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“La automatización bien diseñada es una herramienta de seguridad en laboratorios”

Entrevista a Xavier Guardino, director departamento de información y documentación del CNCT-INSHT

Anna León12/11/2010

12 de noviembre de 2010

A la hora de definir las principales situaciones de riesgo laboral en laboratorios, resulta difícil acotar una respuesta. Sin embargo, Xavier Guardino, ingeniero químico diplomado del IQS y doctor en Ciencias Químicas por la Universidad de Barcelona, ha establecido tres: la falta de mantenimiento o revisión de las instalaciones del laboratorio, la no formación específica y la propia peligrosidad intrínseca de las sustancias, energías o microorganismos manipulados. El actualmente director del departamento de Información y Documentación del Centro Nacional de Condiciones de Trabajo del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT) también insiste en que el cumplimiento normativo en esta materia suele ser bueno en los laboratorios, gracias al nivel de profesionalización.
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Xavier Guardino Solà, ingeniero y doctor en químicas y director del departamento de información y documentación del CNCT-INSHT.

A grandes rasgos, ¿cuáles son las principales situaciones de riesgo laboral en laboratorios de cualquier tipo (manipulación incorrecta, presencia de agentes químicos peligrosos o no, exposición a sustancias tóxicas, nocivas, irritantes o inflamables, accidentes, derrames, etc.)?

El concepto laboratorio es muy amplio, lo que hace difícil una respuesta muy acotada a la pregunta. Basándome en nuestra experiencia en este campo, podríamos indicar como primera causa de situaciones de riesgo la falta de mantenimiento o revisión de las instalaciones del laboratorio. Se debe tener en cuenta que la ventilación (general o de extracción localizada) así como la instalación de gases a presión, por ejemplo, son instalaciones “activas” que se pueden deteriorar con el tiempo de forma que a primera vista no se perciba su mal funcionamiento. En el caso de la instalación eléctrica, se debe tener especial cuidado, ya que en el laboratorio tienen lugar, de manera continua, incorporaciones de nuevos equipos, la mayoría de consumo eléctrico notable. Una falta de control de estas ampliaciones puede ser la causa de sobrecargas de líneas que pueden derivar en cortocircuitos o, incluso, de incendios. Una segunda causa a considerar es la falta de formación específica, no solo sobre cómo llevar a cabo correctamente las operaciones habituales, sino en la forma de actuar en situaciones de “anormalidad”: alarmas, vertidos, uso de equipos de seguridad (ducha y lavaojos) o en la elección del Equipo de Protección Personal (EPI) adecuado a la situación de riesgo. El uso indiscriminado de mascarillas de tipo quirúrgico (no son EPI) sería un buen ejemplo de ello. Por último, deberíamos indicar la propia peligrosidad intrínseca de las sustancias, energías o microorganismos manipulados y de las operaciones realizadas con ellos y también el inadecuado control y gestión del almacenamiento de productos químicos.

En su opinión, ¿ha cambiado de algún modo la casuística de las circunstancias de riesgo laboral a medida que ha aumentado el tamaño y la complejidad de los procesos que tienen lugar en estas instalaciones?

La mayor complejidad de los procesos ha generado, a su vez, un aumento de las prestaciones de los equipos y su nivel de automatización, lo cual suele ser positivo desde el punto de vista de la seguridad. Hay que atender con el máximo interés la información que acompaña a nuevos equipos y procesos que se integran en el laboratorio. En el otro extremo, se hallaría su puesta en marcha sin haber realizado la evaluación correspondiente de riesgos asociados a su utilización. Una lectura, a fondo, del manual de usos de un nuevo equipo, no suele ser una práctica muy habitual no solo en el laboratorio: en la vida, en general.

“Como situaciones de riesgo hay que considerar la falta de mantenimiento o revisión de las instalaciones del laboratorio, la no formación específica y la peligrosidad de las sustancias”
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La mayor complejidad de los procesos en los laboratorios ha revertido en un incremento de la seguridad. Aun así, se debe prestar atención a la información que acompaña a los nuevos equipos instalados.

Así pues, ¿la automatización, cada vez mayor, de los procesos en laboratorios a base de instrumental más fiable ha contribuido, de alguna manera, a reducir buena parte de los riesgos que se producían durante procedimientos manuales?

Obviamente, la automatización bien diseñada es una herramienta de seguridad, ya que establece unas condiciones de trabajo estándar que se repiten sin variaciones. Asimismo, incrementa la seguridad del proceso y reduce la intervención humana, cuya variabilidad, intra o interpersonal, es también un factor de riesgo.

Si tuviera que describir, brevemente, un manual de ‘Buenas prácticas en laboratorio’, ¿en qué consistiría?

Desde el punto de vista de la seguridad, un manual de ‘Buenas prácticas’ de laboratorio debe cumplir con los siguientes ocho puntos, según el orden en que se exponen:

1. Instrucciones lo más detalladas posibles para realizar correctamente la actividad u operación propuesta.

2 Información sobre los riesgos intrínsecos de los productos químicos, microorganismos o energías que se van a aplicar o utilizar.

3. Información sobre los riesgos asociados de las operaciones a llevar a cabo.

4. Información sobre las instalaciones existentes en el laboratorio y los riesgos asociados a su utilización.

5. Instrucciones sobre cómo prevenir los riesgos existentes o detectados.

6. Instrucciones sobre cómo protegerse de los peligros que no se hayan podido controlar previamente.

7. Instrucciones sobre cómo actuar en caso de emergencia; es decir, qué hacer cuando todo falla.

8. Y por último, instrucciones sobre cómo eliminar los residuos generados y controlar las posibles emisiones o vertidos al medioambiente.

“La automatización bien diseñada es una herramienta de seguridad, ya que establece unas condiciones de trabajo estándar que se repiten sin variaciones”
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Disponer de información sobre los riesgos intrínsecos de los productos químicos, microorganismos o energías a aplicar así como instrucciones de cómo realizar correctamente la operación formarían parte de un ‘Manual de Buenas Prácticas’ en laboratorio.

¿Qué tipo de precauciones se deberían tener en cuenta, por parte del personal especializado, a la hora de evitar riesgos laborales en laboratorios? ¿Cree que existe suficiente información al respecto?

Conocer bien los peligros asociados a los agentes empleados y a las operaciones que se van a llevar a cabo es fundamental. La información suministrada por los fabricantes de los equipos o los responsables de los laboratorios debe ser la necesaria –no más de la imprescindible– y adecuada a la formación de la persona a la que se dirige. La información, excepto en casos muy excepcionales como la síntesis de nuevas sustancias o la aplicación de técnicas insuficientemente conocidas, siempre existe; el asunto está en saberla manejar y transmitirla, de forma adecuada, a los afectados.

En su opinión, ¿cuáles serían las principales medidas correctoras e incluso de control para reducir la exposición laboral a situaciones de riesgo o peligro en laboratorios?

Depende mucho de las características del laboratorio. Respecto al manejo de productos químicos, se debe insistir en la extracción localizada adecuada (uso de vitrinas sobre todo) en todas las operaciones que puedan generar contaminación (vapores/aerosoles, calor, humedad) y en una ventilación buena general del local. Cuando se manipulan microorganismos, se ha de atender, principalmente, al principio de contención y a las medidas asociadas a sus distintos niveles de peligrosidad, según el punto 4 del ‘Manual de Buenas Prácticas’ mencionado en líneas anteriores, en que se clasifican. Finalmente, en el caso de las energías existen medidas específicas para cada caso: aislamiento de operaciones ruidosas, empleo de equipos estancos certificados en la utilización de radiaciones, protección ocular adecuada en los laboratorios de láseres, etc.

En síntesis, ¿cuál es el Equipo de Protección Individual (EPI) idóneo para evitar riesgos innecesarios?

En general, no existe un EPI idóneo; depende totalmente de los riesgos existentes. Aunque la política general debe ser siempre utilizar los EPI como último recurso, un uso generalizado de gafas de seguridad, guantes, bata (de manga larga y siempre abrochada) y piernas y pies cubiertos adecuadamente, es recomendable en un laboratorio. La utilización de otros tipos de EPI depende exclusivamente de las características de los agentes manipulados y la operación que se realice con ellos. Por ejemplo, para un trasvase de un producto corrosivo, se ha de emplear, además de los guantes adecuados, ropa protectora anticorrosión.

“El cumplimiento normativo es bueno en los laboratorios ya que el nivel de profesionalización -excepto, obviamente en el personal en prácticas– suele ser elevado”
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Las principales medidas correctoras, en materia de prevención de riesgos, a seguir por el personal del laboratorio dependerán sobre todo de las características del mismo.

En general, ¿España cumple con la normativa europea en cuanto a prevención de riesgos laborales en laboratorios? De no ser así, ¿por qué?

El nivel de cumplimiento normativo es bueno en los laboratorios; entre otras cosas porqué el nivel de profesionalización —excepto, obviamente en el personal en prácticas— suele ser elevado. Según nuestra experiencia, en los centros de investigación y las universidades hay más deficiencias de este tipo, aunque hay que reconocer que en los últimos años han mejorado muchísimo. El motivo suele ser el siguiente: se da prioridad absoluta a la obtención de resultados con los que seguir la línea de investigación propuesta, por lo que a veces las cuestiones normativas permanecen en segundo plano. En cambio, los laboratorios del sector privado presentan, en general, un gran rigor en el cumplimiento de la normativa vigente.

Buena parte de las normativas en seguridad industrial se aplica a los laboratorios

A la pregunta de cuáles son las normativas y Directivas que regulan la actividad laboral en laboratorios, Xavier Guardino, ingeniero y doctor en químicas, se muestra claro: “Prácticamente no existe ninguna regulación específica para los laboratorios, como la que hay en algunos países anglosajones y, sobre todo en Estados Unidos. Una relación de la normativa aplicable a los laboratorios químicos y clínicos recientemente preparada por nuestro servicio de documentación legal ocupa 20 páginas”. Aunque este, no es el único obstáculo. “Otro problema que se presenta reside en que gran parte de la legislación referente a productos químicos e instalaciones está desarrollada para situaciones industriales, no existiendo acotaciones específicas para el caso de los laboratorios en los que los productos se usan en pequeñas cantidades —kilos, como máximo—. En estos casos, se debe recurrir a extrapolaciones de aquellas o a considerar como normas de carácter técnico las que son obligatorias legalmente en otros países”. “Finalmente —continúa— hay que tener en cuenta que al laboratorio se le aplican muchas normativas provenientes del campo de la seguridad industrial: equipos de presión, gases comprimidos, incendios, RITE (Reglamento de Instalaciones Técnicas en Edificios), etc.

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