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¿Hay vida a cincuenta grados bajo cero?

Paula Llull04/02/2015

"A partir de los 64 grados bajo cero, uno puede oír cómo se hiela el aliento, siente cada hueso del cuerpo como si estuviera congelado y los escupitajos aterrizan en el suelo en estado sólido" El País, 2008.

Trabajar a menos de 10 grados es considerado un riesgo, ya sea en el exterior o en un lugar cerrado. Las extremidades comienzan a enfriarse, duelen y provocan una sensación de incomodidad que solo se alivia con un buen chorro de agua caliente.

Hay que tener en cuenta que aquí en el mediterráneo cualquier soplo de viento proveniente del Pirineo se convierte en un apocalipsis. Hoy vamos a hablar del frío, pero del frío de verdad. Un frío que no entiende de instalaciones de agua corriente, porque las tuberías se congelan. Y pese a ello, los trabajadores deben mantener su temperatura corporal elevada.

Hoy hablamos de un frío digno de protagonizar uno de los desafíos extremos de Jesús Calleja: Cómo trabajar a -50 grados al mediodía y no morir en el intento. Es decir, como estar en la calle a -50 y conseguir que tu cuerpo esté, como mínimo a 35 grados.

Tabla: exposición al frío y síntomas clínicos
Tabla: exposición al frío y síntomas clínicos

Ha sido trending estas últimas semanas, así que probablemente no os suene a ruso –esta me ha salido sin querer- el nombre de Oymyakon. En el corazón de Siberia, a unos 30 kilómetros de la carretera más macabra del mundo, la carretera de los huesos, se halla el rincón habitado más frío del planeta. Por increíble que parezca, los habitantes de Oymyakon son capaces de sobrellevar esa temperatura y seguir con sus rutinas diarias: los niños van al cole –a no ser que haga -52º, que se pueden quedar en casa, los muy señoritos-, los coches y buses circulan y la gente sigue ocupando su lugar de trabajo.

Oymyakon. Hague 6185
Oymyakon. Hague 6185

Anteayer, en Vigo, también se suspendieron las clases por las nevadas a 600m y probablemente algunos gradillos bajo cero. Somos así.

 

Cuidador de caballos, una profesión temida


Obviamente, en Oymyakon, el hecho de ir a pasear, tomar una caña en una terraza o ser repartidor de pizzas podría acabar en tragedia. En el pueblo no hay bares ni comida a domicilio. La mayoría de los habitantes vive de la caza, la pesca o crían vacas y renos. La única industria es una fábrica de leche que no funciona a partir de octubre, porque las vacas no dan leche por el extremo frío. Hay algunos profesores, dos médicos y tres policías locales.

Según dicen, el más mísero de los trabajos es el de criador de caballos. Estos animales llamados Yakutos son semisalvajes y se los usa como bestias de carga y fuente de proteínas. Son un bien muy preciado, y por ello, alguien debe cuidarlos. Y ese alguien no puede vestir de otra forma que no sea bajo varias capas de tejidos que le convierten en un espécimen similar al Yeti. Aun así, aseguran que no existe prenda que pueda mantenerte el calor más de 15 minutos.


Pero los habitantes y trabajadores de este pueblo no pierden la esperanza, y quieren seguir viviendo ahí, en su hogar. Como reclamo turístico se construyó hace pocos años un hotel que hospeda a los más aventureros con unos lujos que no todo el mundo se puede permitir, como por ejemplo, una instalación de agua corriente en sus diez habitaciones. Pese a sus limitadas plazas, todavía no saben lo que es el overbooking, y por ahora no parece que vayan a saberlo.

¿Qué pensáis ahora del frío extremo? ¿Seríamos capaces de trabajar bajo esas condiciones?

Si os habéis quedado con más ganas de conocer detalles cotidianos, ahí van algunos artículos para saciar vuestra curiosidad.

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