójicamente somos energéticamente deficitarios y debemos recurrir a la importación del 75% de la energía primaria, frente al 50% de media de los países europeos. O sea, que sí, que sí tenemos energía para hacerlo, pero no, no tenemos energía de la otra, de la que da vida a los enchufes de hogares e industria. Es como si, con las dos piernas rotas, nos sintiéramos perfectamente capaces de levantarnos pero el crudo mensaje de la realidad nos diera un mensaje claro: “tú haz lo que quieras, que con las piernas rotas no andas”. Al menos la importación de energía reduce los efectos de este símil dramático y los efectos del déficit no son ni mucho menos la parálisis sino probablemente un mayor precio del “andar”.

De lo que no habla casi nadie en esto de la energía es de la energía positiva. Hay personas, todos lo sabemos, que transmiten lo que coloquialmente conocemos como energía positiva. Pero no nos consta que haya datos sobre semejante valor en la UE ni en España. Y el dato no es baladí, puesto que, un poner, la energía positiva de una persona con varias a su cargo en una empresa, puede desembocar en un trabajo más concienzudo y una mayor responsabilidad hacia el trabajo. Y no digamos si esa persona es un presidente de gobierno. Pero la energía negativa ya es cosa más seria. En términos más de andar por casa, la energía negativa es conocida también como ‘mal rollo’ y si bien se encuentra en el terreno de lo no medible e intangible, ejerce una fuerza real en sentido contrario al constructivo y genera en su tirón final ineficacias y carencias energéticas que no se solucionan con un lácteo bio por las mañanas.

Deseamos que las empresas eléctricas que, tal y como decimos en este número de Química Universal, se encuentran en pie de guerra por la diferencia de posturas entre en relación con los objetivos derivados de Kioto, aprovechen su energía para llegar a conclusiones buenas para el medio ambiente, buenas para las empresas, buenas para las personas.

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