Llevar a cabo una correcta gestión medioambiental se está convirtiendo hoy en día en una práctica cada vez más extendida entre las empresas

Hacia la gestión medioambiental

Patxi Agúndez
Director-Gerente de Segestión Quality
01/02/2006
Se han dado muchas definiciones para los términos de gestión medioambiental y de sistema de gestión medioambiental, siendo la actualmente vigente en Europa y aceptada a escala mundial, la recogida en el reglamento (CEE) nº 1836/93, según la cual: Sistema de Gestión Medioambiental (SGMA) es aquella parte del sistema general de gestión que comprende la estructura organizativa, las responsabilidades, las prácticas, los procedimientos, los procesos y los recursos para determinar y llevar a cabo la política medioambiental.
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Un sistema de gestión medioambiental permite a una organización alcanzar y mantener un funcionamiento de acuerdo con las metas que se ha establecido, y dar una respuesta eficaz a los cambios de las presiones reglamentarias, sociales, financieras y competitivas, así como a los riesgos medioambientales.

Así, el sistema de gestión medioambiental aporta la base para encauzar, medir y evaluar el funcionamiento de la empresa, con el fin de asegurar que sus operaciones se llevan a cabo de una manera consecuente con la reglamentación aplicable y con la política medioambiental que la empresa ha definido.

Un SGMA pretende:

  • Ser una fuente de beneficios económicos para la empresa, gracias a la optimización del uso de recursos naturales, a la reducción de residuos generados y a la disminución de materias primas consumidas.
  • Integrarse con otros sistemas de gestión, como puedan ser los de calidad.
  • Estimular el uso de la mejor tecnología disponible (conocida como BAT, Best Available Technology), siempre que ésta sea adecuada y económicamente viable.

Para que un SGMA sea eficaz, es imprescindible que llegue a ser un factor totalmente integrado de la gestión de la empresa, de manera que implique a todo el personal, desde la alta dirección hasta el último operario.

Por este motivo, para realizar una correcta gestión medioambiental es necesario que se den una serie de parámetros:

  • Definir una política medioambiental por parte de la alta dirección, que será difundida tanto a nivel interno como externo.
  • Fijar unos objetivos y metas cuantificados y establecer los medios necesarios para alcanzarlos.
  • Implantar la organización adecuada y fijar responsabilidades.
  • Establecer los mecanismos y procedimientos para alcanzar los objetivos.
  • Adquirir un compromiso de mejora continua.
  • Cumplir con toda la normativa que sea de aplicación.
  • Evaluar y controlar de forma continua los efectos medioambientales existentes.
  • Formar a los trabajadores, para que comprendan la importancia de realizar correctamente las actividades que tienen incidencia medioambiental.
  • Establecer procedimientos de control operacional para reducir el impacto medioambiental de las actividades.
  • Definir e implantar prácticas de gestión correctas.
  • Registrar y documentar todos los aspectos relativos a la gestión medioambiental.
  • Someter el sistema a auditorías periódicas, internas y externas.
  • Informar a los trabajadores, Administración y público en general.

Llevar a cabo una correcta gestión medioambiental se está convirtiendo hoy en día en una práctica cada vez más extendida entre las empresas, fruto de un cambio progresivo de mentalidad, ya que la gestión del medio ambiente no se ve como un gasto para la empresa, sino como una fuente de beneficios y de ahorro, así como un elemento de competitividad.

Los principales beneficios que se van a obtener son:

  • Mayor facilidad para la adaptación a las legislaciones más exigentes y a los requisitos de los clientes.
  • El cumplimiento de la normativa ambiental comprende tanto los aspectos formales (licencias municipales, autorizaciones ambientales, controles reglamentarios,...), como aspectos materiales (niveles de emisión, prescripciones técnicas,...). También hay que considerar las normas de clientes, cuyo grado de exigencia puede ser variable.
  • Un SGMA facilita el cumplimiento de las obligaciones formales y materiales exigidas por la legislación medioambiental aplicable y su adaptación a posibles cambios.
  • Reducir los riesgos que se derivan de incumplimientos legales y de daños al medio ambiente.
  • Es una consecuencia directa de la facilidad para adaptarse a la normativa vigente, que conlleva:
    1. Evitar multas y sanciones. 
    2. Evitar demandas judiciales.
    3. Evitar costes judiciales.
    4. Reducir los riesgos de demanda de responsabilidades civiles y penales.
  • Mejorar las relaciones con la Administración pública, lo cual se ve reflejado en dos aspectos fundamentales:
    1. Favorece la posibilidad de recibir ayudas públicas para llevar a cabo acciones medioambientales.
    2. Facilita la concesión de permisos y licencias.
  • Es fácilmente comprensible que la Administración apoye a aquellas empresas que muestren una voluntad de mejora y de compromiso con el medio ambiente.

En definitiva, la implantación de un SGMA representa la sustitución de soluciones costosas de última hora para la protección del medio ambiente por unos procedimientos integrados que conducen a una protección preventiva del medio ambiente y, al mismo tiempo, comportan un mayor rendimiento de la actividad y un aumento de la competitividad.

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