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El INSST señala que el número de trabajadores afectados por el deterioro de las condiciones ambientales de sus lugares de trabajo ha experimentado un aumento notable en las últimas décadas

Control eficiente de la calidad del ambiente en interiores para una mayor garantía en la seguridad laboral

Redacción Interempresas08/02/2021
La calidad del ambiente interior (CAI) es uno de los factores con mayor relevancia que afectan al nivel de confort, higiene, seguridad y salud en el trabajo. De hecho, en las políticas de investigación de organismos sanitarios de prestigio como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo O.A., M.P. (INSST), ocupa un lugar destacado el poder garantizar un control y evitar el impacto de agentes patógenos en ambientes interiores, causantes de enfermedades como alergias, tumores, enfermedades pulmonares…, además de otros efectos que repercuten sobre los trabajadores y la propia organización, como malestar, estrés, absentismo o pérdida productividad.
En este sentido, el INSST señala que el número de trabajadores afectados por el deterioro de las condiciones ambientales de sus lugares de trabajo ha experimentado un aumento notable en las últimas décadas, con lo que se ha producido, en consecuencia, una necesidad creciente de mejorarlas.

Y es que, con edificios cada vez más herméticos, la renovación del aire interior y, por tanto, la dilución y eliminación de cualquier contaminante presente en el mismo se efectúa mediante sistemas de ventilación mecánica, cuyo objetivo además es climatizar el aire. Sin embargo, este hecho genera problemas que se relacionan con la calidad del aire en un ambiente interior, especialmente con la aplicación de técnicas de ahorro energético que se traducen, muchas veces, en limitaciones en el caudal de aire de renovación.

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El INSST señala que el número de trabajadores afectados por el deterioro de las condiciones ambientales de sus lugares de trabajo ha experimentado un aumento notable en las últimas décadas.

Así, entre los factores implicados en la calidad de ambientes interiores, la Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica tres grupos de contaminantes: un primer grupo de contaminantes biológicos relacionados con humedades y moho; un segundo de contaminantes químicos, como el benceno, CO, NO2, formaldehído, radón, HAP, etc.; y un tercer grupo originados por la quema de combustibles.

Con todo ello, en algunos países existen normativas y disposiciones que deben ser cumplidas para garantizar una buena calidad del aire dentro de los edificios destinados al trabajo. En España, el Reglamento de Instalaciones Térmicas de los Edificios (RITE), en su capítulo de mantenimiento preventivo, establece que, de forma obligatoria y anual, se deben hacer revisiones de la calidad de aire y de conductos según la norma UNE 171330 a edificios con instalaciones con una potencia útil mayor a 70 kW (centros comerciales, hoteles, edificios corporativos, etc.). Asimismo, el mercado dispone de normas de carácter voluntario para edificios específicos, tales como UNE 171340, para la validación y cualificación de salas de ambiente controlado en hospitales, y UNE 171350, para la valoración de la calidad y salud ambiental en interiores de edificio de hostelería con alojamientos.

La evaluación para concluir sobre la calidad del aire de un determinado ambiente interior se lleva a cabo por medio de un análisis de riesgos para la salud humana, que aborda desde las fuentes que originan ese compuesto y sus vías de exposición, hasta los efectos en la salud de las personas. La metodología de evaluación se apoya en la comprobación del estado de la unidad de tratamiento de aire y la zona de aire climatizada, mediante la determinación in situ de parámetros contaminantes y una toma de muestras para verificar la presencia o ausencia de flora microbiológica y fúngica, así como de contaminantes químicos.

La confianza en estas inspecciones y valoraciones depende en gran medida de la credibilidad de los organismos que las realizan y de la confianza que el mercado y la sociedad en general tenga en ellos. Para que el usuario final pueda confiar en los resultados de estas evaluaciones, es fundamental que las entidades que las llevan a cabo actúen con imparcialidad e independencia, y dispongan de la competencia técnica necesaria que garantice la fiabilidad de sus valoraciones.

Para lograr esa confianza y credibilidad, es preciso establecer un mecanismo independiente, riguroso y global que garantice la competencia técnica de dichos organismos. Y eso es exactamente lo que aporta la acreditación de la Entidad Nacional de Acreditación, Enac.

Actualmente Enac dispone de un esquema de acreditación conforme a la norma UNE-EN ISO/IEC 17020 para la inspección y valoración de la calidad de los ambientes interiores según los criterios establecidos en la normativa sectorial.

Para SGS Tecnos, empresa acreditada por Enac para realizar inspecciones de la calidad de los ambientes interiores según la norma UNE 171330, “asegurar una buena calidad del aire es una obligación legal recogida en la legislación laboral (RD486/1997, sobre las disposiciones mínimas de seguridad y salud en el trabajo) y en el RITE (Reglamento de instalaciones térmicas en edificios) y su incumplimiento puede conllevar consecuencias de responsabilidad jurídica para las empresas”, explica Juan Antonio Gómez del Amo, IAQ Product Manager de SGS Tecnos, S.A. Sin embargo, al margen de estas responsabilidades, Juan Antonio Gómez resalta que “una mala calidad del aire puede afectar al rendimiento de los individuos, su nivel de absentismo laboral, transmisión de algunas enfermedades, etc.”.

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Una de las vías más importantes de transmisión del SARS-CoV-2 son los aerosoles supendidos en el aire.

Respecto a la importancia que tiene para la sociedad, el Product Manager de Calidad del aire interior de SGS Tecnos expone como ejemplo la transmisión de SARS-CoV-2: “Una de las vías más importantes, sino la más, es la transmisión a través de los aerosoles suspendidos en el aire. Mantener unos altos ratios de ventilación, una buena eficiencia de ventilación y distribución del aire, unos sistemas de climatización bien diseñados con sistema de filtración de alta eficiencia, un adecuado mantenimiento, en definitiva, mantener una buena calidad del aire permite reducir significativamente el riesgo de transmisión del virus”.

Juan Antonio Gómez destaca el valor que aportan los servicios acreditados para garantizar la calidad de los ambientes interiores: “Todos los que contamos con un servicio de inspección acreditado por Enac sabemos que los requisitos que tenemos que cumplir para alcanzar y mantener la acreditación son muy exigentes, pero es la garantía para nuestros clientes y para nosotros mismos de que los resultados que ofrecemos son fiables y reflejan fielmente la realidad. La acreditación nos obliga, entre otros aspectos, a un riguroso control de equipos, mantenimiento y calibración; acreditación de los técnicos y supervisión continua; a participar en programas de intercomparación; al aseguramiento y trazabilidad de resultados…, siendo todos estos requisitos auditados por un tercero independiente como es Enac”.